{"id":434,"date":"2021-09-16T14:42:40","date_gmt":"2021-09-16T14:42:40","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=434"},"modified":"2021-09-16T14:51:09","modified_gmt":"2021-09-16T14:51:09","slug":"reflexion-sobre-un-poema-de-bertolt-brecht-y-poema-de-antonio-cisneros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/09\/16\/reflexion-sobre-un-poema-de-bertolt-brecht-y-poema-de-antonio-cisneros\/","title":{"rendered":"Reflexi\u00f3n sobre dos poemas: uno de Bertolt Brecht y otro de Antonio Cisneros"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Trepar un \u00e1rbol<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Cristhian Brice\u00f1o \u00c1ngeles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Uno trepa a un \u00e1rbol llevado por diversas motivaciones: Zaqueo, el diminuto jefe de los publicanos en el oasis de Jeric\u00f3, por ejemplo, trep\u00f3 a un sicomoro para tentar una mejor vista de un Jes\u00fas asediado, como en tantos pasajes de los Evangelios, por la muchedumbre; <em>il barone rampante<\/em>, C\u00f3simo, se guareci\u00f3 en el ramaje de un frondoso ejemplar tras una pelea con su padre, y ya nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a poner un pie sobre la tierra; hizo lo propio Jutito, uno de los personajes de Antonio G\u00e1lvez Ronceros en <em>Mon\u00f3logos desde las tinieblas<\/em>: subi\u00f3 a la copa de un huarango (supongo), temeroso de recibir el castigo por parte de su padre y de su padrino, a quien, entre p\u00edcaro y maleducado, hab\u00eda llamado M\u00edtey Cuca (algo as\u00ed como Se\u00f1or Vagina); trep\u00f3 tambi\u00e9n ese muchacho an\u00f3nimo del poema \u201cAbedules\u201d<em> <\/em>de Robert Frost, quien nos confiesa, conmovido, que en su ni\u00f1ez fue un esmerado columpiador de \u00e1rboles, y ya mayor, en el presente, cuando su vida empieza a asemejarse demasiado a un bosque sin senderos, anhela volver a anta\u00f1o, trepar un abedul y doblarlo contra el suelo, y dejar entonces que el envi\u00f3n lo aleje de la tierra por unos instantes para volver luego a ella y comenzar de nuevo. Se trepa un \u00e1rbol, tambi\u00e9n, para ponerse a buen resguardo del ataque de una fiera, para rescatar una cometa atascada entre las ramas o, sencillamente, por el mero placer de treparlo. Si nos adentramos en lo especulativo, Hazlitt bien podr\u00eda haber compuesto un ensayo sensorial abordando la experiencia de trepar un \u00e1rbol en la beat\u00edfica soledad de lo distante; San Juan de la Cruz har\u00eda que el alma se encarame en las alturas del \u00e1rbol interior, desde donde pueda apreciarse, a sus anchas, la circundante vastedad de nuestro ser; Cort\u00e1zar habr\u00eda escrito unas instrucciones disforzadas e insufribles sobre c\u00f3mo debe treparse correctamente un \u00e1rbol; Apollinaire, un caligrama por el cual, verso a verso, \u00e9l mismo ir\u00eda escalando. Bertolt Brecht, sin embargo, s\u00ed escribi\u00f3 este poema:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>El ladr\u00f3n de cerezas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana temprano, mucho antes del canto del gallo<\/p>\n\n\n\n<p>me despert\u00f3 un silbido y me acerqu\u00e9 a la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo alto de mi cerezo (el alba llenaba el jard\u00edn)<\/p>\n\n\n\n<p>hab\u00eda sentado un joven con los pantalones remendados<\/p>\n\n\n\n<p>cogiendo alegremente mis cerezas. Al verme<\/p>\n\n\n\n<p>me salud\u00f3 con la cabeza, sin dejar pasar con las dos manos<\/p>\n\n\n\n<p>las cerezas de las ramas a sus bolsillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda un buen rato, de vuelta ya en la cama,<\/p>\n\n\n\n<p>le estuve oyendo silbar su alegre cancioncilla.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"750\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/beltor-brecht-1024x750.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-435\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/beltor-brecht-1024x750.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/beltor-brecht-300x220.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/beltor-brecht-768x563.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/beltor-brecht-1200x879.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/beltor-brecht.jpeg 1418w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En <em>Cr\u00f3nica del ni\u00f1o Jes\u00fas de Chilca<\/em>, del a\u00f1o 1981, Antonio Cisneros incluy\u00f3 un poema de tema af\u00edn que transcribo a continuaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/em><strong>Higos y gorriones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los gorriones est\u00e1n hambrientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y devoran los higos m\u00e1s maduros<\/p>\n\n\n\n<p>de mi \u00fanica higuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Los contemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no s\u00e9 si es mejor un dulce de higos<\/p>\n\n\n\n<p>o un bosque de gorriones<\/p>\n\n\n\n<p>que me haga compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Antonio-Cisneros-archivo-Caretas-1200x1200-1-1024x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-436\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Antonio-Cisneros-archivo-Caretas-1200x1200-1-1024x1024.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Antonio-Cisneros-archivo-Caretas-1200x1200-1-300x300.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Antonio-Cisneros-archivo-Caretas-1200x1200-1-150x150.jpeg 150w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Antonio-Cisneros-archivo-Caretas-1200x1200-1-768x768.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/Antonio-Cisneros-archivo-Caretas-1200x1200-1.jpeg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En el primero se nos presenta a un t\u00edpico pillo pasoliniano (me gusta imaginarlo con el rostro de Ninetto Davoli), quien, probablemente, ha escogido las primeras horas de la ma\u00f1ana para poder llevar a cabo su prop\u00f3sito sin mayores contratiempos. La alusi\u00f3n a la precariedad de su ropa nos indica que se trata de alguien desamparado, quiz\u00e1 un hu\u00e9rfano fugado de un hospicio o un ladronzuelo sin hogar, siempre buscando la forma de sobrevivir, aun a costa de la propiedad privada. Al verse descubierto, el tr\u00e1nsito del recelo al desembarazo no existe, o bien es instant\u00e1neo y no da paso al arrepentimiento ni a la huida: sigue con lo suyo mientras saluda, comedido, al propietario del cerezo. El silbido, acaso, nos revela de entrada a un ladr\u00f3n desinteresado en la cautela propia de su oficio: es su silbido lo que ha echado a andar el poema, lo que despierta al narrador 1 y lo empuja a relatarnos los hechos; es tambi\u00e9n lo que queda resonando cuando su narraci\u00f3n concluye. Hay, adem\u00e1s, una pretensi\u00f3n c\u00f3mica que podr\u00eda emparentarlo con varios relatos de los <em>Cuentos de Canterbury<\/em> o con el <em>Pentamer\u00f3n<\/em> de Giambattista Basile (por no mencionar el teatro del propio Brecht), sobre todo por la irreverencia del ladr\u00f3n, por esa supuesta inocencia, casi ed\u00e9nica, en ausencia de la cual un personaje entra\u00f1able pasar\u00eda a ser, sin miramientos, un ser abyecto, trapisondista, un villano merecedor de nuestro desprecio, a la altura de Lady Macbeth o Don Juan; este chico tan solo ha trepado un \u00e1rbol y est\u00e1 apoder\u00e1ndose de algo que no le pertenece, pero la tonada que silba es alegre y seduce como un flautista de Hamel\u00edn: la belleza que entrega a cambio parece justificar su accionar. En el segundo poema, el ladr\u00f3n ha sufrido una notable metamorfosis: se ha multiplicado. Esta vez es un n\u00famero incierto de aves el que da cuenta ya no de cerezas, sino de higos. Est\u00e1n hambrientas, precisa el narrador 2, avisado, tal vez, por la voracidad con que devoran los frutos, por la velocidad de los picotazos incidiendo en la pulpa fragante y jugosa, algo no especificado en el primer poema, donde el ladronzuelo solo acierta a guardarse las cerezas en los bolsillos y no sabemos si las comer\u00e1 despu\u00e9s o si su objetivo es, qui\u00e9n sabe, alimentar a alguien m\u00e1s. Desde luego, las aves son inocentes de antemano, pues act\u00faan llevadas por una necesidad que quiz\u00e1 ni siquiera alcanzan a explicarse; ser\u00edan igual de inocentes si, en lugar de sentirse atra\u00eddas por los higos prefirieran dar cuenta del narrador 2 y saciaran con \u00e9l su hambre; son animales silvestres, juzgar\u00e1 el lector, igual a aquellas fieras del poema \u00abMi\u00e9rcoles de ceniza\u00bb de T. S. Eliot (<em>Tres leopardos blancos estaban recostados bajo un \u00e1rbol de enebro\/ A la fresca del d\u00eda, tras haberse saciado hasta el hartazgo\/ De mis piernas mi coraz\u00f3n mi h\u00edgado<\/em>). Sin embargo, lo que llama mi atenci\u00f3n es la pasividad de los robados. Ni siquiera ser\u00eda v\u00e1lida la expresi\u00f3n \u201cdeponen muy pronto las armas\u201d, ya que ni siquiera han tenido tiempo para ensayar un movimiento defensivo y proteger sus posesiones. Incluso podr\u00edamos pensar que tanto el narrador 1 como el narrador 2 adolecen de una respuesta porque se trata de un par de tontos ejemplares a la manera de Bouvard y P\u00e9cuchet. En esta supuesta idiotez providencial se encuentra cifrado el origen de su ventura. No se advierte en ambos poemas que el coraz\u00f3n de los narradores altere su ritmo, sino, m\u00e1s bien, este parece sosegarse al vaiv\u00e9n de las melod\u00edas que escapan de los ladrones y merecen la total atenci\u00f3n, la distracci\u00f3n de quien las escucha y las considera bellas y se considera a s\u00ed mismo privilegiado, justificado en ese momento. El prosa\u00edsmo de ambos poemas es tambi\u00e9n un indicio de que el momento, la an\u00e9cdota, est\u00e1n consignados sin ninguna pretensi\u00f3n de trascendencia: simplemente se deja pasar, no impone nada, solo su fugacidad. En el primer poema, el narrador se da la vuelta sabi\u00e9ndose vencido, regresa a su cama y se dispone a reanudar el sue\u00f1o, arrullado, suponemos, por el silbido del joven ladr\u00f3n, sin preocuparse de la p\u00e9rdida ni reducir la misma a una cuesti\u00f3n aritm\u00e9tica. El narrador del poema de Cisneros hace algo similar, pero su razonamiento podr\u00eda interpretarse por mundano, pues considera la ganancia al elegir una de dos opciones: si espantar a las aves para sacar provecho del fruto de su \u00e1rbol o deleitarse con la m\u00fasica. No obstante, la indeterminaci\u00f3n es un indicio de su embeleso y, por el contrario, no echa cuentas de su ganancia, sino, sencillamente, trata de hacer coincidir dos sensaciones, auditiva y gustativa, para acentuar la que con mayor inminencia se le presenta. Ambos narradores parecen coincidir en que el intercambio ha sido, como m\u00ednimo, justo, cabal, de una precisi\u00f3n semejante a aquella antigua ecuaci\u00f3n del diente por diente; en \u00faltima instancia, parecen aceptar la buena suerte y no dar lugar a las inquisiciones o argumentos; quiz\u00e1 el narrador 1 lleve al extremo su fascinaci\u00f3n entreg\u00e1ndose al letargo, sin cuidarse de los males que podr\u00eda ocasionarle un completo desconocido cuyo \u00fanico valor es su silbido, siendo este silbido, entiendo, la acreditaci\u00f3n para acceder a su confianza, a su entrega total, al punto, quiz\u00e1, de dejarlo entrar a su casa, ayud\u00e1ndolo \u00e9l mismo a avanzar por el ramaje hasta hacerlo trasponer su ventana. Este es tal vez el grado sumo de entrega, sobre el que descansa la lectura ideal de un poema, aquella en la que la interpretaci\u00f3n sale sobrando, nos llega a resultar algo deleznable, la excrecencia casi material de la misma lectura. Esta transacci\u00f3n perfecta es posible \u00fanicamente en el campo de la ficci\u00f3n po\u00e9tica, y prueba de ello son todas las palabras que hasta aqu\u00ed he escrito, cuando, m\u00e1s bien, la poes\u00eda (vaya a saberse si existe o es una ilusi\u00f3n), deber\u00eda ser ese intercambio que nada tiene que ver con el conocimiento ni con la acumulaci\u00f3n, como indica Virginia Woolf en uno de sus ensayos sobre la lectura, una pasi\u00f3n en la que las ganancias menguan y se escurren entre los dedos, algo as\u00ed como treparse a un \u00e1rbol sin esperar encontrar nada ah\u00ed arriba, solo hacerlo por el placer de hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Trepar un \u00e1rbol Por Cristhian Brice\u00f1o \u00c1ngeles Uno trepa a un \u00e1rbol llevado por diversas motivaciones: Zaqueo, el diminuto jefe de los publicanos en el oasis de Jeric\u00f3, por ejemplo, trep\u00f3 a un sicomoro para tentar una mejor vista de un Jes\u00fas asediado, como en tantos pasajes de los Evangelios, por la muchedumbre; il barone [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[197,194,12,1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/434"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=434"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/434\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":440,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/434\/revisions\/440"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=434"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=434"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=434"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}