{"id":2017,"date":"2026-05-24T02:41:26","date_gmt":"2026-05-24T07:41:26","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=2017"},"modified":"2026-05-24T02:41:26","modified_gmt":"2026-05-24T07:41:26","slug":"las-noches-de-flores-2004-de-cesar-aira","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/05\/24\/las-noches-de-flores-2004-de-cesar-aira\/","title":{"rendered":"Las noches de Flores (2004) de C\u00e9sar Aira"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>El misterio dentro del misterio<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebastian Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo narrar la crisis econ\u00f3mica y, por ende, social? Abordarla de frente resulta, en la mayor\u00eda de casos, una empresa tan ardua como in\u00fatil. En el hipot\u00e9tico caso de \u00e9xito, es probable que ese logro llegue cuando la crisis ya sea otra. Las cifras, tan grandilocuentes <em>a priori<\/em>, terminan por disolverse en el burdo intento de estandarizar y generalizar. \u00bfD\u00f3nde poner el foco, entonces?<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Portada-Las-noches-de-Flores.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2018\" width=\"456\" height=\"768\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Portada-Las-noches-de-Flores.png 446w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Portada-Las-noches-de-Flores-178x300.png 178w\" sizes=\"(max-width: 456px) 100vw, 456px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>C\u00e9sar Aira (Coronel Pringles, 1949) termin\u00f3 de escribir \u2018<em>Las noches de Flores<\/em>\u2019 en mayo de 2003, apenas un a\u00f1o y medio despu\u00e9s del inicio de una de las crisis econ\u00f3micas m\u00e1s conocidas y relevantes de Argentina. \u00bfQuiso Aira hacer un fresco de \u00e9poca? Tal vez s\u00ed; probablemente, no. Sin embargo, es posible vislumbrar uno en la historia de Aldo y Rosa Peyr\u00f3, el matrimonio maduro que decide hacer <em>delivery<\/em> nocturno a pie para una pizzer\u00eda del barrio. Ambos, descritos como miembros caracter\u00edsticos de la vapuleada clase media, con una jubilaci\u00f3n mediocre, aunque sin apremios graves, se ven empujados casi por casualidad a un empleo descartado por los m\u00e1s j\u00f3venes. El discurso dominante de la \u00e9poca, que sugiere \u201cver en toda crisis una oportunidad\u201d, es puesto en jaque conforme la pareja de ancianos percibe que su actividad, aparentemente inocua, guarda relaci\u00f3n con el secuestro y posterior asesinato de Jonathan, uno de sus colegas adolescentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>La crisis que se hab\u00eda desencadenado en el pa\u00eds parec\u00eda dar un permiso universal para hacerlo todo; ahora nadie preguntaba (\u2026) En cuanto a la autoestima social, al \u201cqu\u00e9 dir\u00e1n\u201d, tampoco se lo pod\u00eda comparar, porque depend\u00eda demasiado del presente. Fiel a su nombre, el neoliberalismo hab\u00eda aportado una nueva libertad al mundo. Las nuevas condiciones econ\u00f3micas, la concentraci\u00f3n de la riqueza, la desocupaci\u00f3n, creaban h\u00e1bitos distintos dentro de los h\u00e1bitos viejos<\/em>\u201d (p\u00e1g. 50)<\/p>\n\n\n\n<p>El crimen del joven motorizado capta el inter\u00e9s de la poblaci\u00f3n de Flores en buena medida gracias a su presencia diaria en los medios de comunicaci\u00f3n, dominados a\u00fan por la televisi\u00f3n y su capacidad de instalar una irrealidad que distorsiona la capacidad de la gente para discernir qu\u00e9 es lo importante y qu\u00e9 no. El asesinato es aludido de manera constante en la novela, a la par que se da protagonismo a dos instituciones sociales caracterizadas por su inflexible estructura jer\u00e1rquica e invariabilidad dogm\u00e1tica: la polic\u00eda y el convento de monjas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aira, al vincular a ambas organizaciones, ancladas en el tiempo, con Aldo y Rosita, refleja uno de los efectos de la crisis que afecta a Flores: la alteraci\u00f3n del orden vigente en los roles sociales. Las cl\u00e1sicas digresiones de sus libros, presentes tambi\u00e9n en esta novela, permiten observar c\u00f3mo el tejido social en tiempos de crisis se ve en la necesidad de replantearse para sobrevivir, acechado por los peligros derivados de la necesidad econ\u00f3mica y encaminado hacia el absurdo como salvavidas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLas monjas tambi\u00e9n ten\u00edan algo de disfrazadas. La criminalidad que hab\u00eda invadido el pa\u00eds como consecuencia de la crisis alentaba la imaginaci\u00f3n. En el fondo era una cuesti\u00f3n de invenci\u00f3n, de inventar antes que los otros, adelantarse en la creaci\u00f3n de formas nuevas, y hacerlas siempre nuevas, en la cresta de una ola que no dejaba de avanzas. Y si parec\u00eda absurdo que una banda de ladrones, o reducidores, o secuestradores, se disfrazara de monjas, el absurdo mismo era una prueba a favor. Lo que pod\u00eda perderlos era su afici\u00f3n invencible por la pizza\u201d. <\/em>&nbsp;(p\u00e1g. 43)<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que una de las soluciones que adoptan los distintos personajes de la novela sea la de pasarse al otro lado del miedo y convertirse en delincuentes. Esto queda retratado de forma hilarante, por ejemplo, en la figura de la Fundaci\u00f3n boliviana, que maquilla los fondos producidos por especulaciones inmobiliarias mediante becas y subsidios a artistas y escritores inexistentes. Si el arte suele anticipar las configuraciones de la realidad, \u00bfqu\u00e9 mejor para ocultar cualquier tipo de crimen y atrocidad que alterar por completo aquello que puede revelar sus pistas?<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Cesar-Aira.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-2019\" width=\"491\" height=\"515\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Cesar-Aira.png 522w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Cesar-Aira-286x300.png 286w\" sizes=\"(max-width: 491px) 100vw, 491px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Las \u00faltimas p\u00e1ginas de <em>Las noches de Flores <\/em>son de las m\u00e1s oscuras en la obra del escritor argentino. Como en Donoso o Bellatin, el teatro de monstruos que se va revelando en el intento de resolver el crimen de Jonathan, aunado a la seguidilla de revelaciones sobre las verdaderas identidades de los dos protagonistas, se torna desconcertante en un primer momento, pero coherente dentro de la l\u00f3gica perversa de una sociedad que, frente una crisis, revela lo f\u00e1cil que es romper con el pacto social y obsesionarse por instalar lo que antes resultaba abyecto como una nueva normalidad. Una en la que cunde la confusi\u00f3n y la realidad se torna una danza macabra en la que, ante la posibilidad de sentir miedo, se opta por infundirlo primero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">+++++<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">C\u00e9sar Aira<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Las noches de Flores<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Random House, 2004. 144 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El misterio dentro del misterio Por Sebastian Uribe \u00bfC\u00f3mo narrar la crisis econ\u00f3mica y, por ende, social? Abordarla de frente resulta, en la mayor\u00eda de casos, una empresa tan ardua como in\u00fatil. En el hipot\u00e9tico caso de \u00e9xito, es probable que ese logro llegue cuando la crisis ya sea otra. 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