{"id":1472,"date":"2024-05-25T11:05:34","date_gmt":"2024-05-25T16:05:34","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1472"},"modified":"2024-05-25T11:05:34","modified_gmt":"2024-05-25T16:05:34","slug":"resena-la-radio-puesta-2024-de-javier-montes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2024\/05\/25\/resena-la-radio-puesta-2024-de-javier-montes\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: La radio puesta (2024) de Javier Montes"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>O\u00edr el mundo<\/u><\/strong><strong><u><\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Sebasti\u00e1n Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde viene el gesto de dejar la radio prendida? \u00bfCu\u00e1l es la necesidad que esta sigue satisfaciendo y la hace resistir la obsolescencia tecnol\u00f3gica? Por su ubicuidad cotidiana, no son muchas las veces que uno se detiene a reflexionar sobre la vigencia de este aparato y el mundo que contiene. Javier Montes (Madrid, 1976) lo hace y ensaya algunas respuestas en este breve y perspicaz cuaderno, entretejiendo an\u00e9cdotas y experiencias propias con datos y referencias inesperadas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La radio es caf\u00e9 sonoro: poco a poco, con cada sorbo, aviva la conciencia, reanima la memoria, despierta el sentido del humor, la imaginaci\u00f3n, la capacidad y las ganas de hacerse ilusiones o desesperar de la vida: nos sit\u00faa de nuevo en ella y la ancla en nosotros. <\/em>(p. 13)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/La-radio-puesta-portada.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1473\" width=\"401\" height=\"672\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/La-radio-puesta-portada.jpg 357w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/La-radio-puesta-portada-179x300.jpg 179w\" sizes=\"(max-width: 401px) 100vw, 401px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Montes empieza este libro asociando a la radio con el caf\u00e9 y su efecto: despertar. Ponerle fin a la modorra, dejar atr\u00e1s el sue\u00f1o o la pesadilla, y afrontar la vida que se cuela sin pedir permiso. Ante ello, el gesto autom\u00e1tico, aprendido, sin el cual el d\u00eda no empieza del todo. La radio se torna un recordatorio de que hay un afuera, una vida exterior pero no ajena a uno, incontrolable e inesperada. Esta \u00faltima caracter\u00edstica se resalta, por ejemplo, cuando cuenta c\u00f3mo un ruise\u00f1or se posa sorpresivamente en el balc\u00f3n del autor regalando su canto mientras suena \u201cLa canci\u00f3n del ruise\u00f1or\u201d de \u00cdgor Stravinski en Radio Cl\u00e1sica, emisora elegida sin alguna motivaci\u00f3n especial aquella vez. \u00bfCoincidencia extra\u00f1a? \u00bfCasualidad? Tal vez, pero lo que es seguro es que dicha experiencia fue permitida por la radio, convertida en veh\u00edculo de lo inesperado.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La radio puesta<\/em> es una respuesta a la popular canci\u00f3n de The Buggles<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Su cualidad enteramente sonora, concebida por mucho tiempo como una debilidad, se ha tornado en su mayor fortaleza, aunada a sus otras caracter\u00edsticas como la de ser \u2018<em>invisible inmaterial y omnipresente\u2019<\/em> (p. 28). En la habitaci\u00f3n, en la oficina, en el bus, en la privacidad de los aud\u00edfonos: sus ondas pueden crecer o reducirse, sin dejar de alcanzarnos. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 seguir oy\u00e9ndola, si tenemos \u2013ahora\u2013 los <em>podcasts<\/em> al alcance? Por el gesto liberador que supone el azar. Porque la oferta de contenidos que tenemos a nuestra disposici\u00f3n puede devenir en una saturaci\u00f3n de nuestra capacidad de elecci\u00f3n y, en casos extremos, causar angustia y ansiedad:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Bisagra, or\u00e1culo, espejo: la radio puede ser todo esto y hacer posibles mediante su naturaleza aleatoria todas esas experiencias y sensaciones. Frente a la tiran\u00eda parad\u00f3jica de la libertad absoluta y la obligaci\u00f3n de desear, propone una obediencia m\u00e1s abstracta y curiosamente liberadora: al azar, a lo imponderable, a nadie. Es un gesto simb\u00f3lico de conformidad con el mundo, con un orden de cosas que no hemos dispuesto. <\/em>(p. 31)<\/p>\n\n\n\n<p>La comodidad es solo una antesala a las experiencias con las que puede sorprendernos la programaci\u00f3n de una emisora, volvi\u00e9ndose as\u00ed una tecnolog\u00eda que acompa\u00f1a en su fluir constante. Montes insiste en esta idea, aclarando que <em>distraer<\/em> no es lo mismo que <em>acompa\u00f1ar<\/em>. En esta \u00faltima acci\u00f3n hay una \u201c<em>presencia de baja intensidad (\u2026) que nunca exige, pero siempre acoge nuestra atenci\u00f3n. No avasalla ni se impone\u201d<\/em> (p. 44).Es desde ese lugar que la radio se erige como una herramienta de resistencia a la hiperconectividad exigida hoy en d\u00eda, lo cual no hace m\u00e1s que incrementar sensaciones de frustraci\u00f3n y soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Mencionaba que hab\u00eda referencias inesperadas, y es que Montes opta, en vez de citar investigaciones sobre el tema, por hacer dialogar textos de Teju Cole y Anna Frank, pero sobre todo de Walter Benjamin. Sobre estos \u00faltimos, Montes tiende un puente de encuentro a trav\u00e9s de la radio. Recuerda que Frank anota en su celeb\u00e9rrimo diario c\u00f3mo se reun\u00eda en su refugio para escuchar la m\u00fasica de la radio alemana y las noticias de la BBC. El autor se centra en esto, evocando c\u00f3mo Benjamin fue parte de la construcci\u00f3n de este tipo de emisoras, en el per\u00edodo previo a la II Guerra Mundial, cuando gest\u00f3 su \u2018Pa\u00eds de las Voces\u2019, un lugar no f\u00edsico de encuentro, \u201c<em>patria com\u00fan imaginaria hecha de multitud de voces y de silencios\u201d<\/em> (p. 65). Una patria que iba a sobrevivir al horror para brindar sosiego a una ni\u00f1a algunos a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Montes.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1474\" width=\"509\" height=\"341\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Montes.jpg 1002w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Montes-300x201.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/Montes-768x515.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 509px) 100vw, 509px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Hacia las p\u00e1ginas finales del libro, el autor enfoca su mirada sobre los oyentes y la comunidad formada por estos. En la uni\u00f3n que se da entre quienes siguen practicando el ritual anacr\u00f3nico y trabajoso de encender la radio. Ya sea en la parte m\u00e1s alejada y fr\u00eda del mundo, como en el edificio de la zona m\u00e1s ruidosa de una urbe, la ceremonia de mantener viva esta tecnolog\u00eda supone la valiosa satisfacci\u00f3n de ser \u2018<em>ineficiente en tiempos ultraeficientes\u2019<\/em> (p. 64). Una actividad que exalta la incertidumbre por encima de la previsibilidad:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La radio no solo permite el azar, no solo sugiere compa\u00f1\u00eda: tambi\u00e9n revela la sustancia del tiempo. Representa esa idea de corriente vital y natural que no se detiene, irrecuperable e imprevisible, a la que nos enganchamos en marcha un d\u00eda y de la que nos desengancharemos, tambi\u00e9n en marco, otro<\/em>. (p. 76)<\/p>\n\n\n\n<p>Javier Montes nos recuerda as\u00ed que la radio no interrumpe la vida sino todo lo contrario: se funde en ella y nos devuelve aquello que las otras tecnolog\u00edas buscan arrebatarnos: el tiempo. Uno en el que m\u00e1s que exaltar la prisa y la acumulaci\u00f3n, se vuelve a aquel gesto centenario de encender con calma un aparato para o\u00edr el mundo y encontrarnos all\u00ed con los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*****<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Javier Montes<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>La radio puesta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Anagrama, 2024, 96 pp.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> \u00abVideo Killed the Radio Star\u00bb es una canci\u00f3n original de 1978 de Bruce Woolley para el \u00e1lbum <em>Bruce Woolley And The Camera Club<\/em>, popularizada un a\u00f1o despu\u00e9s por la banda brit\u00e1nica The Buggles: <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Video_Killed_the_Radio_Star\">https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Video_Killed_the_Radio_Star<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>O\u00edr el mundo Por Sebasti\u00e1n Uribe \u00bfDe d\u00f3nde viene el gesto de dejar la radio prendida? \u00bfCu\u00e1l es la necesidad que esta sigue satisfaciendo y la hace resistir la obsolescencia tecnol\u00f3gica? 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