{"id":1551,"date":"2024-10-11T11:01:53","date_gmt":"2024-10-11T16:01:53","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1551"},"modified":"2024-10-11T15:50:35","modified_gmt":"2024-10-11T20:50:35","slug":"resena-valentino-1957-de-natalia-ginzburg","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2024\/10\/11\/resena-valentino-1957-de-natalia-ginzburg\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Valentino (1957) de Natalia Ginzburg"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>El peso de las expectativas<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebasti\u00e1n Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cViv\u00eda en un peque\u00f1o apartamento del centro con mi padre, mi madre y mi hermano. Llev\u00e1bamos una vida dura y nunca se sab\u00eda c\u00f3mo \u00edbamos a pagar el alquiler\u201d. <\/em>(p.5). En <em>Valentino<\/em>, la novela de Natalia Ginzburg (Palermo, 1916 \u2013 Roma, 1991), publicada originalmente en 1957 y de vuelta a librer\u00edas este a\u00f1o con una nueva traducci\u00f3n al espa\u00f1ol, el drama principal se presenta sin titubeos desde el inicio: Hace falta dinero. \u00bfC\u00f3mo esta situaci\u00f3n afecta el destino de los miembros de esa familia? Una vez m\u00e1s, la reconocida autora italiana, como en la mayor parte de su obra, parte de elementos tan cotidianos y universales como una familia con dificultades econ\u00f3micas, para entregarnos una historia en cuya aparente ligereza, rebosa humanidad y emoci\u00f3n. Toda una \u201cpeque\u00f1a vi\u00f1eta de vida fulgurante\u201d, como escribi\u00f3 Juan Forn<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Valentino-666x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1552\" width=\"529\" height=\"812\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Valentino-666x1024.jpg 666w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Valentino-195x300.jpg 195w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Valentino-768x1181.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Valentino-999x1536.jpg 999w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Valentino-1332x2048.jpg 1332w\" sizes=\"(max-width: 529px) 100vw, 529px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Valentino, el protagonista de la novela, es un joven agraciado y encantador, en cuyo destino se vierten las esperanzas de sus padres y hermanas. Como \u00fanico hijo var\u00f3n, estudiante de medicina y soltero empedernido, socialmente, pareciera que la fortuna le sonr\u00ede. Esta situaci\u00f3n prometedora no hace m\u00e1s que acentuar el dramatismo cuando un d\u00eda llega anunciando su compromiso nupcial con una mujer mayor que \u00e9l, poco agraciada y muy adinerada, desbaratando as\u00ed las esperanzas que reca\u00edan sobre \u00e9l. No las econ\u00f3micas, puesto que esas se ver\u00e1n cubiertas, sino las sociales. \u00bfNo hab\u00eda otra opci\u00f3n?, se pregunta su familia, sufriendo por su decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta ah\u00ed una trama sencilla, similar a muchas otras que se han contado antes. La maestr\u00eda de Ginzburg radica en el retrato de los efectos emocionales que la decisi\u00f3n de Valentino provoca en el resto de su familia, desde la desilusi\u00f3n de sus padres hasta la mezcla de desprecio y envidia de su hermana mayor, condenada a una temprana domesticidad. Pero, sobre todo, en c\u00f3mo este matrimonio afecta a Caterina, la hermana menor, quien es la narradora de esta historia y la voz que progresivamente ir\u00e1 asumiendo el protagonismo de la novela.<\/p>\n\n\n\n<p>La din\u00e1mica familiar tradicional del contexto social en el que se desarrolla la historia provoca que Valentino, desde temprana edad, se vea empujado a ser el motor principal del progreso econ\u00f3mico-social del hogar, cargando as\u00ed con un estigma de responsabilidad ineludible, impuesto, sobretodo, por su padre:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEn el caj\u00f3n de la c\u00f3moda encontramos una carta para Valentino que deb\u00eda de haber escrito unos d\u00edas antes, una carta muy larga en la que se disculpaba por haber esperado siempre que Valentino se convirtiera en un gran hombre cuando en realidad no hab\u00eda necesidad de que se convirtiera en un gran hombre, habr\u00eda sido suficiente con que se convirtiera en un hombre, ni grande ni peque\u00f1o: porque de momento no era m\u00e1s que un ni\u00f1o\u201d. <\/em>(p. 28)<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo esta perspectiva, Valentino no llega a \u201chacerse hombre\u201d, sino que es visto como un eterno ni\u00f1o por las decisiones que toma, err\u00e1ticas a la vista de los dem\u00e1s. Incluso, cuando \u00e9l mismo se convierte en padre, nunca deja de ser aquel miembro de la familia de adultez incipiente, sin inter\u00e9s en el futuro, s\u00f3lo preocupado en disfrutar el presente. Ginzburg nos muestra al inicio c\u00f3mo las expectativas familiares desmedidas socavan el devenir de sus miembros. Y, sobre todo, c\u00f3mo ello afecta a quienes van quedando alrededor, como sujetos secundarios.\u00a0 A trav\u00e9s de los ojos de Caterina observamos c\u00f3mo la grieta familiar originada por el matrimonio de Valentino tiene como eje un elemento principal: el dinero. Este se torna en un salvoconducto ante carencias que van m\u00e1s all\u00e1 de la subsistencia, como manifiesta Maddalena, la esposa de Valentino, quien ha convivido con el desprecio por su fealdad toda la vida:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cAhora se sent\u00eda perfectamente satisfecha con su cara porque ten\u00eda a los ni\u00f1os y a Valentino, pero de peque\u00f1a hab\u00eda llorado mucho por aquel motivo y no hab\u00eda conocido la paz porque pensaba que no iba a poder casarse nunca, ten\u00eda miedo de envejecer sola en aquella mansi\u00f3n enorme, con todas las alfombras y los cuadros. Tal vez ahora ten\u00eda tantos hijos s\u00f3lo para olvidarse de aquel miedo y para que aquellas habitaciones estuviesen llenas de juguetes y de pa\u00f1ales y de voces, pero cuando ya hab\u00eda tenido los ni\u00f1os no se preocupaba demasiado por ellos\u201d. <\/em>(p. 42<em>)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El matrimonio se erige as\u00ed en un veh\u00edculo para suplir una demanda de compa\u00f1\u00eda en una \u00e9poca donde la vejez irrump\u00eda a una edad que ahora parece risible (hallarse sin compromiso antes de los veintis\u00e9is a\u00f1os pod\u00eda implicar un desahucio social), Caterina se ve empujada as\u00ed a optar por dar ese paso, sin importar el amor o afecto alguno, con Kit, el amigo de su hermano y de su esposa. Ginzburg esboza a Kit como un reverso de Valentino: un sujeto sobre el que nadie conf\u00eda ilusi\u00f3n alguna y se mueve por la vida como comparsa, reducido a una compa\u00f1\u00eda que por ratos se torna insignificante, como manifiesta lastimeramente en un pasaje:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cNi siquiera siento estima por m\u00ed mismo, y \u00e9l es como yo, un tipo como yo. Un tipo que nunca har\u00e1 nada que merezca la pena en la vida. La \u00fanica diferencia entre \u00e9l y yo es \u00e9sta: que a \u00e9l no le importa nada de nada. Lo \u00fanico que venera en este mundo es su propio cuerpo, su cuerpo sagrado, un cuerpo al que hay que alimentar bien todas las ma\u00f1anas y vestir bien y atender para que no le falte de nada. A m\u00ed sin embargo me importan un poco las cosas y las personas, pero no hay a nadie a quien le importe yo. Valentino es feliz porque el amor por uno mismo no defrauda nunca; yo soy un desgraciado, no les importo ni a los <\/em>perros<em>\u201d. <\/em>(p.50)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Ginzburg.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1553\" width=\"413\" height=\"413\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Ginzburg.jpg 250w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Ginzburg-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 413px) 100vw, 413px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Aunque el lector asiduo de Ginzburg pueda no verse del todo sorprendido por el giro narrativo hacia el final de la novela, la revelaci\u00f3n del secreto de Valentino por parte de Maddalena a Caterina resulta verdaderamente impactante por la sutileza de la escena. Nuestra narradora llega hacia el final del relato con desaz\u00f3n y congoja, pero con una satisfacci\u00f3n personal, una que no puede suplir ning\u00fan monto monetario: haber contado su verdad. Compartiendo su historia, el dolor provocado por este se reduce y alimenta la posibilidad de un ma\u00f1ana m\u00e1s tranquilo. Acaso uno donde sea posible recuperar el protagonismo de la historia propia. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*****<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Natalia Ginzburg<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Valentino<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Acantilado, 2024. 80 pp. Traducci\u00f3n de Andr\u00e9s Barba.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> <a href=\"https:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-215311-2013-03-08.html\">https:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-215311-2013-03-08.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El peso de las expectativas Por Sebasti\u00e1n Uribe \u201cViv\u00eda en un peque\u00f1o apartamento del centro con mi padre, mi madre y mi hermano. 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