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Reseñas de libros

La literatura es azul

Por Jhonny Pacheco Quispe

La poesía es la perfección de la materia trabajada en el mármol de la impotencia; la novela, su estilo. ¿Quién podría negar la catarsis al leer una prosa lírica? Cuando tallas con ritmo, precisión y goce, solo resta decir: el autor es su carácter; la poiesis, su alma. No hay otras palabras o razón para describir cada sensación, placer intenso, al leer el libro póstumo de Oswaldo Reynoso, Capricho en azul, una oda hacia la transgresión, la literatura, la mirada fina de la escritura, la poética de la piel y ese deleite inigualable del eros.

Al principiar el texto, nos hallamos ante el cuestionamiento de las formas, es decir, la transgresión del género. En la impronta de Reynoso, la vulneración de lo canónico no es un azar, sino su tópico, como se observa en su tratamiento sobre la marginalidad, el deseo y lo político. Entonces, ¿la libertad creadora de los géneros es solo una mescolanza sin mayor fin que la conjugación de una publicación? No, por ello, apostar por una etiqueta al libro en cuestión como una miscelánea es desmerecerlo, pues solo enunciaríamos el texto a la sazón de una serie de escritos sin mayor conexión y puestos de forma aleatoria. ¿Acaso los poemas y prosas no se han colocado con algún propósito? Si se sabe que el autor cuidaba la exactitud de la palabra para conjugar la armonía imposible del placer, ¿por qué juzgamos de misceláneo una obra que invita a regocijarnos con la literatura y su delirante invocación a mirar?

Situados en la misma diégesis, asistimos al horizonte cultural del escritor con citas a modo de epígrafe y parte de la argamasa textual con el objetivo de delinear su argumento, las estrategias de abordar el tópico, y el título de su libro. Con la advertencia literaria, el zaguán hacia la provocación y el éxtasis se muestra en «Sin nombre», donde el narratario recorre con su voz la antesala de la mirada, el contexto que impulsa el deseo y los escritores que representan, también, la desobediencia hacia el decoro, por ello, ese título sin título, pues ese capricho no tiene una significación, una nominación en la Ley. Sin embargo, el recorrido por asir el anhelo deja su huella en el presente cultural con la prosa lírica «Amor de chibolo», pleitesía lírica a lo Martín Adán.

Luego de ello, nos trasladamos a los orígenes del narrador, Arequipa, donde se configura el color azul, imponente, bello e imposible, a semejanza del cielo del Misti. Asistimos al génesis de la mirada y a la incomprensión por la contemplación de lo hermoso. Empero, la inmanencia etérea del azur, es la esperanza de la vida en medio del rechazo cotidiano. Esta historia se correlaciona con el relato «Malte», en el que la historia del muchacho de nombre homónimo lo lleva a acentuar el deseo por el cuerpo joven en una tierra milenaria, China. La naturaleza, los frutos, los colores, el susurro y el proceso de transferencia amorosa, que nos recuerdan a escenas griegas del maestro-discípulo, son los elementos que enmarcan este cuadro de sugerencia imposible. A manera de colofón, «Poema», sutura este ciclo de experiencia mundana que permitirá «engendrar la claridad auténtica» (p. 41), donde «se reconozcan las eternas historias del mundo / entonces de una sola, secreta palabra, / huirá todo ser pervertido» (p. 41). Con ello, Reynoso posiciona su literatura: experiencia e inocencia, derroteros que delinean de forma gravitante su numen narrativo.

Fuente: UCH

Los siguientes textos «Paisajes interiores» y «Sin palabras» representan el camino de lo acontecido. En ambos casos, nos expresa su quehacer escritural: la realidad que nutre a la creación, no obstante, con el tamiz de lo sublime. En el primer caso, el autor expone parte de su poética y su forma de construir sus escenarios ficcionales: «El paisaje interior de una ciudad es el que despierta en la profundidad de tu existencia la ciudad que siempre te seguirá» (p. 43). La historia empieza en la Habana y culmina en la Plaza San Martín con reflexiones sobre la soledad. En el segundo caso, la voz se sitúa en París y luego en Piura; después Arequipa y China. En este devenir, aparece el aprecio de lo bello en el cuerpo joven con su vitalidad y armonía. A partir de dicho encuentro, el autor comprende que la estética de sus textos proviene a partir de esa vivencia idílica.

Con «El arte es azul», Reynoso arriba al puerto de la nostalgia y la conceptualización del color en cuestión. Así, «el azul es misterioso, múltiple y arcano. Divino y demoniaco» (p. 53). También, cómo se concibe el azul en diferentes lugares, por ejemplo, «en China, [donde] el azul es lo prohibido, lo mórbido, lo sexual» (p. 54). Con relación a lo literario, cimenta su idea al referenciar al poeta de Una temporada en el infierno: «Para Rimbaud la vocal O es azul. O: sin comienzo ni término. La eternidad» (p. 54). Luego, se menciona el azul en Picasso, el rey Salomón y Vallejo para aproximarnos a su concepto. Con ello, se propicia la entrada al recuerdo en «Epístola inconclusa», en el que la madre se posiciona como la lectora de sus textos. Y en la línea discursiva de la rememoración y la reflexión, se halla «Un pescador inglés en Beijing», «Camino correcto en La Habana» y «Una tarde de verano cualquiera».

Después del viaje por la memoria configuradora de la ficción y la palabra, el narrador traslada al lector nuevamente al presente, a la urbe, a lo real, en «Plaza San Martín». En este lugar público, de tránsito y bullicio, las personas convergen y se reúnen en fastuosa alegría o con una actitud de protesta y crítica social. Así, en dicho recinto convulsiona el lenguaje, por ello, observamos el inicio del relato «Giragiragiragira», así como la ruptura de las diferencias sociales y mezcla de los múltiples estratos, lo popular y lo letrado. De este modo, se recorre los bares emblemáticos del Centro de Lima, el Jr. Quilca donde habita el saber, en el que se recuerda a uno de sus deambuladores: Martín Adán. Aparecen, también, retazos de Los inocentes y Los eunucos inmortales para culminar en Lima, la horrible, del poeta César Moro. Esta última mención permite enlazarlo con los siguientes escritos «Lima no es horrible» y «Ribeyro en la Ciudad Perdida». En el primero, se aúna de forma intertextual al autor de La tortuga ecuestre, interpretando y contrastando la frase moreana con la decisión del vate de retornar al Perú en los últimos años de su vida. En el segundo, Ribeyro es la metáfora de la ciudad y el tópico del mundo marginal y el desasosiego, así como la devoción a la escritura misma. Sobre estas dos perspectivas, el caos creador y la admiración por el quehacer sobre la palabra, se engarza la poética de Reynoso.

Fuente: El Comercio

Los tres últimos textos se conjugan en torno a la idea de escribir y qué concibe el autor de acuerdo a su perspectiva cuestionadora. En el caso de «Ficción y realidad», se expone brevemente lo que considera la expresión de lo literario. Para ello, inicia con la teorización de la literatura, luego las cuestiones filosóficas y la enunciación científica. De estas posturas, Reynoso enuncia su idea con la siguiente sentencia: «La ficción y la realidad son, pues dos mundos diferentes. La creación de un mundo ficcional, a través de la palabra, en su sentido poético, y de adecuadas estructuras, es la expresión de la ideología del autor» (p. 80). Se complementa su ideario con «Dimensión del significado subjetivo», en el que se afirma que Cien años de soledad es una gran novela por su riqueza verbal, además de su «sentido subjetivo y poético de su prosa» (p. 84). Por último, su poética llega al culmen con la transgresión en «Gloria in excelsis», en el que la escena de la masturbación del narrador en la sacristía, pensando en el éxtasis que le propicia la imagen del personaje Malte, forja la energía creadora. Con ello, se implica que la escritura es belleza y vulneración de lo canónico, un reto constante a la Ley represora.

Luego de este recorrido por Capricho en azul, concluimos que el libro póstumo de Reynoso no es una miscelánea textual, sino una conjugación textual mediante secciones no señaladas, situadas como un devenir no aleatorio, donde se engarzan, a manera de una cadena, los temas de la transgresión, la exaltación de la belleza, y la poética en torno al arte de escribir, en el que el capricho, el deseo, es el primer motor del recuerdo para ficcionalizar el mundo mediante una armonía que solo se consigue mediante la lírica, única fuerza capaz de asir el cielo azul de Reynoso, ese elemento etéreo e imponente difícil de enunciar.

Reynoso, O. (2020). Capricho en azul. Lima: Alfaguara.