{"id":1615,"date":"2024-12-27T00:10:32","date_gmt":"2024-12-27T05:10:32","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1615"},"modified":"2024-12-27T00:10:32","modified_gmt":"2024-12-27T05:10:32","slug":"resena-la-llamada-un-retrato-2024-de-leila-guerriero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2024\/12\/27\/resena-la-llamada-un-retrato-2024-de-leila-guerriero\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: La llamada. Un retrato (2024) de Leila Guerriero"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Recordar el dolor y el miedo<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Omar Guerrero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>La llamada. Un retrato<\/em> (Anagrama, 2024) de la escritora argentina Leila Guerriero (Jun\u00edn, 1967) es una cr\u00f3nica detallada y bastante minuciosa sobre el infierno que vivi\u00f3 su compatriota Silvia Labayru durante y despu\u00e9s de la \u00faltima dictadura militar argentina. Labayru fue secuestrada el 29 de diciembre de 1976 por parte de los miembros de la junta militar cuando ten\u00eda 19 a\u00f1os, siendo recluida de inmediato en la Escuela de Mec\u00e1nica de la Armada (ESMA). Ella era miembro del Ej\u00e9rcito Montonero donde realizaba labores de inteligencia y reglaje, razones suficientes para capturarla y mantenerla prisionera en este lugar que m\u00e1s ten\u00eda el aspecto de un campo de concentraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-llamada-Portada.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1616\" width=\"423\" height=\"671\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-llamada-Portada.png 362w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-llamada-Portada-189x300.png 189w\" sizes=\"(max-width: 423px) 100vw, 423px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Una vez recluida, lo que desconcertaba a sus captores no era tanto su participaci\u00f3n en esta agrupaci\u00f3n guerrillera a pesar de provenir de una familia de militares, pues su padre, Jorge Labayru, hab\u00eda pertenecido a la Fuerza A\u00e9rea, dedic\u00e1ndose luego a la aviaci\u00f3n comercial en Aerol\u00edneas Argentinas. Aunque lo que m\u00e1s llamaba la atenci\u00f3n, tanto para sus captores como en sus m\u00e1s allegados, era su resaltante belleza, la misma que se puede apreciar, en parte, en la portada del libro. Sin embargo, esta belleza muchas veces le jug\u00f3 en contra:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando entr\u00f3 al Colegio no se cre\u00eda linda (asegura que era un poco gorda hasta que se fue de viaje a Espa\u00f1a, vivi\u00f3 un mes a mel\u00f3n y gazpacho y volvi\u00f3 hecha un fulgor). Para el verano de 1970 era rubia, celeste, valiente y combativa. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s se pod\u00eda pedir?\u201d<\/em> (p.56).<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los hechos que conmociona al lector desde el inicio de este presidio corresponde a los cinco meses de embarazo que ten\u00eda Silvia Labayru. Es aqu\u00ed que surgen las siguientes preguntas: \u00bfC\u00f3mo se puede apresar, interrogar y torturar a una muchacha embarazada de cinco meses? \u00bfQu\u00e9 esperaban sus captores con este embarazo? \u00bfAcaso quer\u00edan que perdiera al beb\u00e9 o que terminara pariendo dentro de las instalaciones de este lugar que no sobresal\u00eda por su limpieza y salubridad? Lo cierto es que Silvia Labayru no le qued\u00f3 otra opci\u00f3n que dar a luz a su hija Vera sobre una mesa dentro de la ESMA:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero el beb\u00e9 no se asomaba y Magnacco anunci\u00f3 que iba a usar f\u00f3rceps. -Escuch\u00e9 la palabra f\u00f3rceps y empuj\u00e9. Era como si yo hubiera estado pose\u00edda por una misi\u00f3n. La misi\u00f3n era Vera. Naci\u00f3 sin f\u00f3rceps. Pes\u00f3 cuatro kilos y setecientos gramos. La dejaron ah\u00ed, en ese cuarto. Al d\u00eda siguiente, le llevaron, a la madre primeriza, un ramo de rosas<\/em>. (p.163).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo bueno es que esta beb\u00e9 tuvo la suerte de no ser regalada a otras familias, sobre todo de militares. O, en su defecto, bien podr\u00eda haber desaparecido. Gracias a una llamada, \u201cla llamada\u201d, Jorge Labayru, padre de Silvia y abuelo de Vera, lleg\u00f3 a saber que su hija no estaba muerta. Ella segu\u00eda viva y hab\u00eda dado a luz en prisi\u00f3n a una peque\u00f1a criatura que, por ciertas razones, no permanecer\u00eda en la ESMA como s\u00ed lo har\u00eda su madre durante los meses siguientes. Vera fue entregada a sus abuelos d\u00edas despu\u00e9s de su nacimiento. Mientras tanto, Silvia Labayru se quedar\u00eda recluida hasta 1978 sufriendo una serie de amenazas, torturas y vejaciones con tal de sobrevivir. Ella soportar\u00eda todo eso con tal de ver de nuevo a su hija, a sus padres, y a quien era su esposo en ese momento, Alberto Lennie, padre de Vera, y tambi\u00e9n miembro del Ej\u00e9rcito Montonero. Lo peor de todo esto es que Vera no fue la \u00fanica beb\u00e9 que naci\u00f3 en la ESMA, lugar que con el tiempo se convirti\u00f3 en una especie de maternidad. Muchas de las criaturas que all\u00ed nacieron nunca m\u00e1s regresaron al lado de sus padres biol\u00f3gicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que sigue despu\u00e9s es demasiado cruel e indescriptible. Aun as\u00ed, Silvia Labayru logra recordarlo y describirlo con lujo de detalles, al punto de llegar a mencionar a sus captores con sus nombres y apellidos, incluso hasta con los alias que utilizaban para realizar sus fechor\u00edas. Para ello resalta la vena period\u00edstica de Guerriero quien, sin ning\u00fan atisbo de duda o pena, llega a contar de manera fidedigna cada hecho que escuchaba y grababa a partir de los testimonios dados por Labayru y los dem\u00e1s involucrados. Y all\u00ed est\u00e1 el mayor m\u00e9rito de este libro, m\u00e1s a\u00fan al contrastar todas estas versiones y atrocidades:<\/p>\n\n\n\n<p><em>-\u00bfSabes qui\u00e9nes te torturaron?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>-S\u00ed. S\u00e9 perfectamente. Eran dos. Uno que se llamaba Francis William Whamond, el Duque, que en esa \u00e9poca me parec\u00eda muy viejo pero deb\u00eda tener unos cincuenta a\u00f1os. Ese fue el tipo que me aplic\u00f3 la picana, la m\u00e1quina. El que me peg\u00f3. Un tipo muy repugnante. Y luego estaba otro que entraba y sal\u00eda. Ese no me daba m\u00e1quina pero me interrogaba mal. Ese fue mi violador. Alberto Gonz\u00e1lez. El Gato.<\/em> (p.133).<\/p>\n\n\n\n<p>Como consecuencia a estas torturas, muy en especial con el uso de este instrumento llamado la picana, tambi\u00e9n conocida como \u201cla m\u00e1quina\u201d, que consist\u00eda en impartir descargas el\u00e9ctricas en determinadas partes del cuerpo, qued\u00f3 no s\u00f3lo el trauma y el dolor, sino tambi\u00e9n algunas secuelas bastante severas en su organismo como no volver a dar de lactar, o imposibilitarle esta funci\u00f3n materna, sobre todo con su segundo hijo, David, quien naci\u00f3 dieciocho a\u00f1os despu\u00e9s. A pesar del tiempo transcurrido, Silvia Labayru ten\u00eda los pezones destrozados e inutilizados producto de estas torturas con electricidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro hecho imposible de creer, pero que sucedi\u00f3, fueron las violaciones sexuales cometidas de manera consecutiva por Alberto Gonz\u00e1lez en compa\u00f1\u00eda de su esposa Amalia Bouilly. Era \u00e9l quien lograba sacar a Silvia de la ESMA para llevarla a habitaciones de hoteles y hasta en su propia casa para que sirva de juguete sexual a esta pareja de pervertidos que no ten\u00edan reparos en cometer sus actos m\u00e1s aberrantes mientras que una ni\u00f1a peque\u00f1a dorm\u00eda en el cuarto de al lado.<\/p>\n\n\n\n<p>A Silvia tambi\u00e9n le asignaron la tarea de acompa\u00f1ar a otro de sus captores. Se trataba de Alfredo Astiz, alias El Rubio. Ella se hac\u00eda pasar como su hermana por los rasgos f\u00edsicos que ten\u00eda en com\u00fan s\u00f3lo para que Astiz pudiera detectar e investigar a las Madres de la Plaza de Mayo. A partir de este trabajo siniestro desaparecieron varias personas, incluidas tres Madres (entre ellas una de sus fundadoras), dos monjas francesas, dos familiares de desaparecidos y cinco activistas de derechos humanos. Esta complicidad realizada bajo amenazas de muerte fue considerada por muchos de sus excompa\u00f1eros montoneros como una traici\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan al lograr sobrevivir y obtener la libertad. A partir de ese momento ella fue se\u00f1alada sin importar todo lo que hab\u00eda sufrido mientras permanec\u00eda recluida, al punto que llegaron a culparla de haberse enamorado de uno de sus verdugos. Es decir, s\u00f3lo el hecho de estar con vida ya era una sentencia para Silvia Labayru, tanto en Argentina como en Espa\u00f1a, pa\u00eds donde se refugi\u00f3 para intentar curar sus heridas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las cosas que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n en su vida es la cantidad de parejas sentimentales que tuvo, incluso durante estos \u00faltimos a\u00f1os. Muchas personas que la conocen declararon que Silvia siempre hab\u00eda tenido la necesidad de estar involucrada con alguien, m\u00e1s a\u00fan despu\u00e9s de todo lo que vivi\u00f3. De esta manera el sexo se presenta como una constante a pesar de las secuelas que quedaron de sus a\u00f1os de presidio. Se podr\u00eda decir que esta pasi\u00f3n, junto al erotismo y la sexualidad en pareja provienen de sus propios padres. All\u00ed a Jorge Labayru se le describe como un hombre apuesto que no dudaba en sacarle la vuelta a su esposa con una infinidad de amantes. Por su parte, la madre de Silvia, Beatriz Brignoles, era una mujer bastante atractiva y muy seductora que no dud\u00f3 en vengarse de su marido consigui\u00e9ndose tambi\u00e9n muchos amantes de distinto calibre. En cuanto a Silvia, s\u00f3lo le queda confesar lo siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00ed, pero, como dicen en lat\u00edn, non solum sed etiam, \u00abno solo pero tambi\u00e9n\u00bb. Para m\u00ed el sexo es algo muy importante, siempre lo fue. Y hubo un tiempo en que eso hab\u00eda desaparecido. Cre\u00eda que me hab\u00eda muerto sexualmente. Y as\u00ed estuve a\u00f1os. Cosa muy rara en m\u00ed. Era una cosa que ni masturb\u00e1ndome.<\/em> (p.397). <\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/Leila-Guerriero-Leonardo-Munoz.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1617\" width=\"529\" height=\"316\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/Leila-Guerriero-Leonardo-Munoz.jpg 761w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/Leila-Guerriero-Leonardo-Munoz-300x180.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 529px) 100vw, 529px\" \/><figcaption><strong>Leila Guerriero &#8211; Foto: Leonardo Mu\u00f1oz<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, el mayor registro de todo lo que padeci\u00f3 son los juicios que se entablaron por los delitos cometidos durante esta dictadura, muy en especial con las violaciones sexuales, por lo que Silvia tuvo que denunciar a los verdugos que conoci\u00f3 en la ESMA, como el mismo Alberto Gonz\u00e1lez, y otro llamado Jorge Eduardo \u201cEl Tigre\u201d Acosta, instigador de estos delitos. Tambi\u00e9n queda lo que ella vio o supo de otras v\u00edctimas que tambi\u00e9n fueron sometidas a las mismas vejaciones. Muchas de ellas no sobrevivieron, o si lo hicieron, no quisieron hablar, pues el trauma a\u00fan queda latente. No es el caso de Silvia Labayru, que no por eso deja de ser v\u00edctima de un r\u00e9gimen que, ahora m\u00e1s que nunca, va a resultar imposible de olvidar, sobre todo con este libro. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Leila Guerriero<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>La llamada. Un retrato<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Anagrama, 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recordar el dolor y el miedo Por Omar Guerrero La llamada. 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