{"id":452,"date":"2021-09-23T18:02:45","date_gmt":"2021-09-23T18:02:45","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=452"},"modified":"2021-09-23T18:02:45","modified_gmt":"2021-09-23T18:02:45","slug":"ensayo-tres-cartas-de-poggio-bracciolini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/09\/23\/ensayo-tres-cartas-de-poggio-bracciolini\/","title":{"rendered":"Ensayo: tres cartas de Poggio Bracciolini"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Pasado, presente y futuro en tres cartas de Poggio Bracciolini o la destrucci\u00f3n de la oscuridad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Cristhian Brice\u00f1o \u00c1ngeles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En su famosa carta escrita en Constanza y fechada el 16 de diciembre de 1416, un joven Poggio Bracciolini de 36 a\u00f1os le comunica a su amigo Guarino de Verona el hallazgo de una versi\u00f3n completa de la <em>Institutio oratoria<\/em> de Quintiliano y de los tres primeros libros y la mitad del cuarto de las <em>Argon\u00e1uticas<\/em> de Cayo Valerio Flacco, adem\u00e1s de los comentarios a ocho discursos de Cicer\u00f3n, de Quinto Ascanio Pediano. Si bien el hecho central de la ep\u00edstola es el redescubrimiento de estos ejemplares que dejan en claro la famosa \u201csed de libros\u201d del autor, as\u00ed como la admiraci\u00f3n que sent\u00eda por los autores cl\u00e1sicos, podemos advertir tambi\u00e9n una cr\u00edtica a lo \u201cb\u00e1rbaro\u201d, y, en general, a todo aquello que representaba una conexi\u00f3n con el pasado inmediato en el cual se hab\u00eda perdido el contacto con la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica y sus aportes; por ello, era com\u00fan creer que se habitaba en la oscuridad, en una \u00e9poca salvaje -pero transitoria- que deb\u00eda terminar gracias al nacimiento de una nueva cultura que se sustentar\u00eda en las ense\u00f1anzas de los textos cl\u00e1sicos; es decir, para el narrador es obvio que est\u00e1 aferrado a la Edad Media, aunque en sus hallazgos bibliogr\u00e1ficos se encuentra la promesa de la liberaci\u00f3n de esa oscuridad. Es evidente que Bracciolini realiza un rescate de gran valor, y es felicitado, entre otros, por Leonardo Bruni, ya que ha liberado al mismo Quintiliano (he aqu\u00ed una metonimia) de la \u201cmazmorra de los b\u00e1rbaros\u201d, es decir, del poder de los malvados monjes que manten\u00edan cautivo el manuscrito sin advertir su importancia, gan\u00e1ndolo as\u00ed en favor del resurgimiento de la civilizaci\u00f3n. La narraci\u00f3n que nos hace Bracciolini en esta carta resulta bastante afectada, de tal forma que nos parece estar asistiendo a una incursi\u00f3n nocturna en el basti\u00f3n del enemigo, con todos los peligros que una operaci\u00f3n de esta naturaleza podr\u00eda suponer. La oscuridad es el medio en el cual el narrador se mueve, como si se encontrara sumergido en las aguas del Leteo, y es esta oscuridad la que nos da la pauta para situarnos en el pasado, en una \u00e9poca de ignorancia y rusticidad que lo cubre y lo deforma todo. Esta impresi\u00f3n de estar atravesando una edad en que la cultura se ha venido abajo es un sentir generalizado en la \u00e9poca de Bracciolini; en sus <em>Epystolae metricae<\/em>, Petrarca ya hab\u00eda escrito sobre esto, asumiendo que hab\u00eda habido una edad m\u00e1s afortunada, y que, probablemente, volver\u00eda a haber otra de nuevo, pero que en medio, es decir, en su tiempo, se notaba la confluencia de la desdicha y la ignominia. Quintiliano, recluso en una torre del monasterio de San Galo, se encuentra olvidado, agonizante y lleno de polvo; la imagen que Bracciolini nos entrega intenta llevarnos a la conmiseraci\u00f3n hacia un hombre que yace en un espacio l\u00f3brego, condenado al horror del abandono y el lento deterioro; los ambientes que el narrador de la carta nos ofrece son, en s\u00ed, completamente g\u00f3ticos (pensemos en elementos como la crueldad de los custodios, la imagen de la torre, el moho, la oscuridad y la severidad de la arquitectura, etc.) con lo cual, una vez m\u00e1s, Bracciolini no hace sino situarnos en ese pasado del que debe salir, y la forma de hacerlo es, precisamente, confiando en que la luz de Quintiliano (de los cl\u00e1sicos) lo gu\u00ede de vuelta a trav\u00e9s de los oscuros pasadizos de la historia hasta la \u00e9poca luminosa y afortunada de la que informa Petrarca.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Bracciolini_Poggio.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-453\" width=\"486\" height=\"596\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si esta primera carta es una especie de configuraci\u00f3n del pasado inmediato del cual se quiere escapar, la carta escrita a Niccolo Niccoli el 18 de mayo de 1416 nos remite al presente de Bracciolini, relacion\u00e1ndolo con su entorno y reforzando este v\u00ednculo a trav\u00e9s del asombro ante las costumbres extranjeras. En la carta, el narrador da cuenta de su experiencia en la ciudad de Baden, y m\u00e1s precisamente en los ba\u00f1os p\u00fablicos, a donde acude un gran n\u00famero de personas para disfrutar de un momento de solaz y de la liberalidad de sus costumbres, en un esp\u00edritu de comunidad y con un sentido del pudor que podr\u00eda resultar an\u00f3malo para alguien no habituado a este ambiente. Si hay algo que nos queda claro en esta narraci\u00f3n es la aparente inconsciencia de los personajes que Bracciolini nos describe, una inconsciencia que no solo es indicio de una felicidad experimentada sin l\u00edmites, sino tambi\u00e9n de una percepci\u00f3n del presente, siendo este el tiempo mismo de la fugacidad, en el que nada se puede aprehender y simplemente todo se deja pasar. Bracciolini nos dice, por ejemplo, que estar en los ba\u00f1os es perfecto \u201cpara contemplar, dialogar, chancear y recrear el esp\u00edritu\u201d. Esta felicidad es, en definitiva, una muestra de que el hombre que se propone describir el autor de la carta es un individuo que pretende dejar de lado su temor a Dios y a las desventuras del tiempo de oscuridad: para este nuevo hombre no vale sino el festejo de s\u00ed mismo, olvid\u00e1ndose de los peligros a los que se ve enfrentado durante su vida. Esta capacidad para disfrutar la vida y tambi\u00e9n celebrarla es adoptada por Bracciolini durante su estad\u00eda en Baden, lo cual marca una diferencia con respecto a la carta anterior, en la cual el tono quejumbroso ante las condiciones en las que encuentra el manuscrito de la obra de Quintiliano se nos presentan como un obvio pesimismo respecto a la \u00e9poca en la que se encuentra; esta carta, por el contrario, est\u00e1 escrita con un tono jocoso, divertido y esperanzador, en un estado en el que se puede \u201chuir de la tristeza, buscar la hilaridad, pensar en nada\u201d y no temer al futuro, ya que se tiene la sospecha de que lo peor ya ha pasado o est\u00e1 por concluir y es inminente la llegada de una edad luminosa, como supon\u00eda Petrarca. Sobre esto, Bajt\u00edn ha dicho lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El hombre medieval percib\u00eda con agudeza la victoria sobre el miedo a trav\u00e9s de la risa, no s\u00f3lo como una victoria sobre el terror m\u00edstico (\u00abterror de Dios\u00bb) y el temor que inspiraban las fuerzas naturales, sino ante todo como una victoria sobre el miedo moral que encadenaba, agobiaba y oscurec\u00eda la conciencia del hombre, un terror hacia lo sagrado y prohibido (\u00abtab\u00fa\u00bb), hacia el poder divino y humano, a los mandamientos y prohibiciones autoritarias, a la muerte y a los castigos de ultratumba e infernales, en una palabra un miedo por algo m\u00e1s terrible que lo terrenal. Al vencer este temor, la risa aclaraba la conciencia del hombre y le revelaba un nuevo mundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero a\u00fan m\u00e1s obvio que la facultad para la despreocupaci\u00f3n y el relajo que tienen los habitantes en los ba\u00f1os p\u00fablicos de Baden, seg\u00fan nos informa Bracciolini, es la atm\u00f3sfera l\u00edmpida, buc\u00f3lica, de la ciudad (\u201cun valle circundado de monta\u00f1as inmensas, y a orillas de un gran r\u00edo\u201d), donde siempre est\u00e1 presente un ambiente festivo, donde resuenan continuamente \u201clas sinfon\u00edas, las flautas, las c\u00edtaras y los cantos\u201d (tal vez una representaci\u00f3n personal de la Arcadia griega), algo que se encuentra en el otro extremo si pensamos en la descripci\u00f3n que nos hace del monasterio de San Galo; esta luminosidad es, tambi\u00e9n, una alegor\u00eda del paso a otra \u00e9poca, o, m\u00e1s precisamente, de la transici\u00f3n que se est\u00e1 produciendo o que se debe producir ineludiblemente, si es que se deja de lado el pesimismo de saberse en una edad que media entre las edades luminosas. En este sentido, la aproximaci\u00f3n a este car\u00e1cter festivo de la localidad tiene que ver con la belleza de la misma, de tal forma que lo bello que pueda encontrarse en la narraci\u00f3n de esta segunda carta sea la prueba de que la sociedad est\u00e1 en la direcci\u00f3n correcta, lejos de \u201cla fealdad de aquella c\u00e1rcel\u201d que es la ignorancia o la p\u00e9rdida de la cultura cl\u00e1sica. As\u00ed, la belleza se transforma en la normalidad, en lo cotidiano, por lo que en esta sociedad medieval que est\u00e1 a un paso de adentrarse a un periodo de renacimiento es bello llevar una dieta sana, pasear por lugares amenos cuyo aire sea templado y puro, as\u00ed como practicar la limpieza de cuerpo, el uso de sustancias que engendren placer, tales como el vino y al az\u00facar. A eso aspira el narrador de esta segunda ep\u00edstola cuando, hacia el final, nos dice que \u201cha vivido quien dichosamente ha vivido\u201d. En esto tambi\u00e9n entra la corporalidad del individuo, el encuentro con su sexualidad y la ca\u00edda de la hipocres\u00eda que la Iglesia hab\u00eda instaurado en la Edad Media. Este reencuentro con lo corporal marca, de igual forma, un v\u00ednculo con el presente de la carta, ya que la representaci\u00f3n del cuerpo en las artes es una manifestaci\u00f3n del <em>renacer<\/em> de las mismas, como dejar\u00e1 claro Donatello con su <em>David<\/em> durante el primer Renacimiento, el primer desnudo no aleg\u00f3rico desde la Antig\u00fcedad; por ello, Bracciolini nos informa que, al parecer, las \u201cVenus de Chipre y el universo total de las delicias se han mudado de todas partes a estos ba\u00f1os\u201d; en esta referencia puede apreciarse un ansia por retornar a lo griego, a lo romano, lo cual es m\u00e1s evidente cuando se nos dice que en los ba\u00f1os parece que los bienes son comunes y se respira algo orgi\u00e1stico en el entorno, como asume Plat\u00f3n que debe ser su <em>Rep\u00fablica<\/em>, y la nombrad\u00eda de celoso es desconocida en ese lugar. Con esto, se pone en manifiesto que la conjunci\u00f3n de todos los elementos presentados estimula la fertilidad (\u201cniego\u201d, nos dice el narrador hacia el final de la carta, \u201cque haya alg\u00fan ba\u00f1o en el orbe terrestre m\u00e1s propicio para la fecundidad de las mujeres\u201d), la que se transfigura en una met\u00e1fora de que el presente en que se encuentra Bracciolini es prometedor y va a generar algo nuevo, as\u00ed como la presencia del agua, el elemento ubicuo del relato, es tambi\u00e9n un s\u00edmbolo de la fecundidad, de la incubaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n (recordemos aqu\u00ed Juan 3: 3-7: \u201cDe cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de <em>agua<\/em> y del Esp\u00edritu, no puede entrar en el reino de Dios\u201d).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"563\" height=\"317\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/pogio-cartas.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-454\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/pogio-cartas.jpeg 563w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/pogio-cartas-300x169.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 563px) 100vw, 563px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la tercera carta, escrita en Constanza y fechada el 29 de mayo de 1416, Bracciolini hace una relaci\u00f3n a su amigo Leonardo Bruni del proceso judicial y la posterior ejecuci\u00f3n en la hoguera de Jer\u00f3nimo de Praga, predicador y disc\u00edpulo de Juan Huus, acusado, al igual que su maestro, por herej\u00eda. Si bien en las dos primeras cartas el narrador nos hac\u00eda alguna descripci\u00f3n del ambiente donde ocurr\u00edan los hechos, esta vez nos har\u00e1 un recuento de la defensa de Jer\u00f3nimo de Praga pero siguiendo una estrategia ret\u00f3rica que parece ser un rescate de la elocuencia, la cual vendr\u00eda a ser un elemento adicional para saber que las ense\u00f1anzas de los cl\u00e1sicos han sido recuperadas. Adem\u00e1s, esta carta es posterior a la primera, la que habla del rescate de Quintiliano, con lo que podr\u00edamos imaginar que tras la reconquista del saber cl\u00e1sico esas ense\u00f1anzas han sido asimiladas y puestas en pr\u00e1ctica; de esta forma, Jer\u00f3nimo de Praga es para Bracciolini no solo la representaci\u00f3n de un hombre cabal y de principios elevados, sino tambi\u00e9n es alguien digno de admiraci\u00f3n por la capacidad que posee para construir sus argumentos seg\u00fan las ense\u00f1anzas de Cicer\u00f3n y dem\u00e1s oradores romanos: \u201cEra admirable ver con qu\u00e9 palabras, con qu\u00e9 elocuencia, con qu\u00e9 argumentos, con qu\u00e9 presencia, con qu\u00e9 rostros, con qu\u00e9 seguridad respond\u00eda a sus adversarios. Estas cualidades son las que lo elevan por encima del hombre com\u00fan, ya que con el discurso, con el <em>sermo<\/em>, se alcanza la <em>humanitas<\/em>, la humanidad que nos distingue de los animales. De esta suerte, y seg\u00fan podemos colegir si tenemos una panor\u00e1mica de las tres cartas que son objeto de este ensayo, para el narrador tanto Quintiliano como Jer\u00f3nimo representan algo digno de preservarse para el futuro: en el caso de Quintiliano ser\u00e1n sus textos, y en Jer\u00f3nimo, su ejemplo y su capacidad para desplegar la capacidad del arte oratorio y la defensa justa. Pero lo que nos har\u00eda plantear esta tercera carta como una aproximaci\u00f3n al futuro es el hecho de que Jer\u00f3nimo se alza contra el poder eclesi\u00e1stico y todo lo que este representa en la imagen de oscuridad durante la Edad Media. As\u00ed, Jer\u00f3nimo ser\u00e1 una suerte de precursor de Giordano Bruno, Giulio Cesare Vanini o Pietro d\u00b4Abano, as\u00ed como de Lutero. Con el relato del juicio, por tanto, Bracciolini estar\u00eda construyendo la imagen de un humanista, ya que Jer\u00f3nimo, en lugar de basar su elocuencia en la fe o las creencias, da pruebas claras y contundentes para construir su defensa, con lo que est\u00e1 erigiendo a la raz\u00f3n como su defensora, como iluminadora. En el tratado <em>De luce,<\/em> Roberto Grosettesta, erudito ingl\u00e9s del siglo XII, establece de modo org\u00e1nico que Dios cre\u00f3 la luz de la nada, primera forma corp\u00f3rea intangible y racional, presente en todas las cosas creadas a las que confiere el grado de perfecci\u00f3n; la luz, entonces, es planteada como un punto de ascensi\u00f3n, de virtud. En este sentido, la imagen del fuego iluminador que aparece hacia el final de la carta es significativa. Si bien tenemos que en la descripci\u00f3n del ambiente en la segunda carta analizada de Bracciolini la luz es un elemento que, aunque t\u00e1cito, puede colegirse a partir de la algarab\u00eda y el buen tiempo que reina en la ciudad de Baden, en esta tercera carta la luminosidad alcanza su apogeo cuando asistimos a los momentos finales de la vida de Jer\u00f3nimo, sobre todo cuando pronuncia sus palabras finales: \u201cVen ac\u00e1 y haz brillar el fuego ante mis ojos, si en verdad hubiera tenido miedo de \u00e9l, nunca habr\u00eda venido hasta aqu\u00ed, dado que podr\u00eda haber huido\u201d. Esta <em>claritas<\/em> a la que se adentra Jer\u00f3nimo es, por tanto, una met\u00e1fora de la destrucci\u00f3n de la oscuridad, y es, adem\u00e1s, el principio de toda belleza, ya que revela las formas de la realidad, las descubre o las redescubre (pi\u00e9nsese no solo en la metonimia establecida a partir de la reci\u00e9n hallada <em>Institutio oratoria<\/em>, convertida en Quintiliano, es decir en una persona, sino tambi\u00e9n en la representaci\u00f3n del mismo Quintiliano convertido en una antorcha que gu\u00eda a Bracciolini y a sus contempor\u00e1neos a trav\u00e9s de la oscuridad de su tiempo hacia una edad m\u00e1s prometedora), y deja establecida la Verdad, as\u00ed como la destrucci\u00f3n de la mentira enquistada en el pasado inmediato.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Gian-Francesco-Poggio-Bracciolini2-896x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-455\" width=\"495\" height=\"566\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Gian-Francesco-Poggio-Bracciolini2-896x1024.jpeg 896w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Gian-Francesco-Poggio-Bracciolini2-262x300.jpeg 262w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Gian-Francesco-Poggio-Bracciolini2-768x878.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Gian-Francesco-Poggio-Bracciolini2-1200x1372.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Gian-Francesco-Poggio-Bracciolini2.jpeg 1229w\" sizes=\"(max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>4<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si bien es cierto que mi interpretaci\u00f3n de estas tres cartas puede resultar arbitraria, no cabe duda, por otra parte, de que los elementos que las componen y lo que en ellas se dice puede ser interpretado como una involuntaria revisi\u00f3n del sentimiento generalizado en la \u00e9poca de su escritura. La idea com\u00fan de la clase ilustrada (Bracciolini y dem\u00e1s) era la de estar en plena transici\u00f3n, luego de haber erigido a Dante y Petrarca como ejemplos del hombre nuevo, de una nueva sensibilidad. El haber descubierto un libro de ret\u00f3rica, el de Quintiliano, es providencial, pues nos lleva a pensar que se trataba de articular una nueva manera de expresar los cambios que se van sucediendo hasta concluir con el Renacimiento en pleno; el fracaso de la defensa de Jer\u00f3nimo no hace sino afirmar la idea de transici\u00f3n, ya que es un indicio de que la mayor parte de la sociedad a\u00fan se encontraba inmersa en el pasado. Bracciolini, como hombre medieval con aspiraciones a dar el salto a la siguiente etapa, deb\u00eda saber que es en la oscuridad donde se puede apreciar mejor la luz. Quiz\u00e1 por ello insiste en que Quintiliano se encontraba en un lugar terriblemente nocturno y tenebroso, incluso a riesgo de estar dramatizando las circunstancias expuestas, as\u00ed como tambi\u00e9n apunta que Jer\u00f3nimo muri\u00f3 cantando un himno luminoso, al cual el negro humo despedido de su cuerpo en combusti\u00f3n no ayud\u00f3 sino a resplandecer.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pasado, presente y futuro en tres cartas de Poggio Bracciolini o la destrucci\u00f3n de la oscuridad Por Cristhian Brice\u00f1o \u00c1ngeles 1 En su famosa carta escrita en Constanza y fechada el 16 de diciembre de 1416, un joven Poggio Bracciolini de 36 a\u00f1os le comunica a su amigo Guarino de Verona el hallazgo de una [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[197,194,12,1],"tags":[202,203],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/452"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=452"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/452\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":456,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/452\/revisions\/456"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=452"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=452"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=452"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}