{"id":2041,"date":"2026-06-19T15:37:31","date_gmt":"2026-06-19T20:37:31","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=2041"},"modified":"2026-06-19T15:37:31","modified_gmt":"2026-06-19T20:37:31","slug":"animales-del-fin-del-mundo-2017-de-gloria-susana-esquivel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/06\/19\/animales-del-fin-del-mundo-2017-de-gloria-susana-esquivel\/","title":{"rendered":"Animales del fin del mundo (2017) de Gloria Susana Esquivel"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Un vocabulario para la tristeza<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebastian Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos meses, con la proliferaci\u00f3n y mayor acceso a herramientas inteligencia artificial (IA), se ha intensificado el debate sobre su uso indiscriminado en m\u00faltiples campos, incluyendo el de escritura. Aunque recientes casos pol\u00e9micos se hayan referido al campo de la creaci\u00f3n literaria, es preciso notar que donde m\u00e1s ha incidido su uso y abuso es en la escritura m\u00e1s cotidiana: informes de oficina, an\u00e1lisis contables, res\u00famenes ejecutivos, correos corporativos, correos personales, mensajes en chats, etc. Lo cual nos invita a reflexionar c\u00f3mo este tipo de escritura se torn\u00f3 tan mec\u00e1nica e impersonal, empezando a percib\u00edrsela como una molestia incluso. Una pista puede surgir remont\u00e1ndonos al momento en el que empezamos a escribir y la revelaci\u00f3n de un mundo nuevo que lleg\u00f3 con este aprendizaje.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery aligncenter columns-1 is-cropped\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"460\" height=\"751\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada-1.png\" alt=\"\" data-id=\"2042\" data-full-url=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada-1.png\" data-link=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?attachment_id=2042\" class=\"wp-image-2042\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada-1.png 460w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Portada-1-184x300.png 184w\" sizes=\"(max-width: 460px) 100vw, 460px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p>In\u00e9s, la protagonista de la primera novela de Gloria Susana Esquivel (Bogot\u00e1, 1985), tiene seis a\u00f1os, vive con su madre en la casa de sus abuelos y est\u00e1 preocupada por el Apocalipsis. Este fin del mundo, anunciado en las noticias, no parece preocuparle a nadie m\u00e1s que a ella, lo que incrementa el ensimismamiento que ya experimentaba con las restricciones de los adultos, por culpa del abuelo, sobre todo, o la <em>bestia<\/em>, como le llama ella. Esta soledad se ver\u00e1 interrumpida por dos acontecimientos que ocurren en paralelo: la detonaci\u00f3n de un bomba y la llegada de Mar\u00eda, la nieta de la empleada de la casa. Ambos eventos, de distinta naturaleza, implicar\u00e1n para In\u00e9s sus primeros contactos, por ratos claustrof\u00f3bicos, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de su casa. Supondr\u00e1n el descubrimiento de una realidad en la que tambi\u00e9n es posible la violencia y el juego, pero en la que a\u00fan no tiene las herramientas para descifrarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esquivel empieza la narraci\u00f3n de la historia de In\u00e9s como una voz que recuerda a la ni\u00f1a que fue, pero que en dicho ejercicio transita hacia la mirada a ese tiempo, en el que la curiosidad y la imaginaci\u00f3n no se ven cercenadas a\u00fan del todo por convenciones sociales y es posible concebir a los dem\u00e1s como animales. Esta percepci\u00f3n se ver\u00e1 alterada por la presencia de Mar\u00eda, quien no responde a sus mandatos y representa para ella un esp\u00edritu m\u00e1s ind\u00f3mito y arrojado, m\u00e1s libre. Esa libertad que empieza a sentir carente bajo la tiran\u00eda de un abuelo violento e impredecible, una madre que deja de vivir exclusivamente por ella y la imposibilidad de ver a su padre a diario. Es justamente \u00e9l, quien en una de las salidas con ella quien le regalar\u00e1 una cartilla para aprender a escribir y lidiar con el silencio cuando Mar\u00eda deja de ir a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Sin Mar\u00eda, las tardes se hac\u00edan largas y pesadas (\u2026) La televisi\u00f3n tambi\u00e9n hab\u00eda comenzado a cansarme, y s\u00f3lo mataba el tiempo encerrada en mi cuarto, examinando la cartilla de lectura que me hab\u00eda regalado mi padre Pasaba r\u00e1pidamente de \u00e1rboles y ardillas, a focas y faroles que estaban seguidos de indios e igl\u00faes y de koalas y kumis, hasta que llegaba a la p\u00e1gina de un pajarote gris y jorobado, el \u00f1and\u00fa, que con una mirada hueca y medio bizca miraba a su amigo el \u00f1u, una especie de toro flacuchento que ten\u00eda dibujada entre las costillas la piel de una cebra. Pod\u00eda estar horas y horas trazando con la punta del dedo la silueta de esos misteriosos animales. Intentaba pronunciar sus nombres adivinando el sonido de la ene y alojando toda su reverberaci\u00f3n en la punta de la nariz, arrug\u00e1ndola hasta que no pod\u00eda aguantar m\u00e1s ese rictus. Pero esos pasatiempos ling\u00fc\u00edsticos no alcanzaban a igualar la diversi\u00f3n que me proporcionaban mi amiga y sus canciones, y eso me hac\u00eda extra\u00f1arla mucho m\u00e1s<\/em>\u201d. (p\u00e1g. 65)<\/p>\n\n\n\n<p>El fragmento anterior muestra c\u00f3mo la algarab\u00eda por el lenguaje escrito y su lectura se se ve opacada por la imposibilidad de tener cerca a Mar\u00eda. Esquivel escribe as\u00ed un goce del lenguaje y c\u00f3mo este, adem\u00e1s de develar nuevas realidades, tambi\u00e9n supone el descubrimiento de un vocabulario para la soledad y la tristeza. \u00bfDe qu\u00e9 sirve lo aprendido si no se tiene con qui\u00e9n practicarlo? Mar\u00eda volver\u00e1 d\u00edas despu\u00e9s, pero algo ha cambiado para siempre en In\u00e9s y se ir\u00e1 exteriorizando de la peor manera:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Me sacud\u00ed el abrazo de Mar\u00eda de encima y la agarr\u00e9 fuerte del brazo. Si \u00edbamos a jugar juntas iba a ser bajo mis reglas, pues cualquier acto de desobediencia har\u00eda que fuera a acusarla con Julia y con la abuela y eso causar\u00eda su exilio. Lo primero a lo que quer\u00eda someter a mi amiga era a escuchar sin parar mi nuevo casete de la lambada<\/em>\u201d. (p\u00e1g. 78)<\/p>\n\n\n\n<p>El fastidio de In\u00e9s empieza a tornarse en desapego y rabia, al punto que siente necesidad de dirigir hacia otra persona su malestar ante las agresiones que recibe su madre en casa, alguien cuya forma de afrontar la vida le provoque envidia y por ende fastidio. Ese mismo control y rigidez que se imponen sobre a ella, lo ejercer\u00e1 sobre otra persona, como una forma de olvidar, aunque sea por unos momentos, su propio padecimiento. Ese mundo animal de la infancia, impredecible y salvaje, empieza a desmoronarse en detrimento del humano, un mundo en el que es posible el cari\u00f1o paternal pero tambi\u00e9n la violencia clasista y mis\u00f3gina que alcanzar\u00e1n su cl\u00edmax en las \u00faltimas p\u00e1ginas del libro.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery aligncenter columns-1 is-cropped\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"495\" height=\"742\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Autora-2.png\" alt=\"\" data-id=\"2043\" data-full-url=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Autora-2.png\" data-link=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?attachment_id=2043\" class=\"wp-image-2043\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Autora-2.png 495w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Autora-2-200x300.png 200w\" sizes=\"(max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p>La primera novela de Esquivel recrea el momento, cuasi m\u00e1gico, en el que se aprende a escribir y leer, pero va m\u00e1s all\u00e1 y expone la capacidad impresionante que tienen estas actividades para develar la belleza y el horror, la soledad y el amor. Como dice Giuseppe Caputo en la contratapa, en <em>Animales del fin del mundo<\/em> el lector recuerda que el descubrimiento del mundo llega con el descubrimiento de la tristeza. Y el lenguaje escrito juega un rol fundamental en ello. Tan importante como para dejarlo en manos de otras personas o tecnolog\u00edas sin pensar en lo que estamos perdiendo con ello.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">+++++<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Gloria Susana Esquivel<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Animales del fin del mundo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Alfaguara, 2017. 248 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un vocabulario para la tristeza Por Sebastian Uribe En los \u00faltimos meses, con la proliferaci\u00f3n y mayor acceso a herramientas inteligencia artificial (IA), se ha intensificado el debate sobre su uso indiscriminado en m\u00faltiples campos, incluyendo el de escritura. 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