{"id":1188,"date":"2023-05-05T01:19:39","date_gmt":"2023-05-05T06:19:39","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1188"},"modified":"2023-05-05T01:19:39","modified_gmt":"2023-05-05T06:19:39","slug":"resena-cometierra-2019-de-dolores-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2023\/05\/05\/resena-cometierra-2019-de-dolores-reyes\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Cometierra (2019) de Dolores Reyes"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">Visiones, horror y muertes<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Omar Guerrero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cometierra<\/em> (Sigilo, 2019) de la escritora argentina Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978) es una novela escrita en primera persona con el uso de un narrador femenino. Mejor dicho, de una narradora cuya voz pertenece al personaje central de esta historia: una muchacha argentina que vive en el cono urbano (periferias de la ciudad o m\u00e1rgenes de una provincia) y que se le conoce por la extra\u00f1a peculiaridad de comer tierra, lo que le permite ver o vaticinar ciertos hechos truculentos llenos de violencia. Gran parte de lo que ella logra ver son feminicidios.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"550\" height=\"733\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Cometierra.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1190\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Cometierra.jpg 550w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Cometierra-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>La historia comienza con la muerte de la madre y la ausencia del padre pr\u00f3fugo. Las razones de este hecho se revelan ante la protagonista, quien a\u00fan es una ni\u00f1a. Sucede en el momento exacto del entierro de la madre, justo cuando ella siente el impulso de comer la tierra del cementerio, muy cerca del lugar donde es colocado el f\u00e9retro. Es ah\u00ed que el dolor y la verdad se manifiestan como una visi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cierro los ojos para apoyar las manos sobre la tierra que acaban de taparte, mam\u00e1, y se me hace de noche. Cierro los pu\u00f1os, atrapo y la llevo a la boca. La fuerza de la tierra que te devora es oscura y tiene el gusto del tronco de un \u00e1rbol. Me gusta, me muestra, me hace ver.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>[\u2026]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La sacudieron. Veo los golpes aunque no los sienta. La furia de los pu\u00f1os hundi\u00e9ndose como pozos de carne. Veo a pap\u00e1, manos iguales a mis manos, brazos fuertes para el pu\u00f1o, que se enganch\u00f3 a tu coraz\u00f3n y en tu carne como un anzuelo. Y algo, como un r\u00edo, que empieza a irse.<\/em> (p. 10).&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de este descubrimiento, a esta muchacha se le conoce con el sobrenombre de \u00abCometierra\u00bb, quien pasa a vivir su orfandad junto a su hermano mayor llamado Walter. Aunque al inicio, despu\u00e9s de lo ocurrido en su familia, ambos hermanos se encuentran bajo el cuidado de la t\u00eda paterna, quien se caracteriza por ser violenta y vulgar, y cuya paciencia termina de agotarse ante el descubrimiento que logra hacer Cometierra con la desaparici\u00f3n de una maestra de su escuela, la se\u00f1o Ana, a quien llega a ver en sus visiones. Se trata de otro feminicidio. Lo hace porque la polic\u00eda ha dejado de buscarla. Ella come la tierra del colegio sin importar que su guardapolvo blanco se ensucie. Luego dibuja a la maestra tal como la ha visto, incluso brinda informaci\u00f3n de un lugar determinado:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Era la se\u00f1o Ana, la cara as\u00ed, como me la acordaba yo, pero no como cuando estaba en la escuela. Yo la hab\u00eda dibujado como la tierra me la mostr\u00f3: desnuda, con las piernas abiertas y un poco dobladas para los costados, que hac\u00edan parecer su cuerpo m\u00e1s chico, como si fuera una ranita. Y las manos atr\u00e1s, atadas contra uno de los postes del galp\u00f3n donde unas letras pintadas dec\u00edan \u00abCorral\u00f3n Panda\u00bb.<\/em> (p. 18).<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que es encontrado el cuerpo de la maestra violentada, la t\u00eda paterna decide abandonar a sus sobrinos sin ninguna culpa. Desde ese momento, la protagonista y su hermano empiezan a vivir y a crecer solos. Tambi\u00e9n empieza de manera irremediable su fama de visionaria que se extiende a otros barrios s\u00f3lo por el hecho de ver o presenciar el horror cometido que a\u00fan se desconoce y que ella puede revelar comiendo tierra. Para cumplir este cometido, ella llega a cobrar por estas \u00abconsultas\u00bb. En otras ocasiones, lo hace por piedad o como consuelo. Por supuesto que este horror del que ella se vuelve testigo corresponde a una serie de delitos y atrocidades como asesinatos, violaciones, raptos y accidentes. Se suma el hecho de que ella puede o\u00edr la voz de los muertos que le dejan pistas o que le exigen que revele la verdad por m\u00e1s dolorosa y espeluznante que sea.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Nunca hab\u00eda llorado con los ojos cerrados. Yo ve\u00eda a la Florensia agusanada como un coraz\u00f3n enfermo, el pelo, una tela de ara\u00f1a vieja desprendi\u00e9ndose del cr\u00e1neo.<\/em> (p. 49).<\/p>\n\n\n\n<p>La novela est\u00e1 dividida en tres partes y en 53 cap\u00edtulos donde no s\u00f3lo se abordan los feminicidios. Tambi\u00e9n se describe la forma de vida de unos chicos que crecen en la marginalidad y que se hacen adolescentes como si fuese una forma de sobrevivir. Ellos, en sus ratos libres juegan <em>Play station<\/em>, gustan de o\u00edr y bailar determinado tipo de m\u00fasica, comen cualquier comida, o lo que est\u00e9 disponible, acuden a ciertos lugares nada seguros y su comportamiento (junto a sus decisiones) los pone siempre bajo riesgo, sobre todo por la violencia que circunda, no s\u00f3lo por las v\u00edctimas y sus victimarios (estos \u00faltimos resultan ser unos m\u00e1s despiadados que otros), sino tambi\u00e9n por las amenazas, intento de venganzas, peleas y balas.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro tema que se desarrolla en la novela es el policial, de mucha tradici\u00f3n en la literatura argentina. Se presenta como una forma de intentar contrarrestar la violencia que se desborda y que se vuelve cotidiana. O tambi\u00e9n para retratarla: la descripci\u00f3n de las v\u00edctimas y sus cuerpos son parte de cualquier investigaci\u00f3n. Ah\u00ed aparece un polic\u00eda llamado Ezequiel, quien recurre a Cometierra para descubrir el paradero de un familiar desaparecido. Resulta curioso que este inter\u00e9s se deba a partir de lo ocurrido con un pariente, pues en los anteriores casos se evidencia la desidia de los miembros del orden para encontrar a los desaparecidos o resolver estos casos que son verdaderos cr\u00edmenes, muchos de ellos impunes. Esta mala actitud de la autoridad no es m\u00e1s que una cr\u00edtica severa de lo que ocurre en la realidad:<\/p>\n\n\n\n<p><em>-Pens\u00e9 que siendo polic\u00eda iba a ser f\u00e1cil -dijo- pero pasaron muchas cosas. Le alcanc\u00e9 otro mate. Me pareci\u00f3 que ya hab\u00eda dicho demasiado. No quer\u00eda escucharlo m\u00e1s, pero el flaco agreg\u00f3:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Termin\u00e9 d\u00e1ndome cuenta de que en esta estaba solo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>[\u2026]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me imagin\u00e9 a los otros polic\u00edas dici\u00e9ndole: \u00abYa va a volver, seguro que se fue con el novio\u00bb, y me dio bronca de \u00e9l y de todos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>-Esto sale plata -le dije, sin pesta\u00f1ear.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Si a la polic\u00eda le pagaban por buscar y no hacer nada, \u00bfpor qu\u00e9 no iban a pagarme a m\u00ed?<\/em> (p. 60).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo de la novela se da en un intervalo de diez a\u00f1os, desde que Cometierra es una ni\u00f1a hasta que se hace adolescente. Mejor dicho, una mujer joven que ha sabido convivir con el horror. En esta etapa se dan otros descubrimientos como el sexo. Esto sucede como ingrediente ineludible en el policial, sobre todo en el <em>noir<\/em>, pues los encuentros \u00edntimos de la protagonista, que son bastante detallados, se dan con este polic\u00eda con el que va intentado resolver cada caso. En ellos surge un romance propio de dos h\u00e9roes que m\u00e1s tienen de antih\u00e9roes:<\/p>\n\n\n\n<p><em>[\u2026] Tir\u00f3 de m\u00ed. Sac\u00f3 su pija por encima del b\u00f3xer y me la acerc\u00f3 a la boca. Me dej\u00e9 llevar a un beso tan suave como si lo que besaba fuese una lengua. Le baj\u00e9 el b\u00f3xer del todo. La piel que tocaba me gustaba. Pod\u00eda apretarla con los labios mientras la pija jugaba en mi boca y se iba hundiendo. Ezequiel me mir\u00f3 chupar y yo tambi\u00e9n lo mir\u00e9 a \u00e9l. Me agarr\u00f3 la cabeza con las dos manos. Mantuvo un rato la presi\u00f3n, hasta que de un movimiento sac\u00f3 su pija de mi boca y sus manos buscaron mi cadera. Me llev\u00f3 hacia \u00e9l.<\/em> (p. 103).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta experiencia tambi\u00e9n se da en su hermano Walter, aunque no de manera detallada, quien llega a relacionarse con una muchacha que se hace llamar \u00abMiseria\u00bb, cuyo car\u00e1cter y visi\u00f3n de la vida resulta bastante singular. Ella ser\u00e1 otro referente en la vida de Cometierra. Al mismo tiempo, seguir\u00e1n manifest\u00e1ndose otros hechos como el machismo, el racismo, el miedo y una violencia que no cesa, al punto de que ya parece imposible soportarla, o, por lo menos, mantenerla cerca. De ah\u00ed que se tome una resoluci\u00f3n, no sin antes volver a encontrarse con parte de ese pasado con el que empez\u00f3 eso mismo de lo que Cometierra ha sido testigo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/110639927_doloresreyes2-cmalenaq.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1191\" width=\"586\" height=\"330\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/110639927_doloresreyes2-cmalenaq.jpg 976w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/110639927_doloresreyes2-cmalenaq-300x169.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/110639927_doloresreyes2-cmalenaq-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 586px) 100vw, 586px\" \/><figcaption><strong>Dolores Reyes &#8211; Foto: Malena Q<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, es necesario hacer menci\u00f3n del uso del lenguaje, intercalado entre el habla cotidiana y juvenil de estas zonas urbanas marginales junto al lirismo que surge de pronto para describir el horror y la muerte. Tambi\u00e9n resulta imposible no relacionar los hechos sobrenaturales o fant\u00e1sticos de la novela con la obra de dos grandes referentes en la literatura latinoamericana como Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y Juan Rulfo. Me refiero al acto de comer tierra y escuchar a los muertos. Sucede con el personaje de Rebeca, la hu\u00e9rfana de <em>Cien a\u00f1os de soledad <\/em>que tiene la facultad de comer tierra y cal; y tambi\u00e9n con los personajes que oyen las voces de los muertos en <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em>. Por todas estas razones se determina que <em>Cometierra<\/em> es una novela que tiene gran influencia del realismo m\u00e1gico, adem\u00e1s del policial, ambas circunscritas en una cruda realidad de muchos pa\u00edses de este continente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Cometierra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Sigilo, 2019<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Puntaje 5\/5<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Visiones, horror y muertes Por Omar Guerrero Cometierra (Sigilo, 2019) de la escritora argentina Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978) es una novela escrita en primera persona con el uso de un narrador femenino. 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