{"id":2271,"date":"2026-10-24T11:25:54","date_gmt":"2026-10-24T16:25:54","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=2271"},"modified":"2026-10-24T11:25:54","modified_gmt":"2026-10-24T16:25:54","slug":"entrevista-a-diego-zuniga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/10\/24\/entrevista-a-diego-zuniga\/","title":{"rendered":"Entrevista a Diego Z\u00fa\u00f1iga"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>\u00ab<u>Mi v\u00ednculo con la realidad se da sobre todo en la narraci\u00f3n<\/u>\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebastian Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tierra de campeones<\/em> (2023), fue el esperado regreso al terreno de la novela de Diego Z\u00fa\u00f1iga (Iquique, 1987) a casi diez a\u00f1os de la aparici\u00f3n <em>Racimo <\/em>(2014). Pero en el transcurso, su obra no hab\u00eda dejado de explorar nuevos territorios, pues hab\u00eda viajado del desierto en <em>Camanchaca<\/em> (2009) al ruido de la urbe en los cuentos de <em>Ni\u00f1os h\u00e9roes<\/em> (2016), y tuvo una incursi\u00f3n en la no ficci\u00f3n con <em>Mar\u00eda Luisa Bombal. El teatro de los muertos<\/em> (2019). Sin embargo, ten\u00eda una deuda impostergable: el mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta entrevista ocurri\u00f3 en diciembre del 2024, aprovechando su presencia en la Feria del Libro Ricardo Palma. Aqu\u00ed conversamos, entre otras cosas, sobre su relaci\u00f3n con Per\u00fa, el periodismo, Iquique, y las historias de la gente com\u00fan, presente esto \u00faltimo en la historia del Chungungo Mart\u00ednez, el inolvidable personaje de su \u00faltima novela, una que ese\u00a0 aferra al lector hasta mucho tiempo despu\u00e9s de haberla le\u00eddo: \u201cY es en este punto de la historia cuando yo me quedo sin palabras para contar lo que sucedi\u00f3 despu\u00e9s. Porque aqu\u00ed se acaban las voces y las versiones y lo que alguien supo, escuch\u00f3 o vio, y s\u00f3lo nos queda aferrarnos a un \u00faltimo murmullo. Aferrarnos a ese \u00faltimo rumor\u201d (p. 264)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Diego-Zuniga.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2272\" width=\"587\" height=\"439\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Diego-Zuniga.png 797w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Diego-Zuniga-300x225.png 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Diego-Zuniga-768x575.png 768w\" sizes=\"(max-width: 587px) 100vw, 587px\" \/><figcaption><strong>Diego Z\u00fa\u00f1iga &#8211; \u00a9Lorena Amaro<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Tienes una conocida afinidad con nuestro pa\u00eds, presente incluso en tus libros y art\u00edculos \u00bfQu\u00e9 tal esta visita?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estoy feliz siempre de venir. Es inevitable sentirme muy en familia. Yo crec\u00ed en Iquique, en el norte de Chile, y la conexi\u00f3n que hay entre ese norte y el Per\u00fa es demasiado viviente, en todos los niveles que se te puedan ocurrir. Entonces venir ac\u00e1 es un poco volver a pensar en ese lugar, al que adem\u00e1s no voy tanto: voy muy de vez en cuando, porque igual es lejos. Imag\u00ednate, de Santiago son dos mil kil\u00f3metros. Entonces venir a Lima siempre est\u00e1 lindo por esos recuerdos. Y porque mi conexi\u00f3n con la literatura peruana es grande desde distintos lugares: hay autores de ac\u00e1 que me marcaron mucho, y siempre est\u00e1 lindo venir a los lugares de donde ellos vienen.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Maria-Luisa-Bombal.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2273\" width=\"389\" height=\"627\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Maria-Luisa-Bombal.png 372w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Maria-Luisa-Bombal-186x300.png 186w\" sizes=\"(max-width: 389px) 100vw, 389px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>En <em>Mar\u00eda Luisa Bombal, el teatro de los muertos<\/em>, tu segundo libro de no ficci\u00f3n, exploraste los hitos biogr\u00e1ficos de la autora chilena, a la que vez que dabas cuenta de una cartograf\u00eda de relaciones, influencias, amistades y conexiones que permit\u00edan acercarse a una \u00e9poca germinal para libros clave en la literatura latinoamericana del siglo XX<a href=\"#_ftn1\"><em><strong>[1]<\/strong><\/em><\/a>. \u00bfC\u00f3mo fue esa apuesta, despu\u00e9s de <em>Ni\u00f1os h\u00e9roes<\/em> y <em>Racimo<\/em>?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Soy periodista: mi trabajo, el sustento de mi vida a lo largo de todo este tiempo, ha sido el periodismo. Trabaj\u00e9 muchos a\u00f1os en la revista <em>Qu\u00e9 Pasa<\/em>, que despu\u00e9s desapareci\u00f3. Y me pasaban dos cosas. Yo estudi\u00e9 periodismo justo en el momento en que la obra de Leila Guerriero explota, cuando empieza a aparecer la referencia de lo que tiene que ser la cr\u00f3nica, el perfil. Estoy hablando del 2007, 2008, 2009; hab\u00eda aparecido <em>Los suicidas del fin del mundo<\/em>, que era un libro que todos le\u00edamos en la universidad con admiraci\u00f3n. Despu\u00e9s ella iba a ser una referencia para todo el periodismo escrito latinoamericano, que a su vez te llevaba obviamente a los otros, a leer Etiqueta Negra, a Mart\u00edn Caparr\u00f3s, a Juan Villoro, a todo ese grupo. Yo ven\u00eda de esa formaci\u00f3n; antes de eso le\u00eda sobre todo literatura, pero lo profesional me llev\u00f3 a esa lectura.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en <em>Qu\u00e9 Pasa<\/em>, que era una revista semanal, yo publicaba casi todas las semanas. Escrib\u00eda al menos un texto largo cada dos semanas, a veces todas las semanas, y para m\u00ed fue una escuela de escritura, de ejercicio, de rapidez, de tratar de hacer en medio de esa rapidez cosas que les le\u00eda a los otros. Pero lo que tambi\u00e9n me produjo eso fue descubrir que hab\u00eda que separar los mundos: lo que yo hac\u00eda como periodista y lo que hac\u00eda desde el lugar de la literatura, en un tema muy puntual que es el tiempo. La revista sal\u00eda todas las semanas, mi<em> deadline<\/em> eran los martes, yo no pod\u00eda pasarme de ese martes, y aprend\u00ed a jugar con ese <em>deadline<\/em>, aprend\u00ed a quererlo incluso, a comprenderlo. Pero no dejaba de pensar que, si hubiese tenido m\u00e1s tiempo, quiz\u00e1s esos textos hubiesen salido mejor. Y entonces dije: toda esa libertad que no tengo ac\u00e1 se la voy a dar a la literatura. Por eso me tomo los tiempos que me tomo con los libros, nunca me apuro, porque me gusta disfrutar del proceso y porque creo que los libros te van pidiendo el tiempo que te piden. Si los presionas o los fuerzas, eso se nota finalmente en lo que queda.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, cuando me plantean lo de Mar\u00eda Luisa, que de hecho empieza con Leila, iba a ser originalmente un texto para una de las colecciones que ella edita, en <em>Extremas <\/em>(2019). Yo hab\u00eda le\u00eddo a Bombal como lectura obligatoria en el colegio, la ten\u00eda fresca, una obra breve con una historia muy impresionante. Escrib\u00ed un primer borrador, se lo mand\u00e9 a Leila, y ella me hizo una lectura muy generosa, con muchas sugerencias. Pero ah\u00ed entend\u00ed dos cosas: que Leila necesitaba el texto pronto y yo no estaba con los tiempos, y que adem\u00e1s era un personaje dif\u00edcil, porque nadie de los que la conocieron o tuvieron un v\u00ednculo fuerte con ella estaba vivo en ese momento. Mi texto iba a ser dif\u00edcil de traer hacia el presente, que es generalmente lo que ella busca en los perfiles que hace y que edita. Dije: no voy a llegar a los tiempos. Pero la gente de Ediciones UDP igual qued\u00f3 interesada en hacer algo con ella, porque Bombal es un personaje importante en la literatura chilena.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hab\u00eda una dificultad muy loca, y es que Mar\u00eda Luisa se va a Estados Unidos, si mal no recuerdo a mediados de los cuarenta, y vuelve a Chile reci\u00e9n en los setenta; y la Mar\u00eda Luisa que vuelve en los setenta es muy distinta de la que escribi\u00f3 <em>La amortajada<\/em> y <em>La \u00faltima niebla<\/em>. Entonces la gente que la conoci\u00f3, y los pocos con los que yo pude conversar, tienen la imagen de esa \u00faltima Mar\u00eda Luisa, que no es la misma que escribi\u00f3 esos libros. Ella public\u00f3 estas dos primeras novelas, un par de cuentos, se va a Estados Unidos y no vuelve a publicar nada m\u00e1s en todo ese tiempo. Hay un silencio ah\u00ed, ese silencio gringo, que para m\u00ed es como un gran agujero negro de la historia, porque yo no s\u00e9 qu\u00e9 pas\u00f3. Hay elucubraciones, se cuentan cosas; obviamente ella se cas\u00f3, lo pas\u00f3 mal, todos dicen que ah\u00ed viene la \u00e9poca m\u00e1s fuerte de su v\u00ednculo con el alcohol. Y vuelve a Chile en los setenta y recibi\u00f3 ciertos reconocimientos, pero era una figura dif\u00edcil, porque por un lado estaba el tema de su alcoholismo que era muy fuerte, no segu\u00eda publicando, y era pinochetista adem\u00e1s, imag\u00ednate.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho eso, cuando la gente de la editorial me pidi\u00f3 igual el perfil, les dije: mira, tengo esto, voy a hacer un texto s\u00faper comprimido, porque para m\u00ed la idea es hacerle honor a lo que hizo ella en su obra. Y la pas\u00e9 muy bien, lo disfrut\u00e9 mucho, sobre todo porque me gust\u00f3 pensarla en su contexto literario. Para m\u00ed su gran \u00e9poca creativa, que son los treinta, coincide con su estad\u00eda en Buenos Aires, y eso no me parece casual: convivi\u00f3 en un momento en que estaba la revista <em>Sur<\/em>, estaba Borges, estaba Victoria Ocampo, hab\u00eda una efervescencia cultural que la estimul\u00f3 a tal punto que pudo producir lo que produjo. Eso adem\u00e1s me hizo volver a pensar mucho en el contexto de la narrativa chilena, con la que los narradores de mi generaci\u00f3n, y quiz\u00e1 de la anterior tambi\u00e9n, tenemos una relaci\u00f3n tensa. Porque como tenemos una tradici\u00f3n de poes\u00eda tan grande, con reconocimientos tan fuertes, al lado de esa tradici\u00f3n la narrativa chilena palidece indudablemente. Y en esto incluyo tambi\u00e9n a la poes\u00eda peruana: son excepcionalidades. No puede ser que ac\u00e1 exista un Vallejo, y gente tan extraordinaria despu\u00e9s de Vallejo, que en cualquier otro pa\u00eds ser\u00edan los poetas m\u00e1s altos. Entonces la tradici\u00f3n de la narrativa chilena es dif\u00edcil en ese sentido, y volver a mirar a Bombal y a leer a sus contempor\u00e1neos me hizo volver a esa literatura. Y ahora que te lo estoy verbalizando, pienso que eso se cruz\u00f3 con la novela que estaba haciendo en ese momento, que era <em>Tierra de campeones<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el libro de Bombal se escribi\u00f3 sobre todo entre el 2018 y el 2019. Y qu\u00e9 divertido que hablemos de esto, porque la \u00faltima vez que vine a Lima, en ese viaje de vacaciones muy cortito de un fin de semana, en noviembre del 2019, yo estaba terminando de editarlo. Me acuerdo perfectamente de haber estado ac\u00e1 con el computador trabajando, mirando los \u00faltimos cap\u00edtulos. Y a la vez estaba d\u00e1ndole vueltas a <em>Tierra de campeones<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Entonces es como tu libro peruano.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Imag\u00ednate. Te lo juro que me acuerdo perfectamente de haber estado ac\u00e1 terminando de editar ese perfil de Bombal.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Racimo.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2274\" width=\"365\" height=\"631\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Racimo.png 347w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Racimo-174x300.png 174w\" sizes=\"(max-width: 365px) 100vw, 365px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Me da curiosidad el tr\u00e1nsito de atm\u00f3sferas. En <em>Camanchaca<\/em> y <em>Racimo<\/em> estabas en el desierto; luego te sumerges en la urbe, y en <em>Ni\u00f1os h\u00e9roes<\/em> los personajes deambulan por la ciudad, van de ac\u00e1 para all\u00e1, como si uno escuchara un casette de Los Prisioneros de los ochenta; y ahora vuelves a otro desierto, que es el mar. \u00bfC\u00f3mo fue ese tr\u00e1nsito?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Yo creo que ten\u00eda una deuda con el mar. A lo mejor hay que explicar que Iquique est\u00e1 en la costa, pero es una ciudad que est\u00e1 literalmente entre el mar y el desierto. Hay algo muy importante ah\u00ed, que me parece m\u00e1s importante cada vez que vuelvo: est\u00e1 la ciudad, y hay una muralla, que es un cerro, una muralla gris \u2014realmente ese cerro es una muralla\u2014, y la ciudad queda atrapada entre esa muralla y el mar. Y detr\u00e1s de la muralla est\u00e1 el desierto. Yo hab\u00eda escrito mucho sobre el desierto, un espacio que para m\u00ed fue muy impactante en t\u00e9rminos de experiencia, de atravesarlo, de ir comprendiendo su belleza, porque obviamente uno al principio no piensa en un desierto cuando dice belleza, pero cuando efectivamente lo experiment\u00e1s es una experiencia alucinante. Al contrario del mar, que para m\u00ed siempre fue la belleza. Ayer lo contaba en la presentaci\u00f3n con Joseph [Z\u00e1rate] en la feria: cada vez que voy a una ciudad con mar tengo que ir a ver el mar, mi prioridad es ir al mar, porque lo extra\u00f1o mucho; Santiago no tiene mar y vivo hace muchos a\u00f1os ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Ninos-heroes.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2275\" width=\"360\" height=\"614\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Ninos-heroes.png 350w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Ninos-heroes-176x300.png 176w\" sizes=\"(max-width: 360px) 100vw, 360px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Y hay algo muy loco, y es que tampoco hay mucha literatura en Chile sobre el mar. M\u00e1s all\u00e1 de cierta poes\u00eda de Neruda, de algunas cosas de Ra\u00fal Zurita, el que m\u00e1s trabaj\u00f3 el mar es Francisco Coloane, pero Coloane trabaja el sur, el sur extremo. Justo me toc\u00f3 prologarlo en estos a\u00f1os: hice el pr\u00f3logo a una selecci\u00f3n de cuentos que apareci\u00f3 en Alfaguara<a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>, y me sirvi\u00f3 mucho volver a leerlo y volver a conectarme con ese mar, que es un mar muy distinto; el Pac\u00edfico del sur es muy distinto al Pac\u00edfico del norte de Chile. Pero igual, era una deuda. Y como t\u00fa dec\u00edas, ese tr\u00e1nsito es real: yo parto en el desierto, despu\u00e9s me interesaba mucho irme a la ciudad, que es donde he vivido la mayor parte de mi vida, y creo que esos cuentos remiten a una suerte de homenaje a mis a\u00f1os universitarios, a esos a\u00f1os en que atraves\u00e9 mucho Santiago. Yo viv\u00eda muy lejos, viv\u00eda en Maip\u00fa, en el m\u00edtico Maip\u00fa de Alejandro Zambra, y para llegar al centro era una hora o una hora y media.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora que lo pienso, el nuevo proyecto, si es que resulta, tambi\u00e9n va a remitir a la ciudad; me voy del norte otra vez, que es algo que siempre prometo \u2014cada vez que termino un libro digo nunca m\u00e1s vuelvo, y s\u00e9 que voy a volver de alguna manera\u2014. En el caso de <em>Tierra de campeones<\/em>, volver al norte presentaba otra dificultad, que era volver a un territorio que no es el lugar que yo conoc\u00ed realmente, porque es el territorio de los a\u00f1os cincuenta, sesenta y setenta. Te puedes imaginar c\u00f3mo ha cambiado. Fue muy desafiante escribir sobre una \u00e9poca que no viv\u00ed, de la que adem\u00e1s hay pocos registros, porque tampoco es que haya un mill\u00f3n de fotograf\u00edas ni de filmaciones. A lo mejor a las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes les va a impresionar descubrir en alg\u00fan momento que el registro que hay de los setenta para atr\u00e1s es s\u00faper fr\u00e1gil. Entonces fue muy desafiante entrar en ese mundo, que me exig\u00eda mucha imaginaci\u00f3n. Ahora, tambi\u00e9n ocurre que cuando se me aparece en la escritura la caleta, me resultaba muy \u00fatil narrativamente, porque efectivamente es un espacio un poco detenido en el tiempo, incluso hoy. Si yo voy a una caleta en el norte de Chile, y me imagino que ac\u00e1 puede ocurrir lo mismo, es dif\u00edcil identificar en qu\u00e9 a\u00f1o est\u00e1s, salvo por alg\u00fan avance obvio. Es un lugar detenido, y eso me serv\u00eda para entrar en una \u00e9poca sin tiempo definido, por as\u00ed decirlo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hay una parte que me gusta mucho, cuando el narrador corta el recuerdo y empieza a fluir la imaginaci\u00f3n: lo dice de una manera tan sublime que es como un balbuceo, un intento de reconstruir una historia que no vivimos pero de la que de alguna manera nos sentimos parte. Pensando en los pescadores, que pasan el d\u00eda aislados y lo que tienen son las historias: \u00bfc\u00f3mo persigues hoy esa idea de unirse alrededor de un relato, en tiempos en que cada uno tiene el suyo y lo expone tanto en redes que casi que lo deja sin sustancia?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 buen tema, porque una de mis obsesiones en general es la narraci\u00f3n. Esta es \u2013de las novelas que he escrito\u2013 la m\u00e1s narrativa, y la que pone sobre la mesa lo que significa efectivamente narrar. Tambi\u00e9n por eso la elecci\u00f3n de ese narrador. Esa parte que mencionas la goc\u00e9 mucho: pensar c\u00f3mo iba a ser el momento en que el narrador confesara que hay algo que \u00e9l ya no conoce, pero que sigamos adelante porque puede venir la fabulaci\u00f3n, y adem\u00e1s la fabulaci\u00f3n de alguien que estuvo ah\u00ed, en el inicio del Chungungo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi v\u00ednculo con la realidad, y esto es obviamente una mirada personal, es un v\u00ednculo que se da sobre todo en la narraci\u00f3n. Yo gozo mucho que me cuenten historias. Tengo como una sed, una necesidad, y un goce finalmente, de escuchar al otro. Y te estoy hablando de lo m\u00e1s m\u00ednimo: si salimos en la ma\u00f1ana con mi pareja y ella se va a la oficina y yo me voy a terminar alg\u00fan texto a alg\u00fan lugar, cuando nos volvemos a encontrar lo primero que le digo es que me cuente qu\u00e9 tal estuvo el d\u00eda. Y entre m\u00e1s detalles me da, m\u00e1s lo gozo. Esto lo descubr\u00ed hace no tantos a\u00f1os. Y para m\u00ed esta novela quer\u00eda responder tambi\u00e9n a ese goce. Yo dicto ahora talleres de escritura, y la gran conversaci\u00f3n en esos talleres es sobre eso: a ver, pensemos c\u00f3mo vamos a narrar esta historia, qui\u00e9n la va a narrar, que es la pregunta que me ha obsesionado y que siento que define en gran medida todo. Y cu\u00e1n fieles vamos a ser a esos materiales que estamos narrando.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en ese sentido, como bien dices, est\u00e1 el hecho mismo de la caleta: ellos no tienen nada m\u00e1s que sus historias. No tienen mayores posesiones que las historias que tienen y que ponen en comunidad, y que les permiten armar esa comunidad y sobrevivir en medio de ese mundo precario. Un personaje que me parece clave, y que no lo pens\u00e9 sino que apareci\u00f3 y se impuso, es el de Violeta, que es la que sabe leer, la que les puede contar cosas que ellos no saben. Yo empec\u00e9 a tener conciencia de su importancia cuando compart\u00ed el manuscrito con los primeros amigos y la devoluci\u00f3n que hac\u00edan era: \u00bfQu\u00e9 hiciste? \u00bfC\u00f3mo se te ocurre? Y yo dije, chucha. A lo mejor, si hubiera tenido mucha conciencia de la singularidad del personaje, la hubiera dejado llegar hasta el final. Pero tambi\u00e9n era muy necesario para el Chungungo tener esa segunda p\u00e9rdida, porque la primera es la de la familia, que es la que lo marca definitivamente; hay algo ah\u00ed de lo que no puede volver, y ese encuentro que \u00e9l tiene con los cuerpos tambi\u00e9n remite a esa p\u00e9rdida. Adem\u00e1s, ella era la due\u00f1a de la narraci\u00f3n, de alguna manera, y los personajes la gozaban con ella.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hablando de Violeta, hay una parte en que les lee las <em>Selecciones <\/em>del Reader\u2019s Digest y en alg\u00fan momento dicen: este es el relato de los gringos, \u00bfy el de la otra cara? <em>Tierra de campeones<\/em> alude a una tierra de campeones, pero los que narran son los perdedores, entre comillas. \u00bfC\u00f3mo apareci\u00f3 esa idea? Siento que hay algo de la literatura como subversi\u00f3n de la narraci\u00f3n oficial.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lo de las <em>Selecciones<\/em> me di cuenta despu\u00e9s de que tambi\u00e9n era mi homenaje a c\u00f3mo me acerqu\u00e9 yo a la lectura. Y no solo yo: creo que ah\u00ed estoy interpelando a todos los que nos formamos como lectores en casas donde no hab\u00eda un libro, donde no hab\u00eda una biblioteca y donde le\u00edamos lo que hab\u00eda; la curiosidad se resolv\u00eda en esas selecciones. Yo me form\u00e9 tambi\u00e9n leyendo revistas de f\u00fatbol, que en el fondo son la preliteratura; con los a\u00f1os me doy cuenta de que eso me interesaba mucho y no lo hab\u00eda advertido. Y claro, la historia no la narran los campeones.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Tierra-de-campeones.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2276\" width=\"379\" height=\"642\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Tierra-de-campeones.png 355w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Tierra-de-campeones-177x300.png 177w\" sizes=\"(max-width: 379px) 100vw, 379px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El t\u00edtulo fue una gran pregunta sobre la que pens\u00e9 mucho tiempo. Cuando uno dice en Chile \u201ctierra de campeones\u201d, la gente inmediatamente asocia Iquique; es como ponerle un nombre a una ciudad. Pero tambi\u00e9n me gustaba mucho la iron\u00eda de pensar una tierra de campeones donde en realidad casi no hay campeones. A veces me da risa, porque yo con Iquique ya no tengo una relaci\u00f3n tan concreta: me fui hace muchos a\u00f1os, las personas con las que estuve en la escuela ya no viven ah\u00ed, casi no tengo amigos ah\u00ed, igual soy un visitante. Siempre bromeo con que siento que no me quieren, y lo digo sin ninguna broma: mi sue\u00f1o es volver y que alg\u00fan d\u00eda me regalen las llaves de la ciudad [risas]. Y bueno, en alguna entrevista he contado esto de la iron\u00eda del t\u00edtulo, y cuando apareci\u00f3, la gente de Iquique la lee y comenta: nosotros s\u00ed somos campeones. Y te dan una lista.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Te interesaba que existiera la historia de la gente com\u00fan en medio de la gran Historia.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Claro, me interesaba mucho entrar desde la ficci\u00f3n en lo que fueron los a\u00f1os sesenta y setenta, que en el caso de Chile estaban s\u00faper marcados por el gobierno de Allende, por la Unidad Popular y obviamente despu\u00e9s por el golpe. Ayer en la presentaci\u00f3n me acord\u00e9 de un libro cuya importancia me interesa mucho subrayar, de una autora peruana que se llama Carmen Pimentel<a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a>. Era psic\u00f3loga, creo, pero finalmente ese libro es m\u00e1s de sociolog\u00eda. Lo public\u00f3 en Chile, en Metales Pesados; es un libro blanco, y es muy bonito porque en la portada tiene un texto de Pedro Lemebel, que escribe una suerte de contratapa. Se llama <em>Vidas marginales<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella va a Chile en los sesenta y entrevista, va a las poblaciones de Santiago, en un momento de mucha precariedad, muy dif\u00edcil. Y Lemebel prologa el libro porque ella va justamente a los lugares de donde viene \u00e9l; cuando \u00e9l lee este texto dice que en realidad estos son los antecedentes de donde vienen sus propios textos. Ella hace ese trabajo de campo y entrevista a personas que viven en vidas muy precarias, y logra capturar algo que yo no hab\u00eda podido registrar en otros libros de historia de la \u00e9poca. Porque adem\u00e1s, como es psic\u00f3loga, pregunta cosas que son mucho m\u00e1s del orden de lo \u00edntimo, m\u00e1s que \u201c\u00bfqu\u00e9 piensa usted de la pol\u00edtica?\u201d. Y captura ah\u00ed cositas que cuando yo le\u00ed dije: esto alg\u00fan d\u00eda lo voy a usar, porque hay un registro muy valioso, adem\u00e1s un registro de la lengua de ese tiempo. Y cuando empiezo a entrar en la novela, digo: s\u00ed, efectivamente esta gente est\u00e1 viviendo en la ciudad, en estas poblaciones, con una serie de problemas. Pero son problemas que tambi\u00e9n podr\u00edan haber tenido los personajes de la caleta, en el norte. Me sirvi\u00f3 mucho ese material para pensar ese mundo, para imaginarlo, y creo que de una manera m\u00e1s fina, con m\u00e1s precisi\u00f3n. Y yo quer\u00eda que la novela permitiera que existieran esas historias de gente com\u00fan en medio de la gran historia. Para m\u00ed ese es uno de los temas del libro.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Quiero citar a Ribeyro, a quien prologaste en <em>La caza sutil y otros textos<\/em>, en la edici\u00f3n de UDP de hace unos a\u00f1os, y volver a tu art\u00edculo sobre literatura y resentimiento en <em>Cuadernos Hispanoamericanos<\/em>. Ya en ese pr\u00f3logo citabas a Clarice Lispector y al propio Julio Ram\u00f3n Ribeyro con eso de leer entre l\u00edneas, que conversa con la idea de un escritor que dice algo que no dice, pero lo deja ah\u00ed, secreto. En el art\u00edculo te preguntabas d\u00f3nde est\u00e1n esos textos hoy. \u00bfHay ah\u00ed un menosprecio de ciertos escritores por el lector, o un escritor que no se la cree del todo y necesita que todo sea literal, en el peor sentido?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me encanta hablar de c\u00f3mo se hacen los textos, y por eso hago los talleres. Me fascina que conversemos de manera grupal sobre c\u00f3mo hacen lo que est\u00e1n haciendo, y ver c\u00f3mo otros hicieron lo que hicieron, y tratar de desarmar esa mec\u00e1nica. Y en ese desarmar, uno de los grandes temas que nos surgen a todos los que nos acercamos a la escritura es un miedo casi primigenio, que tiene que ver con escribir algo y temer que no entiendan lo que est\u00e1s escribiendo; que en el fondo solo vos entiendas lo que est\u00e1s haciendo y el resto no, y que ah\u00ed se corte uno de los primeros v\u00ednculos que plantea la escritura, que es el de la comunicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Camanchaca.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2277\" width=\"371\" height=\"632\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Camanchaca.png 352w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Camanchaca-176x300.png 176w\" sizes=\"(max-width: 371px) 100vw, 371px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Cuando escrib\u00ed <em>Camanchaca<\/em> era bastante joven, ten\u00eda veintiuno, veintid\u00f3s a\u00f1os, y lo que sab\u00eda de la escritura era con lo que me hab\u00eda encontrado en ese momento. Ten\u00eda una obsesi\u00f3n muy grande, que con los a\u00f1os he matizado un poco, y era la de creer efectivamente que el lector pod\u00eda llenar ciertos vac\u00edos, y que eso al lector le generaba un goce, porque yo era as\u00ed tambi\u00e9n como lector. Eso ven\u00eda de ciertas lecturas de narrativa gringa que apostaban mucho por la sugerencia, pero donde se me hizo m\u00e1s patente en esos a\u00f1os fue cuando vi las pel\u00edculas de Lucrecia Martel. Cuando vi <em>La ni\u00f1a santa<\/em> y sobre todo cuando vi <em>La ci\u00e9naga<\/em> \u2014<em>Camanchaca<\/em> estaba como un borrador en ese momento, todav\u00eda ten\u00eda que revisarlo todo\u2014 dije: yo quiero hacer eso que hace ella en el cine, y quiero hacerlo con los libros. Pel\u00edculas donde todos los movimientos narrativos est\u00e1n muy vinculados al sonido, al fuera de campo, pura sugerencia, pura sutileza. Y en el fondo <em>Camanchaca<\/em> era una respuesta a eso, pero y\u00e9ndome al extremo: voy a hacer una novela muy contenida, donde los lectores espero que entren en esa complicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los a\u00f1os esa idea me pareci\u00f3 interesante para ese libro, pero los libros siguientes me han pedido otras cosas, y yo tambi\u00e9n me he vuelto, a prop\u00f3sito de esa fuerza de la narraci\u00f3n, alguien que goza cada vez m\u00e1s narrando que no narrando. Aun as\u00ed, esa complicidad con el lector me sigue resultando fundamental. En el caso de esta novela, la apuesta por la sugerencia iba muy apuntada a la dimensi\u00f3n expl\u00edcitamente pol\u00edtica. Porque en el fondo era: se me aparecen estos personajes, se me aparece esta caleta, est\u00e1 situada en un contexto, y la pregunta es c\u00f3mo llega la informaci\u00f3n de ese contexto, c\u00f3mo ellos se van enterando de lo que pasa en el pa\u00eds. Pero la pregunta m\u00e1s importante para m\u00ed es c\u00f3mo finalmente la pol\u00edtica, y todo lo que conlleva, la econom\u00eda, lo social, se filtra en estas vidas comunes, que son nuestras vidas; c\u00f3mo eso que aparece en el diario, esos titulares, tiene una repercusi\u00f3n. Y mi respuesta fue: voy a trabajar esos cambios sutiles, esa entrel\u00ednea se va a jugar en ese nivel, hasta que ya no sea posible que sea solo una entrel\u00ednea, que es cuando ocurre el golpe y los militares van a la caleta y pasa lo que tiene que pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>Me interesaba mucho que eso fuera un fuera de campo, para que el lector tambi\u00e9n fuera agarrando cosas, y para generar capas. Yo siempre digo en los talleres que los libros que m\u00e1s me gustan son libros construidos con varias capas de sentido y de acercamiento a la lectura. A lo mejor alguien lee la novela y la disfruta simplemente porque es la historia de un deportista, y obviamente la novela juega con eso: por eso el narrador a veces agarra el lenguaje del periodismo deportivo y narra el Mundial con esa textura. Pero otro lector se puede detener en ese fuera de campo, u otro se interesar\u00e1 por los paisajes, u otro se conectar\u00e1 con los personajes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como lector me parece que estamos muy llamados a leer en esa entrel\u00ednea, sobre todo cuando estamos ante textos que plantean tanta unanimidad. De pronto dices: a todo el mundo le est\u00e1 gustando este libro. Y no es que uno diga \u201choy voy a leerlo con sospecha\u201d, porque la sospecha siempre se vincula con sentimientos oscuros y negativos, con la envidia; en el fondo es \u201ca ver, miremos qu\u00e9 hay ac\u00e1\u201d, con genuina curiosidad y con deseo. Porque esto quiz\u00e1s hay que repetirlo todo el tiempo: yo soy muy feliz cuando leo un libro que me parece bueno, y ojal\u00e1 lo haya escrito alguien m\u00e1s joven, porque digo, qu\u00e9 bueno que apareci\u00f3 alguien, qu\u00e9 rico, qu\u00e9 gozoso tener una noticia nueva, qu\u00e9 gozoso sumar un nombre a la biblioteca. Pero hay que mirar en esa entrel\u00ednea qu\u00e9 est\u00e1 ocurriendo en esos libros, creo que para leer mejor la realidad. Porque cuando uno lee un libro tambi\u00e9n est\u00e1 leyendo la realidad. Pienso mucho ahora en lo que est\u00e1 pasando en Argentina: la sensaci\u00f3n desde afuera, desde que asumi\u00f3 Milei, es que se subi\u00f3 el volumen de la conversaci\u00f3n hasta los gritos, que la conversaci\u00f3n p\u00fablica es hoy mucho m\u00e1s violenta all\u00e1. Y uno dice: \u00bfqu\u00e9 hay en medio de eso?. Y tambi\u00e9n, qu\u00e9 puede hacer la literatura con esa voz que est\u00e1 tan alta. Hay que mirar c\u00f3mo son los libros que se est\u00e1n escribiendo en este momento, qu\u00e9 van a hacer con ese material, como una forma de contrarrestar algo que est\u00e1 pasando adem\u00e1s en la lengua, que es el territorio que nos convoca a los que escribimos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 autores te han sorprendido \u00faltimamente?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para m\u00ed hay dos que me sorprendieron porque no los ten\u00eda tanto en el mapa. Uno es Joseph Z\u00e1rate, de quien me hab\u00edan contado que las cr\u00f3nicas estaban buenas. Yo alguna vez hab\u00eda visto alguna en una revista, pero sus libros me encantan. Me parece un tipo que est\u00e1 pensando cosas muy interesantes respecto a qu\u00e9 hacer con la cr\u00f3nica, que es un g\u00e9nero que ac\u00e1 no solo tiene una tradici\u00f3n importante, sino que adem\u00e1s tuvo un boom muy importante por todo lo que ocurri\u00f3 con <em>Etiqueta Negra<\/em> y todo ese grupo que sali\u00f3 de ah\u00ed. Hay gente que me gusta mucho y otros no tanto, pero igual instalaron un modo bastante fijo de lo que era la cr\u00f3nica. Se pod\u00edan mover, obviamente: Gabriela Wiener jugaba m\u00e1s con lo autobiogr\u00e1fico, Julio Villanueva Chang era un cronista con la observaci\u00f3n muy fina. Pero todo se mov\u00eda dentro de ciertos l\u00edmites de los que a m\u00ed me parece que Joseph se sale un poco. Est\u00e1 buscando otras cosas, y eso me resulta s\u00faper atractivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Justo ahora supimos que Joseph se gan\u00f3 esta beca de la British Library<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a> que le va a ayudar a terminar ese libro que est\u00e1 escribiendo en el Amazonas. Me caus\u00f3 un desquiciamiento cuando me lo cont\u00f3: dije, bueno, quiero leer eso. As\u00ed que estoy muy ansioso de ese libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de empezar la entrevista est\u00e1bamos hablando de Mar\u00eda Sonia Cristoff, que es alguien cuyo trabajo con la no ficci\u00f3n, con los documentos, con la realidad, me parece muy atractivo. Y claro, miras los textos de Mar\u00eda Sonia y a lo mejor podr\u00edan haber entrado en <em>Etiqueta Negra<\/em>, pero no ser\u00eda lo mismo que el concepto de lo que era una cr\u00f3nica o un periodismo narrativo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para terminar: eres muy lector de \u00c1ngel Rama, alguien que fue un di\u00e1logo entre nuestros pa\u00edses, con la Biblioteca Ayacucho y sus ensayos. Y ese di\u00e1logo tambi\u00e9n se da a trav\u00e9s de Montacerdos, donde han aparecido Federico Falco, Selva Almada, Mariana Enriquez, que public\u00f3 con ustedes su primer libro, como me contaba Luis L\u00f3pez-Aliaga &nbsp;la vez pasada<a href=\"#_ftn5\"><strong>[5]<\/strong><\/a>. \u00bfC\u00f3mo es ese proyecto?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ojal\u00e1 aparecieran m\u00e1s Ramas, que pudieran generar una conexi\u00f3n de lectura. Lo que hac\u00eda Rama, si lo piensas ahora, era una cosa descomunal, porque el acceso a los libros era muy dif\u00edcil; hoy tenemos m\u00e1s conexiones, es un poco m\u00e1s sencillo. En ese tiempo, un hombre rastreando cosas con un olfato superlativo, y que logr\u00f3 generar conexiones no solo con la Biblioteca Ayacucho sino con sus textos cr\u00edticos. Abrir una biblioteca, armar una biblioteca. Y lo de Brasil, que sigue siendo para todos nosotros una deuda gigantesca: hermanos, Brasil est\u00e1 aqu\u00ed al lado y no sabemos nada, sabemos muy poquito, y es evidentemente una literatura poderos\u00edsima. Yo me he hecho muy fan con los a\u00f1os de Guimar\u00e3es Rosa, que adem\u00e1s Rama tambi\u00e9n lo trabaj\u00f3. Guimar\u00e3es Rosa es la locura; es cuando dices, podr\u00eda no leer ning\u00fan libro de literatura gringa, y si me leo a Guimar\u00e3es Rosa estoy seguro de que voy a sacar m\u00e1s cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros con Montacerdos, sobre todo al inicio, cuando empez\u00f3 el proyecto, el 2012, el 2013, pasaba algo: ya hab\u00eda internet, ya hab\u00eda comunicaci\u00f3n, pero en ese momento los libros no circulaban fuera de sus propios pa\u00edses. Muy poquito. Hab\u00eda proyectos editoriales que uno segu\u00eda, me acuerdo de que ya exist\u00edan y ten\u00edan su lugar: Mansalva, Estruendomudo. Pero los autores no sal\u00edan de sus propios pa\u00edses, y nosotros, yo como lector, y con Luis [L\u00f3pez-Aliaga] y con Juan Manuel [Silva], que son con los que fundamos la editorial, empez\u00e1bamos a recibir estos textos porque alguno viajaba y te recomendaban cosas. Y de pronto le\u00ed a Mariana Enriquez, que ya hab\u00eda publicado novelas, que ya hab\u00eda publicado <em>Los peligros de fumar en la cama<\/em>, y yo dec\u00eda: ey, loco, \u00bfpero por qu\u00e9 nadie conoce a Mariana Enriquez? Esa experiencia la ten\u00eda adem\u00e1s en los talleres: era muy sencillo armar una lista de lecturas que yo sab\u00eda que iba a sorprender a todos, porque pon\u00eda a Mariana Enriquez, a Samanta Schweblin, a Federico Falco, a Liliana Colanzi, a Margarita Garc\u00eda Robayo, y toda la gente dec\u00eda, uy, qu\u00e9 buena, \u00bfy por qu\u00e9 no la conozco? Y yo dec\u00eda: en sus pa\u00edses ya tienen m\u00e1s de un libro, dos libros, y no circulan.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros ten\u00edamos, en un inicio, sobre todo la vocaci\u00f3n de hacer que empezaran a circular ese tipo de obras. En ning\u00fan caso fuimos pioneros, ni mucho menos, pero s\u00ed ayudamos a que ese flujo, al menos en Chile, creciera, y despu\u00e9s muchas editoriales m\u00e1s, paralelamente a nosotros, empezaron a hacer algo similar. Hoy en d\u00eda, ya no solo en Chile sino casi en todos nuestros pa\u00edses, la circulaci\u00f3n ha mejorado much\u00edsimo, no completamente. Y a su vez eso se ha vuelto un desaf\u00edo, porque como circula m\u00e1s todo, no es que yo venga ac\u00e1 al Per\u00fa, me lleve cinco libros que nadie conoce en Chile y los pueda hacer circular, porque ya est\u00e1n. Tambi\u00e9n hemos tratado de pensar m\u00e1s en descubrir autores: yo hago taller, Luis tambi\u00e9n, y como el m\u00edo es en l\u00ednea tengo gente de otros pa\u00edses. Entonces el deseo est\u00e1 sobre todo en que puedan circular voces m\u00e1s in\u00e9ditas. Aunque siempre pasan dos cosas, y siempre hay alguien a quien nadie est\u00e1 viendo y que est\u00e1 muy bueno igual.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Estoy &nbsp;seguro de que cada pa\u00eds sigue teniendo esas cosas. Porque tambi\u00e9n de pronto estamos todos leyendo lo mismo, y ese es un peligro que yo en el taller resalto mucho: les digo a los chicos, est\u00e1 todo bien con que lean literatura contempor\u00e1nea, me parece buen\u00edsimo, pero \u00bfno les asusta que estemos todos leyendo lo mismo? \u00bfNo les parece que eso se va a traducir en c\u00f3mo vamos a escribir? Si todos leemos lo mismo, las escrituras se van a parecer. Y es absurdo leer todo lo mismo cuando tenemos tanto que leer. Pensando en esa lista de lecturas del taller, lo que ocurre con los a\u00f1os es que ya no doy a leer a estos autores, porque ya los leyeron en general. Entonces he tenido que desarmar esa lectura e irme hacia atr\u00e1s, porque efectivamente pueden saber qui\u00e9nes son los contempor\u00e1neos, pero no saben qui\u00e9n public\u00f3 antes. Cuando yo les doy a leer a Rodrigo Rey Rosa no saben qui\u00e9n es, y me parece incre\u00edble, porque Rey Rosa es un cuentista extraordinario, extraordinario, y nadie lo conoce. \u00bfPor qu\u00e9? No est\u00e1 en la mesa de novedades. Entonces creo que el trabajo de nosotros tambi\u00e9n como editores es ir viendo ese panorama, ir tratando de desarmar esa lectura hegem\u00f3nica y poder proponer otra, para que el ecosistema sea mejor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">+++++<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Libros del autor:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">+++++<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Camanchaca<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Literatura Random House, 2012. 110 pp.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u2014\u2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Racimo<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Literatura Random House, 2014. 248 pp.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u2014\u2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Ni\u00f1os h\u00e9roes<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Literatura Random House, 2016. 196 pp.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u2014\u2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Mar\u00eda Luisa Bombal, el teatro de los muertos<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Ediciones UDP, 2019. 141 pp.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u2014\u2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Tierra de campeones<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Literatura Random House, 2023. 276 pp.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> El autor de esta novela public\u00f3 en El Hablador una cr\u00edtica al respecto: \u201cCaballos entre la niebla\u201d https:\/\/elhablador.com\/blog\/tag\/maria-luisa-bombal\/<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> <em>Cuentos reunidos<\/em> (Alfaguara, 2020)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Carmen Pimentel Sevilla, psic\u00f3loga peruana. Entre 1962 y 1971 vivi\u00f3 en Santiago y estudi\u00f3 los asentamientos precarios de la ciudad; de ese trabajo de campo sali\u00f3 <em>Vidas marginales<\/em> (Ediciones Metales Pesados, 2013), con un texto de Pedro Lemebel en la cubierta. De vuelta en Lima fund\u00f3 el servicio de psicolog\u00eda de Collique y el CECOSAM de Villa El Salvador.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> El peruano Joseph Z\u00e1rate fue uno de los ganadores del \u201cPremio Literario del Eccles Institute y Hay Festival 2025\u201d. El certamen recompensa con 20.000 libras (25.300 d\u00f3lares) a cada ganador. Una de las condiciones a los proyectos premiados es utilizar las colecciones de las Am\u00e9ricas de la Biblioteca Brit\u00e1nica durante un a\u00f1o. El relato de Z\u00e1rate se basa en un viaje de 90 d\u00edas del autor, a pie y en barco, siguiendo la misma ruta que el conquistador espa\u00f1ol Francisco de Orellana, hace cinco siglos, cuando se propuso \u201cdescubrir\u201d el r\u00edo Amazonas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> <a href=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/10\/13\/entrevista-a-luis-lopez-aliaga\/\">https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/10\/13\/entrevista-a-luis-lopez-aliaga\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abMi v\u00ednculo con la realidad se da sobre todo en la narraci\u00f3n\u00bb Por Sebastian Uribe Tierra de campeones (2023), fue el esperado regreso al terreno de la novela de Diego Z\u00fa\u00f1iga (Iquique, 1987) a casi diez a\u00f1os de la aparici\u00f3n Racimo (2014). 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