{"id":2061,"date":"2026-06-28T17:45:16","date_gmt":"2026-06-28T22:45:16","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=2061"},"modified":"2026-06-28T17:45:16","modified_gmt":"2026-06-28T22:45:16","slug":"enciclopedias-del-carnaval-2026-de-ricardo-sumalavia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/06\/28\/enciclopedias-del-carnaval-2026-de-ricardo-sumalavia\/","title":{"rendered":"Enciclopedias del carnaval (2026) de Ricardo Sumalavia"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>Enciclopedias del carnaval<\/em> de Ricardo Sumalavia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2026. 252 pp.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Enciclopedia del carnaval<\/em>, de Ricardo Sumalavia, re\u00fane tres momentos de una obra dedicada a expandir los l\u00edmites de la microficci\u00f3n latinoamericana: <em>Enciclopedia m\u00ednima<\/em>, <em>Enciclopedia pl\u00e1stica<\/em> y <em>Enciclopedia vac\u00eda. El gran sue\u00f1o<\/em>. En estas p\u00e1ginas, dice la contratapa, \u201dla brevedad no es un alarde ni (solo) destreza t\u00e9cnica, sino una forma de intensidad. Cada texto, preciso y enga\u00f1osamente simple, funciona como la radiaci\u00f3n o el duelo: lo leemos en segundos, pero su fuerza, su conmoci\u00f3n, se queda dentro de cada lector. A veces con una sonrisa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En la <em>Bit\u00e1cora de El Hablador<\/em>, ofrecemos el pr\u00f3logo de Ricardo Sumalavia gracias a la cortes\u00eda del autor y el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>M\u00ednimas de mi carnaval<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Por Ricardo Sumalavia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los libros, como las personas, tienen familias. Cada g\u00e9nero literario, igualmente, tiene su genealog\u00eda. A veces, mientras escribimos, somos conscientes de esos lazos familiares; otras no. Un microrrelato, quiz\u00e1s el m\u00e1s breve, podr\u00eda tener como ascendiente el <em>Quijote <\/em>o la <em>Biblia<\/em>. Esa familiaridad podr\u00eda estar contenida en una sola palabra.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada-3.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2064\" width=\"503\" height=\"788\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada-3.png 477w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada-3-192x300.png 192w\" sizes=\"(max-width: 503px) 100vw, 503px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Conoc\u00ed al escritor mexicano Sergio Pitol en 1994, en una sala de embarque del aeropuerto de Maiquet\u00eda, en Venezuela. \u00cdbamos al mismo evento, en el que \u00e9l ser\u00eda maestro y yo disc\u00edpulo. Se trataba de un taller internacional de narrativa en la ciudad de Barquisimeto. Todos los dem\u00e1s j\u00f3venes escritores que asist\u00edamos a este taller hab\u00edan tomado otros vuelos o ido desde Caracas en bus. Pero en ese momento, mi momento, nos reuni\u00f3 el azar. Fui el \u00fanico al que le toc\u00f3 realizar el vuelo junto a Pitol.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el trayecto \u00e9l me cont\u00f3 que se encontraba escribiendo <em>El arte de la fuga<\/em>, libro que se publicar\u00eda dos a\u00f1os despu\u00e9s, y que marcar\u00eda un parteaguas en su escritura. Lo o\u00eda maravillado. Solo unos meses antes yo hab\u00eda publicado mi primer libro, <em>Habitaciones <\/em>(1993). Luego de las presentaciones \u00e9l me pregunt\u00f3 qu\u00e9 estaba leyendo. Le respond\u00ed que los cuentos de Joseph Conrad. Me pregunt\u00f3 por la editorial. Le respond\u00ed y \u00e9l sonri\u00f3. \u00abYo traduje esos cuentos<em>\u00bb<\/em>, me dijo. Y me habl\u00f3 de Conrad, y tambi\u00e9n de otros autores que hab\u00eda traducido. Despu\u00e9s me pregunt\u00f3 qu\u00e9 estaba escribiendo en ese momento. Le dije que escrib\u00eda un cuento sobre una mujer con una protuberancia en el pecho que seduc\u00eda y espantaba a su amante. Agregu\u00e9 que la idea surgi\u00f3 de una an\u00e9cdota en la vida de un escritor austr\u00edaco. Esa an\u00e9cdota yo la hab\u00eda le\u00eddo en un suplemento cultural del diario <em>La Rep\u00fablica<\/em>, en Lima. No recordaba al autor del ensayo, le confes\u00e9. \u00abFui yo<em>\u00bb<\/em>, me dijo, y lanz\u00f3 una carcajada. Me sent\u00ed avergonzado por mi ignorancia y alegre por la coincidencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La literatura habla con la literatura, as\u00ed como la vida habla con la vida. Si combinamos \u00abliteratura<em>\u00bb <\/em>y \u00abvida<em>\u00bb <\/em>en la frase anterior, en cualquier orden, los sentidos no son ni ser\u00e1n exactamente los mismos, pero la literatura siempre ser\u00e1 algo m\u00e1s que literatura, como la vida algo m\u00e1s que vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>4<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl carnaval<em>\u00bb<\/em>, me dijo Pitol. Dijo esta palabra para referir-se a un libro de Mija\u00edl Bajt\u00edn, <em>La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento: El contexto de Fran\u00e7ois Rabelais <\/em>(1965). Me dijo que mientras este libro de Bajt\u00edn estimulaba a muchos te\u00f3ricos, a \u00e9l le hab\u00eda permitido articular sus escritos, y que le provocaba escribir todav\u00eda m\u00e1s. Pasamos por una breve turbulencia. En lugar de asustarnos, re\u00edmos. Solo puedes re\u00edr cuando hablas del carnaval.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>5<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para Bajt\u00edn, el carnaval no es \u00fanicamente una celebraci\u00f3n, sino un instante suspendido en el que el orden habitual pierde firmeza y las jerarqu\u00edas dejan de parecer inevitables. En ese tiempo excepcional, el poder puede ser objeto de risa, lo solemne se contamina de lo grotesco y la experiencia colectiva reemplaza cualquier distancia entre actores y espectadores. La risa que emerge all\u00ed no busca solo burlarse: degrada lo oficial para devolverlo al movimiento de la vida. Bajt\u00edn reconoce que esta l\u00f3gica no permanece confinada a la plaza p\u00fablica, sino que atraviesa la literatura, donde los registros se mezclan, las voces se multiplican y los discursos del poder se vuelven materia de parodia. El carnaval surge de esta manera como una segunda vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>6<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sergio Pitol public\u00f3 en 1999, bajo el sello Anagrama, <em>Tr\u00edptico del carnaval<\/em>, libro que re\u00fane sus novelas <em>El desfile del amor <\/em>(1984), <em>Domar a la divina garza <\/em>(1988) y <em>La vida conyugal <\/em>(1991). Este libro fue una segunda vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>7<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aqu\u00ed estoy seguro de que el posible lector de estas <em>Enciclopedias del carnaval <\/em>ya tiene bien en claro mis intenciones y mis homenajes. Este libro re\u00fane mis tres libros de microrrelatos: <em>Enciclopedia m\u00ednima <\/em>(2004), <em>Enciclopedia pl\u00e1stica <\/em>(2017) y <em>Enciclopedia vac\u00eda <\/em>(2024). La idea de la enciclopedia apareci\u00f3 por la ambici\u00f3n de aproximarme creativa y l\u00fadicamente a mis diversas experiencias vitales: crecer en el centro de Lima, leer desenfrenadamente, vivir en Corea del Sur, luego en Francia; en fin, vivir entre la calle y la biblioteca. Me interesaba esa tensi\u00f3n entre el deseo de fijar el mundo y la certeza de que el mundo siempre se escapa. Mientras avanzaba en los textos, comprend\u00ed que cada entrada no deb\u00eda afirmar, sino vacilar; no definir, sino rozar apenas un sentido posible antes de abandonarlo. As\u00ed, la escritura empez\u00f3 a parecerse a un carnaval silencioso: las jerarqu\u00edas del saber se invert\u00edan sin estridencia, lo m\u00ednimo desplazaba a lo solemne y aquello que normalmente quedaba al margen encontraba un lugar inesperado en el centro de la p\u00e1gina, de una breve p\u00e1gina. Y no buscaba burlarme del conocimiento, sino devolverle su fragilidad, su condici\u00f3n humana. Por eso la voz que escribe nunca pod\u00eda situarse por encima del texto; deb\u00eda mezclarse con \u00e9l, confundirse, aceptar la incertidumbre como m\u00e9todo (algo que aprend\u00ed de Augusto Monterroso). Descubr\u00ed entonces que el humor \u2014a veces leve, a veces apenas perceptible, o desde lo grotesco\u2014 era una forma de pensamiento, una manera de suspender la autoridad sin necesidad de negarla. Cada microrrelato abr\u00eda una posibilidad y, al mismo tiempo, la interrump\u00eda, como si el libro res-pirara a trav\u00e9s de sus propias interrupciones. El resultado de cada una de las enciclopedias fue un cuerpo textual incompleto, deliberadamente abierto, donde las entradas dialogan entre s\u00ed sin aspirar a una totalidad final. Por esta raz\u00f3n, reunir estos libros en un solo tomo fue aceptar que el sentido nunca se estabiliza del todo y que la literatura, cuando se permite esa libertad, se convierte en un espacio donde el mundo puede reorganizarse moment\u00e1neamente, como ocurre en todo carnaval: un tiempo breve en el que dejamos de reconocer el orden habitual para imaginar, aunque sea por un instante, otras formas de existir.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Sumalavia-en-libreria.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2063\" width=\"484\" height=\"735\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Sumalavia-en-libreria.png 492w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Sumalavia-en-libreria-198x300.png 198w\" sizes=\"(max-width: 484px) 100vw, 484px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>8<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estas enciclopedias fueron escritas en Lima, Se\u00fal y Burdeos. Escritas a mano, en la computadora o en el celular. Escritas dentro de un tranv\u00eda, un autob\u00fas o en una biblioteca, un despacho o una habitaci\u00f3n. Escritas desde la movilidad y la inmovilidad. Escritas desde el influjo surrealista o budista o el sincretismo que puede suponer a un peruano. Escritas desde la certeza y la duda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>9<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este texto lo escribo en la ciudad de Burdeos, en un domingo de carnaval. Estoy sentado en un caf\u00e9, frente a mi hija Andrea, que realiza unos dibujos en su tableta. La comparsa del carnaval pas\u00f3 por estas calles. Todo fue m\u00fasica, baile y celebraci\u00f3n. Ahora prima la calma, pero s\u00e9 que el carnaval sigue en m\u00ed. En m\u00ed y en otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>10<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El vuelo entre Caracas y Barquisimeto dur\u00f3 50 minutos. Pero el vuelo que emprend\u00ed con Sergio Pitol en 1994, medido con otros relojes, a\u00fan no aterriza. Sigue en aquel instante suspendido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Burdeos, 1 de marzo de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enciclopedias del carnaval de Ricardo Sumalavia Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2026. 252 pp. Enciclopedia del carnaval, de Ricardo Sumalavia, re\u00fane tres momentos de una obra dedicada a expandir los l\u00edmites de la microficci\u00f3n latinoamericana: Enciclopedia m\u00ednima, Enciclopedia pl\u00e1stica y Enciclopedia vac\u00eda. El gran sue\u00f1o. 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