{"id":1850,"date":"2025-11-27T21:20:06","date_gmt":"2025-11-28T02:20:06","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1850"},"modified":"2025-11-27T21:20:06","modified_gmt":"2025-11-28T02:20:06","slug":"resena-el-volumen-del-tiempo-2024-de-solvej-balle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2025\/11\/27\/resena-el-volumen-del-tiempo-2024-de-solvej-balle\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: El volumen del tiempo (2024) de Solvej Balle"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Cronolog\u00eda de un d\u00eda eterno<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Alessandro Campos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tara Selter escribe un diario: le urge registrar y desahogar un laber\u00edntico 18 de noviembre que revive constantemente. En <em>El volumen del tiempo<\/em> de Solvej Balle, se entrelazan los comentarios de una librera de antig\u00fcedades sobre su inusual circunstancia temporal con un intento de explicaci\u00f3n que incluye variadas reflexiones sobre el tiempo y su v\u00ednculo con los sentidos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia enumera la cantidad de veces que Tara Selter lleva viviendo el mismo d\u00eda. El diario que escribe la narradora es la respuesta autom\u00e1tica, cat\u00e1rtica y voluntaria de estar atrapada en este bucle temporal, lo cual justifica la escritura con gran verosimilitud. En dicho registro, leemos c\u00f3mo Tara Selter va descubriendo, con la recolecci\u00f3n de acontecimientos y hechos, el funcionamiento del tiempo y las reglas que rigen en esta nueva realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Llevamos en nosotros lo impensable todo el tiempo. Ya ha sucedido: somos inveros\u00edmiles, procedemos de una nube de incre\u00edbles coincidencias<\/em>.\u201d (p.41)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Portada.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1851\" width=\"444\" height=\"701\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Portada.png 406w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Portada-190x300.png 190w\" sizes=\"(max-width: 444px) 100vw, 444px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>La cotidianidad, la sucesi\u00f3n de d\u00edas, la rutina y la repetici\u00f3n llevan a que olvidemos que muchas de estas situaciones son realmente extraordinarias. Esta novela ofrece una cr\u00edtica a la cultura que glorifica lo novedoso, lo cual, si bien nos sorprende con facilidad, omite el hecho de que hay milagros en lo cotidiano y muchos eventos que ser\u00e1n irrepetibles, rigurosa y objetivamente excepcionales.<\/p>\n\n\n\n<p>El universo de la protagonista se desarrolla, espacialmente hablando, en dos lugares: un hotel en Par\u00eds y su casa. Cada pensamiento y acci\u00f3n de Tara se realiza con una consideraci\u00f3n absoluta hacia su esposo Thomas. La intenci\u00f3n de la autora es la de ofrecer paradojas continuamente. Una de estas habla del amor como bendici\u00f3n y maldici\u00f3n. No hay d\u00eda en que Tara no se apoye en Thomas, quien nunca duda de lo que su esposa le cuenta; es m\u00e1s, toma la iniciativa para investigar el hecho y poder ayudarla a salir de este desfase temporal. Juntos mantienen reuniones en donde Tara \u201cpone al tanto\u201d a Thomas. &nbsp;Ambos se esfuerzan mucho en encontrar la causa. Agotan y comparten explicaciones, que van desde lapsus de memoria, alucinaciones, la opci\u00f3n plausible de una imaginaci\u00f3n divina o el control on\u00edrico absoluto. Durante estas citas con Thomas las emociones de Tara oscilan entre tristeza y esperanza, escenas realmente conmovedoras.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s interesante de la novela son las digresiones aleatorias respecto a la noci\u00f3n de tiempo que se narran en vivo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Lo que en principio empieza siendo una comunicaci\u00f3n significativa y coherente se trastoca convirti\u00e9ndose en un intercambio de secuencias difusas que no forman oraciones ni transmiten informaci\u00f3n alguna: palabras sueltas y sonidos que, si bien en teor\u00eda deber\u00edan mantener viva la conexi\u00f3n entre nosotros, sin embargo, no hacen sino poner a\u00fan m\u00e1s de manifiesto lo lejos que nos encontramos en ese momento<\/em>.\u201d (p.18)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"519\" height=\"481\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5561.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1852\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5561.jpeg 519w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5561-300x278.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 519px) 100vw, 519px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n de Tara y Thomas, su v\u00ednculo y sus riesgos, bien podr\u00eda ser de apego, el cual William Egginton define como<em>:<\/em> \u201c&#8230;una relaci\u00f3n prolongada en el tiempo. Y una relaci\u00f3n con algo que se prolonga en el tiempo conlleva inevitablemente a la posibilidad de perderlo\u201d<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Lo constante de ese vaiv\u00e9n entre la presencia o ausencia de un apego, como el amor o la curiosidad, es lo que nos empuja y define.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Pero yo no puedo cultivar la tierra. Dispongo de un solo d\u00eda lluvioso. No voy a recoger ni sembrar nada. Nada va a germinar ni crecer. Me he quedado sin estaciones. Los d\u00edas no fructifican. Simplemente pasan, y yo los acompa\u00f1o mientras engullo mi mundo y presto atenci\u00f3n al fantasma de la casa<\/em>.\u201d (p.127)<\/p>\n\n\n\n<p>Kant se\u00f1ala, en su <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/em>, que la consciencia es la unidad de un torrente de sensaciones de identidad a lo largo del tiempo. Para percibir y articular nuestras percepciones algo debe conectar ahora mismo, luego despu\u00e9s y as\u00ed sucesivamente construyendo la realidad. Ese \u201calgo\u201d de Tara Selter es su esposo Thomas.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro rasgo muy interesante de la novela es c\u00f3mo explora las maneras que tiene la mente para adecuarse a la prisi\u00f3n del tiempo. Tara Selter tiene como prioridad identificar esa grieta que le permita llegar al d\u00eda siguiente. Por ello, no escatima energ\u00edas en analizar cada instante que su cerebro pueda procesar. En consecuencia, su mente descarta recuerdos de d\u00edas previos y los coloca en un cuarto plano, haciendo que su memoria se centre en el 18 de noviembre. Dicho de otra forma, la vida entera de Tara Selter ahora solo lo abarca este d\u00eda bucle y, si bien duda y teme de esta modalidad, entiende que necesita olvidar para recordar mejor. Aun as\u00ed, no es ajena a los efectos de la reiteraci\u00f3n excesiva, como la frustraci\u00f3n frente al fracaso. Para confrontar lo mencionado, la protagonista descarta informaci\u00f3n no esencial que desemboca en datos v\u00e1lidos para teorizar una explicaci\u00f3n medianamente razonable. De esta manera, ella podr\u00e1 volver a toparse con este descubrimiento como si fuese nuevo permiti\u00e9ndose una reinterpretaci\u00f3n, si bien no nueva, al menos, fresca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>He escrito que est\u00e1 esperando y que es a m\u00ed a quien espera. He escrito que el tiempo se ha roto. Empiezo a hacerme a la idea. He escrito que empiezo a hacerme a la idea y que en cierto modo las frases son sanadoras. A lo mejor<\/em>.\u201d (p.31)<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los grandes aciertos en la prosa de Balle \u2013que es prudente con los vaivenes de memoria, los cuales le suman a la verosimilitud al relato\u2013 es que, en la historia, de manera calculada, muchos eventos se repiten, as\u00ed como las descripciones, oraciones, peque\u00f1as frases e invocaci\u00f3n de t\u00e9rminos, demostrando as\u00ed que Tara Selter tambi\u00e9n est\u00e1 entrampada en su propio uso del lenguaje. Pese a esto, ella escribe porque es su salvavidas; sabe que el papel tiene la propiedad de preservar recuerdos, entiende que la p\u00e9rdida de cordura es la forma de resistencia de su lucidez, y cuyo mecanismo de expresi\u00f3n son las palabras de su fuero m\u00e1s \u00edntimo.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de la novela, la veremos, poco a poco, sentirse m\u00e1s segura. Cuando Tara Selter tiene plena noci\u00f3n de lo que acontecer\u00e1, puede alcanzar la calma con la naturalidad de respirar, ya que est\u00e1 convencida de que nada la puede da\u00f1ar, al menos f\u00edsicamente. Esta certeza desemboca en un p\u00e1nico, pues la rutina y el aburrimiento van de la mano. Es en estos instantes cuando Solvej Balle juega con las contingencias de la mente a expensas de proteger a su protagonista como guardar sensaciones en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de su consciencia. Sus sentidos se agudizan, unos se apagan para potenciar otros, y as\u00ed sucesivamente, como entren\u00e1ndose. De esta forma, puede garantizar identificar las caracter\u00edsticas que validan a esa realidad como la ver\u00eddica.<\/p>\n\n\n\n<p>Al conocer la historia de Tara Selter, pens\u00e9 en Shereshevski, el prodigioso memorista ruso, quien al llevar al m\u00e1ximo su don, lleg\u00f3 a un l\u00edmite de cu\u00e1nto pod\u00eda recordar. Entonces, aprendi\u00f3 a olvidar, lo cual trajo inconvenientes como cruces sensoriales tan fuertes que su percepci\u00f3n del presente se distorsionaba trayendo consecuencias insalvables para su comunicaci\u00f3n; tambi\u00e9n, en \u00abFunes el memorioso\u00bb, personaje de Borges, quien posee la memoria infinita y perfecta. En el caso de Tara Selter, tal vez, su cerebro s\u00f3lo sea capaz de reproducir ese d\u00eda. Es decir, recordar un d\u00eda a la perfecci\u00f3n le toma el mismo tiempo. As\u00ed como uno no puede decidir si sale o no el sol, ella no puede declinar no vivir otra vez ese d\u00eda desde cero, al punto que su memoria se ha vuelto el 18 de noviembre, recolectando todos los patrones e irregularidades. Dejo el resto de las hip\u00f3tesis a los personajes.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562-1024x683.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1853\" width=\"510\" height=\"339\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562-1024x683.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562-300x200.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562-768x512.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562-1536x1025.jpeg 1536w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562-1200x800.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562-1980x1321.jpeg 1980w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/IMG_5562.jpeg 2000w\" sizes=\"(max-width: 510px) 100vw, 510px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Kant consideraba que los seres humanos, al igual que el resto de la naturaleza, estamos regidos por los mismos mecanismos causales de las leyes de la f\u00edsica. De igual manera, un m\u00ednimo de abstracci\u00f3n de la inmersi\u00f3n en el mundo natural dota de libertad a los individuos para decidir sobre l\u00edneas de acci\u00f3n y juzgar o recapacitar sus decisiones. Lo anteriormente se\u00f1alado es uno de los ejes principales de la obra de Borges: la colisi\u00f3n de irresolubles paradojas frente a la raz\u00f3n y la emoci\u00f3n. Esta es una caracter\u00edstica muy presente en <em>El volumen del tiempo<\/em>. La autora nos recuerda con este libro que la observaci\u00f3n nos brinda libertad, que la praxis humana puede variar de un instante a otro, que la imaginaci\u00f3n no tiene restricci\u00f3n alguna y siempre somos part\u00edcipes activos del universo que vamos descubriendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Solvej Balle mantiene en vilo la expectativa de escape y lo combina con estrategias narrativas que avivan la esperanza en el lector. Logra llevarnos de la serenidad de predecir el \u00e1ngulo de los primeros rayos del sol, al pavor que genera pensar en las probabilidades de las coincidencias, desde la concepci\u00f3n de la vida a escala universal hasta su prisi\u00f3n de tiempo personal. El terrible cansancio causado por el esfuerzo de acumular observaciones l\u00f3gicas de causa y efecto. Y, finalmente, consigue que el lector siga en primera fila con la vista puesta sobre Tara Selter, quien est\u00e1 condenada a no rendirse. Ella sigue su propio consejo: dejarse mecer por lo que proponga el tiempo, cuyo recorrido ilimitado abruma la fr\u00e1gil duraci\u00f3n de toda forma vida. Las consecuencias pueden ser la desintegraci\u00f3n total de su cordura o, por el contrario, volverla indestructible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Solvej Balle<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>El volumen del tiempo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Anagrama, 2024. 184 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Traducci\u00f3n de Victoria Alonso<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> De \u201cEl rigor de los \u00e1ngeles\u201d de William Egginton<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cronolog\u00eda de un d\u00eda eterno Por Alessandro Campos Tara Selter escribe un diario: le urge registrar y desahogar un laber\u00edntico 18 de noviembre que revive constantemente. 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