{"id":1781,"date":"2025-07-31T13:02:27","date_gmt":"2025-07-31T18:02:27","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1781"},"modified":"2025-07-31T13:42:22","modified_gmt":"2025-07-31T18:42:22","slug":"resena-manual-para-la-obediencia-2025-de-sarah-bernstein","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2025\/07\/31\/resena-manual-para-la-obediencia-2025-de-sarah-bernstein\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Manual para la obediencia (2025) de Sarah Bernstein"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Un aprendizaje<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebasti\u00e1n Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por a\u00f1os, la joven protagonista de la tercera novela de Sarah Bernstein (Montreal, 1987) ha mantenido un esp\u00edritu doblegado, ocupando el m\u00ednimo espacio indispensable para sobrevivir, siempre sometida a los deseos de otros: sus padres, sus hermanos, sus compa\u00f1eros de colegio, sus vecinos. Una concepci\u00f3n de s\u00ed misma como un personaje secundario en su propia vida. \u00bfHay un afuera de esta realidad? \u201cPor d\u00f3nde comenzar\u201d\u2013se pregunta al inicio de su relato y a trav\u00e9s de dicha vacilaci\u00f3n se empieza a filtrar una luz, una forma de poder iluminar su situaci\u00f3n. La duda da paso al cuestionamiento y puede volverse un arma de supervivencia, pero \u00bfes suficiente para contrarrestar una vida entera de enajenaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"608\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-608x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1782\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-608x1024.jpeg 608w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-178x300.jpeg 178w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-768x1294.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-911x1536.jpeg 911w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-1215x2048.jpeg 1215w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-1200x2023.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-1980x3337.jpeg 1980w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/IMG_0583-scaled.jpeg 1519w\" sizes=\"(max-width: 608px) 100vw, 608px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Una serie de acontecimientos inusuales empiezan a ocurrir en el pueblo a donde se acaba de mudar por deseo de su hermano. La atm\u00f3sfera de sosiego empieza a tornarse inquietante y sus implicancias van m\u00e1s all\u00e1 del asombro. Entre titubeos, balbuceos y repeticiones empieza a gestarse una voz nerviosa. Esta voz crea un mundo que se va revelando de forma dubitativa, modulada a su vez por la sensaci\u00f3n de intranquilidad de quien no es capaz de manejar sus propios recursos ling\u00fc\u00edsticos como consecuencia de no haber tenido nunca el control sobre el propio relato biogr\u00e1fico. Bernstein nos presenta un personaje para quien el lenguaje es un castigo porque siempre ha percibido que su lengua es distinta a las de los dem\u00e1s.&nbsp; De ah\u00ed que una primera elecci\u00f3n sea desplazar el protagonismo hacia su hermano, al menos de manera enunciativa, puesto que, en la pr\u00e1ctica, los hechos y el tono de la narraci\u00f3n se van contraponiendo a dicho protagonismo tentativo. As\u00ed, el acto mismo de narrar y verbalizar empieza a erosionar algunos esquemas emocionales:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>En ocasiones el silencio era un sonido: un rumor, como el de una nevera en una casa vac\u00eda por la noche, era tangible, yo lo sent\u00eda al igual que lo o\u00eda, y sin embargo sab\u00eda que lo que sent\u00eda y o\u00eda era una nada, algo que no estaba ah\u00ed (\u2026) Durante toda mi vida, gran parte de la cual hab\u00eda pasado en soledad, desarroll\u00e9 el h\u00e1bito de hablar en voz alta, a m\u00ed misma o al entorno: a veces era para reunir valor, alguna palabra amable para ayudarme a seguir adelante a pesar de todo; en otras ocasiones para expresar observaciones sobre el paso del tiempo\u201d. <\/em>&nbsp;(p\u00e1g. 44)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Manual para la obediencia<\/em> es una novela que conduce al lector a cuestionarse si la empat\u00eda hacia las v\u00edctimas de abuso y humillaciones es inherente a nuestra condici\u00f3n humana o si responde a un mandato social. La vida sumisa de la que da cuenta esta mujer, relegada en su propia familia, en su oficina y en la comunidad en la que se inserta, se va tornando exasperante conforme avanza su relato. Cuando ya parece vislumbrarse una salida a la prisi\u00f3n invisible, recae otra vez en la subordinaci\u00f3n. \u00bfDe qu\u00e9 sirve tanta informaci\u00f3n a la que tiene acceso?\u2013 se pregunta. <em>\u201cUno siempre parec\u00eda caer en las manos de un juez que tambi\u00e9n era su enemigo\u201d <\/em>(p\u00e1g. 86). Este rodeo y vuelta a un aparente inicio que se va volviendo un c\u00edrculo vicioso, es una estructura que se asemeja a la vida corporativa a la que describe de esta terror\u00edfica manera:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Yo apenas era consciente del acto de teclear, y menos a\u00fan de los varios procesos de transcripci\u00f3n que se produc\u00edan en mi interior y convert\u00edan los sonidos en letras y las letras en palabras y luego traduc\u00edan esas palabras en movimientos en el espacio por parte de las yemas de mis dedos, que pulsaban el teclado. Mi mejor momento era cuando me sent\u00eda como un veh\u00edculo puro, un mecanismo simple de traslado del sonido al texto, organizado ordenadamente en p\u00e1rrafos, para ser fechado y firmado. Yo tecleaba y tecleaba, intentando no escuchar con demasiada atenci\u00f3n, equilibrando mi concentraci\u00f3n sobre el fino punto de la comprensi\u00f3n. Si lograba mantener ese equilibrio, atendiendo a la estructura de lo dicho en lugar de diseccionar su significado, podr\u00eda mantener la compostura<\/em>\u201d. (p\u00e1g. 37)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/WhatsApp-Image-2025-07-31-at-13.13.17.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1786\" width=\"484\" height=\"821\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/WhatsApp-Image-2025-07-31-at-13.13.17.jpeg 412w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/WhatsApp-Image-2025-07-31-at-13.13.17-177x300.jpeg 177w\" sizes=\"(max-width: 484px) 100vw, 484px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Palabra tras palabra tras palabra, una cadencia mon\u00f3tona, la \u00fanica manera de interrumpir la l\u00f3gica de la productividad, del lenguaje funcional: esta duda surge al inicio del relato y lo motiva. Como en las novelas de Thomas Bernhard, Bernstein refleja el mundo opresivo del que formamos parte evidenciando las restricciones sociales que dan pie a c\u00e1rceles mentales y hasta sentimentales. Represiones que se reflejan en manera grandilocuente en esa sensaci\u00f3n de nunca poder llegar a entender del todo el lenguaje de los dem\u00e1s. Interpretar qu\u00e9 hablan, que piensan, c\u00f3mo conciben el mundo quienes nos rodean. De qu\u00e9 manera uno se puede conducir por la vida de manera <em>adecuada y aceptable. <\/em>&nbsp;En esa incapacidad para darse a entender, se funda una po\u00e9tica del absurdo, que resulta por ratos hilarante y nos permite re\u00edrnos con algo de culpa, tal vez por no percibirla tan lejana a nuestra cotidianidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hacia la mitad del relato, la protagonista, extenuada del esfuerzo de tantos a\u00f1os, da cuenta de la inutilidad de su entrega a la complacencia de los dem\u00e1s: \u201c<em>Cambiaban los rostros, claro, pero las formas de proceder persist\u00edan, todos y cada uno de los d\u00edas de nuestra vida. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s queda por decir?\u201d <\/em>(p\u00e1g. 87). Y es en ese momento de debilidad que se vislumbra un terror nuevo y tal vez mayor: el fin del lenguaje propio. Cuando la particularidad del discurso propio se ve amenazada. De ah\u00ed que la narraci\u00f3n se encamine hacia un final con un \u00faltimo gesto de resistencia. La pulsi\u00f3n vital que emerge cuando todas las dem\u00e1s defensas han ca\u00eddo y que, aun resultando insuficiente para prolongar la existencia, es una manera de reapropiarse en \u00faltima instancia del relato sobre uno mismo y as\u00ed arrebat\u00e1rselo a todas las fuerzas sociales que pugnan por extinguirlo: desde la sopor\u00edfera y alienante vida corporativa hasta el veneno de las relaciones sangu\u00edneas.&nbsp; Narrarse se convierte en la \u00faltima acci\u00f3n que, aunque ef\u00edmera, permita dar cuenta de un lugar en el mundo por voluntad propia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Sarah Bernstein<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Manual para la obediencia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Random House, 2025. 144 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Traducci\u00f3n de Julio Trujillo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un aprendizaje Por Sebasti\u00e1n Uribe Por a\u00f1os, la joven protagonista de la tercera novela de Sarah Bernstein (Montreal, 1987) ha mantenido un esp\u00edritu doblegado, ocupando el m\u00ednimo espacio indispensable para sobrevivir, siempre sometida a los deseos de otros: sus padres, sus hermanos, sus compa\u00f1eros de colegio, sus vecinos. 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