{"id":1949,"date":"2026-04-01T21:29:43","date_gmt":"2026-04-02T02:29:43","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1949"},"modified":"2026-04-01T21:31:44","modified_gmt":"2026-04-02T02:31:44","slug":"entrevista-a-roberto-chuit-roganovich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/04\/01\/entrevista-a-roberto-chuit-roganovich\/","title":{"rendered":"Entrevista a Roberto Chuit Roganovich"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>\u201cUno de los grandes temores de la especie es el reconocimiento de su radical finitud\u201d<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebastian Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la narrativa de Roberto Chuit Roganovich (C\u00f3rdoba, 1992) conviven la especulaci\u00f3n, la historia y la rareza, tal como se muestra en <em>Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores<\/em>, la novela que acaba de llegar a librer\u00edas peruanas. En este \u00faltimo libro se conjugan los miedos contempor\u00e1neos, los imaginarios del desastre y las fantas\u00edas de dominio que atraviesan la relaci\u00f3n entre humanidad<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de este t\u00edtulo conversamos con \u00e9l sobre la Patagonia como escenario material y simb\u00f3lico, sobre la presencia de lo extra\u00f1o en su escritura, y acerca de los desplazamientos entre lectura, formaci\u00f3n y pr\u00e1ctica literaria. En su obra, su estilo parece avanzar por zonas de tensi\u00f3n, all\u00ed donde la ficci\u00f3n todav\u00eda puede incomodar, desordenar y abrir nuevas preguntas sobre nuestro lugar en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery aligncenter columns-1 is-cropped\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"495\" height=\"747\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Roberto-Chuit.png\" alt=\"\" data-id=\"1950\" data-full-url=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Roberto-Chuit.png\" data-link=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?attachment_id=1950\" class=\"wp-image-1950\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Roberto-Chuit.png 495w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Roberto-Chuit-199x300.png 199w\" sizes=\"(max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>En la novela, el Dr. Herschel, uno de los personajes ingleses, se obsesiona con \u201celiminar el tiempo y saltar hacia adelante\u201d (p\u00e1g. 43), y para perseguir ese objetivo articula diversos intereses pol\u00edticos y econ\u00f3micos. \u00bfC\u00f3mo ves que la literatura reciente ha imaginado o problematizado este tipo de anhelo cient\u00edfico? \u00bfQu\u00e9 riesgos sociales y pol\u00edticos entra\u00f1a que el poder se organice en torno a una premisa as\u00ed?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de publicar recientemente un libro de ensayo. Se llama <em>El archipi\u00e9lago: nuestra retirada del mundo y notas para un regreso<\/em>, por El Gato y la Caja. El ep\u00edgrafe que decid\u00ed utilizar es el t\u00edtulo de una obra de Goya: \u201cel sue\u00f1o de la raz\u00f3n produce monstruos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuve un problema para elegir ese ep\u00edgrafe.<\/p>\n\n\n\n<p>El aguafuerte de Goya muestra un hombre, aparentemente dormido, que, apoyado sobre una mesa, oculta la cabeza entre sus brazos. A su alrededor, hay b\u00fahos y otras aves nocturnas que se le acercan, con rostros m\u00faltiples y cambiantes, a medio camino entre la sed del ataque y la curiosidad. La primera visi\u00f3n del aguafuerte es la de un hombre asediado por un murci\u00e9lago, enorme, negro y con los dientes amplios, que domina el cuadrante superior. Esa visi\u00f3n veloz determina la interpretaci\u00f3n general de la obra; en suma: que el \u201cadormecimiento de la raz\u00f3n\u201d, su apagarse, \u201cproduce\u201d \u201cmonstruos\u201d; que la retirada de la raz\u00f3n, de su capacidad cr\u00edtica de discernimiento, de su precisi\u00f3n y su justeza, \u201cproduce\u201d demonios. \u00bfCu\u00e1les? Los monstruos \u201cirracionales\u201d del fascismo, del pogromo, del odio, del temor, la matanza. El \u201csue\u00f1o\u201d, el cansancio, la ausencia de la raz\u00f3n es aquello detr\u00e1s, seg\u00fan esta primera interpretaci\u00f3n, de la Matanza del Templo Mayor, pero tambi\u00e9n detr\u00e1s del Holocausto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a la vez yo sent\u00eda que necesitaba, en el mismo plano, encontrar una cita que representase exactamente lo opuesto, para ponerlas a dialogar juntas. Una cita que me permitiese ilustrar, como hace el chileno Benjam\u00edn Labatut en toda su producci\u00f3n literaria \u2014espec\u00edficamente en una de las historias de <em>Maniac<\/em> que se centra en el matem\u00e1tico h\u00fangaro John von Neumann\u2014, o como hacen en Argentina Flor Canosa en <em>La segunda lengua materna<\/em> y Juan Mattio en <em>Materiales para una pesadilla<\/em> c\u00f3mo el deseo desbocado de la raz\u00f3n, sin ataduras pol\u00edticas, sociales y \u00e9ticas claras, puede llevarnos tambi\u00e9n a otras formas de la perdici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, con la ventaja de la distancia, como dec\u00eda Borges, descubr\u00ed que no hab\u00eda nada m\u00e1s que buscar: que el ep\u00edgrafe de Goya, que ese cuadro, era suficientemente polis\u00e9mico, y que encerraba, en un mismo gesto, las dos posturas que pretend\u00eda buscar por separado.<\/p>\n\n\n\n<p>La frase ic\u00f3nica seg\u00fan la cual \u201clo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer\u201d indica, justamente, eso: una zona de impasse, de indeterminaci\u00f3n, de avances y retiradas de proyectos pol\u00edticos que se disputan en un tiempo hist\u00f3rico convulso, como es el nuestro, las condiciones de estabilidad del mundo futuro. Esta es la circunstancia que est\u00e1 atravesando el mundo entero hoy. Por suerte (\u00bfpor suerte?), esta experiencia no es nueva para nosotros, latinoamericanos, que venimos hace quince o veinte a\u00f1os siendo presas de oleadas y contraoleadas entre un progresismo desarrollista y un neoconservadurismo liberal que no terminan de asentarse ni de provocar cambios estructurales sostenibles y verdaderos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En <em>Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores,<\/em> la Patagonia funciona como escenario central de las distintas l\u00edneas hist\u00f3ricas, especialmente por la irrupci\u00f3n de una misteriosa planta milenaria que atraviesa \u2014y tensiona\u2014 episodios tr\u00e1gicos del pasado. \u00bfC\u00f3mo se percibe hoy esa regi\u00f3n en el imaginario argentino, m\u00e1s all\u00e1 de su presencia reciente en las noticias? Y, en la novela, \u00bfla depredaci\u00f3n del territorio responde a una l\u00f3gica de explotaci\u00f3n econ\u00f3mica o m\u00e1s bien a la ilusi\u00f3n (y el fracaso) de controlar una naturaleza que se resiste?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Patagonia sigue siendo para nosotros un espacio m\u00e1s que problem\u00e1tico. Es un territorio en donde se juega la definici\u00f3n misma de territorio. Su concepto es un campo de batalla simb\u00f3lico, pol\u00edtico, econ\u00f3mico. La literatura argentina nace, en parte, en las disputas por la representaci\u00f3n de la Patagonia. Echeverr\u00eda, Sarmiento, Hern\u00e1ndez: la Patagonia como el l\u00edmite entre la civilizaci\u00f3n y la barbarie, el l\u00edmite entre lo cient\u00edfico y lo m\u00e1gico, entre lo racional y lo m\u00edtico, entre la cultura y la naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Me interesaba jugar con el hecho de que aquella enorme extensi\u00f3n de tierra que algunos de nuestros escritores, pol\u00edticos y militares llamaron \u201cdesierto\u201d durante tanto tiempo no era sino el lugar espec\u00edfico en donde se encontraba la \u00fanica totalidad verdaderamente existente en la Tierra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En la novela hay un uso de distintos registros y voces, desde el diario hasta una proyecci\u00f3n astral narrada en segunda persona. \u00bfC\u00f3mo fue el proceso de hilvanar todos estos recursos narrativos? \u00bfCu\u00e1l fue la m\u00e1s desafiante?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El cambio entre los registros responde a varias razones. Hay una respuesta r\u00e1pida, poco atractiva y poco erudita: me cuesta sostener una \u00fanica perspectiva narrativa durante mucho tiempo. Fui cambiando nada m\u00e1s que para no aburrirme.<\/p>\n\n\n\n<p>La otra respuesta s\u00ed es un poco m\u00e1s sofisticada. Me interesa jugar en una misma obra con diferentes focalizaciones, diferentes esquemas narrativos, diferentes disposiciones del mirar. Tard\u00e9 bastante en encontrar el tono de cada una, pero creo que responden naturalmente al per\u00edodo que abarcan.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de muchos ensayos, entend\u00ed que el arco de Isabel la Cat\u00f3lica y de Catalina maridaban bien con una segunda persona desplegada en clave prof\u00e9tica, cercana a lo m\u00e1gico, y cargada, barroca. El arco de Victorino Traverso en Londres se prestaba para ensayar la escritura epistolar y de diarios propia de la literatura g\u00f3tica cl\u00e1sica. Al arco del doctor Ishigata en la Patagonia en 1945 quer\u00eda abordarlo desde cierta lejan\u00eda: necesitaba un narrador testigo en tercera persona -testigo y a veces focalizado, interno- que me permitiera insistir en la extra\u00f1eza del car\u00e1cter, un tanto inasimilable, de un personaje japon\u00e9s, para una obra que intenta moverse siempre dentro de la \u201cidiosincrasia\u201d occidental. Al \u00faltimo arco, el de Julia, no pod\u00eda ejecutarlo m\u00e1s que a trav\u00e9s de una primera persona intimista, a veces delirante y on\u00edrica, y siempre en presente, para poder reunir el pasado y m\u00faltiples futuros cercanos y remotos en un mismo punto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las voces me presentaron ciertas dificultades. El arco de Isabel la Cat\u00f3lica y de Catalina, por ejemplo, fue complejo por su forma. Es dif\u00edcil sostener durante tanto tiempo una voz en segunda, no tan recurrente en la literatura. Por lo menos para m\u00ed. El arco de Yuuki Ishigata fue complejo, en cambio, por su contenido. Y la raz\u00f3n es simple: fue costosa porque tard\u00e9 mucho en entender qu\u00e9 pod\u00eda ser un cuerpo oriental. Qu\u00e9 es el honor, qu\u00e9 es la gloria para un nip\u00f3n. Yuuki, si se me permite el delirio, se resist\u00eda ser escrito, hasta que entend\u00ed verdaderamente qu\u00e9 quer\u00eda, qu\u00e9 quer\u00eda su cuerpo japon\u00e9s, qu\u00e9 quer\u00eda su esp\u00edritu oriental.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tras la lectura de tu novela queda flotando en el lector una pregunta inquietante: \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda si la naturaleza decidiera prescindir de la especie humana? al punto de que el \u00fanico ser que atraviesa y sobrevive a las distintas l\u00edneas hist\u00f3ricas es el bionte \u00bfQu\u00e9 miedos contempor\u00e1neos, sean ecol\u00f3gicos, pol\u00edticos o existenciales, se materializan en esa idea? Y, en t\u00e9rminos literarios, desde tu perspectiva \u00bfqu\u00e9 autores sientes que han sabido captar ese temor en toda su dimensi\u00f3n?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los grandes temores de la especie es el reconocimiento de su radical finitud. Si cae la represa ideol\u00f3gica que el cristianismo y otras religiones fabrican contra ese reconocimiento es entendible que aparezcan nuevas preguntas. El modo en c\u00f3mo esas preguntas se modelizan, se vuelven forma, materia del arte es el ejercicio de la literatura de g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p>Para no extenderme mucho, vengo sintiendo que en el <em>weird<\/em> hay dos tematizaciones de este temor. Las dos vertientes me parecen igual de divertidas.&nbsp; Una es la del desfase entre el \u201ctiempo arqueol\u00f3gico\u201d y el \u201ctiempo humano\u201d. H. P. Lovecraft fue, probablemente, su iniciador. Hoy vemos un revival de esta deriva, que me parece muy estimulante. Mis dos novelas se inscriben justamente ac\u00e1, en este cruce, en esta diferencia y oposici\u00f3n irresoluble.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La otra es la del desfase entre la \u201cinmortalidad cibern\u00e9tica\u201d y la \u201cirremediable mortalidad humana\u201d. Sus iniciadores son todos aquellos que contribuyeron al desarrollo de la est\u00e9tica <em>cyberpunk <\/em>alrededor de los a\u00f1os ochenta: desde el tard\u00edo Asimov, hasta W. Gibson y Philip K. Dick. Hoy hay expresiones muy interesantes de esta deriva: <em>Materiales para una pesadilla<\/em>, del argentino Juan Mattio, <em>Par\u00e1sitos Perfectos<\/em>, del colombiano Luis Carlos Barrag\u00e1n Castro, <em>Nefando<\/em> de la ecuatoriana M\u00f3nica Ojeda, entre otros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery aligncenter columns-1 is-cropped\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"472\" height=\"738\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada.png\" alt=\"\" data-id=\"1951\" data-full-url=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada.png\" data-link=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?attachment_id=1951\" class=\"wp-image-1951\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada.png 472w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Portada-192x300.png 192w\" sizes=\"(max-width: 472px) 100vw, 472px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Comentabas en una entrevista<a href=\"#_ftn1\"><strong>[1]<\/strong><\/a> sobre c\u00f3mo el circuito literario que se form\u00f3 en C\u00f3rdoba influy\u00f3 en escritores noveles c\u00f3mo t\u00fa que reci\u00e9n estaban empezando. \u00bfNos podr\u00edas contar m\u00e1s sobre ello? \u00bfQu\u00e9 representa el dictado de talleres literario para ti ahora que tambi\u00e9n lo ejerces?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil crecer fuera de la ciudad de tu pa\u00eds en donde habitan las grandes casas editoriales. El ojo de esas grandes casas de publicaci\u00f3n tiene una visi\u00f3n limitada: llega solo a aquellos que se encuentran cerca. Eso se suma a que existe, por supuesto, todo un circuito subterr\u00e1neo de juntadas y asados en donde se \u201ccocina\u201d el lobby del <em>star-system<\/em> literario, del que no me interesa participar, pero que muchas veces termina siendo definitivo para cualquier pretensi\u00f3n de publicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi caso, que nac\u00ed en C\u00f3rdoba, la segunda provincia m\u00e1s habitada de Argentina, pensar en la escritura como profesi\u00f3n siempre fue imposible, a pesar de que le hayamos ofrecido a la literatura nacional ciertos nombres de valor, desde Leopoldo Lugones a Juan Filloy, desde Alberto Laiseca (que naci\u00f3 en Rosario pero vivi\u00f3 toda su infancia y adolescencia en C\u00f3rdoba) a Mar\u00eda Teresa Andruetto.<\/p>\n\n\n\n<p>Sucedi\u00f3 sin embargo que algo sucedi\u00f3 en C\u00f3rdoba. No sabr\u00eda muy bien c\u00f3mo explicarlo ni tampoco me interesar\u00eda desandarlo en clave sociol\u00f3gica, porque creo que le quitar\u00eda cierta p\u00e1tina de magia. Lo cierto es que, de un momento a otro, autores cordobeses o que viv\u00edan en C\u00f3rdoba empezaron a tener una vida editorial muy activa, incluso lejos de la metr\u00f3polis: Luciano Lamberti, Camila Sosa Villada, Federico Falco, Carlos Busqued, Mar\u00eda Eugenia Almeida, Vicente Luy, entre otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenerlos a ellos tan cerca, verlos en charlas p\u00fablicas, cruz\u00e1rselos eventualmente en un cine, te convidaba obligatoriamente la idea extra\u00f1a y alentadora de que era posible escribir siendo del interior, que las piezas estaban dispuestas de una manera extra\u00f1a pero que aun as\u00ed era posible sobreponerse al \u201corden natural de las cosas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora doy talleres de escritura creativa de forma virtual. Probablemente lo que m\u00e1s me gusta de eso -y creo que esto es una de las poqu\u00edsimas cosas rescatables que nos dej\u00f3 la pandemia-, fue que en mis talleres asiste gente de todo el pa\u00eds, incluso tambi\u00e9n de otros pa\u00edses de Latinoam\u00e9rica. Me encanta ejercer ahora esa funci\u00f3n de ser un \u201chabilitador\u201d, o al menos la funci\u00f3n de ser esa persona que insiste insoportablemente en que s\u00ed es posible escribir por fuera de la capital del pa\u00eds, y que lo \u00fanico que importa, en verdad, es escribir. Escribir con cari\u00f1o y, como d\u00eda Hemingway, escribir con verdad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Finalmente, \u00bfnos podr\u00edas recomendar un disco y una pel\u00edcula que te hayan entusiasmado recientemente?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En las \u00faltimas semanas estuve volviendo mucho a un disco que amo. Es <em>Lateralus<\/em>, de Tool. Un disco profundamente espiritual que suele recargarme de energ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hace poco volv\u00ed a ver <em>Stalker<\/em>, de Andrei Tarkovsky, uno de mis directores favoritos, que me parece una pel\u00edcula fundamental para entender la discrepancia, la comuni\u00f3n, los alejamientos y acercamientos que pueden existir entre la ciencia y la poes\u00eda. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro referenciado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Roberto Chuit Roganovich<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Alfaguara, 2026. 432 pp.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> <a href=\"https:\/\/eternacadencia.com.ar\/blog\/roberto-chuit-roganovich-ldquo-soy-adicto-a-escribir-rdquo-\">https:\/\/eternacadencia.com.ar\/blog\/roberto-chuit-roganovich-ldquo-soy-adicto-a-escribir-rdquo-<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cUno de los grandes temores de la especie es el reconocimiento de su radical finitud\u201d Por Sebastian Uribe En la narrativa de Roberto Chuit Roganovich (C\u00f3rdoba, 1992) conviven la especulaci\u00f3n, la historia y la rareza, tal como se muestra en Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores, la novela que acaba de llegar a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[197,194,8,101],"tags":[55,782,759,783],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1949"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1949"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1949\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1954,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1949\/revisions\/1954"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1949"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1949"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1949"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}