{"id":398,"date":"2021-08-31T19:44:22","date_gmt":"2021-08-31T19:44:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=398"},"modified":"2021-09-01T23:19:01","modified_gmt":"2021-09-01T23:19:01","slug":"resena-ana-c-buena-de-valeria-roman-marroquin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/08\/31\/resena-ana-c-buena-de-valeria-roman-marroquin\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: \u00abana c. buena\u00bb de Valeria Rom\u00e1n Marroqu\u00edn"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Impresiones e impresiones <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>sobre <em>ana c. buena<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Cristhian Brice\u00f1o<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os vengo atravesando por una racha de excelentes ensayistas mujeres: Cinthya Ozick y <em>Met\u00e1fora y memoria<\/em>, Norah Ephron y <em>El cuello no enga\u00f1a<\/em>, Simone Weil y <em>A la espera de Dios<\/em>, Virginia Woolf y <em>Horas en la biblioteca<\/em>, Zadie Smith y <em>Cambiar de idea<\/em>, etc. Textos impecables, imaginativos, que develan una visi\u00f3n privilegiada, minuciosa de los hechos: cada apunte, cada conclusi\u00f3n, se le escapar\u00eda al observador ocasional de la misma forma inexplicable (y explicada) con que la tortuga logra eludir a Aquiles hasta que ambos se estancan en el infinito. Era tan obvio y alguien m\u00e1s ha debido venir a dec\u00edrtelo porque dif\u00edcilmente podr\u00edas haberlo advertido sin su ayuda. Esa verdad develada o vuelta a develar contiene, en cierta medida, el valor del texto; aunque si hablamos de un poema, quiz\u00e1 cabr\u00eda pensar que la verdad es lo instintivo, aquello que, de antemano, le pertenece a los sentidos de cada quien, y quien escribe el poema ensaya otra verdad que simula anteceder a nuestros sentidos y nos hace dudar. La calidad de esa simulaci\u00f3n significa, tambi\u00e9n, el logro del poema. En \u201cTrece maneras de ver un mirlo\u201d, por ejemplo, Wallace Stevens nos confronta con algo sumamente com\u00fan: un ave enmarcada en el paisaje rural, a una distancia propicia; Stevens, a partir de esto, construye lo que al parecer son una serie de instrucciones que parten de lo obvio a lo trascendente, como si el poema intentara educar a nuestros sentidos, construyendo no una verdad alternativa, po\u00e9tica, sino anticip\u00e1ndose a nuestra intuici\u00f3n, a nuestra corazonada. Algo similar ocurre en \u201crefriega\u201d (p.15), uno de los poemas de <em>ana&nbsp; c. buena<\/em>, el nuevo libro de Valeria Rom\u00e1n Marroqu\u00edn (Lima, 1999); una acci\u00f3n cotidiana se repite hasta develar \u201clos rastros del agotamiento\u201d: el acto de refregar, conforme avanza el poema, se va complejizando y atrae hacia s\u00ed un conjunto de caracter\u00edsticas que, seg\u00fan advierto, no pretenden la denuncia por la imposici\u00f3n de un quehacer, sino m\u00e1s bien conforman una coreograf\u00eda de la acci\u00f3n, una inspecci\u00f3n de su mecanismo, descubri\u00e9ndonos que al final de la acci\u00f3n, en el desgaste manifiesto del sujeto que la realiza, se encuentra el hecho est\u00e9tico, no en las condiciones o en el agente que la propicia. La voz en \u201crefriega\u201d nos demanda una labor, ensaya un adoctrinamiento, intentando con esto la interpelaci\u00f3n a un orden al que se alude en el libro y al cual el personaje se enfrenta: no encuentra mejores armas que unos poemas notables. Con esto quiero decir que la impronta contestataria se diluye en la forma y da paso al poema en s\u00ed, al logro est\u00e9tico. El mensaje, la conclusi\u00f3n sociol\u00f3gica a la que quiera llegarse tras la lectura del libro est\u00e1 muy por debajo de lo conseguido en cuanto al lenguaje mismo; los poemas no necesariamente crecen verticalmente, acumulando un sentido que luego puede examinarse y alinearse con alg\u00fan hecho de la realidad, sino que crecen horizontalmente, donde cada verso despliega un virtuosismo reconocible con facilidad y estabiliza el potencial del poema, lo sustenta y consigue hacerlo memorable. Estas cualidades pueden advertirse con mayor nitidez en los tres poemas de Valeria Rom\u00e1n aparecidos en el n\u00ba 68 de la revista <em>Hueso H\u00famero<\/em>; poemas maduros con una dicci\u00f3n que no deja lugar al equ\u00edvoco, donde incluso la disposici\u00f3n versal realza las cualidades del discurso (<em>carnes rojas pieles sint\u00e9ticas\/ en el coraz\u00f3n de una sociedad\/ compuesta principalmente cualitativamente por metal y melancol\u00eda, el hombre racional piensa\/ su triunfo sobre la manufactura<\/em>). Con esto quiero decir que el nuevo libro de Valeria Rom\u00e1n no deber\u00eda ser le\u00eddo como la continuaci\u00f3n de una tradici\u00f3n proletaria, social o, peor a\u00fan, femenina. Es algo nuevo, prometedor, ciertamente. El mismo r\u00f3tulo de poes\u00eda escrita por mujeres deber\u00eda caer en desuso a partir de este libro (\u201caburrida de la tradici\u00f3n\u201d, nos confiesa la autora). No ha sido involuntaria la especificaci\u00f3n de <em>ensayistas mujeres<\/em> que coloqu\u00e9 al principio; emplear ese adjetivo es, en cierta forma, confinar. A diferencia de la poes\u00eda escrita por mujeres, femenina o feminista (-apunte controvertido-) de los a\u00f1os ochenta, la valla del recato o el esc\u00e1ndalo est\u00e1 salvada. No hay mensaje en las p\u00e1ginas de <em>ana c. buena<\/em>, no hay doctrina, sino algo que se acerca, felizmente, a la poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-0-1024x683.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-399\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-0-1024x683.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-0-300x200.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-0-768x512.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-0-1536x1024.jpeg 1536w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-0-1200x800.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-0.jpeg 1950w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>y II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se habla de hambre luego de que se habl\u00f3 de cocina e insumos. La primera parte es un registro del comer diario y com\u00fan, de la alimentaci\u00f3n y c\u00f3mo el personaje se aproxima a ella y c\u00f3mo el cocinar le otorga una cualidad, una identidad, un destino. Nos ofrece su punto de vista en cuanto al acto de preparar los alimentos: <em>\u201clos garbanzos los aderezo\/ a fuego lento dejo\/ que agarren el sabor de todo lo dem\u00e1s\u201d<\/em> (p.13). No es solo la ingesta para sobrevivir, sino el sabor, la potenciaci\u00f3n de los insumos, el hecho de lograr lo mejor de ellos, mucho con demasiado poco. \u00ab\u00a1Queremos novedad!\u00bb, nos dice m\u00e1s adelante. No obstante, este primer discurso es m\u00e1s bien una demanda, en cuanto el acto de cocinar suprime cualquier otra acci\u00f3n, incluso la de hablar: <em>\u201cparece ser cierto que nadie\/ quiere escuchar a una mujer quejarse de los pilares de la teor\u00eda\u201d <\/em>(p.14). Esto nos lleva a preguntarnos: \u00bfa qu\u00e9 se refiere con ese <em>tener hambre<\/em> en la segunda secci\u00f3n del libro? Las interpretaciones son variadas, y no es mi deseo contradecirme con lo dicho antes, aquello de que los poemas de <em>ana c. buena<\/em> no los situar\u00eda como denuncias contra cualquier r\u00e9gimen de la realidad. <em>\u201cNo puedes alimentar a nadie\/ con palabras brillantes\/\/ un objeto as\u00ed de bello\/ no es posible de comer\u201d<\/em> (p.23). En todo caso, podr\u00eda decir que la primera y la segunda parte funcionan como una teor\u00eda y una pr\u00e1ctica fallida, y el saldo de esto es la imposibilidad de llevar a cabo el acto de ingesta, de aquello que logre apaciguar el descontento; por ello siempre hay un vac\u00edo en la protagonista, algo, sin duda, frustrante, pero es en esta situaci\u00f3n donde se encuentra la fuerza para poetizar, su justificaci\u00f3n: <em>\u201che sido bastante paciente\/ durante todo este tiempo\/ y sin embargo sigo masticando saliva\/ sigo hambrienta\u201d<\/em> (p.21). La met\u00e1fora del hambre se consolida, entonces, a partir de la acumulaci\u00f3n de referencias fisiol\u00f3gicas (<em>\u201cbombeando sangu\u00ednea hacia\/ el pulgar \u00edndice medio\u201d<\/em>, <em>\u201cdocumentar el terror\/ es documentar la estructura\/ de un cuerpo hambriento\u201d<\/em>), uno de los motivos centrales en la obra de Valeria Rom\u00e1n y que ya eran reconocibles en su libro anterior, <em>Matrioska<\/em> (2018). De la tercera parte del libro no digo nada, porque funciona como una coda, distante, metapo\u00e9tica; es la voz en <em>off<\/em> que comenta lo ya expuesto en las dos secciones precedentes y cierra el ciclo, termina de perfilar un personaje. En <em>ana c buena<\/em>, Valeria Rom\u00e1n consigue un registro propio y disuelve, con pericia, sus influencias, las oculta bajo las capas de su propia pintura, hace que advertirlas y reconocerlas sea un trabajo complejo y, en \u00faltima instancia, innecesario (en esto se parece a otra de mis autores\/autoras favoritas, Ana Carolina Zegarra, en <em>La vida despu\u00e9s de la supervida<\/em>). He all\u00ed lo valioso: saber llegar y que todos se pregunten c\u00f3mo lo ha hecho.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"957\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-1-1024x957.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-400\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-1-1024x957.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-1-300x280.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-1-768x718.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-1-1536x1435.jpeg 1536w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-1-1200x1121.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/ana-buena-1.jpeg 1711w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">Datos del libro rese\u00f1ado:<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Valeria Rom\u00e1n Marroqu\u00edn<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><strong>ana c. buena<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Taller Editorial La Balanza, 2021, 44 pp.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Impresiones e impresiones sobre ana c. buena Por Cristhian Brice\u00f1o I En los \u00faltimos a\u00f1os vengo atravesando por una racha de excelentes ensayistas mujeres: Cinthya Ozick y Met\u00e1fora y memoria, Norah Ephron y El cuello no enga\u00f1a, Simone Weil y A la espera de Dios, Virginia Woolf y Horas en la biblioteca, Zadie Smith y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,8,1,9],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/398"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=398"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/398\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":406,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/398\/revisions\/406"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=398"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=398"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=398"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}