{"id":2135,"date":"2026-08-08T12:03:05","date_gmt":"2026-08-08T17:03:05","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=2135"},"modified":"2026-08-10T20:16:34","modified_gmt":"2026-08-11T01:16:34","slug":"nadie-nuevo-cerca-de-ti-2026-de-hernan-migoya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/08\/08\/nadie-nuevo-cerca-de-ti-2026-de-hernan-migoya\/","title":{"rendered":"Nadie nuevo cerca de ti (2026) de Hern\u00e1n Migoya"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>No hay trampa m\u00e1s mortal que la que uno se tiende a s\u00ed mismo<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Alessandra Pinasco<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Una chica polisexual y llena de vida. Un asesino misterioso que se la arrebata. Un buscavidas que extorsiona a sus amantes de Tinder y que decide hacerse detective y encontrar al asesino. Para llevar a cabo su investigaci\u00f3n, solo contar\u00e1 con la ayuda de un mozo de escuadra, independentista y con pocas luces, adem\u00e1s del m\u00e9todo deductivo aportado por su padre aquejado de un proceso avanzado de alzh\u00e9imer.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hern\u00e1n Migoya debuta en el g\u00e9nero que lo marc\u00f3 en su infancia. <\/em>Nadie nuevo cerca de ti<em> nace de su amor y odio por Barcelona, una ciudad que conoce a fondo y a la que saca los colores y los calores con una historia rezumante de acci\u00f3n, sexo y humor negro. Una mirada despiadada a la trastienda de la capital catalana, donde los pasillos de las comisar\u00edas conducen directamente a las org\u00edas en los clubs de intercambios de parejas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ofrecemos a nuestros lectores el texto de Alessandra Pinasco le\u00eddo durante la presentaci\u00f3n de la novela en la Feria Internacional del Libro de Lima 2026, gracias a la cortes\u00eda de la autora y el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica:<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"476\" height=\"747\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Nadie-nuevo-cerca-de-ti.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2136\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Nadie-nuevo-cerca-de-ti.png 476w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Nadie-nuevo-cerca-de-ti-191x300.png 191w\" sizes=\"(max-width: 476px) 100vw, 476px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Escribir una novela policial es, ante todo, una cuesti\u00f3n de fe. Una buena novela policial, digo. Para empezar, es indispensable la fe en que uno tiene la madera para blandir un cuchillo de doble filo: que es capaz de contar una historia que se sostenga por s\u00ed sola, que diga algo nuevo, algo que solo podr\u00eda decir uno mismo, y hacerlo dentro de los tropos espec\u00edficos de una novela de g\u00e9nero. Ya lo dijo hace d\u00e9cadas, en una de sus cartas, Raymond Chandler, autor de uno de los policiales m\u00e1s hermosos del mundo, <em>El largo adi\u00f3s<\/em>: \u201cel relato detectivesco o de misterio ha sido explorado tan a fondo que el verdadero problema para un escritor ahora es evitar escribir un relato de misterio, al mismo tiempo que aparenta hacerlo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Nadie nuevo cerca de ti<\/em>, Hern\u00e1n Migoya escribe una novela policial que \u2013para mi enorme satisfacci\u00f3n como amante del g\u00e9nero\u2013 se toma en serio sus tropos, mientras aparenta que no lo est\u00e1 haciendo. Algo as\u00ed como en la c\u00e9lebre t\u00e9cnica de kung fu del maestro borracho. Me explico.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el escritor Dashiell Hammett irrumpi\u00f3 en la novela de misterio, rompi\u00f3 con la ilusi\u00f3n que esta hasta entonces hab\u00eda propuesto: durante la Era Dorada de la ficci\u00f3n detectivesca (en las primeras d\u00e9cadas del siglo XX, con autores como Arthur Conan Doyle, Agatha Christie y Dorothy L. Sayers), un asesinato era un pintoresco acertijo por resolver, dentro de un mundo cerrado sembrado de pistas por aqu\u00ed y por all\u00e1, para divertimento \u2013y eventual hast\u00edo\u2013 del lector: un encantador pueblito ingl\u00e9s, un crucero por el Nilo, un lujoso vag\u00f3n de tren, una mansi\u00f3n aislada atendida por sirvientas y mayordomos, atestada de jarrones venecianos. Raymond Chandler describe a la perfecci\u00f3n lo que hizo Hammett con la novela de misterio: Hammett arranc\u00f3 el asesinato del jarr\u00f3n veneciano, abri\u00f3 la ventana y lo lanz\u00f3 al callej\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Eso es lo que hace la novela <em>noir<\/em>, la que revolucion\u00f3 la novela de misterio y la hizo relevante: la novela <em>noir<\/em> abre la ventana y mira afuera, al mundo real. Como dice Chandler, \u201cese mundo no huele para nada bien, pero es el mundo en el que vives\u201d. En la novela <em>noir<\/em>, un asesinato es lo que es: un acto monstruoso, una acci\u00f3n que da\u00f1a irreversiblemente, una manifestaci\u00f3n terrible de todo lo que est\u00e1 mal en el mundo. En la novela <em>noir<\/em> lo que importa no es qui\u00e9n lo hizo y por qu\u00e9; el jueguito es lo de menos. Lo importante es mirar afuera, a trav\u00e9s de esa ventana, oler el aire hediondo de la ciudad, atestiguar las corrientes de dolor detr\u00e1s de los rostros de los personajes, y ver al protagonista transitar el caso, impelido por una fuerza que lo subyuga, y que al final lo transforma.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esto, en <em>Nadie nuevo cerca de ti<\/em>, los tropos de la novela <em>noir<\/em> \u2013la <em>femme fatale<\/em>, el detective c\u00ednico con coraz\u00f3n de oro, la corrupci\u00f3n, la ciudad como protagonista y gran culpable\u2013 se ven muy distintos al clich\u00e9 al que tantos han rendido tributo a partir de la obra ic\u00f3nica de Hammett y Chandler. En la novela de Migoya, la <em>femme fatale<\/em> no es glamurosa; el detective no es elegante; la ciudad no est\u00e1 en blanco y negro, ni siquiera en tecnicolor. Si as\u00ed fuera, esta no ser\u00eda una verdadera novela <em>noir<\/em>, sino un pastiche. Como hizo Hammett en los a\u00f1os 20, Migoya abre la ventana, y as\u00ed nos encontramos con nuestra realidad, aqu\u00ed, ahora. Una Lima de veredas inmundas, humor tarado, ligues f\u00e1ciles y dinero igual de f\u00e1cil, siempre y cuando se est\u00e9 al margen de la ley. Una Barcelona en la que el turismo banal, la desigualdad, la discriminaci\u00f3n, la frivolidad, la estupidez, la misoginia y la corrupci\u00f3n hacen que el d\u00eda a d\u00eda sea, en realidad, un poco triste. Todo esto se ve distinto, pero los personajes \u2013la <em>femme fatale<\/em>, el detective, los polic\u00edas, la ciudad, el reparto de caras culpables\u2013 son personajes <em>noir<\/em> con todas las de la ley. Esta <em>femme fatale<\/em> es fan del cosplay, m\u00e1s que de las gabardinas, pero todo hombre que entra en su \u00f3rbita queda atrapado en la fuerza centr\u00edpeta de su apetito sexual insondable y magn\u00e9tico, en su doble, triple, qu\u00edntuple juego, y termina mal, o haciendo cosas malas. Esta Barcelona no es cinematogr\u00e1fica, y casi nunca es de postal; est\u00e1 tan podrida como Los \u00c1ngeles en los a\u00f1os 30. El protagonista es tan proclive a agarrarse a trompadas con el primero que lo mire chueco como un aut\u00e9ntico detective <em>hard-boiled<\/em>. E igualmente incapaz de pisotear una flor.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras le\u00eda las primeras p\u00e1ginas del libro y me encontraba con Hern\u00e1n Migoya (el personaje), un nihilista, un hedonista en autom\u00e1tico, un <em>conman<\/em>, me preguntaba, con los dedos cruzados, si aparecer\u00eda en alg\u00fan momento su lado sensible, porque un real detective c\u00ednico es c\u00ednico porque ya demasiadas veces la vida le ha roto el coraz\u00f3n. Es decir, porque su coraz\u00f3n est\u00e1 hecho de una materia particular, la materia particular del poeta. Esa maldici\u00f3n de verlo todo, de verlo todo demasiado bien. Pronto suspir\u00e9 aliviada: este protagonista era un <em>hard-boiled<\/em> verdadero: curtido, vapuleado, endurecido \u2013y alguien a quien uno har\u00eda bien en escuchar. As\u00ed, Hern\u00e1n Migoya (el personaje) entra regularmente a Tinder, descrita con precisi\u00f3n de astronauta como \u201cla aplicaci\u00f3n esa de tirar con extra\u00f1as\u201d. Llora mientras le cambia el pa\u00f1al a su pap\u00e1, siente el hinc\u00f3n cuando por meros instantes se le clava en los ojos la mirada l\u00facida, acusatoria, de su padre senil. Anota que: \u201cA todos los seres que merecen la pena les falta algo que les impide funcionar correctamente\u201d. Es inclemente en sus observaciones hasta consigo mismo: la mujer que ha sido asesinada en esta historia \u201cSolo nos importaba a un padre que la hab\u00eda abandonado a los diez a\u00f1os [\u2026] y a un sinverg\u00fcenza que hab\u00eda querido utilizarla para redimirse ante todas las dem\u00e1s mujeres usadas por \u00e9l y arrojadas a la cuneta de su propio periplo sin rumbo\u201d. Este detective, al fin y al cabo, encarna la premisa del h\u00e9roe chandleriano: alguien a quien le duele tanto la hediondez que es capaz de hacer algo al respecto, precisamente porque no ha perdido la capacidad de mirar al cielo, de conmoverse por una conexi\u00f3n, de quedarse absorto ante la delicadeza que, durante un instante fugaz, se abre paso entre el aparato de la ciudad indiferente. Cuando alguien le arrebata lo que \u00e9l ya hab\u00eda reconocido como ese raro milagro \u2013la posibilidad de ser feliz al lado de alguien en este mundo infame\u2013 se sienta a ver la gente pasar, impasible ante la inmensidad de lo que acaba de suceder:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026me sobrecog\u00ed al reparar en el recuadro de tierra \u2013alcorque, le llaman los escritores cultos\u2013 donde estaba plantado el \u00e1rbol. Solo que ahora hab\u00edan cubierto por completo ese recuadro con un asqueroso trozo de tart\u00e1n. Incluso con ese parche de repulsivo caucho rosa rodeando el tronco, algo hab\u00eda logrado fructificar. Infiltrada desde la tierra debajo, por el borde interior asomaba una flor. Blanca y peque\u00f1a, sola dentro de aquel panorama de goma, cemento y suelas yendo y viniendo. Un milagro.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn todo lo que se puede llamar arte\u201d, dice Chandler, \u201chay una cualidad de redenci\u00f3n.\u201d Al inicio dije que escribir una (buena) novela policial es una cuesti\u00f3n de fe. Y lo es sobre todo en este sentido. Ser\u00eda est\u00fapido que el detective estuviera tan podrido como los criminales sobre los que quiere hacer caer su venganza. Ser\u00eda francamente aburrido un relato m\u00e1s que insiste: la vida es una buena mierda y no es nada m\u00e1s que eso. No; aqu\u00ed m\u00e1s de uno camina por las calles de Barcelona con los ojos rojos de tanto llorar, determinados a que, por lo menos, el asesinato no quede impune. No se encogen de brazos y a seguir nom\u00e1s. Se juegan la vida en esto, por rabia, por desolaci\u00f3n, por amor o algo que se le parece.<\/p>\n\n\n\n<p>Y al mismo tiempo, esta novela, <em>noir<\/em> con todas las de la ley, se las arregla para, por si fuera poco, seguir las reglas esenciales de la ficci\u00f3n detectivesca de la Era Dorada, y que en su primera versi\u00f3n fueron establecidas por E.E. Milne, s\u00ed, al que m\u00e1s que por sus novelas de misterio, conocemos por ser el autor de <em>Winnie the Pooh<\/em>. Las reglas fueron luego desarrolladas por otros, casi como un <em>inside joke<\/em>, pero los puntos importantes son que toda novela de misterio que se respete tiene: un detective (en la Era Dorada, usualmente amateur); un interlocutor (un Watson) con el que pingponea sus hip\u00f3tesis, con quien tiene conversaciones que nos permiten acompa\u00f1arlo en sus deducciones o atestiguar sus epifan\u00edas; un asesino que el escritor no se ha sacado del sombrero como un conejo de mago, sino que estuvo todo el tiempo ah\u00ed. No debe haber subterfugios; no hay fuerzas malignas sobrenaturales, ni mellizos, ni debe ser el detective el asesino. Migoya tiene la ca\u00f1a de, encima de escribir una novela que se siente personal\u00edsima, jugar, como dec\u00eda, con los par\u00e1metros de la Era Dorada. El protagonista hasta tiene, por motivos totalmente l\u00f3gicos, una tarjeta personal que dice: \u201cHern\u00e1n Migoya \u2013 detective privado\u201d. Tiene un interlocutor casi surrealista, casi un or\u00e1culo. El asesino estuvo todo el tiempo interfiriendo, confundiendo. Como dice Chandler, escribir una (buena) novela policial es \u201cel arte de enga\u00f1ar al lector sin hacerle trampa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, como en una novela <em>noir<\/em> es la historia lo que importa, no el jueguito, uno de mis pasajes favoritos es una escena que no es funcional al acertijo (\u00bfqui\u00e9n lo hizo?), sino que nos permite vislumbrar las heridas que el protagonista se ha autoinfligido m\u00e1s de una vez. Una conversaci\u00f3n con una ex novia, que despu\u00e9s, inquietantemente, entendemos que posiblemente solo ha ocurrido en su cabeza, que no podr\u00eda a esas alturas haber ocurrido en ning\u00fan lugar que no fuera su cabeza. Momentos as\u00ed, como en la vida, coexisten con chichones, moretones y, para el lector, carcajadas. Rodeado de gatos de peluche, Hern\u00e1n Migoya (el personaje) establece una hip\u00f3tesis sin mayor importancia, y de inmediato se contiene; \u201cNo estar\u00eda de m\u00e1s corroborarlo con \u00e9l\u201d, piensa, \u201cporque mi sentido de la deducci\u00f3n sol\u00eda ser una mierda\u201d. Minutos despu\u00e9s le cae un charangazo en la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Hernan-Migoya.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2137\" width=\"538\" height=\"533\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Hernan-Migoya.png 747w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Hernan-Migoya-300x298.png 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Hernan-Migoya-150x150.png 150w\" sizes=\"(max-width: 538px) 100vw, 538px\" \/><figcaption><strong>Hern\u00e1n Migoya &#8211; \u00a9Gorka Loinaz. Arab press<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Todo esto que he dicho hasta ahora demuestra que estamos ante una excelente novela policial; lo que es m\u00e1s importante, una novela entra\u00f1able a secas. Pero en realidad, para m\u00ed, lo esencial, y lo que mejor habla de este libro, es que el universo s\u00f3rdido que est\u00e1 en estas p\u00e1ginas es al mismo tiempo, por alg\u00fan motivo, reconfortante. Este libro lleg\u00f3 a m\u00ed en d\u00edas extremadamente dif\u00edciles de mi vida. Y me encontr\u00e9 haciendo algo que hac\u00eda desde mi ni\u00f1ez, pero que no me pasaba desde hac\u00eda mucho tiempo: cada ratito que pod\u00eda me acurrucaba en la cama con la novela de Hern\u00e1n Migoya (el escritor) para evadir mi realidad. La abr\u00eda y sacaba el marcador con alivio, como quien le abre la puerta a un amigo al final de un largo d\u00eda. Confiaba en que me iba a hacer re\u00edr, que me iba a conmover, que mis dedos pasar\u00edan las p\u00e1ginas con impaciencia, en lugar de apoyarse, desesperadas, sobre mis sienes; que estar\u00eda ante una historia con la medida justa de adrenalina e introspecci\u00f3n que me har\u00eda olvidar por un momento la m\u00eda. Y al leer la \u00faltima p\u00e1gina \u2013la peque\u00f1a esperanza que se vislumbra, como una flor que atraviesa el alcorque\u2013 sonre\u00ed. Al fin y al cabo, escribir una (buena) novela policial es un acto de fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Hern\u00e1n Migoya<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Nadie nuevo cerca de ti<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2026. 224 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hay trampa m\u00e1s mortal que la que uno se tiende a s\u00ed mismo Por Alessandra Pinasco Una chica polisexual y llena de vida. Un asesino misterioso que se la arrebata. Un buscavidas que extorsiona a sus amantes de Tinder y que decide hacerse detective y encontrar al asesino. 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