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Reseña: Una animal en mí (2021) de Juliane Angeles

El difícil trabajo del devenir en la poesía

Por Cesar Augusto López

Escribir es siempre un riesgo, un salto que no tiene asegurado el impacto de la caída o el placer del vuelo. Esto quiere decir que los viajes pueden ser irregulares, problemáticos o que, simplemente, no cumplen la trayectoria esperada. Al leer el poemario de Juliane Angeles, nos encontramos con esos altibajos y con las tensiones de la exploración del verso, del poema, al que se le pregunta y adquiere una personalidad tal que se contrasta con el cuerpo de la mujer y con sus claros enlaces con otros vivientes. En los veintidós poemas que se nos presentan en Una animal en mí, sentimos que no se consigue encontrar el equilibrio por el que se pugna. Una posible hipótesis de este asunto tiene que ver con la intervención del pensamiento que hace ruido al flujo de los sentires, a la insistencia de elevar la mirada desde el primer poema (“Una”) y de cierto valor cerebral (“Vivo únicamente a través del pensamiento”) que atenta contra una intuición material que se puede percibir en el conjunto y que lo hace valioso para el lector que se encuentre con él.

Portada – Foto: Lee por gusto

Si comenzamos a desplegar la tensión que nos generó el poemario, necesitamos anotar el título, porque nos asalta la expectativa de encontrar un universo femenino aunando con lo animal o del reconocimiento de lo animal en la intimidad de la mujer. Sin embargo, presenciamos la búsqueda o una débil visión de lo que se promete. En ese sentido, nos encontramos frente a un combate poético desde varios puntos de vista. Podemos percibir la voz femenina de denuncia que nos trae ecos de María Emilia Cornejo, (“Vivo de dar explicaciones”), Clarice Lispector (“La araña”) o la misma Sor Juana Inés de la Cruz en un verso entre corchetes del poema “Consecuencias del movimiento”, pero no se concreta lo animal como un paso más allá. Nos referimos a que lo animal es tanteado con cierta timidez por Angeles, quien incluso suma personajes vegetales como la cebolla (“En crecimiento”) o un cactus (“Crianza”) y que amplían favorablemente el espectro de su experimentación con la palabra. Así, se intenta generar una línea de fuga del conjunto, pero la cabeza (imagen insistente a lo largo del libro y precisada en el poema “Caput”), el peso del rostro, casi dictatorial, impide el escape de la voz poética y esa situación nos coloca en medio de un fragor silencioso que se gesta en los versos. Esta última afirmación no tiene por objetivo sorprender al lector, porque, en verdad, nos encontramos ante una exploración poética que nos anunciaría un futuro paso más seguro de la poeta.

Por otro lado, el epígrafe de Blanca Varela es otro de esos anuncios que se pueden esperar con ansia hasta su consumación. Este tiene que ver con el devenir niña, devenir animal y/o devenir idea que se nos plantea y que Angeles intentaría conquistar o llevar más lejos; es una posibilidad. No obstante, y tal vez siendo extremadamente fiel a la autora de “Monsieur Monod no sabe cantar”, el factor de la idea como un elemento de apoyo en Una animal en mí sería la línea de sentido que irrumpe para quitarle flexibilidad a la propuesta. Cuando reclamamos la idea de devenir en Angeles nos referimos a la proximidad con formas que no reflejan estructuras de poder, sino que serían la mirada de lo microscópico y el reconocimiento de existencias no hegemónicas.

Sin duda, la mirada infantil que se relaciona de manera plena con lo animal y vegetal toma su lugar, pero, en ciertos momentos, la intención de la elevación del sentido se aleja de lo carnal y de su universo “limitado”. Un claro testimonio de esta situación se puede percibir en la presencia de la sangre en el poema “Opera prima”; a saber “Contra la intensidad salida de mi cuerpo / Me borro a mí misma. Yo soy la mancha” (41). ¿Es posible que el peso de la culpabilidad impuesta encorsete lo femenino revolucionario en el poemario? Es posible, es una hipótesis válida, pero en medio de la intensidad de aquel peso y del contacto con lo vegetal que se yergue hacia la luz, la voz poética encuentra su razón de ser hacia una especie de luminosidad anunciada desde el primer texto de la colección y que sería posible gracias a la poesía como un instrumento y un dictamen, porque este le permitiría acercarse a la “criatura salvaje” (27) que se necesita para la redención. Esta se ve interrumpida por los movimientos de lo racional que vence en varios poemas, que se cuela en la experiencia del cuerpo, incluso, porque cortaría la comunión como condición de rebelde, de transformación. Entonces, la voz lírica se dice lo siguiente: “Mi cuerpo solo puede hacerme sentir / un animal solitario” (33). El efecto de la irrupción de lo racional aísla la corporalidad y la investigación que se intenta inaugurar en Una animal en mí.

Juliane Angeles – Foto de la autora

Las trampas de la razón irrumpen constantemente como una especie de ley en el arduo intento de encontrarse con el devenir para mirar cara a cara a los seres vulnerables y, bajo ese criterio, en ciertas ocasiones los animales se convierten en metáfora (“Crocodilia”), en objeto y no en personalidad plena a la que se le debe la lógica del encuentro. De este modo, entre el imperio de la ley, el orden, la tiranía del significante, lo masculino, como ciertamente enemigo, la poesía sería la alternativa a la cual se recurre para reunir una diversidad de sentires. Este aspecto tensivo y problemático queda más claro en el poema que cierra Una animal en mí, ya que se conjuga el toser, el hablar, lo animal y el poeta. Estos cuatro factores o elementos se aúnan en una especie de testimonio de imposibilidad que recorre el poemario y que consideramos necesario leer con la sintonía de la encrucijada en la que se encuentra la perspectiva poética. En este punto, consideramos el valor del libro que intentamos reseñar en el marco de las contradicciones que presenta, ya que es un testimonio del compromiso artístico por extraer un más allá, desde un lugar cotidiano y, muchas veces, abandonado. Si bien el último texto mencionado se titula “Mi enfermedad”, nosotros consideramos que en una próxima entrega de Angeles se pueda atender a la cura que rondan sus versos con valor resuelto. 

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Juliane Angeles

Una animal en mí

Álbum del Universo Bakterial, 2021, 55 pp.