{"id":1518,"date":"2024-08-11T22:23:18","date_gmt":"2024-08-12T03:23:18","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1518"},"modified":"2024-08-11T22:23:18","modified_gmt":"2024-08-12T03:23:18","slug":"resena-ales-junto-a-la-hoguera-2024-de-jon-fosse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2024\/08\/11\/resena-ales-junto-a-la-hoguera-2024-de-jon-fosse\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Ales junto a la hoguera (2024) de Jon Fosse"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>El fiordo de los porqu\u00e9s<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebasti\u00e1n Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 pensamos cuando hablamos de fantasmas? \u00bfqu\u00e9 dicen sobre nosotros y qu\u00e9 proyectamos en ellos? Atra\u00eddos por la posibilidad de su existencia, no reparamos muchas veces en aquello que genera nuestra fascinaci\u00f3n: la capacidad que les otorgamos de anular la muerte y asignarle a la vida una dimensi\u00f3n que vaya m\u00e1s all\u00e1 de lo corp\u00f3reo. Jon Fosse (Haugesund, 1959) explora la inmanencia de las relaciones familiares en una novela tan extra\u00f1a como fascinante, sostenida por una constante pregunta: \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPor qu\u00e9 desapareci\u00f3 Asle\u201d, se sigue preguntando Signe, su esposa, veinte a\u00f1os despu\u00e9s. \u00bfPor qu\u00e9 no dijo nada?, \u00bfpor qu\u00e9 se fue as\u00ed sin m\u00e1s? La novela abre con un torrente de preguntas que se hace la protagonista antes de dar paso a la rememoraci\u00f3n de los di\u00e1logos que ten\u00eda con su marido, su d\u00eda a d\u00eda, la cotidianidad que se hab\u00eda formado en la vieja casa, mientras el tiempo no deja de trascurrir. Existe una contradicci\u00f3n que aflige a los personajes de la novela a medida que van apareciendo en escena y se va reflejando en el paisaje que los rodea, sobre todo en el fiordo, escenario principal de la historia.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/ales-junto-a-la-hoguera-663x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1520\" width=\"502\" height=\"775\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/ales-junto-a-la-hoguera-663x1024.jpg 663w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/ales-junto-a-la-hoguera-194x300.jpg 194w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/ales-junto-a-la-hoguera-768x1186.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/ales-junto-a-la-hoguera-995x1536.jpg 995w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/ales-junto-a-la-hoguera.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 502px) 100vw, 502px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Fiordo: golfo estrecho y profundo, entre monta\u00f1as de laderas abruptas, formado por los glaciares durante el periodo cuaternario. Fosse usa este accidente geol\u00f3gico, t\u00edpico de las regiones n\u00f3rdicas, como met\u00e1fora de los tormentos de sus protagonistas y su vulnerabilidad frente a los cambios que se producen en sus vidas, tan repentinos como una avalancha o una tormenta. La ocurrencia de estos, con furia y v\u00e9rtigo, no deja rastro visible al d\u00eda siguiente, la mayor\u00eda de veces, pero s\u00ed grietas inexorables por las que se cuela la desgracia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u2026<em>y est\u00e1 tan oscuro que no se ve nada, y ya pronto tendr\u00e1 que volver, piensa, y luego este viento, y esta oscuridad, y las olas, la fuerte marea, y qu\u00e9 fr\u00edo hace, y tan encrespado est\u00e1 el mar que las olas rompen sobre el muelle y sobre ella, hace un tiempo horrible, piensa, y ya pronto tendr\u00e1 que venir \u00bfno? piensa \u00bfy ah\u00ed afuera? \u00bfno se ve una especie de luz? \u00bfcomo si luciera una hoguera, ah\u00ed afuera en el Fiordo? \u00bfY no reluce en morado? no, no puede ser, pero, aun as\u00ed, piensa \u00bfy d\u00f3nde estar\u00e1 \u00e9l? \u00bfy su barca? no se ve nada, pero \u00bfd\u00f3nde estar\u00e1? \u00bfy por qu\u00e9 no viene? \u00bfno quiere estar con ella? \u00bfser\u00e1 eso?<\/em>\u201d (p\u00e1g. 96)<\/p>\n\n\n\n<p>Asle ten\u00eda por costumbre salir con su peque\u00f1a embarcaci\u00f3n de remos. Una acci\u00f3n que se repite inalterable hasta su desaparici\u00f3n. Esto gatilla las preguntas de Signe sobre ella misma, su relaci\u00f3n con Asle y la vida en conjunto que ten\u00eda. Por qu\u00e9 se aleja, por qu\u00e9 necesita tanto esa soledad en el medio del agua. La angustia de ella, marcada por una narraci\u00f3n sin pausa, que, por momentos, recuerda a la prosa de Ant\u00f3nio Lobo Antunes, se ve continuada por la de Asle quien en medio del agua empieza a desconcertarse por visiones de lo que hasta ese momento resid\u00eda en \u00e9l como recuerdo, como pasado inmutable: su tatarabuela Ales y el peque\u00f1o hijo de dos a\u00f1os de esta.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de lo anterior, se quiebra la temporalidad y la narraci\u00f3n se dirige hacia un ca\u00f3tico flujo de conciencia que Fosse encamina con habilidad a trav\u00e9s de una serie de im\u00e1genes que dan cuenta de los miedos presentes y pasados que se conectan y explican como signos de una circularidad inevitable: accidentes mortales, rega\u00f1os y desdichas, una casa de la que nadie quiere (o puede) huir, o un fiordo capaz de dar y quitar la vida. Todo esto, a trav\u00e9s de un conjunto de voces que irrumpen y se disputan el protagonismo:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201c<em>y entra en la casa y las viejas paredes de la entrada lo envuelven y le dicen algo, como hacen siempre, piensa, siempre es as\u00ed, lo note o no lo note, piense o no piense en ello, las paredes est\u00e1n ah\u00ed, y es como si unas voces silenciosas le hablaran desde ellas, un gran silencio hay en las paredes y ese silencio dice algo que no se puede decir con palabras, \u00e9l lo sabe, piensa, y hay algo detr\u00e1s de esas palabras que se dicen constantemente, que est\u00e1 en el silencio de las paredes, piensa, y se queda quieto mirando las paredes, pero \u00bfqu\u00e9 es lo que le pasa hoy? \u00bfpor qu\u00e9 est\u00e1 as\u00ed?<\/em>\u201d (p\u00e1g. 54)<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00fanica diferencia entre los nombres de Ales y su tataranieto Asle es la posici\u00f3n de una letra. Una sutil pero determinante diferencia que, a su vez, da cuenta de lo que permanece y se repite. As\u00ed, van apareciendo las cinco generaciones que precedieron a Signe y Asle, incluso un t\u00edo hom\u00f3nimo fallecido a temprana edad, para recordarnos que la distancia temporal se puede diluir de un momento a otro para instalarse como presente y que deshacerse de ello no es tan simple. Hay puentes que no desaparecen y relaciones que se instalan de forma irremediable y extra\u00f1a, como lo muestran algunas l\u00edneas que hablan de la relaci\u00f3n de Signe y Asle:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>desde la primera vez que lo vio venir caminando hacia ella, y la mir\u00f3, y ella se qued\u00f3 ah\u00ed quieta, y se miraron, se sonrieron, y era como si se conocieran de antes, como si se conocieran de toda la vida, de alguna manera, y simplemente hiciera una eternidad que no se ve\u00edan, y que por eso la alegr\u00eda fue tan grande, el reencuentro les produjo tanta alegr\u00eda a los dos que la alegr\u00eda tom\u00f3 el mando, los dirigi\u00f3, los dirigi\u00f3 el uno hacia el otro, como si hubieran perdido algo, algo que les hubiera faltado toda la vida, pero que ahora estaba ah\u00ed, por fin, ahora estaba ah\u00ed, as\u00ed lo sintieron la primera vez que se vieron, por mera casualidad, como fue en realidad, y no les result\u00f3 dif\u00edcil, ni les dio miedo, es que era como una obviedad, como si no se pudiera hacer nada al respecto, como si ya estuviera decidido\u201d<\/em> (p\u00e1g. 63).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/jon-fosse.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1519\" width=\"504\" height=\"287\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/jon-fosse.png 580w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/jon-fosse-300x171.png 300w\" sizes=\"(max-width: 504px) 100vw, 504px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Los fantasmas familiares se desplazan por esta novela como una respuesta a las cavilaciones de los protagonistas. Estar y no estar, presente y pasado, son categor\u00edas que pierden fuelle frente a las emociones que los sobrepasan. Sentimientos de tal hondura, capaces de oponerse a las fuerzas de la naturaleza, asumiendo distintas formas para permanecer y seguir circulando como herencia, como recuerdo, como espectros que se aferran a la existencia a trav\u00e9s de los vivos.&nbsp; M\u00e1s que cuestionarse por el origen de estos fantasmas, Fosse plantea otro camino: preguntarse <em>c\u00f3mo<\/em> vivir con ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fortuna, desde que fue galardonado con el Premio Nobel, son cada vez m\u00e1s los t\u00edtulos del escritor noruego que han sido traducidos al espa\u00f1ol y se pueden hallar en librer\u00edas. Aqu\u00ed les propongo una buena puerta de entrada a su obra, con esta novela que se instala en el lector como una grata alucinaci\u00f3n, una quimera sublime.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*****<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro publicado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Jon Fosse<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Ales junto a la hoguera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Random House, 2024, 112 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Traducci\u00f3n de Cristina G\u00f3mez-Baggethun y Kirsti Baggethun<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fiordo de los porqu\u00e9s Por Sebasti\u00e1n Uribe \u00bfEn qu\u00e9 pensamos cuando hablamos de fantasmas? \u00bfqu\u00e9 dicen sobre nosotros y qu\u00e9 proyectamos en ellos? 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