{"id":2110,"date":"2026-08-03T19:08:29","date_gmt":"2026-08-04T00:08:29","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=2110"},"modified":"2026-08-03T19:08:29","modified_gmt":"2026-08-04T00:08:29","slug":"entrevista-a-alejandra-costamagna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/08\/03\/entrevista-a-alejandra-costamagna\/","title":{"rendered":"Entrevista a Alejandra Costamagna"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">\u201cEl recuerdo podr\u00eda verse como un reservorio de erratas\u201d<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Eliana Del Campo y Sebastian Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Alejandra Costamagna (Santiago de Chile, 1970) es una escritora chilena, periodista y doctora en literatura. Ha publicado las novelas <em>En voz baja<\/em> (1996), <em>Ciudadano en retiro<\/em> (1998), <em>Cansado ya del sol<\/em> (2002), <em>Dile que no estoy<\/em> (2007) y <em>El sistema del tacto<\/em> (2018), finalista del Premio Herralde. Adem\u00e1s, los libros de cuentos <em>Malas noches<\/em> (2000), <em>\u00daltimos fuegos<\/em> (2005), <em>Animales dom\u00e9sticos<\/em> (2011), <em>Hab\u00eda una vez un p\u00e1jaro<\/em> (2013) e <em>Imposible salir de la Tierra<\/em> (2016), y el volumen de cr\u00f3nicas, entrevistas y perfiles <em>Cruce de peatones<\/em> (2012). Traducida a media docena de lenguas, su obra ha recibido el Premio Altazor y el Anna Seghers a la mejor escritora latinoamericana del a\u00f1o 2008. Este julio estuvo en Lima como invitada internacional de la trig\u00e9sima Feria Internacional del Libro donde, entre otras actividades, particip\u00f3 en el conversatorio \u201cLas formas de no pertenecer\u201d junto a la escritora colombiaba Gloria Susana Esquivel y nuestra editora, Eliana Del Campo.<\/p>\n\n\n\n<p>El punto de partida de esta conversaci\u00f3n es <em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em> (Anagrama, 2026), su novela m\u00e1s reciente, una historia de dos amigas que se despiden en el verano de 1989, cuando una de ellas entra en la clandestinidad y desaparece, y de la que se queda intentando narrar ese vac\u00edo. De ah\u00ed, comenzamos una lectura de este libro en conjunci\u00f3n con una obra que insiste en unas cuantas obsesiones: la memoria entendida como materia l\u00edquida y como reservorio de erratas, el miedo heredado de la dictadura y su regreso en el Chile de hoy, la reescritura de la propia obra y el modo en que las fotos, las cartas y los recortes que sus libros dejan desperdigados dicen aquello que la escritura no alcanza a cerrar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En un intercambio epistolar con Camila Fabbri, en 2021,<\/strong><a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a><strong> mencionaste la intenci\u00f3n de escribir \u00abla historia de una mujer que un d\u00eda se convierte en vapor, en agua, en hielo, y que cae sobre la tierra con su liviandad nevada\u00bb. Tras leer <em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em>, es posible asociar esa imagen a Mara, en la manera en que su figura se va transformando a trav\u00e9s de la ausencia y el recuerdo. \u00bfC\u00f3mo fue el proceso de escribir un personaje con tantos matices, que se siente tan vulnerable a las trampas de la memoria?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No recordaba hab\u00e9rselo mencionado a Camila Fabbri. Pero ahora veo la fecha de nuestro intercambio y, claro, es de 2021, cuando ya estaba sumergida en las aguas de la novela, aunque no sab\u00eda muy bien hacia d\u00f3nde me llevaban. En la carta le comento a Camila las palabras de un amigo, Mike Wilson, sobre mi libro <em>Imposible salir de la Tierra<\/em>. Refiri\u00e9ndose al sue\u00f1o acu\u00e1tico que marca el final de la protagonista de uno de los cuentos, Mike dice que esa imagen le hizo pensar en que nuestros cuerpos tienen m\u00e1s de la mitad de agua en su interior y que acaso ser\u00eda m\u00e1s acertado decir que al morir no seremos tierra, sino agua, vapor, nieve y hielo. Y luego dice que \u00abaunque estemos atrapados en la Tierra, lo que queda de nosotros circula, se evapora, se condensa, se congela y se derrite, y as\u00ed fluimos\u00bb. Esa imagen de estar hechos de agua, de evaporarnos, me qued\u00f3 rondando por mucho tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando intercambiamos correos con Camila ten\u00eda en mente escribir la historia de una mujer que se volv\u00eda nieve, que se derret\u00eda. Y eso se conect\u00f3 m\u00e1s tarde con el recuerdo de una amiga de adolescencia que un d\u00eda desaparece. \u00bfSe evapora ese v\u00ednculo?, me pregunt\u00e9 entonces. \u00bfSe hace agua? \u00bfHabr\u00e1 llovido sobre nosotros mi amiga, habr\u00e1 nevado? \u00bfSon de agua los cuerpos que no est\u00e1n? Y una pregunta fue llevando a la otra: \u00bfc\u00f3mo se cuentan esos cuerpos? \u00bfC\u00f3mo se narran desde la perspectiva de los que se quedan, de los que no se evaporan ni se derriten? \u00bfEs acaso l\u00edquida la memoria? Las preguntas se volvieron una masa de agua congelada, una bola de nieve orientada hacia una zona de irrealidad que termin\u00f3 imponi\u00e9ndose y creando a Mara y Manu \u2014la que se va y la que se queda\u2014 y al \u00abt\u00fa\u00bb que las contiene.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"519\" height=\"519\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Costamagna.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2111\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Costamagna.jpeg 519w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Costamagna-300x300.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Costamagna-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 519px) 100vw, 519px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>En uno de los pasajes de la novela se define el silencio como una pausa de lo real. \u00bfLa lectura y la escritura, actividades emparentadas con el silencio, podr\u00edan caber dentro de esa definici\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 lugar encuentra la literatura en un presente que tambi\u00e9n se ve colmado de irrealidad, con tantos bulos y tanta artificiosidad virtual?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda que caben en la definici\u00f3n: la escritura y la lectura permiten pausar lo real de manera muy efectiva. Pero es una operaci\u00f3n doble, porque al pausarlo est\u00e1n al mismo tiempo evoc\u00e1ndolo. Se sustraen de lo real justo porque <em>existe<\/em> lo real y porque a partir de esa existencia \u2014y con el lenguaje como herramienta\u2014 es posible evocar, imaginar y conjeturar otros mundos en potencia. Y aunque el lenguaje no sea capaz de decirlo todo y haya una brecha entre las palabras y el mundo, nombrar es implicarse: es tomar posici\u00f3n. La literatura tiene mucho que aportar acerca del peso simb\u00f3lico de las palabras y su poder sobre la realidad. Porque una palabra puede liberar, s\u00ed, pero tambi\u00e9n puede distorsionar. Y puede homogeneizar y uniformar y oprimir. Hay que estar en alerta, especialmente en estos tiempos, frente a los mecanismos de manipulaci\u00f3n y a la devaluaci\u00f3n de la realidad por medio del lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Dondepuedodejarlo-652x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2112\" width=\"507\" height=\"797\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Dondepuedodejarlo-652x1024.jpeg 652w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Dondepuedodejarlo-191x300.jpeg 191w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Dondepuedodejarlo.jpeg 719w\" sizes=\"(max-width: 507px) 100vw, 507px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>En \u00abEstamos rodeadas\u00bb, uno de los textos que m\u00e1s nos gustaron de <em>Cruce de peatones<\/em>, narras c\u00f3mo un juego tan inocente como hablar por <em>walkie-talkie<\/em> con tu hermana se ve interrumpido por las voces desconocidas que se cuelan por los aparatos, dando pie a sensaciones de miedo y zozobra, como le ocurre tambi\u00e9n a Manu en <em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em>. \u00bfQu\u00e9 tanto sigue instalado ese temor en la sociedad chilena? \u00bfQu\u00e9 peligros encuentras en una cotidianidad que se acostumbra a \u00e9l?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo que en 2006, cuando comenzaron las protestas estudiantiles en democracia, vi una pancarta que dec\u00eda \u00abSomos la generaci\u00f3n que naci\u00f3 sin miedo\u00bb. Los manifestantes de entonces hab\u00edan nacido en los a\u00f1os noventa y, si bien protestaban contra la mantenci\u00f3n de una institucionalidad heredada de la dictadura, no portaban el trauma en sus cuerpos. Pero muchos de quienes nacimos justo antes o durante la dictadura experimentamos la herencia de un miedo que nos marc\u00f3 muy temprano. La llegada de la democracia fue esperanzadora, por supuesto, pero pronto vino el desencanto al ver los enclaves autoritarios, los pactos de silencio y otros claroscuros que se resum\u00edan en una frase dicha por el nuevo presidente: \u00abVamos a hacer justicia en la medida de lo posible\u00bb. A pesar de los avances en derechos sociales y libertades pol\u00edticas, parec\u00eda que la dictadura no acababa del todo. Entonces el temor se convirti\u00f3 en un silbido que de vez en cuando se hac\u00eda escuchar. Y quiz\u00e1s nos fuimos habituando a su melod\u00eda, no s\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s ten\u00eda que llegar esa generaci\u00f3n que naci\u00f3 sin miedo y reactiv\u00f3 la protesta en 2006. La represi\u00f3n durante la revuelta de 2019, sin embargo, nos retrotrajo a los a\u00f1os ochenta y con ello al miedo. Pero era un miedo distinto, mezclado con malestar: un miedo atrevido, si cabe el ox\u00edmoron. Y ahora que tenemos un gobierno de ultraderecha que reivindica la dictadura y porf\u00eda en desmantelar el Estado, el miedo es como un <em>d\u00e9j\u00e0 vu<\/em>. Quiz\u00e1s no sea el temor a la metralleta, sino a la desprotecci\u00f3n, a la p\u00e9rdida de derechos sociales, laborales, medioambientales, sexuales y reproductivos\u2026 Acostumbrarnos ser\u00eda retroceder d\u00e9cadas en las garant\u00edas democr\u00e1ticas que a\u00fan tenemos.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/crucedepeatones.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2113\" width=\"518\" height=\"783\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/crucedepeatones.jpeg 663w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/crucedepeatones-198x300.jpeg 198w\" sizes=\"(max-width: 518px) 100vw, 518px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong><em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em><\/strong><strong> comienza con Manu hallando un cuaderno suyo en cuyos textos le cuesta reconocerse, como si el lenguaje le resultara extra\u00f1o y ajeno. Y nos pareci\u00f3 curioso porque has vuelto sobre tu obra temprana \u2014<em>En voz baja<\/em>, por ejemplo, que reescribiste diecisiete a\u00f1os despu\u00e9s como <em>Hab\u00eda una vez un p\u00e1jaro<\/em>\u2014 para podarla, quitarle lo que te sobraba, y adem\u00e1s lo has hecho evidente, gesto poco frecuente entre narradores, que suelen preferir que el texto sea lo que fue en su momento y no volver a tocarlo. \u00bfQu\u00e9 encuentras hoy cuando relees a la escritora de los a\u00f1os noventa? \u00bfExiste un punto en que corregir el pasado se vuelve un intento de modificar la memoria, o toda obra es para ti un borrador abierto?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Releo poco lo publicado, en realidad. Con <em>En voz baja<\/em> pas\u00f3 que me propusieron reeditar la novela diecisiete a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n original y al volver a leerla me sent\u00ed una extra\u00f1a. La respiraci\u00f3n del yo que la hab\u00eda escrito no era la del yo que ahora la rele\u00eda. Pero no me interesaba anular esa escritura ni menos corregir la memoria, sino poner a conversar a esa voz con la de quien era hoy. Por eso el libro que surgi\u00f3 de ese experimento tiene otro t\u00edtulo y otra portada y otro formato, y va acompa\u00f1ado por otros dos relatos que se conectan entre s\u00ed y con los que arma una especie de familia propia. Me gusta esa idea de Walter Benjamin sobre narrar historias como \u00abel arte de volver a narrarlas\u00bb. <em>Hab\u00eda una vez un p\u00e1jaro<\/em> es una versi\u00f3n distinta de la misma historia, pero es definitivamente otro libro. Y aunque hoy me sienta lejos de la respiraci\u00f3n de <em>En voz baja<\/em>, s\u00e9 que hay un germen ah\u00ed. El \u00e9nfasis en la escala menor, la microhistoria, los quiebres afectivos, los v\u00ednculos entre la intimidad y la Historia, en fin, todo eso ya estaba ah\u00ed. Entonces, s\u00ed, veo las obras como borradores abiertos, pero no para anular lo anterior sino para contraponer textos y ensayar di\u00e1logos posibles.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/habiaunavezunpajaro-677x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2114\" width=\"501\" height=\"757\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/habiaunavezunpajaro-677x1024.jpeg 677w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/habiaunavezunpajaro-198x300.jpeg 198w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/habiaunavezunpajaro.jpeg 725w\" sizes=\"(max-width: 501px) 100vw, 501px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>En <em>El sistema del tacto<\/em> encontramos erratas deliberadas que guardan una relaci\u00f3n muy cercana con el proceso de aprendizaje de Agust\u00edn, quien va ense\u00f1\u00e1ndose a s\u00ed mismo el manejo de una m\u00e1quina de escribir. La novela est\u00e1 llena, adem\u00e1s, de escrituras que fallan \u2014los vocablos inventados de los alumnos de Ania, por ejemplo, o el trastabillar del habla local\u2014 y que, sin embargo, parecen decir lo que la lengua correcta no alcanza. Lo asociamos con algo que ocurre tambi\u00e9n en el recuerdo, pues hay formas muy propias en las que las palabras buscan reconstruir la memoria falible. \u00bfC\u00f3mo fue, como escritora, en el proceso de edici\u00f3n y correcci\u00f3n, convivir con esas fallas y dejarlas permanecer?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me gusta esa asociaci\u00f3n entre memoria y errata en <em>El sistema del tacto<\/em>. Efectivamente, el recuerdo podr\u00eda verse tambi\u00e9n como un reservorio de erratas. Porque son recuerdos ind\u00f3ciles, medio porfiados, que activan el desv\u00edo y se sit\u00faan fuera de la norma. No son memoria oficial, son esquirlas de memorias. Ocurre algo parecido con el car\u00e1cter de los personajes, que comparten cierta extra\u00f1eza. Fue gozoso el proceso, en realidad, porque a medida que tomaban cuerpo en la letra, los personajes iban delineando su hechura de anomal\u00edas y eso abr\u00eda las posibilidades y sacud\u00eda la escritura. Lo que hab\u00eda partido con el desarraigo como experiencia territorial de pronto se expand\u00eda hacia la no pertenencia en otros \u00e1mbitos. Ania y Agust\u00edn parec\u00edan no tener tacto-tino para adaptarse cien por ciento a las reglas de afuera: a las convenciones sobre qu\u00e9 es una familia, a ser profesionales exitosos, a funcionar en un orden determinado. Eran, sin duda, err\u00e1ticos. Y la lengua segu\u00eda tambi\u00e9n esa ruta: dejaba entrar lo que no cuajaba en el orden de lo correcto y establec\u00eda otros procedimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora que lo pienso, las entradas del protodiccionario de <em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em> podr\u00edan ser una continuaci\u00f3n de ese impulso por dejar entrar la falla, el lado b de una palabra o de una expresi\u00f3n. Recuerdo que en alg\u00fan momento le di a leer el manuscrito de la novela a una amiga y me coment\u00f3 que la descripci\u00f3n de la cabeza como una \u00abpiedra vac\u00eda\u00bb de un personaje le hab\u00eda parecido muy sugerente. En realidad mi amiga ley\u00f3 mal \u2014no s\u00e9, disl\u00e9xicamente\u2014 porque el sustantivo de mi frase no era \u00abpiedra\u00bb sino \u00abpieza\u00bb. La cabeza del personaje como una pieza vac\u00eda (despoblada, desamoblada) era una figura que alud\u00eda a la p\u00e9rdida del sentido. Pero la imagen de la \u00abpiedra vac\u00eda\u00bb que cre\u00f3 mi amiga sin darse cuenta me pareci\u00f3 much\u00edsimo m\u00e1s sugerente. M\u00e1s imprevista, m\u00e1s extra\u00f1a. O, haciendo eco a la formulaci\u00f3n de la pregunta, la piedra vac\u00eda \u00abparec\u00eda decir lo que la lengua correcta no alcanza\u00bb. Entonces la incorpor\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sistemadeltacto-653x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2115\" width=\"495\" height=\"775\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sistemadeltacto-653x1024.jpeg 653w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sistemadeltacto-191x300.jpeg 191w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Sistemadeltacto.jpeg 720w\" sizes=\"(max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Siguiendo con <em>El sistema del tacto<\/em>, sus dos l\u00edneas temporales \u2014la ni\u00f1a en Campana a fines de los setenta y la mujer que vuelve d\u00e9cadas despu\u00e9s\u2014 est\u00e1n narradas en presente, como si el pasado no hubiese terminado de cerrarse. Y los tiempos se reflejan con una precisi\u00f3n \u00fanica: heridas que riman entre padre e hija, muertes que se sustituyen unas a otras, gestos que regresan en otro cuerpo. \u00bfEsa arquitectura de simetr\u00edas estaba en el plan inicial? \u00bfQu\u00e9 posibilidades te permit\u00eda el presente gramatical que el tiempo pasado te habr\u00eda negado?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No fui consciente de las simetr\u00edas, en realidad. Pero una vez que fueron apareciendo, las segu\u00ed, no les hice el quite. Ania y Agust\u00edn, a pesar de todas sus diferencias, a ratos parecen espejarse en sus presentes, en el \u00abhoy\u00bb de cada cual. Cada uno en su universo, se mueven entre el deseo de huir y la necesidad de pertenecer. Y no encajan en un \u00abdeber ser\u00bb que los presiona, tal como no encajaba N\u00e9lida en otros \u00e1mbitos. Me encanta el modo en que lo grafic\u00f3 Jazmina Barrera en una rese\u00f1a. Dec\u00eda: \u00abAnia, Agust\u00edn y N\u00e9lida son tres erratas, tres an\u00f3malos, tres <em>freaks<\/em>, tres notas disonantes, desafinadas, y en su rareza, se encuentra su m\u00fasica\u00bb. Respecto de la temporalidad, al principio fui trabajando el pasado y el presente por separado, como si fueran dos pistas de sonido, y luego empec\u00e9 a mezclarlos e intentar que uno entrara en el otro. Pero no a trav\u00e9s de la trama, sino de las im\u00e1genes. Y una de esas im\u00e1genes fue la de Ania cruzando la cordillera: ah\u00ed todo explot\u00f3. Fue como si el espacio y el tiempo se dislocaran y entr\u00e1ramos en unas coordenadas m\u00e1s cercanas a una alucinaci\u00f3n que a un reflejo de lo real. Los tiempos se fueron superponiendo y abandonando las posibles l\u00edneas secuenciales. Eso me hizo pensar en que era desde el presente que estaba yendo hacia el pasado y no al rev\u00e9s, como cre\u00eda al inicio. No es casual que las dos estructuras principales est\u00e9n escritas en presente, entonces. Agust\u00edn y Ania narran desde un hoy que para cada cual es distinto, pero que al mismo tiempo contiene al otro en esta zona borrascosa de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/envozbaja.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2116\" width=\"324\" height=\"543\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/envozbaja.jpeg 200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/envozbaja-179x300.jpeg 179w\" sizes=\"(max-width: 324px) 100vw, 324px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>En <em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em> y <em>El sistema del tacto<\/em> dejas desperdigados fotos, recortes o fragmentos de cartas que pueden leerse como elementos testimoniales. Sin embargo, la prosa reh\u00fasa cualquier tipo de confirmaci\u00f3n o certeza: los recuerdos afloran y luego desaparecen, o var\u00edan de una versi\u00f3n a otra seg\u00fan el personaje \u2014pensamos en el espejo Ania\/Agust\u00edn y luego en Manu\/Mara\u2014. \u00bfC\u00f3mo es tu relaci\u00f3n con lo autobiogr\u00e1fico en tu ficci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 completan las im\u00e1genes o los recortes que la escritura no puede cerrar por su cuenta?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En ambos libros hay una reelaboraci\u00f3n ficcional, novelesca, de materiales de diversa \u00edndole que corresponden, en parte, a una experiencia propia o cercana. Pero el mecanismo para llegar ah\u00ed fue distinto en cada novela. La escritura de <em>El sistema del tacto<\/em> parti\u00f3 con la idea de un libro sin ficci\u00f3n, que en el camino \u2014y debido a la aparici\u00f3n de un archivo familiar que hizo tambalear la memoria un\u00edvoca y la temporalidad\u2014 fue desplaz\u00e1ndose hacia lo ficcional. <em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em>, en cambio, tuvo un impulso m\u00e1s vago y disperso. M\u00e1s ind\u00f3cil tambi\u00e9n. Eran est\u00edmulos que llegaban como r\u00e1fagas de algo que apenas se pod\u00eda nombrar \u2014\u00bfc\u00f3mo se cuentan los cuerpos ausentes?, \u00bfc\u00f3mo se ordena el vac\u00edo?\u2014. Frente a esa resistencia de las palabras, di en un momento con la foto bordada de una escena clave de la novela y me pareci\u00f3 que graficaba el vac\u00edo con much\u00edsima m\u00e1s elocuencia que la propia escritura. Pero aunque haya sido distinto el mecanismo en cada libro, los materiales y las entradas de otros textos act\u00faan igualmente como puntos de fuga que expanden lo escrito y abren las posibilidades de lectura desde lo verbal y lo visual.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/imposiblesalirdelatierra-584x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2117\" width=\"479\" height=\"840\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/imposiblesalirdelatierra-584x1024.jpeg 584w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/imposiblesalirdelatierra-171x300.jpeg 171w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/imposiblesalirdelatierra-768x1347.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/imposiblesalirdelatierra-876x1536.jpeg 876w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/imposiblesalirdelatierra.jpeg 912w\" sizes=\"(max-width: 479px) 100vw, 479px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Libros de la autora<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>D\u00f3nde puedo dejarlo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Anagrama, 2026. 184 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>El sistema del tacto<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Anagrama, 2018. 192 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Cruce de peatones. Cr\u00f3nicas, entrevistas y perfiles<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Ediciones UDP, 2012. 139 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Hab\u00eda una vez un p\u00e1jaro<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Cuneta, 2013; reedici\u00f3n 2024. 80 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Imposible salir de la Tierra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Laurel, 2021. 128 pp. | Chile<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Editada en Espa\u00f1a, Colombia, Per\u00fa, Argentina y M\u00e9xico por Barrett, Laguna, Estruendomudo, A\u00f1osluz y Almad\u00eda, respectivamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>En voz baja<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">LOM Ediciones, 1996.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a>Alejandra Costamagna y Camila Fabbri, \u00abLo an\u00f3malo, lo torcido, lo levemente chiflado\u00bb, <em>Cuadernos Hispanoamericanos<\/em>, n.\u00ba 857, noviembre de 2021, pp. 34-39: intercambio epistolar coordinado por Valerie Miles. Disponible en cuadernoshispanoamericanos.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl recuerdo podr\u00eda verse como un reservorio de erratas\u201d Por Eliana Del Campo y Sebastian Uribe Alejandra Costamagna (Santiago de Chile, 1970) es una escritora chilena, periodista y doctora en literatura. Ha publicado las novelas En voz baja (1996), Ciudadano en retiro (1998), Cansado ya del sol (2002), Dile que no estoy (2007) y El [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,8,101,12,1],"tags":[850,852,851,854,219,855,853,856,759],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2110"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2110"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2110\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2118,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2110\/revisions\/2118"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2110"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2110"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2110"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}