{"id":359,"date":"2021-08-18T04:02:48","date_gmt":"2021-08-18T04:02:48","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=359"},"modified":"2021-08-18T04:02:48","modified_gmt":"2021-08-18T04:02:48","slug":"resena-chicas-muertas-de-selva-almada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/08\/18\/resena-chicas-muertas-de-selva-almada\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: \u201cChicas muertas\u201d de Selva Almada"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>El pantano de lo siniestro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Eliana Del Campo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el camino f\u00e1cil para narrar la violencia? \u00bfExiste? Quiz\u00e1s el m\u00e1s transitado tenga recursos comunes que provoquen la conmoci\u00f3n instant\u00e1nea: un paneg\u00edrico de la v\u00edctima, el recuento de los actos que la conducen a las fauces del asesino, relatar el remedo de vida de los padres luego de la tragedia, describir c\u00f3mo a\u00fan se le llora, entre otras maneras. Selva Almada (Argentina, 1973), en su libro <em>Chicas muertas <\/em>(Random House, 2015)<em>, <\/em>rechaza de forma tajante esta v\u00eda. Huye de todo lugar com\u00fan y convencionalismo sobre el horror para abrirse paso entre las espesuras de la Argentina rural. Siega, de forma sensible y precisa, los matorrales entre los cuales se esconden los detalles del asesinato de tres muchachas de provincia, durante los a\u00f1os ochenta, y recobra estas historias para sacar a la luz una verdad tan inc\u00f3moda como universal: no hay lugar seguro para una mujer.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"577\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Chicas-muertas-de-Selva-Almada-577x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-360\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Chicas-muertas-de-Selva-Almada-577x1024.jpeg 577w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Chicas-muertas-de-Selva-Almada-169x300.jpeg 169w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Chicas-muertas-de-Selva-Almada.jpeg 651w\" sizes=\"(max-width: 577px) 100vw, 577px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En <em>Chicas muertas<\/em>, no hay morbo de la desgracia ni superioridad moral. En cambio, hay tres hechos tr\u00e1gicos y un vaho pestilente de misterio e indiferencia. Si bien este libro es escrito muchos a\u00f1os despu\u00e9s de los cr\u00edmenes, Almada no adopta la cl\u00e1sica f\u00f3rmula detectivesca. La forma en la que su prosa va hilvanando los hechos cautiva al lector por la ausencia de supuestos o juicios de antemano. Su mirada acompa\u00f1a, mas no pontifica. Sus descubrimientos son, a menudo, atravesados por reflexiones de su dolorosa subjetividad. Se evidencia la p\u00e9rdida de la inocencia al vislumbrar ese mundo que apenas comienza a conocer y ya se vuelca cruel con las mujeres: \u201cYo ten\u00eda trece a\u00f1os y esa ma\u00f1ana, la noticia de la chica muerta me lleg\u00f3 como una revelaci\u00f3n. Mi casa, la casa de cualquier adolescente, no era el lugar m\u00e1s seguro del mundo. Adentro de tu casa pod\u00edan matarte. El horror pod\u00eda vivir bajo el mismo techo que vos\u201d (p. 17).<\/p>\n\n\n\n<p>Almada se convierte en la persona que ensambla un coro tr\u00e1gico de voces disonantes. Como periodista, recoge los testimonios de los familiares afectados, forenses, vecinos y testigos. Con ellos teje un relato que no pretende ser, de ninguna forma, algo terminado: el grado de atrocidad y la ausencia de justicia no lo permiten. En vez de ello, la autora reproduce la cotidianeidad de los discursos entre los que la violencia discurre. Recuerda a un mir\u00f3n del barrio de su infancia: \u201cEra inofensivo. S\u00f3lo le gustaba engordar la mirada con esos cuerpos j\u00f3venes y hermosos que se mov\u00edan en los dormitorios, prepar\u00e1ndose para ir a dormir\u201d (p. 139). Reconstruye el habla de chicos que justifican una violaci\u00f3n grupal: \u201cA esas calientabraguetas habr\u00eda que ense\u00f1arles\u201d (p. 20). Narra su experiencia con una vidente a quien consulta por los casos: \u201cCuando la llamo para pedirle una cita, le explico que mi pedido tal vez le resulte inusual: no es por m\u00ed por quien quiero verla, sino por tres mujeres que est\u00e1n muertas. Me dice que es m\u00e1s habitual de lo que pienso y arreglamos d\u00eda y hora\u201d (p. 46). Almada convoca, enfrenta y ofrece estas voces sin adornos: no las exhibe ex\u00f3ticas, no es indulgente. No muestra condescendencia. Lo que muestra es la violencia, tan ubicua como el aire que se respira. Tan \u00e1spera como el viento norte que arrasa y, de vez en cuando, descubre una pista esperanzadora: una mand\u00edbula, un testigo clave.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSucedieron cosas como estas\u201d es, seg\u00fan Susan Sontag, la clave o el objetivo de Goya al retratar lo macabro en <em>Los desastres de la guerra<\/em>. \u201cCosas as\u00ed suceden\u201d nos susurra Almada en cada p\u00e1gina. En <em>Ante el dolor de los dem\u00e1s<\/em>, Sontag ya advert\u00eda sobre los peligros de la sobreexposici\u00f3n de la violencia: la desaparici\u00f3n de la conmoci\u00f3n. O peor incluso: la apetencia por contemplar la degradaci\u00f3n. Almada parece plenamente consciente de ello, pues no compromete los principios del buen periodismo, la decencia ni la buena literatura. Muestra sin tapujos el horror que se inscribe en los cuerpos en los momentos en que la historia exige una fotograf\u00eda: \u201cEstaba semidesnuda y en avanzado estado de descomposici\u00f3n, le hab\u00edan cortado los pezones y extirpado la vagina y el \u00fatero, y la yema de la mayor\u00eda de los dedos\u201d (p. 67). Y cuando no, le otorga un silencio. Un paisaje. Una conversaci\u00f3n: \u201cNo, le pregunto por otra chica: Mar\u00eda Luisa Quevedo. \u00bfTambi\u00e9n arrojaron su cuerpo ac\u00e1? \u2013Ah no. A la Quevedo la dejaron por all\u00e1\u201d (p.174). Las historias se hacen parte de la misma narradora mientras va recogiendo los huesos de las v\u00edctimas, pero tambi\u00e9n sus sospechas y las ambig\u00fcedades que, por siempre, guardar\u00e1n la inc\u00f3gnita de sus \u00faltimos momentos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"570\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/SelvaAlmada-1024x570.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-361\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/SelvaAlmada-1024x570.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/SelvaAlmada-300x167.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/SelvaAlmada-768x427.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/SelvaAlmada.jpeg 1068w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Hay instantes en la vida de uno que cambian de forma radical la manera de ver las cosas. Acaso Selva Almada de chica escuch\u00f3 por la radio la noticia de una joven asesinada en su cama y, sin saberlo, comenz\u00f3 a escribir este libro. Acaso la lectura de <em>Chicas muertas<\/em> le proporcione a cada lector una turbaci\u00f3n similar, ya sea aquella del reconocimiento de la violencia en uno mismo o la conmoci\u00f3n ante las historias y la frecuencia con que esto sucede. De forma personal, debo aceptar que me produce la admiraci\u00f3n por una autora que no solo se aleja del camino f\u00e1cil, sino que se zambulle en el pantano de lo siniestro y emerge con un libro inolvidable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8230;&#8230;&#8230;.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong><u>Datos de la publicaci\u00f3n:<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Selva Almada<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Chicas muertas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Literatura Random House, 2015, 187 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8230;&#8230;&#8230;.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Eliana Del Campo <\/strong>(Trujillo, 1993) es escritora e investigadora social. Estudi\u00f3 la Maestr\u00eda en Estudios de G\u00e9nero en la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica del Per\u00fa. Es licenciada en Turismo y bachiller en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Trujillo. Ha publicado art\u00edculos en diversos medios culturales de La Libertad como el <em>Diario La Industria<\/em> y la <em>Revista Livin<\/em>. Aparece en <em>Relatos selectos, escritores y escritoras de La Libertad<\/em> (Revuelta, 2020), en la antolog\u00eda <em>C\u00f3mo Narrarnos<\/em> (Biblioteca Bicentenario, 2021) y, pr\u00f3ximamente, en la antolog\u00eda <em>Ellas cuentan<\/em> (Orem, 2021).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pantano de lo siniestro Por Eliana Del Campo \u00bfCu\u00e1l es el camino f\u00e1cil para narrar la violencia? \u00bfExiste? 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