{"id":159,"date":"2020-06-15T15:44:51","date_gmt":"2020-06-15T15:44:51","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=159"},"modified":"2020-06-15T17:16:58","modified_gmt":"2020-06-15T17:16:58","slug":"la-otra-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2020\/06\/15\/la-otra-politica\/","title":{"rendered":"La otra pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Comerciantes-en-La-Victoria-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-160\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Comerciantes-en-La-Victoria-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Comerciantes-en-La-Victoria-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Comerciantes-en-La-Victoria-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Comerciantes-en-La-Victoria-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Comerciantes-en-La-Victoria-1200x800.jpg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Comerciantes-en-La-Victoria.jpg 1800w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Fuente: Andina<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Por Cesar Augusto L\u00f3pez<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte es uno de esos acontecimientos que no pueden ser explorados. Solo la podemos ver desde nuestro lado, desde la orilla de los que quedamos. Y si nuestro vivir fuera miserable, a despecho de los que consideran mejor opci\u00f3n dejar este mundo, tendr\u00eda algo que ofrecer m\u00e1s all\u00e1 de un cuerpo predestinado a desintegrarse irremediablemente y volver al polvo. Una de las grandes promesas del <a href=\"https:\/\/www.xlsemanal.com\/firmas\/20150816\/mito-progreso-8763.html\">mito del progreso<\/a>, amparado en otros mitos milenarios de diversas religiones, es la conquista de la vida eterna. Se emple\u00f3 ese motivo para convencernos de que cada d\u00eda est\u00e1bamos m\u00e1s cerca y hab\u00eda que acelerar el paso. Parece que hemos corrido bastante y ya nos tocaba parar un poco. El dilema es que podemos contemplar con tristeza y rabia que seguimos muriendo y que realmente no hemos conseguido ir hacia aquel adelante prometido. Es muy probable que no hayamos le\u00eddo bien las historias o que los \u00e9nfasis hayan sido puestos sobre lugares inadecuados.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No hay que juzgar los mitos, no hay quien pueda escapar de ellos. El problema es que hay algunos que, en vez de ayudar, han da\u00f1ado nuestras formas m\u00e1s pr\u00e1cticas de comportamiento. Se nos ha pedido ser eficientes, dar zancadas m\u00e1s largas, subir a los trenes, cruzar los mares y el cielo; todo ello a una velocidad impresionante, porque es as\u00ed como <em>deben<\/em> ser las cosas. Pero no, no hay progreso, no hay un adelante, no hay futuro. <a href=\"https:\/\/www.letraslibres.com\/mexico-espana\/el-mito-del-progreso\">Eso de vencer a la muerte bajo las dulces promesas de la modernidad no se ha conseguido en lo absoluto<\/a>. \u00bfEsto tendr\u00eda que ser malo? Creemos que no. \u00bfEst\u00e1 mal morir? Tampoco creemos que ese sea el problema. El detalle o reclamo gira en torno a esa desfigurada versi\u00f3n de inmortalidad ofrecida por la narrativa del capitalismo. Actualmente se busca con frenes\u00ed pasar nuestras mentes a computadoras o llegar a cualquier planeta similar a este. Parece como si no existiera realmente el hoy o, en todo caso, ha sido privatizado del tal modo que nos sentimos est\u00fapidos, porque no podemos seguir con el frenes\u00ed que se nos hab\u00eda ense\u00f1ado para llegar, seamos sinceros, a ninguna parte. Valga la aclaraci\u00f3n de que tampoco hay mucho problema en que no haya a donde ir.<\/p>\n\n\n\n<p>Se nos ha hecho acelerar a costa de nuestros tiempos y de nuestros cuerpos. Y ahora que estamos muriendo se nos repite, insistentemente, la tr\u00e1gica historia de un sistema econ\u00f3mico paralizado que no se puede comparar, ni por asomo, con el trabajo de apilar una cantidad, a\u00fan indeterminada, de cad\u00e1veres. La vida no volver\u00e1 a ser la misma\u2026 tampoco tiene por qu\u00e9 serlo: o el modo desenfrenado de existir se transforma o la nueva velocidad que se nos imponga nos llevar\u00e1 m\u00e1s r\u00e1pido al fin y de manera m\u00e1s despiadada. Se nota claramente que lo segundo anida en nuestros corazones y espera ansioso nuestra liberaci\u00f3n para completar lo que se empez\u00f3 a construir de manera m\u00e1s \u201cevidente\u201d durante la Segunda Guerra Mundial: una m\u00e1quina de muertos. La \u00fanica diferencia es que ahora colaboramos alegremente con nuestra destrucci\u00f3n y celebramos nuestro camino al matadero. Cada esfuerzo puesto en la fe del progreso y de la victoria final sobre la muerte es un ladrillo para que unos cuantos se aseguren la eternidad entre m\u00e1quinas y circuitos cerrados o en otros planetas. Pero el grueso, ese al que pertenecemos la mayor\u00eda, no conseguir\u00e1 enviar sus sue\u00f1os y esperanzas a un soporte inmortal o a otras tierras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Ambulantes-en-Grau-1024x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-161\" width=\"495\" height=\"495\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Ambulantes-en-Grau-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Ambulantes-en-Grau-300x300.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Ambulantes-en-Grau-150x150.jpg 150w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Ambulantes-en-Grau-768x768.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Ambulantes-en-Grau.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><figcaption>Fuente: Per\u00fa 21<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>La oportunidad de suspenso que nos est\u00e1 brindando el Coronavirus tiene que ver con lo que \u00e9l mismo busca en nosotros. La respuesta est\u00e1 en nuestros cuerpos, en nuestra carne; aquello que se ha desde\u00f1ado, salvo si cumple su fin de engranaje. Bien sabemos que hay un adem\u00e1s en las manos o pies que movemos; no somos solo piezas de intercambio. La \u00f3smosis de sentido que se erigi\u00f3 entre la m\u00e1quina y el hombre no tiene por qu\u00e9 ser el \u00faltimo dictamen y el virus nos ha demostrado este asunto de manera dolorosa. El sistema puede parar, pero ver morir a amigos o familiares no es una simple detenci\u00f3n del tiempo que pueda reanudarse sin m\u00e1s. <a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/romul\/Downloads\/21215-Texto%20del%20art%C3%ADculo-60282-1-10-20180908.pdf\">Algo de spinoziano tiene este agente microsc\u00f3pico<\/a>, ya que al procurar preservarse en s\u00ed mismo, nos ense\u00f1a el anhelo de seguir respirando. En el deseo de continuar vivos, nos hemos percatado de que el sistema que nos hac\u00eda correr hacia la felicidad nos ha fallado, porque nunca ha pensado en nosotros como seres mortales. Para ser inmortal, primero tenemos que haber experimentado la extra\u00f1a realidad de la muerte y parece que hemos sido poco mortales en todo este tiempo. Hemos sido tan poco cercanos a la muerte que la hemos negado y, por eso, los gobiernos, siguiendo los lineamientos del sabio sistema, nos han dejado sin servicios de salud para seguir respirando; nos han dejado sin m\u00e1quinas que nos ayuden a superar la debilidad que nos acompa\u00f1a d\u00eda a d\u00eda; nos han insistido en el ahorro, pero ahorro de la tranquilidad de poder confiar no solo en alguien, sino tambi\u00e9n en un armaz\u00f3n del que formamos parte. Ahora podemos darnos cuenta de que no somos el elemento sustancial de algo inmenso y poderoso, ya que esos dos factores no se llevan bien con el d\u00e9bil o con el pobre. Hay un verso elocuente de Vallejo que dice, \u201c\u00a1Est\u00e1is muertos!\u201d&nbsp; No hay equivocaci\u00f3n desde 1922, en el que se public\u00f3 ese poema, y esto es lastimoso, sin duda.<\/p>\n\n\n\n<p>La <a href=\"http:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0188-66492011000200002\">Covid-19 tambi\u00e9n es kantiana<\/a>, porque nos est\u00e1 ense\u00f1ando a vernos como fines y no solo como medios. Nos est\u00e1 enfrentado (o sea, nos pone frente) al vecino de manera m\u00e1s clara, a nuestras parejas, a nuestras familias y amigos. No ha permitido que los evadamos, sino ha exigido que les demos su lugar y que les respondamos, no como partes del sistema, sino como parte de sus mundos, de los cuales es imposible sustraernos y sustraerlos como si nada. Pero, quiz\u00e1, el mayor desaf\u00edo del car\u00e1cter reflexivo de esta enfermedad es que nos ha puesto frente a nosotros mismos: o reconocemos la importancia de nuestra existencia entrelazada con las dem\u00e1s existencias; realidad acechada siempre por un modelo que nos empuja a la separaci\u00f3n en pro de un estado de vida que nunca llega, o simplemente empleamos el t\u00e9rmino <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=_IugzPwpsyY\">resiliencia<\/a> (peligrosa palabra de moda) para alistar nuestros lomos a la nueva carga de destrucci\u00f3n que se nos impondr\u00e1. Una revoluci\u00f3n es necesaria, pero esta es desconocida y forma parte de la maltratada y manipulada facultad de imaginar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo o mucho de equivocado en que el fin del mundo iba a llegar con bombos y platillos. Ahora el fin no solo es invisible e indiferente, sino que su l\u00f3gica es humilde. Si hemos entendido bien la figura de esta enfermedad, no podemos hablar de guerra ni de evoluci\u00f3n ni de sobrevivencia. Pensar y actuar, en esta ocasi\u00f3n, no nos remite a inmensas estructuras; nos conduce por la acci\u00f3n de aquel cuerpo que quiere seguir vivo y que necesita de otros cuerpos para mantenerse en s\u00ed. Hay otra pol\u00edtica que podemos aprender desde su propio agente. Una pol\u00edtica microsc\u00f3pica o micropol\u00edtica es aquella que se desarrolla en cada casa y cada cuadra del mundo, no en las macroestructuras, necesariamente. Ahora la soberan\u00eda debe ser la de cuidarse para cuidar al otro. Es cierto que, en varios pa\u00edses, la falta de solidaridad es vergonzosa, pero esto tiene que ver con imperativos de placer inmediato, de los cuales somos hechura casi perfecta. Sin embargo, esta suspensi\u00f3n puede ser la oportunidad de volver a nuestras manos y lavarlas, a cuidar de los que lo necesitan con la suma delicadeza de usar m\u00e1scaras, mantener la distancia, comprar lo necesario y estar al tanto de los que nos rodean con la tecnolog\u00eda que tenemos a mano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Volver a nosotros, bajo estas circunstancias, implica darnos cuenta, por fin, que aquel voto que realizamos, cada cierto tiempo, es m\u00e1s real de lo que parece. En suma, es el momento de una verdadera pol\u00edtica del s\u00ed mismo, ya que somos min\u00fasculos, y vino de un ser min\u00fasculo aquella indicaci\u00f3n. Si consideramos bien esta l\u00f3gica, una nueva pol\u00edtica demanda una real participaci\u00f3n de nosotros para no morir y para no matar al otro. Esa potencialidad no est\u00e1 tan lejos, en verdad, porque el progreso s\u00ed se podr\u00eda percibir en nuestras manos. Ahora podemos evitar la muerte con actos responsables, podemos ser piezas fundamentales de nuestra preservaci\u00f3n como conjunto, podemos ser soberanos de un nosotros abierto. Este tipo de revoluci\u00f3n es imaginable. <br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Cesar Augusto L\u00f3pez La muerte es uno de esos acontecimientos que no pueden ser explorados. Solo la podemos ver desde nuestro lado, desde la orilla de los que quedamos. 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