{"id":2171,"date":"2026-08-24T22:13:22","date_gmt":"2026-08-25T03:13:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=2171"},"modified":"2026-08-24T22:13:22","modified_gmt":"2026-08-25T03:13:22","slug":"resena-de-rirpu-2026-de-alonso-mesia-macher","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/08\/24\/resena-de-rirpu-2026-de-alonso-mesia-macher\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a de \u201cRirpu\u201d (2026) de Alonso Mes\u00eda Macher"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>\u201cLa memoria es un puente\u201d<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Cristian Brice\u00f1o \u00c1ngeles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Parece que el viaje sentimental que emprende el narrador de esta<em> nouvelle<\/em> \u2014la requisa y el desmontaje que hace del pasado\u2014 escapa de cualquier naturaleza euclidiana: el desplazamiento hacia su interior, tan revelador como despojado de axiomas, se superpone (y se impone) al limpio desplazamiento geogr\u00e1fico de un vuelo comercial entre dos ciudades que es el armatoste discursivo de este relato, y del punto de partida al de llegada se nos presenta un espacio donde los recuerdos acuden no por pertinencia, sino por una anarqu\u00eda que, si bien literariamente puede ser calculada, en el plano ficcional, el de los personajes asediados por sus demonios, es ingobernable. En otras palabras, cuando se ausculta el coraz\u00f3n de la memoria, nuestro o\u00eddo reconoce la arritmia de lo impredecible: aquello ya examinado muchas veces, en el momento oportuno, en la circunstancia propicia, deviene revelaci\u00f3n, genera preguntas, hace florecer heridas donde hab\u00eda cicatrices ya consolidadas. En este sentido, la brevedad de <em>Rirpu<\/em> es providencial: permite acelerar el manotazo de la ficci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"485\" height=\"750\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Rirpu.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2172\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Rirpu.png 485w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Rirpu-194x300.png 194w\" sizes=\"(max-width: 485px) 100vw, 485px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Su argumento es elemental, casi arquet\u00edpico. El protagonista (enfermo, suponemos que gravemente), tras varios a\u00f1os de vivir en el extranjero, vuelve a su ciudad natal para someterse a tratamientos m\u00e9dicos invasivos y que merman su aspecto f\u00edsico; entretanto, ha decidido viajar a reencontrarse con su padre y su hermano, quienes viven en el norte del pa\u00eds, en un id\u00edlico pueblo costero, suerte de caleta, bellamente descrito en las p\u00e1ginas finales. Este viaje es un retorno a su origen y nos presenta un s\u00edmbolo poderoso: la casa que el padre construy\u00f3 con sus propias manos, un refugio intemporal que el protagonista presiente como un albergue ante las inminencias. La estrategia narrativa del autor propone, entonces, lo siguiente: unir estos dos puntos, el de partida y el de llegada, con una serie de recuerdos que surgen a la manera de descargas, como si fueran un s\u00edmil de las turbulencias que alteran el vuelo rutinario de los aviones, el decurso ordinario de una vida ordinaria, como si el vuelo de la memoria presentara, tambi\u00e9n, fuertes sacudones que aceleran nuestro pulso y nos hacen cuestionarnos el sentido de la vida y de nuestras convicciones. La memoria es un puente, entonces, pero los tablones que la componen no siempre son sucesivos, a veces faltan, muchas veces quien recorre ese camino evocativo decide saltarse algunos, hace equilibrio, se aferra a las sogas laterales para no caer. El protagonista revisita episodios de su vida. Esos fragmentos que el lector recoge deber\u00edan bastarle para hacerse una idea del meollo.<\/p>\n\n\n\n<p>En verdad, la vida del protagonista es bastante com\u00fan, demasiado, ostenta la llaneza de una pista de hielo, del permafrost. La penuria, acaso, es de un orden decorativo; los conflictos son, tambi\u00e9n, ret\u00f3ricos, podr\u00eda decirse que se trata de recrear el conflicto para darle alg\u00fan sabor a una vida que se pierde en el oc\u00e9ano de otras vidas de id\u00e9ntica hechura. La muerte de la madre es, c\u00f3mo no, esa pausa a la median\u00eda. Y es en esta secuencia de recuerdos donde el narrador deja caer el artefacto que da nombre a la <em>nouvelle<\/em>. Se trata de un relato escrito por la madre (quien, por cierto, ten\u00eda ciertas aspiraciones literarias a la manera de una hero\u00edna decimon\u00f3nica); el relato en cuesti\u00f3n, una supuesta historia para ni\u00f1os que contiene una profundidad cuasi existencialista y que dif\u00edcilmente se dejar\u00eda roer por un lector infantil para arrancarle el sentido que la madre habr\u00eda querido que le arrancasen. Este relato es un espejo donde el protagonista se observa, por donde cae, una <em>mise en abyme<\/em> que parece duplicar la realidad, explicarla y, por qu\u00e9 no, perturbarla y calmarla secuencialmente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0El relato, titulado <em>Rirpu<\/em>, tiene el encanto de la improbabilidad. Se trata de un ni\u00f1o de la sierra peruana que quiere ser un nadador sovi\u00e9tico. C\u00f3mo, debido a qu\u00e9 influencia, no se explica. Entender\u00e1 el lector que el resumen de un relato inserto en otro relato no prescinde de hondas elipsis. La historia de este ni\u00f1o, o m\u00e1s bien su sinopsis, est\u00e1 cargada de sentidos, no obstante, de met\u00e1foras, las cuales la hacen atendible. Pero m\u00e1s all\u00e1 de los logros est\u00e9ticos o simb\u00f3licos de este relato indirecto, lo cierto es que se nos presenta como el eje donde el protagonista gravita. Y es que la historia de Rirpu, el ni\u00f1o del relato, ya adulto (antes hay una transici\u00f3n que recuerda vagamente a algunas progresiones de C\u0103rt\u0103rescu), concluye con un desencanto: se ha transformado en un agente m\u00e1s de la intrascendencia. Sentado en el sof\u00e1 de su sala, acompa\u00f1ado de una esposa gen\u00e9rica, convertido en un gris empleado, descansa de su jornada, y aunque dentro de s\u00ed aun late el sue\u00f1o de ser un nadador sovi\u00e9tico, ya no sabe por qu\u00e9 ni para qui\u00e9n. Esta intrascendencia geneal\u00f3gica, intemporal tambi\u00e9n como el mar que asoma hacia el final con su met\u00e1fora manriquesca, intenta suprimirse precisamente con la idea de la literatura como acto trascendente, como resistencia al <em>statu quo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Foto-de-autor.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2173\" width=\"489\" height=\"735\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Foto-de-autor.png 497w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Foto-de-autor-200x300.png 200w\" sizes=\"(max-width: 489px) 100vw, 489px\" \/><figcaption><strong>Alonso Mes\u00eda Macher &#8211; \u00a9Andrea Gianella<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El hecho de haber escrito y de que lo escrito haya sobrevivido, dota a la madre de un aura favorable que funciona como un ant\u00eddoto al des\u00e1nimo existencial, a la certeza de irrelevancia. Pero aqu\u00ed es donde entra el otro s\u00edmbolo de esta <em>nouvelle<\/em>. Si bien el relato de la madre, recordado y hallado, es un bien inmaterial, la casa que construy\u00f3 el padre es la contraparte tangible. Es claro este juego de oposiciones, el imposible machihembrado de dos entidades que pertenecen a planos dis\u00edmiles pero que, contra todo pron\u00f3stico, terminan por articularse. Por un lado, la imagen de la madre, tratando de remontar su median\u00eda a trav\u00e9s del trabajo intelectivo, y el padre, en el otro flanco, con el mismo objetivo, pero acerc\u00e1ndose a \u00e9l a trav\u00e9s del esfuerzo f\u00edsico. Ambos s\u00edmbolos son, en consecuencia, el refugio del protagonista, en los cuales, tras verse en la encrucijada de una salud vidriosa, busca el descanso, alguna respuesta siquiera provisional, tentativa, a su existencia. No est\u00e1 dem\u00e1s decir que la ejecuci\u00f3n de esta <em>nouvelle<\/em>, en su sencillez, en su contenida ambici\u00f3n, en su naturaleza de f\u00e1bula trunca, nos deja una tr\u00e9mula sensaci\u00f3n de desamparo y redenci\u00f3n que encuentra guarida en cada uno de sus lectores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Alonso Mes\u00eda Macher<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Rirpu<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">NARRAR, 2026. 86 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa memoria es un puente\u201d Por Cristian Brice\u00f1o \u00c1ngeles Parece que el viaje sentimental que emprende el narrador de esta nouvelle \u2014la requisa y el desmontaje que hace del pasado\u2014 escapa de cualquier naturaleza euclidiana: el desplazamiento hacia su interior, tan revelador como despojado de axiomas, se superpone (y se impone) al limpio desplazamiento geogr\u00e1fico [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,8,308,1,9],"tags":[891,892,312,890],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2171"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2171"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2171\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2174,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2171\/revisions\/2174"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2171"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2171"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2171"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}