{"id":1936,"date":"2026-02-27T18:36:22","date_gmt":"2026-02-27T23:36:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1936"},"modified":"2026-02-27T18:36:22","modified_gmt":"2026-02-27T23:36:22","slug":"animus-jodiendi-2025-de-guillermo-quiroz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2026\/02\/27\/animus-jodiendi-2025-de-guillermo-quiroz\/","title":{"rendered":"Animus jodiendi (2025) de Guillermo Quiroz"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>En Estado de risa<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebastian Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No son pocos los periodistas y analistas que han calificado la presente inestabilidad pol\u00edtica en el Per\u00fa como una anomal\u00eda hist\u00f3rica. Ya sea por la futilidad de la figura presidencial o la atm\u00f3sfera de corrupci\u00f3n que rodea a congresistas, jueces, fiscales y dem\u00e1s autoridades, la percepci\u00f3n m\u00e1s extendida en el imaginario social es la de estar experimentando un clima de excepcionalidad. Sin embargo, basta revisar la Historia republicana del pa\u00eds para corroborar lo contrario: esta atm\u00f3sfera siempre ha sido nuestra normalidad.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Portada-Animus-jodiendi.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1937\" width=\"498\" height=\"704\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Portada-Animus-jodiendi.png 527w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Portada-Animus-jodiendi-212x300.png 212w\" sizes=\"(max-width: 498px) 100vw, 498px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Guillermo Quiroz (Lima, 1941) aborda en <em>Animus jodiendi<\/em> el Ochenio de Manuel Odr\u00eda (1948-1956), uno de los per\u00edodos m\u00e1s representativos de esta impronta peruana de caos gubernamental, cuyo impacto fue explorado en una de las novelas m\u00e1s destacadas de Vargas Llosa, <em>Conversaci\u00f3n en la Catedral<\/em>. Aunque comparten un mismo marco hist\u00f3rico, encuentro a la obra de Quiroz mucho m\u00e1s cercana a <em>Pantale\u00f3n y las visitadoras<\/em>, siempre calificada como un t\u00edtulo menor, pero que en los \u00faltimos a\u00f1os ha ido ganando significancia con nuevas lecturas<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en dicho t\u00edtulo, la novela de Quiroz explora la l\u00f3gica del poder desde una mirada m\u00e1s l\u00fadica e ir\u00f3nica que convierte esta cr\u00f3nica novelada del ascenso y ca\u00edda de Manuel Odr\u00eda en un follet\u00edn en la que cada episodio da luces sobre c\u00f3mo las formas cuadriculadas del ejercicio militar se pueden subvertir a trav\u00e9s del humor. Con frases exageradamente ampulosas y descripciones solemnes del accionar del dictador y su comparsa, el estilo de <em>Animus jodiendi<\/em> desmonta los aires de grandeza de quienes detentan los m\u00e1s altos cargos militares y pol\u00edticos del pa\u00eds desde las primeras p\u00e1ginas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Al desgranar aquellos a\u00f1os aurorales, descubrimos a un cadete brillante, espada de honor de su promoci\u00f3n, dechado de disciplina, estudio y talento. Aunque no era de ideas profundas ni juicios elevados, tomaba la vida del modo m\u00e1s noble y generoso, esforz\u00e1ndose voraz y desesperadamente por sobresalir y hacerse de un nombre en su carrera como soldado (\u2026) Fue as\u00ed, con \u00ednfulas de trascendencia, ansioso por elevar su prestigio y labrarse la reputaci\u00f3n de portento sin igual en su generaci\u00f3n, el joven Odr\u00eda decidi\u00f3 conjugar la vida militar con una desconocida vocaci\u00f3n por la l\u00edrica que lo llev\u00f3 a deslizarse hacia el reino del arte. Inflamado por el llamado de la poes\u00eda, se introdujo en el umbral de las musas, esperando que los versos fluyeran desde su vena de trovador iluminado de r\u00e1pido ingenio. Lastimosamente, los poemas resultaron un desaf\u00edo irresoluble para sus lectores, oblig\u00e1ndolo a la desilusi\u00f3n\u201d. <\/em>(pp. 15-16)<\/p>\n\n\n\n<p>Quiroz alterna la narraci\u00f3n del mete\u00f3rico ascenso del militar hasta las altas esferas de la sociedad peruana con episodios anecd\u00f3ticos hilarantes. Entre ellos, destaca la escena en la que Odr\u00eda se lesiona la cadera tras visitar a un prost\u00edbulo. Hecho que luego intenta disimularse con excusas inveros\u00edmiles o la filtraci\u00f3n intencional de los secretos de Estado en ostentosas cenas.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda mitad del libro se aleja un poco del \u00e1nimo sat\u00edrico para explorar una motivaci\u00f3n mucho m\u00e1s poderosa para obtener el poder que solo hacerse con \u00e9l: el miedo a perderlo.\u00a0 Ya sea recurriendo a golpes de Estado, conspiraciones palaciegas, alianzas inveros\u00edmiles o elecciones fraudulentas, la ca\u00edda en desgracia de los personajes se produce por la desesperaci\u00f3n de no ser capaces de imaginar una vida m\u00e1s all\u00e1 de su cargo pol\u00edtico y las comodidades que este ofrece. Odr\u00eda y compa\u00f1\u00eda terminan resolviendo sus temores con una l\u00f3gica adolescente, evidenciando que aquella juvenil necesidad de validaci\u00f3n externa nunca se fue del todo.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Quiroz-2.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1938\" width=\"544\" height=\"367\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Quiroz-2.png 932w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Quiroz-2-300x203.png 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Quiroz-2-768x520.png 768w\" sizes=\"(max-width: 544px) 100vw, 544px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Aunque Quiroz opaca parcialmente los logros de su novela en las \u00faltimas p\u00e1ginas, cuando explicita sus reflexiones sobre los males del pa\u00eds en un tono did\u00e1ctico, cambiando el registro al de la no ficci\u00f3n, <em>Animus jodiendi <\/em>resulta, en t\u00e9rminos generales, una simp\u00e1tica parodia que retrata el caos presente pol\u00edtico del Per\u00fa revisitando el pasado. De ah\u00ed que la portada, hecha por el artista Avril Olarte, sea tan simb\u00f3lica: cambian los rostros, persisten los males.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Guillermo Quiroz<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Animus jodiendi<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Aletheya, 2025. 138 pp.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> V\u00e9ase \u2018Mario del Per\u00fa estelar\u2019 de Pola Oloixarac&nbsp; https:\/\/laagenda.buenosaires.gob.ar\/contenido\/84127-mario-del-peru-estelar<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Estado de risa Por Sebastian Uribe No son pocos los periodistas y analistas que han calificado la presente inestabilidad pol\u00edtica en el Per\u00fa como una anomal\u00eda hist\u00f3rica. 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