{"id":1997,"date":"2026-04-30T00:20:54","date_gmt":"2026-04-30T05:20:54","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1997"},"modified":"2026-04-30T00:20:54","modified_gmt":"2026-04-30T05:20:54","slug":"entre-mujeres-solas-casas-poesia-reunida-2026-de-giovanna-pollarolo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/04\/30\/entre-mujeres-solas-casas-poesia-reunida-2026-de-giovanna-pollarolo\/","title":{"rendered":"Entre mujeres solas &#038; Casas. Poes\u00eda reunida (2026) de Giovanna Pollarolo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Las casas de Giovanna<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Alessandra Tenorio Carranza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La obra reunida de Giovanna Pollarolo, titulada <em>Entre mujeres solas &amp; Casas<\/em>, me ha invitado a releer sus textos como un todo. Imagino este nuevo libro como una gran casa matriz que re\u00fane sus poemas publicados desde 1987, \u00a0hace casi 40 a\u00f1os. Esta casa matriz tiene cuatro casas-anexas (los cuatro libros de la autora). Cada casa, como las antiguas residencias de familia, tiene puertas o ventanas que hacen de ellas un <em>continuum <\/em>que las une y permite que sus habitantes dialoguen y se paseen de recinto en recinto.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-4.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1998\" width=\"465\" height=\"718\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-4.png 486w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-4-194x300.png 194w\" sizes=\"(max-width: 465px) 100vw, 465px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>As\u00ed, van apareciendo elementos comunes en estos cuatro libros, como &nbsp;los motivos religiosos, las palabras en italiano, la menci\u00f3n a la familia (padres, abuelos, hijos) y la narratividad que se despliega de lleno, con mayor presencia, en la \u00faltima casa, el libro final y nuevo de este conjunto. Adem\u00e1s, est\u00e1 presente la polifon\u00eda, caracter\u00edstica que pocos poetas plasman tan bien como Pollarolo. &nbsp;A esto se suma, la intertextualidad, ya que los t\u00edtulos de los libros y algunos versos dialogan con autores may\u00fasculos de la literatura: Dante, San Juan de la Cruz, Pavese.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera casa es <em>Huerto de los olivos<\/em> (1987). Esta es la casa del silencio. Es un hogar habitado por mujeres que juegan roles importantes pero secundarios. En esta paradoja radica la maestr\u00eda de este primer volumen: en presentar desde otra \u00f3ptica la historia b\u00edblica. No son las voces patriarcales o de las autoridades religiosas las que aparecen, sino las de las mujeres que conviv\u00edan con Jes\u00fas. Aquellas que, aunque relegadas en la historia o puestas en un segundo plano, en este texto son iluminadas por una luz que nos permite o\u00edrlas y comprenderlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es, tambi\u00e9n, la casa del reba\u00f1o. \u201c<em>Todas se llaman Mar\u00eda<\/em>\u201d (p. 20), dice uno de los poemas y, a veces, no sabemos de qu\u00e9 Mar\u00eda hablamos: \u00bfla virgen, la hermana de L\u00e1zaro, la Magdalena? \u00bfTodas son iguales? Esta necesidad de uniformizarlas me remite a la visi\u00f3n que cierto sector de la cr\u00edtica literaria ha tenido sobre las poetas de la Generaci\u00f3n del 80 (a la que pertenece Pollarolo), caracteriz\u00e1ndolas a todas como poetas er\u00f3ticas o poetas del cuerpo. Obviamente, esto es una falacia. As\u00ed como cada poeta de esa generaci\u00f3n tiene su estilo particular, en <em>Huerto de los olivos<\/em> (1987), cada Mar\u00eda tiene sus propias inquietudes, que el libro revela. Aunque fueran tratadas en manada, no lo son.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, esta es la casa de la exclusi\u00f3n. Dice uno de los <em>poemas b\u00edblicos<\/em>: \u201c<em>ella te importaba (\u2026) pero la mal amaste<\/em>\u201d (p. 29). Ya en el lado terrenal, en otro poema (p. 41), una mujer es \u201cla musa de un poeta\u201d, \u201ces su mujer y \u00e9l se aprovecha\u201d. Est\u00e1 excluida del espacio p\u00fablico, relegada a lo privado, a los versos que escribe su marido, donde, incluso, habla mal de ella. Mujeres b\u00edblicas, mujeres de estos tiempos o mujeres poetas se equiparan en ser excluidas y relegadas por los hombres que aman o admiran, quienes se constituyen como figuras de autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda casa, <em>Entre mujeres solas<\/em> (1992), es para m\u00ed la casa de todas las voces. Distintos tipos de mujeres aparecen en los textos: mujeres que se hermanan, compiten, se apoyan, se auscultan. Lo m\u00e1s interesante es que estas voces aparecen en parejas de opuestos. La primera pareja es el reba\u00f1o versus la disidente. En los poemas, encontramos a mujeres que han ca\u00eddo en la violencia simb\u00f3lica impuesta por el orden patriarcal: verse joven, tener un buen matrimonio, ser una s\u00faper mujer realizada en lo p\u00fablico y lo privado, aparecen m\u00e1s que como un deseo, como una imposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201c(\u2026) todav\u00eda est\u00e1 buena la t\u00eda \/ ta pasadita para minifalda \/ (\u2026) me gusta que me miren \/ y me hablen \/ que me admiren \/ y confundan \/ con la jovencita \/ que ya no soy<\/em>\u201d, expresa el poema \u201cCuando me dicen se\u00f1ora\u201d (p. 81). Pienso en el antiguo refr\u00e1n: \u201cEl ojo del amo engorda al caballo\u201d. La aprobaci\u00f3n del otro nos acerca a la autoaprobaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, tambi\u00e9n, aparece en este libro una figura particular: la disidente. \u201c<em>No hab\u00eda sido una puta, pero casi<\/em>\u201d (p. 97), le adjudican a una mujer en un texto. Las disidentes son aquellas que han trasgredido las reglas, se han atrevido a vivir su sexualidad o se han alejado de lo tradicional. La disidente es mirada con pena, pero, a la vez, con un poco de envidia por el reba\u00f1o. Es libre. Se le admira. Esto se ve, por ejemplo, en el poema \u201cBadulaque\u201d (p. 100). Dicen algunos versos: \u201c<em>ahora las se\u00f1oras que somos \/ malas y amantes madres \/ fracasadas pero orgullosas esposas \/ debemos mirarte con envidia \/ tantos viajes, tanta libertad \/ y nosotras siempre aqu\u00ed (\u2026) sin poder ir m\u00e1s lejos que a Arequipa, \/ tenemos que admirarte badulaque<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda pareja corresponde a las mujeres del pasado versus las mujeres del presente. En el libro, nos convertimos en espectadores de una reuni\u00f3n de promoci\u00f3n de colegio. Se revisa, entonces, los sue\u00f1os pasados y el cumplimento de las metas. Aparece como una preocupaci\u00f3n la antigua belleza y el deterioro actual. Van emergiendo las voces de las ni\u00f1as que fueron estas mujeres y c\u00f3mo pensaban en ese tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se nos revelan algunos estereotipos de g\u00e9nero. En sus juegos, por ejemplo, en el arroz con leche (\u201cLa hora del recreo\u201d, p. 88), cuando las \u00fanicas profesiones que anhelaban eran aquellas que constitu\u00edan una extensi\u00f3n del mundo \u00edntimo y el rol de cuidadoras impuesto a las f\u00e9minas. Cocinera, lavandera, costurera. En ese tiempo, se menciona, no sab\u00edan que pod\u00edan so\u00f1ar con ser doctoras, abogadas, cantantes, poetas.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera pareja podemos dividirla en mujeres felices versus mujeres infelices. La desaz\u00f3n de estos personajes suele estar vinculada a la p\u00e9rdida del amor, aquellos \u201csi hubiera\u201d que no se han cumplido, a la p\u00e9rdida de la belleza-juventud, a la infidelidad del compa\u00f1ero o, peor a\u00fan, a la violencia f\u00edsica y psicol\u00f3gica (\u201cLuna de miel\u201d, p. 90). La felicidad es en realidad una alegr\u00eda aparente, porque incluso las <em>casadas con palma y corona<\/em> se sienten aburridas. Tanta perfecci\u00f3n les hast\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos recorrido esta casa matriz y llegado a la tercera casa-anexa, <em>La ceremonia del adi\u00f3s<\/em> (1997). Esta es la casa del desamor, la despedida y el renacer. En este volumen, la voz po\u00e9tica se enfrenta a una casa vac\u00eda, un recinto que le duele como aquellos miembros fantasmas que han sido mutilados. La casa como espacio f\u00edsico se enrace cuando el amado ha partido. Surge varias preguntas: \u00bfes esta la casa antigua o una casa nueva? \u00bfCu\u00e1nto queda de la vida en com\u00fan en esa casa? \u00bfC\u00f3mo lidiar con ello y construir una nueva casa sobre los escombros?<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, esta es la casa del desamor. En los poemas escritos a manera de plegarias para suplicar por el regreso del amado, la divinidad, desde las alturas, concibe las penas de amor como nimiedades. Ello contrasta con la voz po\u00e9tica, quien otorga al sufrimiento un papel primordial, lo que se convierte en el <em>leit motiv<\/em> de este libro.Esta casa, para m\u00ed, cierra la puerta con una sentencia final: \u201c<em>ten cuidado con lo que deseas, que esto se puede cumplir<\/em>\u201d. El libro nos demuestra por qu\u00e9 a veces es mejor que nuestras s\u00faplicas sean deso\u00eddas antes de enfrentarnos a una victoria p\u00edrrica, sobre todo en el terreno del amor.<\/p>\n\n\n\n<p>La residencia final corresponde al \u00faltimo poemario de la autora (<em>Casas<\/em>, 2026). El texto abre con una casa de agua: el vientre materno. Aparece la voz de la hija que habla por la madre. Se pone de manifiesto el proceso de ser una (al principio) y luego, individualizarse y convertirse en dos. No se muestra una visi\u00f3n rom\u00e1ntica de la maternidad. A mi juicio, esta figura representa muy bien el esp\u00edritu de muchos de los textos de esta obra reunida: el tormentoso camino de dejar la casa paterna para construir tu propia casa alej\u00e1ndote de los valores de tus padres para crear los tuyos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este poema inicial (\u201cCasa de agua\u201d, p. 221), la hija hace eco de los reclamos de la madre por ese yugo que es muchas veces la maternidad; por el deterioro del cuerpo; por la imposici\u00f3n del cuidado; por la necesidad de la madre de querer seguir siendo un individuo. Y luego, volvemos a la hija, cuando los papeles ya han sido invertidos y se ve forzada a ser la madre de su madre. Hay rabia, hay amor, hay introspecci\u00f3n y existe la conciencia de que inevitablemente la relaci\u00f3n madre\/hija nunca est\u00e1 exenta de tensiones. El \u00faltimo poema del libro es el de la morada final (\u201cEn el camposanto\u201d, p. 291), que termina con una alegor\u00eda a la soledad.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Polarollo.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1999\" width=\"506\" height=\"762\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Polarollo.png 496w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Polarollo-199x300.png 199w\" sizes=\"(max-width: 506px) 100vw, 506px\" \/><figcaption><strong>Giovanna Pollarolo &#8211; \u00a9Adriana Fern\u00e1ndez<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda tambi\u00e9n ense\u00f1a. Hay mucho de verdad en ella. No es dogm\u00e1tica, pero s\u00ed sabia. Por eso, quiero mencionar algunas lecciones sobre las casas que nos deja este nuevo poemario.<\/p>\n\n\n\n<ol type=\"1\"><li>Construye una casa. No seas como Matusal\u00e9n. Aquel hombre que pens\u00f3 que no necesitaba una casa porque no vivir\u00eda tanto. En el poema \u201cCasa de Matusal\u00e9n\u201d (p. 239) queda claro que una casa no es solo un lugar f\u00edsico. Es una guarida: un lugar de protecci\u00f3n. Todos necesitamos una casa. No sabemos cu\u00e1nto vamos a vivir.<\/li><li>Elige construir tu casa con quien hable tu mismo idioma. No seas como aquella pareja del poema \u201cCasa con vista\u201d (p. 245), en el cual: \u201c<em>\u00c9l se qued\u00f3 con el mar y ella con el jard\u00edn<\/em>\u201d. Ambos espacios pueden ser placenteros, pero tienen su lado oscuro. El jard\u00edn de ese poema ten\u00eda ratas y serpientes. El olor a mar pod\u00eda llegar a hostigarte. No construyas tu casa con alguien que, como al esposo de ese poema, le da lo mismo el mar o el jard\u00edn.<\/li><li>El poema \u201cCasa de fuego (\u00bfcasa quemada?)\u201d (p. 234) demuestra que los id\u00edlicos desayunos de domingo pueden acabarse si dejas una hornilla encendida. Piensa, \u00bfcu\u00e1l es la hornilla que amenaza con quemar tu hogar? Ap\u00e1gala. Cuida tu casa y guarda los buenos momentos que ser\u00e1n un plano para reconstruir tu hogar si este se quema.<\/li><li>En el libro, se habla de casas en ruinas (\u201cCasa en ruinas I\u201d, p. 248; \u201cCasa en ruinas II\u201d, p. 251) y casas abandonadas (\u201cCasa abandonada\u201d, p. 250). La autora nos advierte que no son lo mismo. Tu casa puede estar en ruinas, pero no la abandones. La casa es quien la habita. T\u00fa eres el coraz\u00f3n de tu casa.<\/li><li>Uno de los textos se titula \u201cCasa del Se\u00f1or\u201d (p. 281). Es relevante la analog\u00eda que permite ver al cuerpo como un lugar sagrado, un templo. Por tanto, la <em>casa del Se\u00f1or<\/em> est\u00e1 contigo seas gordx o flaqux, tengas arrugas o no, un ovario menos o una histectom\u00eda. A veces, tratamientos m\u00e9dicos mancillan la <em>casa del se\u00f1or<\/em>, pero esta sigue siendo igualmente tu casa.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>Cierro la puerta agradeciendo al Fondo de Cultura Econ\u00f3mica por este libro. Celebro que esta editorial se haya dado a la tarea de publicar libros fundamentales de las poetas m\u00e1s importantes de la literatura escrita por mujeres en nuestro pa\u00eds: Rossella Di Paolo, Blanca Varela y, ahora, Giovanna Pollarolo. A algunxs no les gusta esa etiqueta. A m\u00ed me gusta, porque nos visibiliza, nos diferencia y exige que nos miren y nos lean. En estas d\u00e9cadas, la obra de Pollarolo ha cosechado devotos lectores. Tener su obra reunida en un solo volumen permite ver su evoluci\u00f3n y los cambios en su escritura, y nos invita a una relectura cr\u00edtica que ponga en valor su trabajo y la destaque entre las escritoras contempor\u00e1neas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">+++++<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Giovanna Pollarolo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Entre mujeres solas &amp; Casas. Poes\u00eda reunida<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2026. 300 pp.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las casas de Giovanna Por Alessandra Tenorio Carranza La obra reunida de Giovanna Pollarolo, titulada Entre mujeres solas &amp; Casas, me ha invitado a releer sus textos como un todo. 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