{"id":1184,"date":"2023-04-18T10:53:39","date_gmt":"2023-04-18T15:53:39","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1184"},"modified":"2023-04-18T10:53:39","modified_gmt":"2023-04-18T15:53:39","slug":"resena-incendiar-la-ciudad-2002-de-julio-duran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2023\/04\/18\/resena-incendiar-la-ciudad-2002-de-julio-duran\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Incendiar la ciudad (2002) de Julio Dur\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">INCENDIAR LA CIUDAD, VEINTE A\u00d1OS DESPU\u00c9S\u25b6<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Cristhian Brice\u00f1o<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El narrador es un adolescente que va idealizando una revoluci\u00f3n siempre diferida; sus emociones, como es natural, no est\u00e1n calibradas, exceden su capacidad de reflexi\u00f3n: est\u00e1 siempre dispuesto a hacer lo imposible con nula materia intelectual. Parece nadar contra la corriente de manera voluntaria; quiz\u00e1 de aqu\u00ed parte su sempiterno sentimiento de culpa cuando se compara con los miembros menos favorecidos del grupo al que intenta pertenecer. En las primeras p\u00e1ginas de la novela se nos da a entender una b\u00fasqueda de su identidad dentro de la sociedad lime\u00f1a de principios de los noventa, \u00e9poca \u2014tildada hasta la n\u00e1usea\u2014 de cambios, decisiva. No hay duda de su fascinaci\u00f3n por huir de lo prestablecido: va cultivando una suerte de fobia al <em>establishment<\/em>, pero que conforme avanza nuestra lectura podemos justificar por su acercamiento a ciertos personajes que avivan estas inquietudes y fortalecen sus intuiciones. Su formaci\u00f3n cultural se basa en literatura antiacad\u00e9mica, en la m\u00fasica y la ideolog\u00eda que consume de bandas de rock subterr\u00e1neo, en discursos clandestinos avivados por el alcohol y las drogas, aunque en cierto momento inici\u00e1tico menciona haber le\u00eddo a Henry Miller y, en otro, es inducido a lecturas de \u00edndole m\u00e1s bien comunista, en un peque\u00f1o arco donde tiene un acercamiento a cierta facci\u00f3n terrorista que se resuelve de manera precipitada. Tiene trazado un itinerario casi de rutina: la avenida Tacna, Colmena, Wilson, la plaza Francia, Caman\u00e1, la avenida Arequipa, el paseo Col\u00f3n\u2026 Esta constancia topogr\u00e1fica no es sino un grito destemplado que nos pide que confiemos en su narraci\u00f3n, como si quisiera decirnos en todo momento: \u00abyo estuve ah\u00ed\u00bb. La ciudad que ve es aquella restringida a un supuesto criterio revolucionario. Su identidad nunca se nos hace expl\u00edcita, y accedemos a \u00e9l, como otros tantos personajes de la novela, a partir de un alias, con la diferencia que en su mancha subte se le conoce como el Chibolo (es decir, se le atribuyen cualidades de aprendiz, de iniciado), mientras que con sus amigos \u00abnormales\u00bb es el Loco (debido a su desplazamiento hacia ese otro margen no visitado por los ciudadanos, digamos, respetables, insertados en ese marco llamado, orwellianamente, Sistema). Cuando le llega el momento de enamorarse se muestra torpe, entregado a lo no correspondido, aunque hacia el final de la novela devela una madurez emocional que quiz\u00e1 exceda su edad cronol\u00f3gica y, tambi\u00e9n, c\u00f3mo no, a sus aspiraciones de rebelde. Pero el narrador no es la pieza clave de la novela, sino el Chusko, una suerte de gu\u00eda o modelo que va amplificando sus talentos a lo largo del relato; primero se nos presenta como uno de los l\u00edderes de un colectivo que tiene como centro de operaciones un lugar llamado El Hueco, luego se nos dice que es el bajista de un grupo de rock, que sabe escribir canciones, que es una gur\u00fa ocasional y, finalmente, se le otorgan cualidades literarias, de tal forma que el narrador, ya entregado a ese v\u00ednculo basado en el respeto y la admiraci\u00f3n, es merecedor de ser el albacea de las cuartillas donde el Chusko ha perge\u00f1ado varios cuentos, su aparente legado. Pero lo m\u00e1s interesante, seg\u00fan veo, es que el inter\u00e9s amoroso del narrador, Irene, nos revela, hacia el final, que amaba al Chusko, con lo cual su influencia es total, devastadora, no ha dejado piedra sobre piedra en el mundo interior de quien nos narra la historia. Para esto, el Chusko ya ha muerto atropellado por un bus en una desbocada huida luego de que los integrantes de un grupo subversivo intentaran acabar con su vida, pero el narrador nada dice sobre este particular ante Irene, etc.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para continuar con la lectura de la rese\u00f1a, se puede descargar el texto completo en este <strong><a href=\"https:\/\/drive.google.com\/file\/d\/1Q-9qof4vbzzwHo6milTRVpsWwMnBXbPY\/view?usp=sharing\" data-type=\"URL\" data-id=\"https:\/\/drive.google.com\/file\/d\/1Q-9qof4vbzzwHo6milTRVpsWwMnBXbPY\/view?usp=sharing\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">enlace<\/a><\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>INCENDIAR LA CIUDAD, VEINTE A\u00d1OS DESPU\u00c9S\u25b6 Por Cristhian Brice\u00f1o El narrador es un adolescente que va idealizando una revoluci\u00f3n siempre diferida; sus emociones, como es natural, no est\u00e1n calibradas, exceden su capacidad de reflexi\u00f3n: est\u00e1 siempre dispuesto a hacer lo imposible con nula materia intelectual. 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