{"id":1707,"date":"2025-05-05T21:43:42","date_gmt":"2025-05-06T02:43:42","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1707"},"modified":"2025-05-05T21:43:42","modified_gmt":"2025-05-06T02:43:42","slug":"resena-la-vida-nueva-2024-de-cesar-aira","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2025\/05\/05\/resena-la-vida-nueva-2024-de-cesar-aira\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: La vida nueva (2024) de C\u00e9sar Aira"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Literatura accidental<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201cEl arte se vuelve un juego ligeramente fant\u00e1stico con el tiempo: es la documentaci\u00f3n de algo que no fue, y a la vez promesa de algo que ser\u00e1\u2019<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">-C\u00e9sar Aira en \u2018Sobre el arte contempor\u00e1neo\u2019<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebasti\u00e1n Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que preguntarnos por qu\u00e9 o para qu\u00e9 leemos a C\u00e9sar Aira (Coronel Pringles, 1949), lo que realmente se impone al abrir una de sus novelas o cuentos es la expectativa del asombro. Qu\u00e9 nuevo conejo sacar\u00e1 esta vez de la chistera. Con qu\u00e9 truco intentar\u00e1 \u2014una vez m\u00e1s\u2014 hechizarnos. Porque si hay algo que caracteriza a sus ficciones es el encanto de la f\u00e1bula, una narraci\u00f3n en la que cualquier situaci\u00f3n puede ocurrir, por m\u00e1s inveros\u00edmil que nos pueda parecer <em>a priori<\/em>, y <em>La vida nueva<\/em> no es la excepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps-683x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1708\" width=\"509\" height=\"763\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps-683x1024.png 683w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps-200x300.png 200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps-768x1152.png 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps-1024x1536.png 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps-1366x2048.png 1366w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps-1200x1799.png 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-vida-nueva-cesar-aira-portada-ps.png 1654w\" sizes=\"(max-width: 509px) 100vw, 509px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Un joven narrador in\u00e9dito de veinte a\u00f1os, que responde al nombre de Aira, desea publicar su primera novela. Su manuscrito llega, por mediaci\u00f3n de sus amigos, a Ach\u00e1val, un entusiasta editor independiente, en quien delega la publicaci\u00f3n del libro. As\u00ed pasan d\u00edas, semanas y a\u00f1os. La publicaci\u00f3n mantiene su condici\u00f3n de promesa y la absurdamente larga espera se va tornando en la nueva normalidad. Cada vez que hay un nuevo contacto para consultar por el libro \u2013 para el narrador, una manifestaci\u00f3n de la relaci\u00f3n \u201ctelep\u00e1tica\u201d entre \u00e9l y su editor\u2013ocurre un evento fortuito que entorpece y pospone la publicaci\u00f3n del libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas interrupciones \u2014que van desde un apag\u00f3n en la imprenta hasta dificultades con la distribuci\u00f3n, la log\u00edstica, el dise\u00f1o de la tapa o incluso la cola para el pegado\u2014 son precisamente el tipo de incidentes con los que Aira impregna su literatura de un car\u00e1cter l\u00fadico, donde cualquier cosa puede suceder. La literatura, seg\u00fan Aira, es el desv\u00edo necesario al anhelo de control y automatizaci\u00f3n de nuestra \u00e9poca. Esa estandarizaci\u00f3n solemne y tediosa que ha impregnado el esp\u00edritu humano tras m\u00e1s de dos siglos de carrera industrial y tecnol\u00f3gica. No es un dato menor que el protagonista de la novela sea en sus inicios un estudiante de Administraci\u00f3n de Empresas, carrera con la que enmascara el secreto de su vocaci\u00f3n literaria y por la que no muestra inter\u00e9s alguno.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro dato curioso es que, en la novela, no se llega a precisar <em>de qu\u00e9 va<\/em> el manuscrito, pero s\u00ed se menciona lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Y \u00e9l s\u00ed, aun siendo un hombre de larga militancia izquierdista y gran compromiso pol\u00edtico y social, supo apreciar el soplo fresco de irreverencia que representa lo m\u00edo y que no era otra cosa, seg\u00fan \u00e9l, que la libertad, ant\u00eddoto necesario a la seriedad o solemne empaque, ya francamente estalinista, que estaban tomando las ciencias sociales<\/em>\u201d (p\u00e1g.10)<\/p>\n\n\n\n<p><em>La vida nueva<\/em>, as\u00ed como sus otros m\u00e1s de cien libros publicados, se convierte en otro artefacto exc\u00e9ntrico que se cuela a la fiesta del presente sin estar adherido a alguna tendencia tem\u00e1tica. Asimismo, este libro se convierte en un dardo envenenado dirigido al lenguaje encorsetado y homogeneizante que domina gran parte de los ensayos actuales, representado de forma paradigm\u00e1tica por los papers acad\u00e9micos \u2014una forma que comparten tambi\u00e9n muchas narrativas contempor\u00e1neas, empe\u00f1adas en \u2018decir lo mismo\u2019 bajo el af\u00e1n de (sobre)explicar.<\/p>\n\n\n\n<p>El humor <em>airano<\/em> es uno que no busca arrancar carcajadas sino desconcertar al lector. Los chistes son imprevisibles por naturaleza y las novelas de Aira logran ese mismo efecto, alterando las expectativas que el lector se hace tras leer las primeras p\u00e1ginas. La aparente sencillez de la trama en un momento inicial, las situaciones jocosas y la prosa pr\u00edstina, son algunos elementos con los que el escritor argentino busca propiciar ese accidente capaz de distorsionar el car\u00e1cter previsible del lenguaje realista que impera en la cotidianidad. En este libro, dicho desv\u00edo se materializa en un extenso p\u00e1rrafo sin pausas, de m\u00e1s de sesenta p\u00e1ginas, que puede leerse \u2014y disfrutarse\u2014 en una sola tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>En realidad, mi intuici\u00f3n hab\u00eda dado la hora justa, que era la hora en que deber\u00eda haberse producido el evento. Si no se hab\u00eda producido hab\u00eda sido por un accidente, que produc\u00eda un pliegue en la esencia cronol\u00f3gica del asunto, pero no la alteraba. Por puro gusto de la especulaci\u00f3n y porque me gustaba hablar con Ach\u00e1val, lo contradije: esa supuesta \u201cesencia cronol\u00f3gica\u201d no exist\u00eda, o si exist\u00eda estaba toda ella hecha de accidentes, la esencia misma del tiempo era el accidente imprevisible<\/em>\u201d (p\u00e1g. 35)<\/p>\n\n\n\n<p>Hace no mucho le\u00ed que entre los t\u00edtulos de los diez libros \u201cimprescindibles\u201d<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a> de otro gran narrador argentino, Sergio Chejfec, figuraba <em>La vida nueva.<\/em> Esto no resulta sorprendente al descubrir c\u00f3mo se representa en la novela el ecosistema material de la literatura. Aqu\u00ed, Aira se r\u00ede del mundo editorial contempor\u00e1neo, donde el \u00faltimo elemento en importancia resulta ser el autor, cuya funci\u00f3n, en palabras del narrador, es \u201c<em>la \u00fanica irreemplazable en toda la cadena<\/em>\u201d (p\u00e1g. 19) y por ello mismo, la \u00fanica que pod\u00eda esta fuera de la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay otra dimensi\u00f3n donde tambi\u00e9n confluye la literatura de Aira con la de Chejfec y es la de la pregunta por el tiempo en el arte, en c\u00f3mo se piensa y opera en este:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>La mariposa alete\u00f3 locamente en un mundo tan loco y tan colorido como ella, el mundo de mi juventud. Dej\u00e9 pasar a\u00f1os. El tiempo no ten\u00eda urgencias para m\u00ed, y dos a\u00f1os no me parec\u00eda gran cosa. Un d\u00eda llevaba a otro, un verano a un invierno, y hab\u00eda que vivir. Ach\u00e1val segu\u00eda presente en alg\u00fan rinc\u00f3n de mi mente, y detr\u00e1s de Ach\u00e1val mi novela, mi primer libro. No era que no me importara; era una presencia importante; por serlo, podr\u00eda esperar. De hecho, la espera a la que lo estaba sometiendo era un homenaje a su importancia, en cierto modo un gesto de respeto<\/em>\u201d (p\u00e1g. 22)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Cesar-Aira.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1709\" width=\"531\" height=\"277\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Cesar-Aira.jpeg 766w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Cesar-Aira-300x157.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 531px) 100vw, 531px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>&nbsp;En ese espacio temporal entre la escritura del manuscrito y su publicaci\u00f3n, \u2013constantemente anunciada y postergada por el editor\u2013 es donde, en verdad, se gesta la literatura. Pues es en esa demora \u2014que se opone al sentido de urgencia del mercado\u2014 donde se deja de pensar en t\u00e9rminos funcionales y el lector se rinde ante la inventiva del autor. Por parad\u00f3jico que parezca, es en esa aparente p\u00e9rdida donde la literatura se reapropia del tiempo y lo recupera para restaurar la posibilidad de comenzar una vieja <em>vida nueva<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">C\u00e9sar Aira<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>La vida nueva<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Personaje Secundario, 2024. 64 pp.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> <a href=\"https:\/\/eternacadencia.com.ar\/nota\/los-imprescindibles-de-sergio-chejfec\/8835\">https:\/\/eternacadencia.com.ar\/nota\/los-imprescindibles-de-sergio-chejfec\/8835<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Literatura accidental \u201cEl arte se vuelve un juego ligeramente fant\u00e1stico con el tiempo: es la documentaci\u00f3n de algo que no fue, y a la vez promesa de algo que ser\u00e1\u2019 -C\u00e9sar Aira en \u2018Sobre el arte contempor\u00e1neo\u2019 Por Sebasti\u00e1n Uribe M\u00e1s que preguntarnos por qu\u00e9 o para qu\u00e9 leemos a C\u00e9sar Aira (Coronel Pringles, 1949), [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,8,308,1,9],"tags":[704,703,506,36],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1707"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1707"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1707\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1710,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1707\/revisions\/1710"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1707"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1707"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1707"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}