{"id":335,"date":"2021-08-14T15:03:00","date_gmt":"2021-08-14T15:03:00","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=335"},"modified":"2021-08-14T16:22:05","modified_gmt":"2021-08-14T16:22:05","slug":"cronica-sobre-charles-bukowski","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/08\/14\/cronica-sobre-charles-bukowski\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica sobre Charles Bukowski"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>El legado de un viejo indecente<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Manuel Alonso Navazar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Descubr\u00ed a Charles Bukowski (1920-1994) cuando ten\u00eda alrededor de 20 a\u00f1os de edad. En una de esas circunstancias maravillosas e imprevistas con que la vida nos suele sorprender, quiso el azar que aquella tarde la mujer que me vend\u00eda una edici\u00f3n de los cuentos completos de Faulkner arrojara al suelo, en un descuido, un libro que llevaba por t\u00edtulo <em>La senda del perdedor<\/em>. La portada llam\u00f3 de inmediato mi atenci\u00f3n. En ella, aparec\u00eda un hombre con sombrero delante de un extenso camino (de esos que parecen que conducen a la nada o, en todo caso, a un destino siempre incierto). Le pregunt\u00e9 a la mujer sobre el libro. Me dijo que no lo hab\u00eda le\u00eddo, pero que muchos j\u00f3venes, universitarios bohemios en su mayor\u00eda, sol\u00edan visitar su puesto \u2014ubicado en el desaparecido boulevard de Quilca\u2014 para preguntar por libros de ese autor. No lo pens\u00e9 dos veces y llev\u00e9 el ejemplar conmigo.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"600\" height=\"450\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/charles-bukowski.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-336\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/charles-bukowski.jpeg 600w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/charles-bukowski-300x225.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Ese mismo d\u00eda, ya en casa, termin\u00e9 de leer el libro de un tir\u00f3n. No es habitual que eso llegue a ocurrirme con un libro. Casi siempre me detengo en alguna parte para continuar con su lectura al d\u00eda siguiente o cuando encuentro alg\u00fan tiempo disponible, pero con Bukowski el asunto fue distinto. Su lenguaje directo, crudo y, por momentos, procaz captur\u00f3 por completo mi atenci\u00f3n, y fue as\u00ed que inici\u00e9 mi relaci\u00f3n con aquel \u201cViejo indecente\u201d de quien poseo ya una nutrida colecci\u00f3n que preservo en mi biblioteca personal como si se trataran de piezas invaluables. Fue as\u00ed, tambi\u00e9n, que descubr\u00ed el germen de esa personalidad irreverente y autodestructiva que lo caracteriz\u00f3 siempre, hasta el d\u00eda en que su luz se apag\u00f3 en el a\u00f1o 94 a ra\u00edz de una leucemia cuando contaba con 73 a\u00f1os de edad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hijo \u00fanico de una pareja de inmigrantes alemanes, su ni\u00f1ez estuvo marcada por un autoritarismo extremo y recalcitrante por parte del padre, quien sol\u00eda golpearlo diariamente con una badana de cuero, casi siempre sin alguna justificaci\u00f3n razonable de por medio. Su madre, siempre indiferente y fr\u00eda (nunca se preocup\u00f3 por profesarle al hijo la m\u00e1s m\u00ednima muestra de afecto), solo atinaba a decirle que su padre ten\u00eda siempre la raz\u00f3n. En <em>Born into this<\/em>, un documental realizado en el 2003 en torno a la vida de este escritor nacido en Norteam\u00e9rica \u2014y que puede uno encontrar \u00edntegro en YouTube\u2014, se hacen ostensibles las palabras que el viejo Charles lleg\u00f3 a decir con respecto a su progenitor: \u201cEra tan gilipollas como cobarde [\u2026] y su sangre corre por la m\u00eda. A veces siento la sangre de mi padre en mis venas, su puta sangre de gallina que llevo dentro\u201d. Aparte de esa dif\u00edcil y distante relaci\u00f3n que lleg\u00f3 a tener con el padre, le toc\u00f3, asimismo, padecer las secuelas de un acn\u00e9 severo, experiencia que lo llev\u00f3 a auto marginarse de los c\u00edrculos sociales que los chicos de su edad ten\u00edan por costumbre forjar y frecuentar. Fue as\u00ed que hastiado de esa realidad que poco o nada le ofrec\u00eda decidi\u00f3 buscar refugio en la lectura. Sinclair Lewis, D. H. Lawrence, Aldous Huxley, John Dos Passos, Sherwood Anderson, entre otros, fueron sus primeras influencias literarias (descubiertos en libros que, a falta de dinero, ten\u00eda que pedir prestados de la biblioteca p\u00fablica) y, especialmente, Hemingway, quien no tard\u00f3 en convertirse en su m\u00e1ximo \u00eddolo: \u201cY entonces vino Hemingway. \u00a1Qu\u00e9 subyugante! Sab\u00eda c\u00f3mo escribir una l\u00ednea. Era puro gozo. Las palabras no eran abstrusas sino cosas que hac\u00edan vibrar tu mente. Si las le\u00edas y permit\u00edas que su hechizo te embargara, pod\u00edas vivir sin dolor, con esperanza, sin importarte lo que pudiera sucederte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"400\" height=\"565\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Bukowski_Born_into_This.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-337\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Bukowski_Born_into_This.jpeg 400w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Bukowski_Born_into_This-212x300.jpeg 212w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Hace unos d\u00edas me hice con una edici\u00f3n de <em>Cartero<\/em>, su primera novela. La escribi\u00f3 en un mes, a instancias de John Martin, su editor, quien le ofreci\u00f3 darle cien d\u00f3lares mensuales con la condici\u00f3n de que abandone su agobiante trabajo en la central de correos y se pusiera a escribir a tiempo completo. Hasta el momento en que la concibi\u00f3, solo hab\u00eda publicado algunos relatos y poemas en diversos peri\u00f3dicos y revistas (su columna \u201cEscritos de un viejo indecente\u201d, publicada semanalmente en un diario de Los \u00c1ngeles, se convirti\u00f3 en la m\u00e1s le\u00edda y as\u00ed empez\u00f3 a tomar cuerpo una fama que llegar\u00eda a cimentar poco tiempo despu\u00e9s).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta novela, el narrador (identificable con el autor del libro) nos cuenta las vicisitudes que le toc\u00f3 vivir en todo ese tiempo (nada m\u00e1s y nada menos que once a\u00f1os) que trabaj\u00f3 como empleado en el Servicio Postal de los Estados Unidos, un trabajo que, cual novela kafkiana, no hac\u00eda otra cosa que deshumanizarlo. Al respecto, llegar\u00eda a decir: \u201cMis mareos se fueron haciendo m\u00e1s continuos. Los sent\u00eda llegar. La caja del correo empezaba a dar vueltas. Duraban alrededor de un minuto. No pod\u00eda entenderlo. Las cartas se iban haciendo cada vez m\u00e1s y m\u00e1s pesadas. Los empleados comenzaban a adquirir aquel aspecto gris mortecino. Empezaba a deslizarme por mi taburete. Mis piernas apenas pod\u00edan sostenerme. El trabajo me estaba matando\u201d. Asimismo, hace referencia al nacimiento de Marina Louise, su \u00fanica hija, fruto de su uni\u00f3n con Fay Smith, una hippie que termin\u00f3 dej\u00e1ndolo para irse con un camionero. Tal vez, fue aquella circunstancia la que lleg\u00f3 a rescatarlo del vac\u00edo absoluto. Al respecto, casi al final de la novela y en una de sus partes m\u00e1s emotivas, dice: \u201cEmpec\u00e9 a notar la falta de descompresi\u00f3n. Me emborrachaba y me quedaba m\u00e1s borracho que una mierda podrida en el purgatorio. Incluso una noche estaba con un cuchillo de carnicero puesto en la garganta cuando pens\u00e9, <em>tranquilo viejo, a tu ni\u00f1ita le gustar\u00eda que la llevaras al zoo. Helados, chimpanc\u00e9s, tigres, aves verdes y rojas y el sol descendiendo sobre la cabeza de ella y col\u00e1ndose entre los pelos de tus brazos. Tranquilo viejo<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"600\" height=\"908\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Cartero-de-Buko.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-338\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Cartero-de-Buko.jpeg 600w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Cartero-de-Buko-198x300.jpeg 198w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Me gusta pensar que, a pesar de esa dureza, rebeld\u00eda y actitud orientada casi siempre al constante flagelo de s\u00ed mismo, el viejo Charles pose\u00eda una sensibilidad capaz de emanar cierta ternura y simpat\u00eda, nada f\u00e1cil para un hombre que rehusaba el tener que mostrarse con alguna careta. De este modo, me quedo con aquellas palabras que lleg\u00f3 a decir en torno a la esperanza, la cual nunca desterr\u00f3 de s\u00ed mismo a pesar del tortuoso camino que le toc\u00f3 recorrer: \u201cNo la abandones [\u2026] debes quedarte con una peque\u00f1a ascua, una chispa y nunca se la des a nadie, porque mientras conserves esa chispa podr\u00e1s encender siempre el fuego m\u00e1s grande\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">Sobre el autor:<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Manuel Alonso Navazar<\/strong> (Lima, Per\u00fa). Es bachiller en Literatura, y mag\u00edster en Lengua y Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus relatos han sido publicados en diversas revistas, como <em>Ibidem<\/em> (M\u00e9xico), <em>El Narratorio<\/em> (Argentina), <em>Ibis<\/em> (Colombia), <em>Pluma<\/em> (Argentina), <em>Espejo Humeante<\/em> y <em>Molok<\/em> (Per\u00fa). Asimismo, ha formado parte de antolog\u00edas como <em>Ecofuturismo. Cuentos Sci \u2013 Fi <\/em>(Speedwagon Media Works, Lima, 2020) y <em>Desde mi ventana<\/em> (Fundaci\u00f3n Amares, Chile, 2020). Ha publicado el libro <em>Para leer en invierno<\/em> (Mesa Redonda, Lima, 2020).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El legado de un viejo indecente Por Manuel Alonso Navazar Descubr\u00ed a Charles Bukowski (1920-1994) cuando ten\u00eda alrededor de 20 a\u00f1os de edad. 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