{"id":1968,"date":"2026-04-16T11:18:55","date_gmt":"2026-04-16T16:18:55","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1968"},"modified":"2026-04-16T11:28:37","modified_gmt":"2026-04-16T16:28:37","slug":"la-dependiente-2018-de-sayaka-murata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/04\/16\/la-dependiente-2018-de-sayaka-murata\/","title":{"rendered":"La dependienta (2018) de Sayaka Murata"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Cuerpos extra\u00f1os<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebastian Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cinco d\u00edas a la semana durante dieciocho a\u00f1os. Cuatro mil seiscientos ochenta y d\u00edas. Ese es el tiempo aproximado que Keiko Furukura lleva trabajando como dependienta en un <em>konbini\u00b8 <\/em>un minimarket japon\u00e9s abierto las veinticuatro horas del d\u00eda. El dato por s\u00ed solo es impactante, pero no tanto como cuando ella, a los treinta y seis a\u00f1os, afirma que<em>: \u201cLa vida que llevaba antes de \u2018nacer\u2019 como dependienta de una tienda est\u00e1 envuelta en una nebulosa y no la recuerdo claramente<\/em>\u201d (p\u00e1g. 14)\u00bfQu\u00e9 personalidad puede resistir a un trabajo as\u00ed? La novela de Sayaka Murata (Inzai, 1979) es protagonizada por una joven que no logr\u00f3 encajar entre sus pares ni en la infancia ni en la adolescencia y que en la adultez sobrevive a dicha marginaci\u00f3n sin aspavientos, evitando preguntarse c\u00f3mo relacionarse con los dem\u00e1s, en gran parte por estar absorbida por un r\u00e9gimen de procesos estandarizados orientado a rendir y vender, d\u00eda tras d\u00eda, a\u00f1o tras a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"477\" height=\"747\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-2.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1969\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-2.png 477w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-2-192x300.png 192w\" sizes=\"(max-width: 477px) 100vw, 477px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Murata esboza con calma a su protagonista, retrat\u00e1ndola, en primera persona, desde que despierta y siente que los engranajes del mundo comienzan a girar en torno al <em>konbini<\/em>, hasta su disciplinado r\u00e9gimen de sue\u00f1o, pensado en la mejor forma de atender a los clientes el siguiente d\u00eda. As\u00ed han transcurridos casi dos d\u00e9cadas para Keiko en una vida confeccionada en torno a su empleo por horas, el mismo que durante los \u00faltimos a\u00f1os ha preocupado a su familia y las pocas amigas que frecuenta. \u00bfC\u00f3mo se llega a una situaci\u00f3n as\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los pocos recuerdos de su vida antes de ser dependienta, hay dos que ejemplifican el extra\u00f1amiento de Keiko. El primero de ellos ocurre cuando, de ni\u00f1a, encuentran un pajarito muerto y su respuesta ante ese hecho es proponer que se lo coman, afirmando que no hab\u00eda raz\u00f3n para llorarlo cuando tranquilamente pod\u00edan hacerlo. El segundo tiene lugar cuando detiene la pelea entre dos ni\u00f1os golpeando a uno de ellos con una pala. Era lo m\u00e1s pr\u00e1ctico, dice. Una afirmaci\u00f3n que se condice con la v\u00eda de escape frente a las miradas juiciosas de quienes la rodean:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>A medida que fui creciendo, mi silencio empez\u00f3 a preocuparles. Pero para m\u00ed era la mejor opci\u00f3n, la forma m\u00e1s racional de sobrevivir. \u201c\u00a1Deber\u00edas hacer amigos y salir a jugar!\u201d, me anotaban los profesores en el bolet\u00edn de notas, pero yo nunca hablaba m\u00e1s de lo que era estrictamente necesario\u201d. <\/em>&nbsp;(p\u00e1g. 19)<\/p>\n\n\n\n<p>Pasados los treinta a\u00f1os, Keiko Furukara empieza a extra\u00f1arse de su propio cuerpo, al punto de concebir el uniforme que se coloca a diario como una extensi\u00f3n de este y luego, como la \u00fanica vestimenta posible.&nbsp; Un pedazo de tela que simboliza el hecho de no pertenecer a s\u00ed misma, sino al trabajo que cumple de forma cotidiana y que denota a su vez c\u00f3mo la esclavitud sigue operando en el mundo contempor\u00e1neo de forma m\u00e1s sutil pero no menos tr\u00e1gica, pues supedita todo deseo y afecto a la capacidad de producir para la sociedad. Cualquier desv\u00edo de ello puede implicar consecuencias fatales para los clientes, la empresa y el propio trabajador, en ese orden.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que el aislamiento de la protagonista adquiera sentido conforme avanza la lectura de la novela, sobre todo durante las interacciones de Keiko con sus amigas o, m\u00e1s a\u00fan, con las parejas de estas. La manera agresiva con la que se juzga su solter\u00eda o su falta de ambici\u00f3n profesional muestra c\u00f3mo la misantrop\u00eda de Keiko es un mecanismo de defensa frente a las exigencias sociales, que, en su concepci\u00f3n, s\u00f3lo representar\u00edan distractores de sus funciones. Murata ilustra c\u00f3mo la deshumanizaci\u00f3n producida por su trabajo como dependienta, si bien la condena a un destino vac\u00edo en espiritualidad, la ha protegido tambi\u00e9n de las m\u00e1s comunes presiones sociales. Por ejemplo, cuando, ante la insistencia de su hermana y sus padres, intenta cambiar de empleo, pero descubre que ya era tarde: nadie la contrata para otra funci\u00f3n que no sea la de ser dependienta, y sin embargo ello no la irrita en demas\u00eda, puesto que ya tiene uno que ejercer\u00e1 hasta la extenuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Autora.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1970\" width=\"524\" height=\"508\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Autora.png 767w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Autora-300x291.png 300w\" sizes=\"(max-width: 524px) 100vw, 524px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Dicho entrampamiento de a\u00f1os parece interrumpirse con la aparici\u00f3n de Shiraha, personaje tan pat\u00e9tico como vil, quien, tras un err\u00e1tico paso por la tienda de Keiko, es despedido por su terrible desempe\u00f1o. El hombre es acogido por ella luego de que, a los pocos d\u00edas, lo encuentre incomodando clientas y en un lamentable estado de abandono. La empat\u00eda de Keiko es correspondida con la manipulaci\u00f3n de Shiraha, quien cuestiona su situaci\u00f3n social y le propone una convivencia que facilite la vida de ambos. Y, en efecto, parece que Keiko finalmente empieza a encajar a los ojos de su hermana y de sus colegas. Murata expone la hipocres\u00eda social de la familia y los colegas de Keiko a trav\u00e9s de sus reacciones desaforadas ante su nuevo estatus social: no importa c\u00f3mo o con qui\u00e9n sino cumplir con el rol asignado. <em>La dependienta<\/em> es una novela que explora c\u00f3mo la val\u00eda, en nuestros tiempos, est\u00e1 supeditada a la funci\u00f3n laboral que realizamos, agotando en el camino cualquier resistencia a pensar en la posibilidad de un afuera del trabajo, m\u00e1s a\u00fan cuando este se percibe como un refugio para impedir que sobrevenga otra situaci\u00f3n desagradable. Y esa incapacidad de imaginarse en un contexto diferente, de mayor bienestar, es la tragedia que Murata retrata entre escenas c\u00f3micas que se van tornando desesperantes con el transcurrir de las p\u00e1ginas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Me he dado cuenta. Antes que humana, soy dependienta. Aunque como humana sea defectuosa, aunque pueda morir de hambre si no tengo dinero para comer, no puedo evitarlo: todas las c\u00e9lulas de mi cuerpo existen para la tienda<\/em>\u201d (p\u00e1g. 160)<\/p>\n\n\n\n<p>La novela no resuelve la pregunta de si existe una salida a esta problem\u00e1tica, pero s\u00ed invita a que al menos nos la formulemos. Y ese gesto, aunque sencillo, podr\u00eda ser un paso hacia recuperar nuestra identidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">+++++<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Sayaka Murata<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>La dependienta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Duomos ediciones, 2018. 176 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Traducci\u00f3n de Marina Bornas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuerpos extra\u00f1os Por Sebastian Uribe Cinco d\u00edas a la semana durante dieciocho a\u00f1os. Cuatro mil seiscientos ochenta y d\u00edas. Ese es el tiempo aproximado que Keiko Furukura lleva trabajando como dependienta en un konbini\u00b8 un minimarket japon\u00e9s abierto las veinticuatro horas del d\u00eda. 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