{"id":384,"date":"2021-08-23T05:53:22","date_gmt":"2021-08-23T05:53:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=384"},"modified":"2021-08-23T15:31:51","modified_gmt":"2021-08-23T15:31:51","slug":"resena-los-bajos-mundos-de-francois-villanueva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/08\/23\/resena-los-bajos-mundos-de-francois-villanueva\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: \u00abLos bajos mundos\u00bb de Francois Villanueva"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Francois Villanueva, lo rural perturbado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por C. Brice\u00f1o A.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a leer <em>Los bajos mundos<\/em> (2021), en la edici\u00f3n impresa que el autor, Francois Villanueva Paravicino (Ayacucho, 1989), ha tenido a bien hacerme llegar. El argumento es bastante sencillo, y comprende la historia del amor y desencuentros entre Fidel Larco Astete, un joven estudiante con afectaciones rom\u00e1nticas, y Celia Camelia, una vulnerable prostituta de cantina; en las tramas secundarias nos encontramos con una serie de personajes del lumpen provinciano, m\u00e1s precisamente de la convulsionada zona del VRAEM, donde florece la ilegalidad, las luchas territoriales, la degradaci\u00f3n y, c\u00f3mo no, la redenci\u00f3n. Esta, sin embargo, es la an\u00e9cdota, y Francois Villanueva, en no pocas partes de su novela, consigue que el lenguaje vaya de la mano con la narraci\u00f3n y que este realce una imagen, que la entregue lista para ser apreciada por el lector; logra, por ejemplo, que el di\u00e1logo entre dos personajes se ubique en esa zona en disputa donde lo veros\u00edmil y lo inveros\u00edmil se superponen y revelan el tormento de un esp\u00edritu, su estupidez, su sentido del gusto, su candor o su fortaleza.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/los-bajos-mundos.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-385\" width=\"444\" height=\"711\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/los-bajos-mundos.jpg 297w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/los-bajos-mundos-188x300.jpg 188w\" sizes=\"(max-width: 444px) 100vw, 444px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Precisamente la novela empieza con una comparaci\u00f3n que prefigura la mente del protagonista y nos permite, desde el inicio, ver a trav\u00e9s de su mirada deteriorada y lista para irrumpir en los abismos de un mundo de burdeles, alcohol y jolgorio sin sentido:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p>Pod\u00eda ser la embriaguez de Fidel Barco Astete lo que transfiguraba la belleza de Celia Camelia, as\u00ed como una gargantilla deslumbra m\u00e1s sumergida en un arroyo cristalino a la orilla del camino (p. 1).<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>En pocas palabras, el narrador ha dejado establecido que la realidad est\u00e1 siendo percibida a trav\u00e9s de un velo que la deforma, la destaca, y el lector, como el hombre que de repente se ve atra\u00eddo por ese brillo subacu\u00e1tico, es obligado a detenerse y considerarla, y comprobar, con su lectura, de qu\u00e9 se trata. En esta primera l\u00ednea queda evidenciado, tambi\u00e9n, el tono l\u00fagubre de la historia, la cual, a pesar de serlo, tiene breves destellos de dicha, tal vez falsa como podr\u00eda ser la joya aludida. Esa imagen del agua corriente que deforma el objeto calza precisa con la descripci\u00f3n de la embriaguez del protagonista, consigue hacernos comprender que la percepci\u00f3n de Fidel Larco lo obliga a apreciar la realidad a otra velocidad, y por ello, m\u00e1s adelante, entendemos la evoluci\u00f3n del personaje, sus carencias emocionales, sus padecimientos ps\u00edquicos. Esta velocidad es tambi\u00e9n una marca en la prosa del autor; en un comentario anterior, hab\u00eda apuntado que la prosa de Francois Villanueva me recordaba a un poema que estaba a punto de truncarse; se trata, pues, de una escritura ostentosa, de coloraturas desbordantes, llena de adjetivos muchas veces innecesarios o indistintos, pero que se parecen a la est\u00e9tica de sus personajes, a sus formas de vestir, de interactuar, de construir una reflexi\u00f3n: todo lo que entienden por belleza y lo cercano que se encuentra este concepto, en sus imaginarios, con el exceso y la perturbaci\u00f3n. Dice el narrador, m\u00e1s adelante:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p>Sab\u00eda que la ilusi\u00f3n que albergaba era una espada de doble filo; arruinar\u00eda su matrimonio por un sentimiento arcaico pero flamante, y se entregar\u00eda a las llamas de una pasi\u00f3n acaso ilimitada.&nbsp; Deseaba abrazarla, besarla y amarla. Encandilado sin remedio con lo prohibido, dulce terr\u00f3n de az\u00facar en un paladar acerbo, se embriagaba en un deseo que crec\u00eda como un volc\u00e1n (p. 48).<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>&nbsp;Y es que la ingenuidad del amor que siente el protagonista da la impresi\u00f3n de ser resistente a la l\u00f3gica del narrador, y contamina su punto de vista de la misma forma que un personaje de Dostoievski parece vulnerar toda autoridad dentro del relato y por ello su voz, en forma de di\u00e1logo, se dilata durante varias p\u00e1ginas, incluso se vuelca \u00e9l mismo a proseguir el recuento de los hechos, sin que nada pueda hacerse para contener el patetismo de sus elucubraciones.&nbsp; Es una incontinencia de buena fe la de Francois Villanueva, sincera, en la que el protagonista, ayudado por el narrador, encuentra una forma de probar que su amor es v\u00e1lido siendo exuberante o, en todo caso, que es debido a esa exuberancia que su amor es valioso, porque puede lidiar con ese otro exceso que significa la vida y milagros en los burdeles y salir bien librado, sin palidecer; esto semeja a la forma que tienen algunos animales de rivalizar entre ellos haciendo que sus cuerpos desarrollen ap\u00e9ndices, formas, colores estrafalarios que compiten con la singularidad de la naturaleza circundante y que son, para el ojo humano, grotescos en ciertas ocasiones, y en otras, hermosos.&nbsp; Esa proliferaci\u00f3n exuberante de la prosa se sosiega despu\u00e9s, y da paso a una voz contenida, en la cual las descripciones son frugales, necesarias, y donde acaso hay espacio para el humor y el contraste entre lo sagrado y lo profano, propio de la idea preconcebida que podemos tener del ambiente rural y que el narrador parece corroborar:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p>D\u00edas despu\u00e9s, el padre Santa Cruz viaj\u00f3 a su tierra natal y nunca nadie jam\u00e1s supo sobre la suerte de tal cl\u00e9rigo. Ser\u00eda reemplazado por otro padre, Benito Reyes, a quien se le ver\u00eda al tiempo en una de las cantinas de los Bajos Mundos, bebiendo y disfrutando del ambiente. A este le empezaron a llamar\u201cparroquiano\u201d, en el doble sentido de la palabra (pp. 88-99).<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"501\" height=\"800\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Portada-de-Los-bajos-mundos.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-387\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Portada-de-Los-bajos-mundos.png 501w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Portada-de-Los-bajos-mundos-188x300.png 188w\" sizes=\"(max-width: 501px) 100vw, 501px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En cuanto a los di\u00e1logos, Francois Villanueva consigue muchas veces el efecto naturalista propio de los autores conscientes de las debilidades de sus personajes. Aunque el lector pueda encontrarlos desprolijos por momentos (es mi caso, aunque avanzando el texto me he acostumbrado a ese efecto y he encontrado aciertos donde otros podr\u00edan encontrar debilidades), consiguen acercarse no al registro de un habitante de la zona donde transcurren los hechos de la novela, sino m\u00e1s bien se parecen a la voz de sujetos sin importancia aparente, pero valiosos dentro del universo del autor, como miserables condenados a repetir una y otra vez las mismas palabras; las jergas y los modismos no son resaltantes, a diferencia de otras propuestas de la narrativa local contempor\u00e1nea, como en la obra de Richard Parra, cuyos di\u00e1logos nos resultan bastante meditados, puntillistas, y donde se aprecia que la inclusi\u00f3n de barbarismos o procacidades se asume con una t\u00e9cnica depurada de la representaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica; la de Francois Villanueva, m\u00e1s bien, parece carecer de m\u00e9todo, la t\u00e9cnica de no tener t\u00e9cnica; su valor es, en todo caso, la supuesta intrascendencia, la naturalidad con la que son enunciadas sus voces:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p>-A m\u00ed me puedes hablar de flacas. Es en lo \u00fanico que soy bueno.<\/p><p>-M\u00e1s bien, cu\u00e9ntame por qu\u00e9 te expulsaron del colegio, Dhago.<\/p><p>-Fue hace dos a\u00f1os. Con un grupo de patas conform\u00e1bamos Los Pinches y \u00e9ramos una de las pandillas iniciales de la zona. \u00c9ramos el Chavo N\u00e1ndez, Zambo, Gallo, Pajla, Laico y otros que nos segu\u00edan. Dec\u00edamos a cada rato \u201cpinche, puto, culero y cabr\u00f3n\u201d. Nos gustaba joder a los profes monses. Hac\u00edamos pintas en los ba\u00f1os y hasta en las aulas, nos mech\u00e1bamos con los faites e \u00edbamos a los Bajos Mundos a chupar y cachar\u2026 Salud, compadre\u2026 Por eso yo ten\u00eda antecedentes en el colegio y los profes me ten\u00edan marcado, lo que me incomod\u00f3 y no lo soport\u00e9. Una ma\u00f1ana me tir\u00e9 la pera en clase de Educaci\u00f3n F\u00edsica y, cuando pensaba colarme para la clase de Historia, el auxiliar Atusparia me pesc\u00f3 y me detuvo. \u201cDe d\u00f3nde chucha viene y por qu\u00e9 huele a cigarrillos. \u00bfAcaso se ha escapado a fumar?\u201d, me dijo el desgraciado. \u201cAhora s\u00ed har\u00e9 que tenga una semana de sanci\u00f3n, vamos a la direcci\u00f3n, carajo\u201d, me amenaz\u00f3. Empez\u00f3 a jalarme de mis brazos; yo resist\u00ed y \u00e9l insisti\u00f3; ah\u00ed fue que le met\u00ed un cabezazo y dos pu\u00f1etes hasta hacerlo sangrar. La cuesti\u00f3n es que hui, y al d\u00eda siguiente me expulsaron. Mi viejita me dec\u00eda que yo era la oveja negra de la familia (pp. 128-129).<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Los-bajos-mundos.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-386\" width=\"459\" height=\"669\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Los-bajos-mundos.jpeg 351w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Los-bajos-mundos-206x300.jpeg 206w\" sizes=\"(max-width: 459px) 100vw, 459px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>A quien le interese, esta construcci\u00f3n de los di\u00e1logos alcanza, seg\u00fan mi opini\u00f3n, su momento m\u00e1s saludable en el libro precedente del autor, un conjunto de relatos titulado <em>Cuentos del VRAEM<\/em>. En fin, la nueva novela de Francois Villanueva es bastante atendible, y queda en cada quien descubrir sus aciertos m\u00e1s all\u00e1 de los ya se\u00f1alados. Por mi parte, me quedo con un relato que inserta el protagonista de <em>Los bajos mundos<\/em> casi hacia el final de la novela. Se titula <em>Pobreza humana<\/em> (t\u00edtulo dostoievskiano), donde se nos aproxima, con el v\u00e9rtigo propio de los acosados por los demonios de la esquizofrenia, a la psiquis perturbada de Fidel Larco Astete, su ca\u00edda en la locura y sus laberintos mentales mientras lidia con profesionales m\u00e9dicos deshumanizados e intenta establecerse con bien en la vida universitaria. L\u00e1stima que sea una de las partes m\u00e1s breves de la novela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8230;&#8230;&#8230;.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado:<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Francois Villanueva Paravicino<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Los bajos mundos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Editorial Apogeo, 2021, 171 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francois Villanueva, lo rural perturbado Por C. Brice\u00f1o A. Volv\u00ed a leer Los bajos mundos (2021), en la edici\u00f3n impresa que el autor, Francois Villanueva Paravicino (Ayacucho, 1989), ha tenido a bien hacerme llegar. 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