{"id":1046,"date":"2022-10-20T22:25:00","date_gmt":"2022-10-21T03:25:00","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=1046"},"modified":"2022-10-20T22:25:00","modified_gmt":"2022-10-21T03:25:00","slug":"resena-variaciones-victoria-2022-de-carlos-lopez-degregori","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2022\/10\/20\/resena-variaciones-victoria-2022-de-carlos-lopez-degregori\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Variaciones Victoria (2022) de Carlos L\u00f3pez Degregori"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><em>Variaciones Victoria <\/em><\/strong><strong>o el triunfo de la vida (post mortem)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Jos\u00e9 Bardales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lejos de todas partes<\/em>, pero <em>en busca del pozo \/ de todos los lugares, <\/em>cada publicaci\u00f3n de la singular obra del poeta Carlos L\u00f3pez Degregori se ha convertido en un suceso que sus lectores esperamos con umbr\u00eda complacencia, m\u00e1s o menos, cada cuatro o cinco a\u00f1os. Y si umbr\u00edo es el gozo de su lectura -usando un adjetivo tan af\u00edn al universo del poeta- no es solo porque la poes\u00eda en general, por decirlo de alguna manera, suela crecer donde no da el sol, ajena a los reflectores que otras disciplinas y artes concitan, sino porque la poes\u00eda de L\u00f3pez Degregori es especialmente tributaria de las sombras, o m\u00e1s precisamente, siguiendo un razonamiento del propio vate, de los crep\u00fasculos, ese ef\u00edmero pero invariable no lugar donde a diario el sol se oculta hasta que es de noche.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-b-1-768x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1047\" width=\"488\" height=\"650\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-b-1-768x1024.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-b-1-225x300.jpeg 225w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-b-1.jpeg 900w\" sizes=\"(max-width: 488px) 100vw, 488px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Y fue precisamente en el crep\u00fasculo de la d\u00e9cada del setenta, 1978, para ser precisos, cuando vio la luz el primer libro de Carlos L\u00f3pez Degregori<em>, Un buen d\u00eda<\/em>, donde empezaron a aparecer esos poemas de personajes sin referentes, en geograf\u00edas trastocadas e inasibles, par\u00e1bolas o aforismos bru\u00f1idos de incertidumbre y escepticismo, cuya presencia se radicaliz\u00f3 en t\u00edtulos posteriores como <em>Las conversiones<\/em> (1983), <em>Una casa en la sombra<\/em> (1986) o <em>Cielo forzado<\/em> (1988), y que al decir de Am\u00e9rico Ferrari: \u201c(\u2026) son un juego de espejos empa\u00f1ados, una fantasmagor\u00eda donde las figuras, los cuadros y los marcos aparentes aparecen como negados en un tiempo y un espacio de quitaip\u00f3n. Se adivina algo detr\u00e1s de algo y eso es todo, o es nada. No es una poes\u00eda oscura: la poes\u00eda es un cristal n\u00edtido, lo oscuro o, mejor, lo misterioso es lo que se percibe tras el cristal\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Muestra de este misterio, por ejemplo, se entrev\u00e9 en \u201cProtocolo de autopsia\u201d, d\u00e9cimo poema de <em>Cielo forzado<\/em>, donde nuestro poeta consigna con la videncia de un ave rara: \u201cExisten palabras que nada quieren decir. \/ Son necesarias, sin embargo, y basta que aparezcan \/ para justificar mi poes\u00eda. \/ No debo ser plural ni vender mi alma a un diablo \/ de espejos. \/ Me quedo con la duda: una, dos veces, tres veces. \/ Hay palabras que nada quieren decir: \/ si sobran te expulsar\u00e1n de la luz \/ si faltan \/nada barrer\u00e1s ma\u00f1ana con tu escoba de plomo.\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De esta forma, la poes\u00eda de L\u00f3pez Degregori tambi\u00e9n es un territorio para que el poeta reflexione sobre su propio quehacer a trav\u00e9s de, como ya dijimos, sentencias no por personales, menos poseedoras de una \u201cverdad\u201d colectiva, sentencias, dec\u00edamos, que son acaso epifan\u00edas solipsistas (no es un dem\u00e9rito; todo lo contrario), que en \u00faltima cuenta revelan la autopercepci\u00f3n de la insularidad que el propio vate representa en nuestra tradici\u00f3n. No en vano, el traductor y ensayista Am\u00e9rico Ferrari tambi\u00e9n ha dicho: \u201cNo le veo antecedentes, no se puede captar en estos textos ninguna influencia directa\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nada hace pensar que a nuestro vate estimule esta peculiaridad <em>per se<\/em>, que lo suyo sea ejercer alg\u00fan tipo de oposici\u00f3n o resistencia simb\u00f3lica a la ret\u00f3rica del conversacionalismo que, en general, reina con aciertos y tropiezos en nuestro medio po\u00e9tico desde hace ya varias d\u00e9cadas. En realidad, lo que a Carlos L\u00f3pez Degregori sacude es la b\u00fasqueda interior, la desasosegada consciencia del vac\u00edo, el paso implacable del tiempo y las cicatrices que sus engranajes dejan: \u201c(\u2026) entonces nac\u00ed para el poema \/ nada que temer \/ que esperar \/ una vida\u00a0 confabulando con despojos \/ mezcles destinos \/ h\u00e1llese un centro de aflicci\u00f3n \/ te maravilles ante una b\u00f3veda in\u00fatil\u2026\u201d reconoce en \u201cEl talento y el poeta\u201d de <em>Una casa en la sombra<\/em>, a lo que doce a\u00f1os despu\u00e9s en \u201cEl poeta de mil a\u00f1os\u201d del libro <em>Aqu\u00ed descansa nadie<\/em>, agrega, con a\u00f1il dignidad sombr\u00eda: \u201cSer\u00e1 dif\u00edcil abrazarnos \/ distinguir roncas nuestras voces \/ vociferando \/ en una lengua muerta \/ historias y canciones de mil a\u00f1os, \/ recorrer entre tantas cicatrices los rostros que tuvimos \/ y recordar que nos incendiamos \/ una noche interminable \/ entre rel\u00e1mpagos \/ para abrazar un amor \/ reci\u00e9n nacido \/ o navegamos los mares del sur \/ hasta el fin \/ buscando un tesoro que era solo huesos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que ya son m\u00e1s de 40 a\u00f1os de poes\u00eda, repartida en trece libros, integrados en dos ocasiones bajo un \u00fanico t\u00edtulo, <em>Lejos de todas partes<\/em>, la primera en 1994 y la m\u00e1s reciente en 2018. A esa poco com\u00fan regularidad editorial se suma este a\u00f1o <em>Variaciones Victoria, <\/em>un largo poema, mayoritariamente escrito en prosa, compuesto de treinta y dos fragmentos y una coda; trabajo al que se a\u00f1ade una serie de ocho collages compuestos por el propio autor, y que son, o funcionan -entendemos-, como la poes\u00eda visual que complementa algunos momentos del poema. A esto hay que agregar, asimismo, un elemento fundamental que se integra desde afuera con la obra: las Variaciones compuestas por Bach en el siglo xviii para que las interpretase su disc\u00edpulo Johann Gottlieb Goldberg, composici\u00f3n musical que, de alguna forma, habr\u00eda inspirado al poeta a \u201csacar\u201d ese m\u00fasico oculto y posiblemente \u201c\u00e1grafo\u201d (en materia de composici\u00f3n musical) que \u00e9l mismo es, para elaborar la \u201cpartitura\u201d que es tambi\u00e9n a su manera el poema que leeremos.\u00a0 <em>\u00a0<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-1.gif\" alt=\"\" class=\"wp-image-1048\" width=\"462\" height=\"606\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><em>Variaciones Victoria<\/em> parte de una an\u00e9cdota consustancial con el universo del poeta. Victoria es un cr\u00e1neo que lleg\u00f3 a su hogar hace casi tres d\u00e9cadas, de la mano de un amigo m\u00e9dico, que quiso cumplir con esa ofrenda el deseo de L\u00f3pez Degregori de atar con ella algunos hitos de su pasado: \u201cMi primera vocaci\u00f3n fue la medicina y sab\u00eda que muchos estudiantes tienen cr\u00e1neos para sus estudios de Anatom\u00eda (\u2026). Adem\u00e1s yo albergaba entonces un <em>phatos<\/em> que ya no poseo\u2026\u201d. Desde el anaquel m\u00e1s alto de su biblioteca, entonces, el cr\u00e1neo fue convirti\u00e9ndose en una suerte de T\u00f3tem arrancado del anonimato y la fr\u00eda c\u00e1tedra anat\u00f3mica para convertirse en sujeto: \u201cSer\u00e1 Victoria, me dije. Victoria: tres s\u00edlabas como campanadas de advertencia\u201d. Pero si el mundo del poeta lime\u00f1o se ha caracterizado por el emplazamiento difuso de personajes y atm\u00f3sferas claroscuras y ca\u00f3ticas, esta vez, el autor deja en claro desde el comienzo que \u201cVictoria no es mi reconocimiento m\u00f3rbido, ni est\u00e1 aqu\u00ed para embelesar\u201d. \u00bfPara qu\u00e9 est\u00e1? <em>Memento Mori = Recuerda que eres mortal<\/em> revela L\u00f3pez Degregori como quien concede una pista para esa interrogante. As\u00ed, en principio, Victoria podr\u00eda ser ese elemento que ancla al individuo Carlos L\u00f3pez Degregori a la consciencia de la finitud de la vida, porque al vate, cuya obra desde el comienzo ha funcionado tambi\u00e9n como un cuaderno de navegaci\u00f3n interior que \u00e9l ha desplegado para medir su propio tiempo en la tierra (es com\u00fan encontrar en varios de sus poemarios alusiones a la edad que va cumpliendo en cada \u00e9poca), en esta ocasi\u00f3n le urge un hecho inminente. Est\u00e1 a punto de cumplir setenta a\u00f1os, lo que tiene que ser un inevitable punto de inflexi\u00f3n en la trayectoria de cualquier persona. \u201cA partir de los setenta solo hay quietud, espera, inminencia. No intentar\u00e1s una vida distinta. Te extraviar\u00e1s en recuerdos y sue\u00f1os, en un hermetismo no elegido (\u2026)\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De modo que, tal como inferimos, si Victoria es ese s\u00edmbolo que permite al poeta aguzar su propio escepticismo para trizar las pompas del enga\u00f1o que comportan las vanidades y vacuidades con que el mundo seduce, estas variaciones son la ofrenda que el poeta entrega en prenda a la <em>noble calavera<\/em> que le procura tal lucidez y perspectiva. Y lo hace desde el principio, como hemos se\u00f1alado, otorg\u00e1ndole no solo un nombre, sino un min\u00fasculo pero honroso G\u00f3lgota desde el lugar que ocupa en su hogar familiar, valga la redundancia.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Carlos-Lopez-Degregori-El-Comercio-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1049\" width=\"500\" height=\"284\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Carlos-Lopez-Degregori-El-Comercio-1.jpg 580w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Carlos-Lopez-Degregori-El-Comercio-1-300x171.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><figcaption><strong>Carlos L\u00f3pez Degregori &#8211; Foto: El Comercio<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>A su vez, la \u00faltima ofrenda al pie de Victoria es el libro mismo; y hay que resaltarlo. Si en toda su obra L\u00f3pez Degregori ha dedicado libros a sus padres, esposa e hijos, estas <em>Variaciones Victoria<\/em> necesariamente tienen que ser un tributo a quien fuera Ella o \u00c9l, la compa\u00f1era, esa suerte de reloj ontol\u00f3gico que marca los minutos cuando se le mira (\u201cVictoria es hor\u00f3loga. Tambi\u00e9n es una se\u00f1ora que atisba en el interior de un ca\u00f1\u00f3n. Cuando el tiempo la desgasta, sopla humo sobre un lienzo en el que pint\u00e9 mi retrato.\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p>Otra manera de cantar ese homenaje se lee en el quinto fragmento del poema donde parece que L\u00f3pez Degregori se recordase a s\u00ed mismo la oportunidad que el azar ha tra\u00eddo para su compa\u00f1era, dejando espacio para un anhelo t\u00e1cito y fantasma: \u201cMira ese innumerable r\u00edo de cabezas calvas que se repiten con leves variaciones hasta llegar a la tuya. Si tienes suerte alguien te salvar\u00e1 del diluvio y buscar\u00e1 un nuevo G\u00f3lgota para ti. Yo solo puedo decirte al o\u00eddo: <em>Dichoso eres porque has contemplado \/este misterio. \/ Ama a tu polvo. \/ Entona esta m\u00fasica de huesos\u201d, <\/em>y en el onceavo fragmento agrega: \u201c(\u2026) Que alguien recoja mi cr\u00e1neo y lo llame Victoria. Ah, p\u00eddele tambi\u00e9n a Keats que me escriba un poema.\u201d <em>&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Mas esa m\u00fasica de huesos, que citan los mencionados versos, son precisamente estas variaciones. \u00bfPero qui\u00e9n las compone?, \u00bfqui\u00e9n las ejecuta? Por momentos pareciera que ambas artes fueran experticia exclusiva del poeta, en otros, pareciera que fuera la b\u00f3veda craneal de Victoria donde tales procesos se dictan y ejecutan. \u00bfAcaso es que L\u00f3pez Degregori haya \u201cesculpido\u201d el busto de un cr\u00e1neo bifronte, fusion\u00e1ndose por instantes con Victoria, desde donde ambos sopesan el paso del tiempo y se resisten a morir, observando, sopesando lo que resta del d\u00eda (de la vida), de pie, a espaldas de la muerte?<\/p>\n\n\n\n<p>En esa misma l\u00ednea, y en una obra labrada por un poeta que se define crepuscular y apocal\u00edptico, hay instantes en este poema en donde el vate abandona los ejes descentrados de su universo, a\u00f1adamos, irreligioso, y atisba cierta trascendencia a la que llega aquilatando sin falsas modestias -despliegue in\u00e9dito en su obra- su arte po\u00e9tica. As\u00ed, en el fragmento doce esgrime: \u201c\u2026 Soy invaluable, impagable. Soy el sue\u00f1o m\u00e1s el insomnio. Soy toda la m\u00fasica que compondr\u00e1s en tu vida. El insomnio es: El sue\u00f1o es: El intervalo entre ambos es un Yo Victorioso. Yo es Un Canon que se reitera pausado y melanc\u00f3lico en la \u00faltima variaci\u00f3n. Yo se apacigua, al fin se duerme y es de nuevo Yo.\u201d, mientras que el catorce refiere: \u201cY crec\u00ed. Fui desdoblando vidas muy lejos de Tarcisio y de Dominguito de Val. No comulgo, pero ahora creo en un Dios a la medida de mi extra\u00f1eza. Es la resistencia de mis huesos, de mi cr\u00e1neo que ser\u00e1 una catedral si as\u00ed lo dispones.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 otra cosa puede inferir sino el verso final YO ES VICTORIA? Victoria que lleg\u00f3 a casa de L\u00f3pez Degregori envuelta en peri\u00f3dicos dentro de una caja de cart\u00f3n, por lo menos, hoy en d\u00eda, tiene tanta vida que puede inyectarla, si acaso fuera necesario, a su benefactor, el poeta, para que este cante su peque\u00f1o, <em>nadiente<\/em> triunfo. Y nosotros junto con \u00e9l, conscientes -en tanto cuerpos- \u2026 <em>del final id\u00e9ntico que nos aguarda<\/em>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe a\u00f1adir que estas variaciones no solo se limitan a ser le\u00eddas con las herramientas que \u00e9l poeta propone: los treinta y dos fragmentos, el canon final y la poes\u00eda visual de sus <em>collages<\/em>, ni tampoco \u00fanicamente con las Variaciones Goldberg que son su consustancial banda sonora, aqu\u00ed hay evocados otros elementos de la cultura occidental que tambi\u00e9n obran como llaves para abrir las c\u00e1maras oscuras de este poema. <em>Las fresas salvajes<\/em> de Bergman, en especial, la secuencia del sue\u00f1o que angustia al protagonista de la mencionada pel\u00edcula, el doctor Isak Borg, es una de esas llaves. Lo son tambi\u00e9n los bodegones o naturalezas muertas conocidas como Vanitas (\u201cun subg\u00e9nero art\u00edstico por lo general de alto valor simb\u00f3lico y aleg\u00f3rico que incluyendo cr\u00e1neos, esqueletos, cruces, relojes de arena y otros accesorios, resalta la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos\u201d, podr\u00eda ser su definici\u00f3n tal como arroja una b\u00fasqueda r\u00e1pida por internet). A la luz de todo lo le\u00eddo, podr\u00edamos ensayar que muchos momentos en los poemas de la obra general de L\u00f3pez Degregori son su forma particular de continuar en este tipo de arte barroco. En <em>Variaciones Victoria, por ejemplo,<\/em> el autor de esta rese\u00f1a reconoce una vi\u00f1eta de este tipo en la minuciosa descripci\u00f3n que el poeta hace de lo visto una vez al interior de \u201c(\u2026) Una casita con su cruz al borde de la carretera (\u2026) Salustiano Tapia \u2013 1947. Adentro hab\u00eda un cr\u00e1neo tal vez precolombino. Los familiares lo hallaron y le encomendaron volverse compa\u00f1\u00eda y se\u00f1al. En los huesos una ara\u00f1a hab\u00eda tejido una tela que despu\u00e9s abandon\u00f3 (\u2026) Solo quedaba esa bolsa colmada probablemente con sus huevos que no fructificaron. Una fosa com\u00fan a su manera, una momia fabricada con la seda l\u00edquida (\u2026) Mira: la bolsa que dej\u00f3 la ara\u00f1a parece un cr\u00e1neo. Cuelga peque\u00f1o de la b\u00f3veda \u00f3sea (\u2026)\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-c-1-1024x769.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1050\" width=\"550\" height=\"413\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-c-1-1024x769.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-c-1-300x225.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-c-1-768x577.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-c-1-1200x901.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Variaciones-Victoria-c-1.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En un pa\u00eds donde los \u00edndices de lector\u00eda son bajos -siempre lo han sido- o, mejor dicho, en un pa\u00eds que se adscribe como una pieza m\u00e1s a un mundo que se encamina a extraviar (\u00bfa perder?) viejos h\u00e1bitos como el de la lectura bajo capas y capas de noticias que tratan sobre la corrupci\u00f3n moral de pol\u00edticos y gobernados, adem\u00e1s de horrendas dosis de entretenimiento in\u00fatil que solo puede reproducir lo mismo, nada presagia que obras paganas y profundas, que, creemos, han calado un intersticio en el tiempo, en la duraci\u00f3n, como la de Carlos L\u00f3pez Degregori, sean le\u00eddas con la atenci\u00f3n que merecen. Sin embargo, permanecen, contin\u00faan reproduci\u00e9ndose -hoy que el poeta se ha retirado de la c\u00e1tedra universitaria este libro sugiere que ha elegido vivir su <em>ceremonia jubilar<\/em> desde la creaci\u00f3n- para quien desee acercarse a ellos porque, aunque la casa m\u00e1s duradera siga siendo <em>la horca<\/em>, aqu\u00ed, en este libro negro, la vida triunfa: una vez m\u00e1s: YO ES VICTORIA.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Postdata:<\/strong> <em>Variaciones Victoria<\/em> ha sido objeto de una muy hermosa edici\u00f3n a cargo de la cuidadosa y fina M\u00e1quina Pur\u00edsima Editores de Cecilia Podest\u00e1. Libro de tapa dura, foliado, viene en un estuche negro que semeja una laja de m\u00e1rmol sepulcral que contiene, adem\u00e1s, la serie desplegable de gr\u00e1ficos alusivos que prolongan el sentido y tono de la obra, todos dise\u00f1ados por el autor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Carlos L\u00f3pez Degregori<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Variaciones Victoria<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">M\u00e1quina Pur\u00edsima Editores, 2020, 77 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Variaciones Victoria o el triunfo de la vida (post mortem) Por Jos\u00e9 Bardales Lejos de todas partes, pero en busca del pozo \/ de todos los lugares, cada publicaci\u00f3n de la singular obra del poeta Carlos L\u00f3pez Degregori se ha convertido en un suceso que sus lectores esperamos con umbr\u00eda complacencia, m\u00e1s o menos, cada [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,8,1,9],"tags":[442,457,445,444],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1046"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1046"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1046\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1051,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1046\/revisions\/1051"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1046"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1046"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1046"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}