{"id":1223,"date":"2023-06-18T21:37:25","date_gmt":"2023-06-19T02:37:25","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1223"},"modified":"2023-12-07T12:29:02","modified_gmt":"2023-12-07T17:29:02","slug":"resena-yo-mate-a-un-perro-en-rumania-2022-de-claudia-ulloa-donoso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2023\/06\/18\/resena-yo-mate-a-un-perro-en-rumania-2022-de-claudia-ulloa-donoso\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Yo mat\u00e9 a un perro en Ruman\u00eda de Claudia Ulloa Donoso"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><u>Ant\u00eddotos contra la soledad<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Eliana Del Campo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo se prepara uno para morir despu\u00e9s de treinta y cinco a\u00f1os de haber dejado el \u00fatero? Adormeci\u00e9ndose. Hay muchas formas de adormecerse, pero la m\u00e1s f\u00e1cil es la qu\u00edmica. Envolverse en mantas y ahogar los ruidos hasta desconocerlos. A\u00f1orar la quietud y el descanso\u201d (p. 41). Reflexiona en cierto momento la protagonista de <em>Yo mat\u00e9 un perro en Ruman\u00eda<\/em> (Almad\u00eda, 2022; Random House, 2023) de la escritora peruana Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979) Una novela que explora las formas como los seres humanos lidian con una sociedad que los sentencia a la soledad.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/Yo-mate-a-un-perro-en-Rumania.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1230\" width=\"521\" height=\"772\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/Yo-mate-a-un-perro-en-Rumania.jpg 648w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/Yo-mate-a-un-perro-en-Rumania-202x300.jpg 202w\" sizes=\"(max-width: 521px) 100vw, 521px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En el libro se narra la historia de una profesora latinoamericana que trabaja ense\u00f1ando el idioma local a extranjeros en Noruega, donde reside, a la vez que se encuentra sumida en la depresi\u00f3n. Al inicio de la narraci\u00f3n, uno de sus exalumnos, un migrante que trabaja como conductor de bus, interrumpe su hibernaci\u00f3n con una curiosa invitaci\u00f3n. Este le propone que le acompa\u00f1e a Ruman\u00eda, su pa\u00eds de origen, a donde tiene que retornar por motivos familiares. La protagonista acepta \u2013tanto por la insistencia de su exalumno como por inercia\u2013 y ambos se embarcan en un viaje en carretera a lo largo del pa\u00eds europeo en donde las circunstancias los llevar\u00e1n, de forma inevitable, a conocerse mejor y confrontar sus diferencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se mencion\u00f3 anteriormente, la novela nos presenta a dos personajes principales. Por un lado, tenemos a la protagonista. Una migrante latinoamericana de 35 a\u00f1os que vive en un pa\u00eds n\u00f3rdico y ha pasado una temporada sumida en el letargo causado por somn\u00edferos que ingiere indiscriminadamente. Su introducci\u00f3n como personaje es acompa\u00f1ada por reflexiones en torno a la muerte, relatadas con un lenguaje afectado, de tono s\u00f3rdido. Conforme avanza la historia, lo que vamos conociendo de ella tampoco permite comprender del todo los eventos que la llevaron a ese estado. La narraci\u00f3n del viaje en carretera se ve interrumpido apenas por un par de an\u00e9cdotas de infancia, de fuerte carga emocional, que sin embargo no terminan de descifrar su sentir. Este es quiz\u00e1s uno de los mayores aciertos de Ulloa: no ceder ante la amenaza de la literalidad ni la ansiedad explicativa y permitir que los lectores interpreten estas vivencias como destellos de luz sobre la sombra que la protagonista extiende. Su perspectiva es la que nos acompa\u00f1a, como mon\u00f3logo interior, durante la segunda parte del libro (vale mencionar, la m\u00e1s extensa) y el vocabulario utilizado es uno que expresa desapego y una desconexi\u00f3n melanc\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta profunda afectaci\u00f3n hace que el lector se adentre de forma privilegiada en la subjetividad de la protagonista. El lenguaje, por ratos ensimismado y por otros, profundamente sensorial, act\u00faa como una inscripci\u00f3n que indica: aqu\u00ed yace una mujer sola. Aqu\u00ed se encuentra una mujer tan cercada por s\u00ed misma que tiene como medida del mundo sus propios sentidos. En un momento dice: \u201cEl aroma artificial que sal\u00eda de nuestras bocas se un\u00eda a los olores que emanaban nuestras gl\u00e1ndulas, al vaho de gasolina y asfalto h\u00famedo que exhalaba Bucarest\u201d (p. 122)como si hiciera un esfuerzo por recordar c\u00f3mo se perciben las cosas, incapacitada de hacerlo por el estado embotado que las pastillas le provocan. Determinada a no olvidar sus impresiones entre los ratos de lucidez y el ensue\u00f1o. Para justificar su silencio, en otro momento dice: \u201cQuiz\u00e1s la mudez era una necesidad org\u00e1nica, el cuerpo pidi\u00e9ndome silencio. Perder el discurso era una manera de regular mi organismo, una cura de silencio, por qu\u00e9 no. Si hay curas de sue\u00f1o, por qu\u00e9 no de silencio, me dije sin decir palabra\u201d (p. 221). Una desesperaci\u00f3n silenciosa que por momentos nos recuerda a Esther Greenwood, la tr\u00e1gica hero\u00edna del cl\u00e1sico de Sylvia Plath, una mujer cuya depresi\u00f3n le hace sentir en una campana de cristal, \u201cagit\u00e1ndose en su propio aire viciado\u201d.<sup>1<\/sup><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Portada-YO-MATE\u0301-A-UN-PERRO-EN-RUMANI\u0301A-607x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1311\" width=\"491\" height=\"828\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Portada-YO-MATE\u0301-A-UN-PERRO-EN-RUMANI\u0301A-607x1024.jpeg 607w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Portada-YO-MATE\u0301-A-UN-PERRO-EN-RUMANI\u0301A-178x300.jpeg 178w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Portada-YO-MATE\u0301-A-UN-PERRO-EN-RUMANI\u0301A-768x1295.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Portada-YO-MATE\u0301-A-UN-PERRO-EN-RUMANI\u0301A-911x1536.jpeg 911w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/Portada-YO-MATE\u0301-A-UN-PERRO-EN-RUMANI\u0301A.jpeg 1007w\" sizes=\"(max-width: 491px) 100vw, 491px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En paralelo, tenemos a Mihai\/Ovidiu, un hombre rumano de 30 a\u00f1os que retorna a Ruman\u00eda para encargarse del <em>praznic<\/em> (misa de aniversario de fallecimiento) a su padre, tras siete a\u00f1os de su muerte. El regreso &nbsp;lo confronta con su pasado, pero tambi\u00e9n con las expectativas de los diferentes miembros de su familia. Sumado a ello, el haber tra\u00eddo consigo a su enferma y fr\u00e1gil maestra, no solo provoca la mirada curiosa de las personas con las que se encuentra durante el trayecto, sino tambi\u00e9n discusiones entre ambos a causa de sus diferencias. Mientras la protagonista se sumerge dentro de s\u00ed misma e insiste en comportamientos autodestructivos, Ovidiu irrumpe en la historia con un lenguaje ansioso, de fluidez ininterrumpida y por ratos, atropellada (en cap\u00edtulos enteros en primera persona a partir de la tercera parte) para encarnar el desconcierto ante la actitud de su amiga, actitud frente a la cual siempre busca establecer una firme distancia. Tras el recuerdo de una vida llena de limitaciones en Ruman\u00eda y su esfuerzo por migrar a Noruega en b\u00fasqueda de un futuro distinto, Ovidiu es sacado de quicio por el ego\u00edsmo que atisba en la protagonista. En un momento, le espeta: \u201cNosotros los rumanos tenemos menos, somos pobres, pero estamos agradecidos con la vida, lo \u00fanico que buscamos es salir adelante, estar sanos, disfrutar de las cosas, y si un rumano se matara no lo har\u00eda en un hotel de lujo porque es una gilipollez; vamos, un desperdicio\u201d (p.135) y algunas p\u00e1ginas despu\u00e9s: \u201cEst\u00e1s en tu mundo y nada m\u00e1s cuenta, t\u00fa y tus rollos que en realidad yo no los entiendo nada porque tienes todo para ser feliz\u201d (p. 172).<\/p>\n\n\n\n<p>El contraste entre los discursos de los dos personajes es el elemento principal que emplea Ulloa para construir esta novela. La din\u00e1mica que surge entre ambos es la que encarna el mayor conflicto que se plantea: \u00bfQu\u00e9 es la soledad? \u00bfQui\u00e9n tiene permitido sentirla? \u00bfC\u00f3mo evitarla, y, hoy en d\u00eda, \u00bfse puede del todo? Y es que los dos personajes, a medida que transcurre el libro, est\u00e1n, de diferentes maneras, profundamente solos. <em>Yo mat\u00e9 un perro en Ruman\u00eda<\/em> es una novela \u00e9pica en el sentido cl\u00e1sico, pues calza en la categor\u00eda de novela de viaje de carretera; pero tambi\u00e9n por el hero\u00edsmo que se manifiesta como una met\u00e1fora de lo que las personas van cargando por dentro \u2013sus fantasmas, sus heridas, sus delirios\u2013 en una sociedad que ha trastocado el sentido de humanidad por completo hasta reducirlo a una mera funci\u00f3n econ\u00f3mica. La escritura de Ulloa se mueve justo ah\u00ed, entre la esperanza y el desencanto que permea en la condici\u00f3n extranjera que en su obra parecen simbolizar el exilio y la alienaci\u00f3n, no s\u00f3lo de la tierra natal sino de la humanidad misma.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, el libro nos presenta a una protagonista cuyo arquetipo podemos identificar en otras ficciones contempor\u00e1neas como en <em>La encomienda<\/em> de Margarita Garc\u00eda-Robayo (Anagrama, 2022) o en la aclamada <em>Mi a\u00f1o de descanso y relajaci\u00f3n<\/em> de Ottessa Moshfegh (Alfaguara, 2019) Estas obras mencionadas son historias que profundizan en la soledad femenina. All\u00ed donde la publicidad y ciertas vertientes ideol\u00f3gicas como el denominado feminismo blanco intentan vender la soledad a manera de empoderamiento (el \u201ctriunfo\u201d de la autosuficiencia) escritoras como las mencionadas responden con ficciones que reflejan el verdadero costo de un sistema econ\u00f3mico que depreda las relaciones humanas, exalta el individualismo y se ensa\u00f1a con las mujeres que no cumplen con su rol en la reproducci\u00f3n de la mano de obra. Estas obras hablan de la p\u00e9rdida de los v\u00ednculos afectivos, el ostracismo y la alienaci\u00f3n. Si la narrativa anterior al siglo XXI acab\u00f3 con la entelequia de la familia como lugar seguro, este tipo de novelas contempor\u00e1neas profundizan en las consecuencias de ello. Y, en el caso particular de la novela de Ulloa, es narrada no desde la nostalgia del ideal perdido sino con esp\u00edritu de denuncia, con hartazgo, pero tambi\u00e9n, con esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>La esperanza surge en la novela en forma de un elemento inusual: un perro. Este animal se introduce en la prehistoria de la narraci\u00f3n de forma premonitoria: anunciando, por anticipado, su muerte. Esta irrupci\u00f3n meta-narrativa dota a la historia de un car\u00e1cter fantasioso, reminiscente de las f\u00e1bulas que escuch\u00e1bamos de ni\u00f1os. De pronto, un perro anuncia no solo que es este quien escribe, sino que el relato le pertenece. Se\u00f1ala: \u201csolo hac\u00eda falta que alguien pensara en un perro muerto y que escribiera\u201d (p. 18). Si bien en el transcurso de las p\u00e1ginas olvidamos esta profec\u00eda, cuando llega el final entendemos la simbolog\u00eda reivindicativa del perro. El cachorro se convierte en un nexo entre la protagonista y los sentimientos que ha olvidado en ella misma: la capacidad de conmoverse, el cuidado y la compasi\u00f3n. Tambi\u00e9n genera un cambio en Ovidiu: le da el permiso para mostrarse vulnerable, aceptar su condici\u00f3n de abandono y el dolor que esto le genera. La novela ofrece un final algo predecible en cuesti\u00f3n de hechos, pero construido de manera que expone un cambio en ambos personajes y su posibilidad de reuni\u00f3n. Posee un final con gui\u00f1os lispectorianos, similar al de <em>Aprendizaje o libro de los placeres<\/em> en donde la superaci\u00f3n del lenguaje es conseguida a trav\u00e9s de aquel elemento que la sociedad se esmera en disciplinar: el cuerpo. El cuerpo que no se doblega ante el poder, sino que crea un idioma nuevo al permitirse sentir junto a otro.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/Claudia-Ulloa.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1231\" width=\"424\" height=\"424\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/Claudia-Ulloa.jpeg 225w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/Claudia-Ulloa-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 424px) 100vw, 424px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En suma, la novela <em>Yo mat\u00e9 un perro en Ruman\u00eda <\/em>de Claudia Ulloa Donoso ofrece una cr\u00edtica del pragmatismo extremo del Norte global y su impacto en el bienestar individual. El libro puede leerse como un reflejo de la alienaci\u00f3n y desconexi\u00f3n que experimentan los individuos dentro de una sociedad cuyo inter\u00e9s primario es el consumo. El intento desesperado de la protagonista por adormecerse a s\u00ed misma frente a las presiones y expectativas de un mundo materialista sirve como met\u00e1fora del malestar que acecha a la sociedad y obliga a sus miembros a replegarse dentro de s\u00ed mismos si fallan en encontrar relaciones que anestesien la sensaci\u00f3n de soledad. Pero tambi\u00e9n, esta novela puede leerse como un rechazo a la distop\u00eda y al pesimismo. Frente al entumecimiento de los lazos sociales, frente al escapismo y la nostalgia, Ulloa se encarga de imaginar posibilidades. No solo para salvar a sus personajes sino tambi\u00e9n a sus lectores. El resultado es una novela \u00e9pica, en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra. Una donde se muestran luchas interiores \u2013 contra uno mismo, contra la soledad\u2013 pero tambi\u00e9n la valent\u00eda que existe en la voluntad de vivir, en la posibilidad de imaginar nuevas formas de vida y nuevos futuros posibles.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><sup>1 <\/sup>Plath, S. (2015) La campana de cristal. Edhasa. P\u00e1g. 291<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Claudia Ulloa Donoso<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Yo mat\u00e9 a un perro en Ruman\u00eda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Mexico y Espa\u00f1a (2022): Almad\u00eda, 360 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Per\u00fa (2023): Random House, 324 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ant\u00eddotos contra la soledad Por Eliana Del Campo \u201c\u00bfC\u00f3mo se prepara uno para morir despu\u00e9s de treinta y cinco a\u00f1os de haber dejado el \u00fatero? Adormeci\u00e9ndose. Hay muchas formas de adormecerse, pero la m\u00e1s f\u00e1cil es la qu\u00edmica. Envolverse en mantas y ahogar los ruidos hasta desconocerlos. 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