{"id":1270,"date":"2023-08-19T14:45:29","date_gmt":"2023-08-19T19:45:29","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1270"},"modified":"2023-08-19T14:45:29","modified_gmt":"2023-08-19T19:45:29","slug":"desde-los-extramuros-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2023\/08\/19\/desde-los-extramuros-4\/","title":{"rendered":"Desde los extramuros"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">Un lugar para un extranjero<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Cronista Marciano<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda acabado a\u00fan la universidad cuando le\u00ed por primera vez \u00abExtranjero\u00bb. Estaba sentado en un rinc\u00f3n de la biblioteca buscando alg\u00fan cuento que me enganchara cuando lo encontr\u00e9 dentro de la antolog\u00eda anual de ganadores y finalistas del Cop\u00e9. El relato, que pertenec\u00eda a Augusto Higa, retrataba los barrios populares y c\u00e9ntricos de la Lima cincuentera. Fondas, callejones, mercados eran evocados con el mismo realismo con el que hoy siguen habitando las calles del Cercado. Pero no me impresion\u00f3 tanto su ambiente v\u00edvido como s\u00ed el perfil de su protagonista, un ni\u00f1o nisei que funciona como espejo de la violencia de su entorno. \u00abExtranjero\u00bb me pareci\u00f3 en ese entonces una pieza novedosa y me pregunt\u00e9 por qu\u00e9 no hab\u00eda tenido mejor suerte.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Augusto-Higa.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1271\" width=\"541\" height=\"358\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Augusto-Higa.jpeg 676w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Augusto-Higa-300x199.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 541px) 100vw, 541px\" \/><figcaption><strong>Augusto Higa<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s volv\u00ed a toparme con el relato en el estante de una librer\u00eda. Estaba\u00a0 dentro de <em>Okinawa existe<\/em>. Al repasarlo, mi primera impresi\u00f3n se mantuvo, pero no supe explicarme por qu\u00e9 la historia de Masaharu, el escolar del jir\u00f3n Huancavelica, me resultaba singular. Reconocer la val\u00eda de una obra no suele ser dif\u00edcil, pero encontrar las razones que nos llevan a ese diagn\u00f3stico es otro asunto. Con el tiempo la tarea de descubrir los motivos subyacentes a mi juicio fue olvidada, sea por las obligaciones laborales o por la necesidad natural de visitar otros libros o, tal vez, porque cada acto de comprensi\u00f3n tiene su hora precisa. Ahora, que volv\u00ed a leerlo, creo poder responder a esa lejana pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al retornar a las p\u00e1ginas de \u00abExtranjero\u00bb, a sus calles pobladas de muchachitos palomillas, no pude evitar recordar otros espacios de violencia, as\u00ed como a otros adolescentes y ni\u00f1os que la padecen, como el Esclavo, ese cadete que en <em>La ciudad y los perros<\/em> acepta la humillaci\u00f3n y el maltrato antes que adaptarse a la agresividad y el machismo de la instrucci\u00f3n militar del colegio Leoncio Prado. Record\u00e9 tambi\u00e9n a Paco Yunque, el peque\u00f1o campesino que, en una escuela de pueblo grande, soporta durante la hora del recreo las feroces patadas de Humberto Grieve, el hijo del gerente de la <em>Peruvian Corporation<\/em>. En las experiencias de ambos escolares uno descubre las anomal\u00edas de la sociedad peruana: la brutal cultura de la \u201chombr\u00eda\u201d y el drama hist\u00f3rico de las clases sociales oprimidas.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de \u00abExtranjero\u00bb es distinto. Higa no se vale de su protagonista para exponer las motivaciones sociales del odio y la marginaci\u00f3n a los inmigrantes japoneses durante las d\u00e9cadas del cuarenta y del cincuenta. La historia de Masaharu gira en torno a su relaci\u00f3n con Kanashiro, otro ni\u00f1o nisei, quien lo martiriza. Masaharu no comprende el odio de su compa\u00f1ero, de su semejante \ua7f7 \u00bfde su doble?\ua7f7&nbsp; con quien v\u00ednculos sociales y de origen le une. Y este aspecto es el que me parece novedoso para nuestra narrativa realista. Higa al explorar la violencia dirige la lente hacia el individuo antes que a las condiciones sociales que la propician. No digo que estas no est\u00e9n presentes, s\u00ed lo est\u00e1n y mucho, pero no es a la sociedad a donde el escritor dirige su mirada sino al interior de su protagonista. Si en \u201cLos gallinazos sin plumas\u201d, \u201cEl trompo\u201d o \u201cJoche\u201d, exploramos la idiosincrasia del mundo adulto y la injusticia social a trav\u00e9s de la experiencia infantil, en las vicisitudes de Masaharu observamos c\u00f3mo la violencia cincela al ser humano. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con \u00abExtranjero\u00bb tenemos por primera vez una imagen m\u00e1s compleja de la v\u00edctima. Higa nos acerca a su intrincada interioridad, a la ambig\u00fcedad de sus respuestas emocionales y saca a la luz esas oscuridades que casi siempre se materializan en actos fallidos: Masaharu apagando la realidad en el brillo del fuego; Masaharu y sus muecas simiescas en el corral de Moralitos. Relato de im\u00e1genes antes que de acciones, escenas desconcertantes y dif\u00edciles de delimitar en su contenido emocional. Y lo que sorprende m\u00e1s: ver al ni\u00f1o matonear, gritar, insultar, pelear, como no lo han hecho antes otros personajes de su tipo, y no por ello deja de ser m\u00e1s pasivo e indefenso. Esta at\u00edpica actuaci\u00f3n tal vez sea el punto m\u00e1s bajo de su degradaci\u00f3n humana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esto \u00faltimo nos revela la condici\u00f3n de Masaharu. \u00c9l es una pantalla sobre la cual se proyecta el mundo exterior, un espejo que lo recibe y lo reproduce todo. Ese es su drama. El ni\u00f1o repite la pasividad de su padre, un inmigrante que en su nula reacci\u00f3n parece haber encubierto un mecanismo de defensa frente al encono social. Y no menos teatral es su agresividad, esa impostura que le permite ponerse al amparo de sus amigos de barrio. Masaharu reproduce todas las estrategias en un intento desesperado de&nbsp; evadir la violencia. Pero esto los desgasta, lo embriaga, lo deja desbordado de realidad. En ese juego de actuar como todos, &nbsp;se arraiga su extrav\u00edo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esto tambi\u00e9n lo diferencia de sus predecesores. Al Esclavo y a Paco Yunque los conocemos, sabemos qui\u00e9nes son, pero Masaharu es una inc\u00f3gnita, un extra\u00f1o o, como lo ha bautizado su creador, un \u201cextranjero\u201d. El esclavo se conoce bien, sabe qui\u00e9n es, la violencia que lo somete no ha logrado comprometer su identidad, incluso puede ufanarse de defenderla cuando le dice al Poeta: \u00abt\u00fa y los dem\u00e1s imitan al Jaguar\u00bb. No podemos decir lo mismo de Masaharu. La violencia que lo acosa tambi\u00e9n corroe su yo: de \u00e9l solo vemos la careta, al actor cansado de actuar, al muchacho que juega a ser la v\u00edctima y que, efectivamente, lo es. Lo es sobre todo frente a Kanashiro, ese otro ni\u00f1o nisei que lo tortura, y frente al cual Masaharu est\u00e1 indefenso. \u00abTe conozco, japon\u00e9s. As\u00ed te escondas, ni hables, ni te muevas\u00bb, le dice Kanashiro, como si ante \u00e9l se cayeran las m\u00e1scaras y las tretas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el drama compartido, Masaharu merece ser reconocido como parte de esa familia de ni\u00f1os entra\u00f1ables que son Paco Yunque, Ernesto, los hermanos Efra\u00edn y Enrique, Chupitos, Esteban, Joche y \u00d1ito. \u201cExtranjero\u201d se enlaza, pero tambi\u00e9n renueva, a esa tradici\u00f3n del cuento peruano que iniciada por Abraham Valdelomar enjuicia la idiosincrasia de nuestros entornos sociales desde la experiencia infantil. Augusto Higa le ha regalado a la literatura peruana uno de sus cuentos esenciales. \u00a0<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"427\" height=\"640\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/OkinawaExiste_sm.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1272\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/OkinawaExiste_sm.jpeg 427w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/OkinawaExiste_sm-200x300.jpeg 200w\" sizes=\"(max-width: 427px) 100vw, 427px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Luis Loayza ha dicho que cuando un escritor muere su obra pasa una temporada en el purgatorio antes de saber si va al olvido o si permanece en el mundo de los hombres. Tengo entendido que la historia de Masaharu ya es le\u00edda en las aulas escolares, aunque no est\u00e9 incluido en el plan lector del Ministerio de Educaci\u00f3n, situaci\u00f3n tremendamente injusta para un cuento tan notable y para un escritor de su importancia. Esto no me sorprende. Cuando un escritor aborda problemas reales y se propone a comprender la condici\u00f3n humana por una honesta necesidad, entonces su obra se instala para siempre en la realidad. Eximido de ese limbo literario del que Loayza hablaba, este relato de Higa seguir\u00e1 ganando lectores a pesar del casi nulo reconocimiento oficial. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Lima, agosto del 2023<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un lugar para un extranjero Por Cronista Marciano No hab\u00eda acabado a\u00fan la universidad cuando le\u00ed por primera vez \u00abExtranjero\u00bb. 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