{"id":1361,"date":"2024-01-20T00:50:36","date_gmt":"2024-01-20T05:50:36","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1361"},"modified":"2024-01-20T00:50:36","modified_gmt":"2024-01-20T05:50:36","slug":"desde-los-extramuros-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2024\/01\/20\/desde-los-extramuros-6\/","title":{"rendered":"Desde los extramuros"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">Bosque de arces<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por cronista marciano<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El reciente libro de Jorge Casilla, <em>Bosque de arces<\/em> (Maquinaciones, 2023), llama la atenci\u00f3n por encarnar una de las modalidades narrativas que viene circulando en nuestro mal distribuido patio letrado: aquel que ambienta sus historias en espacios for\u00e1neos o en lugares no identificables con la realidad inmediata, una manera de escribir que en el nuevo milenio tuvo en <em>Las islas<\/em> de Yushimito su primer hito. Pienso en los posibles motivos de esta elecci\u00f3n art\u00edstica que tambi\u00e9n reconozco en otros escritores y se me ocurre que la respuesta tal vez aparezca al final de esta rese\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/bosque-de-arces.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1362\" width=\"447\" height=\"763\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/bosque-de-arces.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/bosque-de-arces-176x300.jpeg 176w\" sizes=\"(max-width: 447px) 100vw, 447px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Los relatos que componen <em>Bosque de arces<\/em> tienen como escenario el Jap\u00f3n, un Jap\u00f3n m\u00e1s o menos actual (aunque esto poco importa, pues el libro no se interesa por el espacio social de ese lejano pa\u00eds, sino por representar el mundo \u00edntimo de las parejas, de cierto tipo de parejas, en los que notamos los s\u00edntomas del desequilibrio emocional) que sirve de fondo perfecto para el tipo de historias que su autor representa y que, definitivamente, no podr\u00edan estar ambientadas en Lima, ciudad que no cuenta con un bosque de arces que ti\u00f1a con la nota sentimental requerida para estos relatos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al leer <em>Bosque de arces<\/em> uno se percata de eso que podemos llamar \u00abvocaci\u00f3n para contar\u00bb. Y digo esto porque el libro es entretenido y se siente el gusto de su autor por hilar historias. Es \u2013y este es el mejor s\u00edmil que puedo encontrar\u2013 como mirar a un profesor dictar con ganas su clase. A mi impresi\u00f3n, entre los relatos del libro, los m\u00e1s destacados son los de tono \u00a0humor\u00edstico. Y la raz\u00f3n es porque \u00a0el humor es una buena elecci\u00f3n formal para retratar objetivamente un mundo donde los personajes presentan conflictos afectivos o viven situaciones l\u00edmite (intentos de suicidio, depresi\u00f3n, obsesividad, conductas autodestructivas, etc.). Tambi\u00e9n debo reconocer que este escritor sabe trasmutar con mucha naturalidad escenas realistas a situaciones fant\u00e1sticas. Buen ejemplo de lo que digo es el cuento \u201cLa gatita Sashimi\u201d. El juicio me aconseja no resumir la l\u00ednea argumental de este relato. Me conformar\u00e9 con decir que me gust\u00f3 ver c\u00f3mo la crisis del protagonista se resuelve imprevistamente con una relaci\u00f3n amorosa inveros\u00edmil y c\u00f3mica, en la cual el asesinato cobra tintes grotescos, justicieros y risibles. Otro relato simp\u00e1tico es \u201cNubes rojas y naranjas\u201d, aqu\u00ed asistimos a la espera angustiada de un hombre, cuyo desenlace desemboca en la desestigmatizaci\u00f3n de una enfermedad.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n cabe resaltar la primera historia del libro, aunque de estilo realista. Jorge Casilla aqu\u00ed se vale eficientemente de un recurso muy poco visitado por nuestros narradores actuales: el silencio. Este aparece en los momentos exactos de la trama y los dota de esa pausa necesaria, acallando lo que no debe ser dicho y que solo debe entreverse borrosamente en la mente del lector. Destacables tambi\u00e9n son los relatos finales del libro (\u201cPrimer diario de Sakura\u201d, \u201cArte de besar manzanas\u201d y \u201cSakura en primavera\u201d), con protagonistas m\u00e1s acordes al tono sentimental que desea imprimir el autor, esto es, con adolescentes que van descubriendo su identidad y su sexualidad, que padecen el problema de no saber expresar sus sentimientos o de aceptarlos en la manera en que estos se presentan. El \u00fanico reparo que puede hacerse es que alguna vez el punto de vista del narrador se cruza con el de los adolescentes en lugar de mantener la objetividad. Finalmente, el libro acaba con unos haik\u00fas alusivos a la atm\u00f3sfera emotiva de los relatos.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"712\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jorge-Casilla-Foto-Vanessa-Zamudio-1024x712.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1363\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jorge-Casilla-Foto-Vanessa-Zamudio-1024x712.png 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jorge-Casilla-Foto-Vanessa-Zamudio-300x209.png 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jorge-Casilla-Foto-Vanessa-Zamudio-768x534.png 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jorge-Casilla-Foto-Vanessa-Zamudio-1536x1069.png 1536w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jorge-Casilla-Foto-Vanessa-Zamudio-1200x835.png 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jorge-Casilla-Foto-Vanessa-Zamudio.png 1650w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption><strong>Jorge Casilla: Foto de Vanessa Zamudio<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Jorge Casilla escribe con oficio. A pesar de recurrir siempre a la misma gama de personajes, sabe darle variedad a las situaciones, con lo cual evita la repetici\u00f3n y la monoton\u00eda; sus cuentos son una buena muestra de todos los matices que puede tomar un color \u2013digamos el azul\u2013 para componer un cuadro sin caer en lo uniformidad crom\u00e1tica. Creo que en un futuro pr\u00f3ximo \u201cLa gatita Sashimi\u201d ser\u00e1 tomado en cuenta en las antolog\u00edas de cuentistas peruanos actuales. Creo adem\u00e1s que ese cuento es una veta interesante para seguir explorando esa modalidad narrativa consistente en recrear el mundo \u00edntimo y sentimental de personajes que viven <em>amores<\/em> conflictivos o marcados por la fatalidad. \u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Lima, 25 de octubre del 2023<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bosque de arces Por cronista marciano El reciente libro de Jorge Casilla, Bosque de arces (Maquinaciones, 2023), llama la atenci\u00f3n por encarnar una de las modalidades narrativas que viene circulando en nuestro mal distribuido patio letrado: aquel que ambienta sus historias en espacios for\u00e1neos o en lugares no identificables con la realidad inmediata, una manera [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,1,9],"tags":[595,559,593,594],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1361"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1361"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1361\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1364,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1361\/revisions\/1364"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1361"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1361"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1361"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}