{"id":1698,"date":"2025-04-21T16:55:35","date_gmt":"2025-04-21T21:55:35","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1698"},"modified":"2025-04-21T16:55:35","modified_gmt":"2025-04-21T21:55:35","slug":"resena-tinta-invisible-2024-de-javier-pena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2025\/04\/21\/resena-tinta-invisible-2024-de-javier-pena\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Tinta invisible (2024) de Javier Pe\u00f1a"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Grandes infelices<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Omar Guerrero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tinta invisible<\/em> (Blackie Books, 2024) del escritor espa\u00f1ol Javier Pe\u00f1a (A Coru\u00f1a, 1979), es una larga carta dirigida a su padre durante sus \u00faltimas semanas de vida. Aunque tambi\u00e9n es una dedicatoria y homenaje, adem\u00e1s de un largo agradecimiento y despedida a esta persona que lo inici\u00f3, de una u otra manera, en su desbordada pasi\u00f3n por la literatura, siempre con innumerables t\u00edtulos y lecturas, incluyendo las historias reales de los escritores, que muchas veces tambi\u00e9n tienen vidas de novela, y no siempre de las mejores, como bien dice Pe\u00f1a en su famoso p\u00f3dcast \u201cGrandes infelices\u201d, que por fortuna ya ha traspasado las fronteras de Espa\u00f1a, y que en realidad recomiendo mucho escucharlo.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Tinta-invisible-portada.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1699\" width=\"450\" height=\"660\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Tinta-invisible-portada.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Tinta-invisible-portada-205x300.jpg 205w\" sizes=\"(max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Este libro de no ficci\u00f3n conjuga las memorias y el ensayo con un tono bastante nost\u00e1lgico. Est\u00e1 dividido en catorce cap\u00edtulos, incluida la introducci\u00f3n y un ep\u00edlogo. Y en todos ellos siempre est\u00e1 presente la literatura, m\u00e1s a\u00fan en su faceta m\u00e1s complicada y oscura como el ego, la envidia, la mentira, la obsesi\u00f3n o el sufrimiento. Cada uno de estos t\u00e9rminos, y lo que encierran, va a dar t\u00edtulo y desarrollo a cada cap\u00edtulo. Los protagonistas son los mismos escritores junto a lo que ocurre en sus vidas, cuyas an\u00e9cdotas, muchas de ellas basada en malos momentos, aunque tambi\u00e9n trascendentales, mantienen relaci\u00f3n -en gran parte- con lo que vive Javier Pe\u00f1a mientras ve a su padre consumirse por culpa de la enfermedad en medio de la pandemia. Es entonces que se pregunta cu\u00e1l es el legado que recibe de su progenitor, con quien tuvo m\u00e1s diferencias que cercan\u00edas, m\u00e1s silencios que conversaciones. Y al intentar responder esta pregunta surgen las historias que contienen estas p\u00e1ginas, siempre relacionadas con la literatura. Parte de esta pregunta (y tambi\u00e9n respuesta) se sustenta en el siguiente p\u00e1rrafo: \u201cA la pregunta de por qu\u00e9 mi padre hablaba m\u00e1s de los autores que de las novelas, he acabado por responderme que, con frecuencia, las vidas de los escritores son m\u00e1s literarias que su propia literatura. Ser escritor, pienso ahora, no solo significa escribir historias, sino habitar un mundo de historias. Imagino que ser lector es lo m\u00e1s parecido\u201d (p.15: versi\u00f3n ebook, lo mismo para las siguientes citas).<\/p>\n\n\n\n<p>En este mundo de historias surgen una infinidad de nombres reconocidos que padecieron un sinn\u00famero de cosas antes de disfrutar el \u00e9xito y de la gloria, ya sea en vida o despu\u00e9s de la muerte. Ejemplos hay muchos como el de Margaret Atwood, quien siempre tuvo presente la marginalidad que sufri\u00f3 en la Biblioteca de Lamont, en Harvard, donde no se le permit\u00eda entrar. Y esto lo conjug\u00f3 con lo que vio en su viaje a Afganist\u00e1n, donde encontr\u00f3 a mujeres con el rostro cubierto. Dem\u00e1s est\u00e1 decir que ambos hechos le sirvieron para escribir <em>El cuento de la criada<\/em>. Sucede que de estas (malas) experiencias surge la genialidad. Aunque tambi\u00e9n est\u00e1 la imaginaci\u00f3n como elemento creativo, como le ocurr\u00eda a Roald Dahl, quien no se cansaba de contar ocurrentes historias. A ello se suma la mentira (muy v\u00e1lida en la literatura), por algo Nabokov siempre contaba la par\u00e1bola del lobo a sus alumnos en la universidad. Y al citar estos dos t\u00e9rminos es ineludible no tomar en cuenta lo que dijo la esposa de un reconocido escritor, que tambi\u00e9n era escritora, y que padeci\u00f3 ambas condiciones: \u201cMartha Gellhorn, que estuvo casada con Hemingway, dec\u00eda que lo que en un escritor es imaginaci\u00f3n en cualquier otra persona se considera mentir. Ah\u00ed, dec\u00eda Gellhorn, es donde entra la genialidad\u201d (p.44).<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, menciono los otros t\u00e9rminos que componen cada cap\u00edtulo. Por ejemplo, en el cap\u00edtulo 4, titulado \u201cEgo\u201d, rescato estas dos citas que sirven de est\u00edmulo e incitaci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan si el lector es tambi\u00e9n un escritor plagado de egocentrismo: \u201cEl ego fabrica grandes escritores, pero tambi\u00e9n grandes infelices\u201d (p.56). \u201cEl ego es un mecanismo esencial para la literatura. Es el mecanismo que, en primer lugar, impulsa al autor a escribir una historia y, por encima de todo, el que le impide destruirla inmediatamente despu\u00e9s de haberla creado\u201d (p.59).<\/p>\n\n\n\n<p>Para el caso de la \u201cEnvidia\u201d, desarrollada en el cap\u00edtulo 5, es inevitable no mencionar algunos casos como la envidia de Tolst\u00f3i hacia Dostoyevski, o la de Virginia Woolf hacia Katherine Mansfield. Lo m\u00e1s estremecedor es la forma c\u00f3mo terminaron estas animadversiones que se volvieron in\u00fatiles. Otra forma de representar este \u201cpecado capital\u201d en la literatura se muestra en las relaciones de pareja entre escritores como ocurri\u00f3 con Martha Gellhorn (ya mencionada en l\u00edneas anteriores) y Ernest Hemingway, o lo sucedido con Elsa Morante y su esposo Alberto Moravia. Y es que muchas veces los matrimonios entre escritores no siempre son historias de amor llenas de felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras historias resaltantes que se encuentran en los siguientes cap\u00edtulos son, por ejemplo, la de John Cheever, quien se camuflaba como un trabajador m\u00e1s que tomaba el ascensor de su edificio muy temprano en las ma\u00f1anas hasta bajar al s\u00f3tano donde se pon\u00eda a escribir, como si lo suyo se tratase de un trabajo como cualquier otro. O la decisi\u00f3n de J.D Salinger, que se refugiaba en un b\u00fanker ubicado fuera de su casa s\u00f3lo para escribir lejos y a salvo de las personas, m\u00e1s a\u00fan despu\u00e9s del \u00e9xito que le hab\u00edan producido sus primeros libros. O todo lo que padec\u00eda la escritora Agota Kristof fuera de Hungr\u00eda. O el caso extraordinario de Dostoyevski y Anna Grigorievna Snitkina, quienes escribieron juntos <em>El jugador<\/em> en veintis\u00e9is d\u00edas, hecho que antecedi\u00f3 a su matrimonio. O la historia de Jos\u00e9 Saramago y c\u00f3mo \u00e9l le dio este apellido a su padre. O el racismo exacerbado de Lovecraft. O la historia de Tom\u00e1s Mann y su esposa hospitalizada, lo que produce el origen de <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>. O el caso de Karl Ove Knausg\u00e5rd y la relaci\u00f3n con su padre, y luego con su esposa Linda, adem\u00e1s de las repercusiones de sus novelas al hablar de su familia, de donde Pe\u00f1a toma la moraleja de la casa construida con los ladrillos de su propia vida que de un momento a otro se pueden desmoronar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Menciono m\u00e1s historias que resultan extraordinarias y a la vez conmovedoras, m\u00e1s a\u00fan si est\u00e1n de por medio los personajes de ficci\u00f3n, como el caso de Unamuno y su personaje Augusto P\u00e9rez de <em>Niebla<\/em>. O la Conan Doyle y su personaje Sherlock Holmes, a quien tuvo que revivir por presi\u00f3n de los lectores. O Nabokov y su personaje Humbert Humbert en <em>Lolita<\/em>, cuyas consecuencias lo llev\u00f3 a cuestionarse, con gran sentimiento de culpa, qu\u00e9 es lo que hab\u00eda hecho, m\u00e1s a\u00fan despu\u00e9s de recibir la visita de una ni\u00f1a disfrazada de su emblem\u00e1tico personaje en una fecha como Halloween.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a las \u201cobsesiones\u201d sobresale Borges y su gusto por las novelas policiacas, o la pasi\u00f3n de Emily Dickinson por los libros y la poes\u00eda, o los casos extra\u00f1os de Rulfo y Onetti por no querer hablar (o no gustar hacerlo), dando paso, sobre todo en el escritor uruguayo, al t\u00e9rmino \u201cliteratosis\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto que tambi\u00e9n se aborda el \u201csufrimiento\u201d como una caracter\u00edstica ineludible. Tan trascendental resulta que Pe\u00f1a la desarrolla en dos cap\u00edtulos. All\u00ed menciona casos como el de Ch\u00e9jov y su posible percepci\u00f3n de que la escritura muchas veces provoca sufrimiento. O como cuando David Foster Wallace rompi\u00f3 con su novia y enseguida adopt\u00f3 un perro s\u00f3lo para poder escribir, as\u00ed no se sent\u00eda tan solo ni tan abrumado por la presencia de otra persona. O cuando Amos Oz escribi\u00f3 su novela <em>Mi querido Mijael<\/em> sentado sobre el retrete del ba\u00f1o de la habitaci\u00f3n que rentaba con su esposa, pues ese era el \u00fanico espacio libre que dispon\u00eda para poder escribir. O el caso de Bor\u00eds Pilniak, escritor ruso ejecutado por el r\u00e9gimen de su pa\u00eds, y que se considera un antecedente en cuesti\u00f3n de escritura para Bor\u00eds Pasternak, en relaci\u00f3n con la pol\u00edtica, m\u00e1s a\u00fan al no querer rechazar el Premio Nobel. Y a trav\u00e9s de estos ejemplos queda la siguiente cita: \u201cEscribir es dar un paso tras otro. Se escribe porque somos imperfectos e infelices, pero escribir nos hace m\u00e1s infelices. Es todo muy absurdo, pero igual de absurdo es vivir cuando el final ya est\u00e1 escrito\u201d (p.189).<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00faltimos cap\u00edtulos est\u00e1n dedicados al \u201cmercado\u201d y a la \u201csuerte\u201d, ambos de gran relevancia para los escritores. Del primero sobresale la percepci\u00f3n del mercado que tuvo Jason Epstein, quien fue editor por dos d\u00e9cadas en Random House. O el caso de Gertrude Stein y su falta de \u00e9xito comercial, por lo que termina sometida al mercado editorial para alcanzar lo que tanto ansiaba. O la relaci\u00f3n de Carver con su editor Gordon Lish, gran causante de su \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la \u201csuerte\u201d, sobresalen varias an\u00e9cdotas, como el regalo de Navidad que recibi\u00f3 Harper Lee por parte de unos amigos, lo que le permiti\u00f3 escribir <em>Matar a un ruise\u00f1or<\/em>. O el \u00e9xito de John Fante gracias al azar guiado por Bukowski convertido en lector. O la (mala) suerte que tuvo John Williams en vida, porque una vez muerto esta se revirti\u00f3 con el \u00e9xito de su novela <em>Stoner<\/em> gracias a Colum McCann y Anna Gavalda, tambi\u00e9n como lectores. Se considera adem\u00e1s la historia de la dentadura de Martin Amis y su \u00e9xito relacionado con su padre, otro reconocido escritor. Y es que aqu\u00ed vale muy bien lo que dice Pe\u00f1a: \u201cEn el mundo editorial la fortuna vale de bien poco si no va acompa\u00f1ada de contactos. De hecho, la fortuna suele radicar en adquirir buenos contactos. Es decir, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado y <em>con las personas adecuadas<\/em>\u201d (p.243).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Javier-Pena.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1700\" width=\"448\" height=\"568\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Javier-Pena.jpg 415w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Javier-Pena-237x300.jpg 237w\" sizes=\"(max-width: 448px) 100vw, 448px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En cuanto al ep\u00edlogo se cuenta la historia de Boris Vian y la adaptaci\u00f3n al cine de su novela <em>Escupir\u00e9 sobre vuestra tumba<\/em>. De esta manera enlaza la idea del inicio de la vida con su respectivo final, que en el caso de Boris Vian corresponde al infortunio.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera, Pe\u00f1a, a trav\u00e9s de su escritura, que se ci\u00f1e sobre las historias de grandes escritores, que a su vez son grandes infelices, intenta conocer a su padre, quien tambi\u00e9n era un gran lector, y que incluso ten\u00eda aspiraciones de escritor. Es en este punto, que ambos, padre e hijo, se reflejan uno sobre el otro para mostrar lo que oculta esa tinta invisible que tambi\u00e9n es parte de este maravilloso libro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>+++++<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Javier Pe\u00f1a<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Tinta invisible<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Blackie Books, 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Grandes infelices Por Omar Guerrero Tinta invisible (Blackie Books, 2024) del escritor espa\u00f1ol Javier Pe\u00f1a (A Coru\u00f1a, 1979), es una larga carta dirigida a su padre durante sus \u00faltimas semanas de vida. 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