{"id":1766,"date":"2025-07-16T01:30:59","date_gmt":"2025-07-16T06:30:59","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1766"},"modified":"2025-07-16T01:30:59","modified_gmt":"2025-07-16T06:30:59","slug":"resena-el-principio-del-mundo-2025-de-jeremias-gamboa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2025\/07\/16\/resena-el-principio-del-mundo-2025-de-jeremias-gamboa\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: El principio del mundo (2025) de Jerem\u00edas Gamboa"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Formas de volver a casa<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Harold G\u00e1lvez<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El autor peruano Jerem\u00edas Gamboa (Lima, 1978) acaba de publicar una novela de gran aliento narrativo tras m\u00e1s de una d\u00e9cada de trabajo<em>. <\/em>En sus m\u00e1s de 900 p\u00e1ginas, <em>El principio del mundo<\/em> cuenta la historia de Manuel Flores durante su retorno al Per\u00fa \u2015f\u00edsico y simb\u00f3lico\u2015, hecho que lo enfrenta con heridas que nunca terminaron de cerrar: la del racismo, las limitaciones que produce la educaci\u00f3n p\u00fablica, la de una sociedad fracturada, donde predomina la angustia de no estar nunca a la altura de las demandas sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela de Gamboa est\u00e1 dividida en dos partes (<em>Las aulas celestes<\/em> y <em>El principio del mundo)<\/em> que giran alrededor de un mismo hecho: el regreso. Tras una estancia fallida en los Estados Unidos, Manuel Flores, el protagonista, vuelve al Per\u00fa donde no logra validar su experiencia universitaria. Hay algo que empieza a desencajar en \u00e9l: la exigencia, el desarraigo, la presi\u00f3n por representar algo m\u00e1s que su propia historia. El regreso a su pa\u00eds es un tanteo por acomodarse y encontrar su lugar, una b\u00fasqueda que le permitir\u00e1 \u00a0reencontrarse con Sabino Z\u00e1rate, un viejo amigo de la escuela, con quien recorrer\u00e1 no solo la ciudad, sino la memoria afectiva de su educaci\u00f3n en una instituci\u00f3n p\u00fablica. Las aulas, los profesores, los libros, los castigos, el orgullo, la verg\u00fcenza. En dicho trayecto, Gamboa teje una novela sobre el da\u00f1o \u00edntimo y estructural que provoca la desigualdad en la psique y el cuerpo, a la vez de erigirse como una narraci\u00f3n acerca de la posibilidad de volver a mirar \u2014con ternura y con rabia\u2014 los a\u00f1os de la infancia y juventud. \u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Portada-El-principio-del-mundo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1767\" width=\"518\" height=\"812\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Portada-El-principio-del-mundo.jpg 553w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Portada-El-principio-del-mundo-191x300.jpg 191w\" sizes=\"(max-width: 518px) 100vw, 518px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><em>El principio del mundo<\/em> propone una cartograf\u00eda emocional que interpela los v\u00ednculos entre clase, raza y deseo. A trav\u00e9s de una escritura \u00edntima y aguda, la novela ampl\u00eda los m\u00e1rgenes de la tradici\u00f3n narrativa peruana al instalar el deseo femenino no solo como fuerza de transformaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n como lugar de cuidado y mandato. En ese sentido, considero que hay, al menos, dos elementos, que muestran por qu\u00e9 <em>El principio del mundo<\/em> se inscribe con fuerza en la tradici\u00f3n de las grandes novelas nacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera es su manera de representar la educaci\u00f3n escolar en instituciones p\u00fablicas como una experiencia afectiva profundamente marcada por la violencia estructural. Gamboa complejiza la mirada sobre la educaci\u00f3n como promesa de movilidad social, al retratar el costo emocional detr\u00e1s de ello. Un ejemplo de lo anterior es la escena en la que Manuel visita Nueva York e imagina la posibilidad de hacer un doctorado en alguna de las universidades que forman parte de la Ivy League o a la vez que es detenido por haberse llevado un carro de compras fuera de un supermercado. Esa misma sociedad que le brinda la oportunidad de acceder a una educaci\u00f3n de alto nivel lo trata como un sospechoso por su condici\u00f3n de migrante. De ah\u00ed que Manuel, m\u00e1s que derrotado, retorna al Per\u00fa agotado, cansado de tener que dar la talla y cargar sobre sus hombros las expectativas de superaci\u00f3n que la sociedad ha puesto sobre s\u00ed. En ese sentido, la novela explora el peso simb\u00f3lico que recae sobre quienes deben constituirse como \u201cbuenos alumnos\u201d: aquellos a quienes se les exige ser destacados para justificar un sistema que los excluye.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda raz\u00f3n es la perspectiva que se construye sobre la identidad, <em>lo cholo<\/em>. \u00bfC\u00f3mo hablar de lo cholo sin exotizarlo y usarlo como pasaporte de autenticidad? En un ensayo anterior, F\u00e9lix Terrones<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a> plantea que los personajes de un grupo de libros peruanos contempor\u00e1neos (<em>Huaco Retrato, Contarlo todo y De d\u00f3nde venimos los cholos<\/em>) cargan con una sensaci\u00f3n de odio a s\u00ed mismos; es decir, una voluntad de desprenderse del origen sin mirarlo cara a cara. Una lectura que encuentro incompleta al reducir el proceso creativo \u2014m\u00e1s all\u00e1 del car\u00e1cter autobiogr\u00e1fico o autoficcional que se le adjudica\u2014 a una simple exposici\u00f3n de las experiencias personales, <em>for export,<\/em> como sugiere Terrones, sin profundidad. En su an\u00e1lisis, el \u201cdebe ser\u201d en la representaci\u00f3n de <em>lo cholo<\/em> torna imposible explorar otras formas literarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Expongo lo anterior debido a que algunos comentarios sobre la novela, sin mencionarlo expl\u00edcitamente, han partido del argumento que plantea Terrones para criticar <em>El principio del mundo.<\/em> Sin embargo, lo que propongo aqu\u00ed es que acaso ocurra lo contrario a su argumentaci\u00f3n: <em>El principio del mundo<\/em> no niega ese lastre de auto aversi\u00f3n; por el contrario, ese desprecio se\u00f1alado es lo que detiene a Manuel y lo hace volver a Lima para explorar en la profundidad las marcas que ha producido la colonialidad del poder y el saber. En mi opini\u00f3n, dicho rechazo hacia su identidad es una se\u00f1al de un malestar m\u00e1s profundo. Manuel Flores no puede tolerar las carencias que identifica al mirarse al espejo. Por eso desea ser otro, envolverse de una imagen ideal que lo proteja del dolor de su origen. Para entender ese s\u00edntoma, sirve valerse de lo que el psicoan\u00e1lisis lacaniano denomina el <em>fantasma<\/em>. Una especie de m\u00e1scara que protege del contacto directo con aquello que ha marcado profundamente, y se manifiesta por su constante repetici\u00f3n. Aunque este concepto proviene de la cl\u00ednica psicoanal\u00edtica \u2015y no es la intenci\u00f3n de este texto psicoanalizar a Manuel\u2015, puede ser \u00fatil revisar a partir de all\u00ed para analizar algunas escenas de la novela.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Jeremias-Gamboa-Pichoncito.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1768\" width=\"485\" height=\"485\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Jeremias-Gamboa-Pichoncito.jpg 652w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Jeremias-Gamboa-Pichoncito-300x300.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Jeremias-Gamboa-Pichoncito-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 485px) 100vw, 485px\" \/><figcaption><strong>\u00a9 PICHONCITO<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En uno de los momentos m\u00e1s violentos del libro, Manuel y un grupo de amigos acosan y manosean a una compa\u00f1era del colegio. Lejos de la complicidad o el goce que esto les provoca, inclusive a Manuel, el episodio lo deja profundamente perturbado. M\u00e1s adelante, se enterar\u00e1 de que Candelaria, su madre, tambi\u00e9n ha sido v\u00edctima de varios episodios de acoso en distintos contextos y lugares: por el hijo de la familia para la que trabaja, en la escuela nocturna a la que asiste y por uno de los vigilantes quien la sigue mientras regresa a una de las casas miraflorinas donde trabaja. Otra de las repeticiones se manifiesta cuando, en medio del duelo por la muerte del padre, Manuel se aproxima al borde de un acantilado, repitiendo inconscientemente el gesto que su madre realiz\u00f3 a\u00f1os atr\u00e1s. \u00bfNo es acaso su viaje a Estados Unidos un eco de este intento de huida que llev\u00f3 a Candelaria a dejar Ayacucho?<\/p>\n\n\n\n<p>Escenas as\u00ed configuran la subjetividad de Manuel y tejen la relaci\u00f3n que construye con su identidad. Lo constituyen, lo delinean, lo hacen ser quien es. No se trata, entonces, de un simple desprecio por lo cholo; lo que habita en Manuel es el dolor por una promesa incumplida, por la mancha que ha marcado su cuerpo al nacer, por los ojos ligeramente alargados que nunca logran colmar las expectativas de su madre. A lo que se a\u00f1ade la carga del mandato por ser el mejor alumno y borrar cualquier rasgo que revele su origen. Ser otro, en definitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese sentido, la novela deja abierta la posibilidad de una resoluci\u00f3n a ese conflicto, el proceso de <em>atravesar el fantasma<\/em>. Manuel no lo sabe de antemano, pero intuye que est\u00e1 atrapado en los modelos que su madre repet\u00eda, en su deseo, y por eso retorna a ella, lo cual realiza escuch\u00e1ndola como quien oye un largo huayno, bajo las luces incandescentes de su casa en San Luis, hallando un lugar que reconoce suyo tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed como Manuel <em>vuelve<\/em> y, como se anuncia en el ep\u00edgrafe de C\u00e9sar Vallejo, dicho gesto se constituye como un doble regreso: a la madre como origen del dolor, pero tambi\u00e9n como posibilidad de nuevo comienzo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Jerem\u00edas Gamboa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>El principio del mundo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Alfaguara, 2025<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> F\u00e9lix\u202fTerrones, \u201cEl cholo en la literatura peruana: el odio a nosotros mismos en periodos globales,\u201d Trama Cr\u00edtica, 13 abril 2024.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Formas de volver a casa Por Harold G\u00e1lvez El autor peruano Jerem\u00edas Gamboa (Lima, 1978) acaba de publicar una novela de gran aliento narrativo tras m\u00e1s de una d\u00e9cada de trabajo. En sus m\u00e1s de 900 p\u00e1ginas, El principio del mundo cuenta la historia de Manuel Flores durante su retorno al Per\u00fa \u2015f\u00edsico y simb\u00f3lico\u2015, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,8,1,9],"tags":[55,716,718,717],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1766"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1766"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1766\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1769,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1766\/revisions\/1769"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1766"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1766"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1766"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}