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Presentación: “No hay más ciudad”, la novela de Francisco Izquierdo Quea

La presentación de No hay más ciudad, la novela de Francisco Izquierdo Quea se realizará el viernes 30 de julio a las 5:00 pm, a través del Facebook live de la Cámara Peruana del Libro. Este lanzamiento se enmarca en la Feria del Libro de Miraflores. Además del autor, participarán, con sus comentarios, la escritora Silvana Carrillo y el escritor Francisco Ángeles. En su nota de prensa, la editorial dice que Francisco Izquierdo Quea “nos sumerge a través de un crisol de miradas en la vorágine de las relaciones de pareja, el abandono y los sueños latentes por virar hacia un destino capaz de llenar la medianía con la tan ansiada conciencia de trascender”. Más detalles en el site del evento: https://www.facebook.com/events/205427594924370/?ref=newsfeed.

Les compartimos el comentario del escritor Francisco Ángeles sobre esta nueva novela:

Me ha alegrado muchísimo leer la primera novela de Francisco Izquierdo-Quea, quien publica por primera vez desde su ya lejano debut literario en 2007. Más que eso: leerla me ha conmovido, me ha sorprendido, me ha perturbado. Leerla me ha llevado de regreso a Lima y a los años 2000, esa década que sobrevive sigilosa entre los más llamativos 90s (modernidad, globalización) y 2010s (crisis global, tecnología, hiperconectividad), como una versión envejecida de una sin aún insinuar del todo a la otra. Y sin embargo, a pesar de tanta palidez, los 2000 existieron, y para muchos fue la época en que todavía éramos jóvenes y también la década en que dejamos de serlo; la época en que la vida comenzaba a golpear y ya no con problemas inventados; los años en que se revelaba que nuestros sueños adolescentes ya no eran más que una anacrónica prolongación de otro tiempo que se había terminado. NO HAY MÁS CIUDAD trata sobre ese tiempo y también ese espacio: ese Perú precario y desgastado, escabroso sin llegar a trágico, un Perú post-Fujimori y pre-Marca Perú; post-terrorismo y pre-Mistura/Asu Mare. En ese contexto en que parecía que todos esperábamos que algo ocurriera –y sí, ocurrió mucho, mucho más de lo que hubiésemos previsto—, Germán, Claudia, Bautista, Matsahide, todos los personajes de este libro pasan por ese tránsito simbolizado por dos destrucciones simultáneas: el final de una relación que creíamos madura, y el derrumbe del sueño de vivir del arte cuando la época de estudiante ya se había terminado. De todo eso habla NO HAY MÁS CIUDAD: de los símbolos anacrónicos de una época perdida, de la amistad masculina, de los traumas familiares. Y todo eso bajo ese telón de fondo de nuestra propia post-dictadura, la historia cíclica que nos volvía a imponer, como para despedir nuestra juventud, al mismo presidente de nuestra niñez. Para todos los que aún fuimos jóvenes en la década pasada, y para quienes dejamos de serlo; para quienes prolongamos más de lo aconsejable los sueños adolescentes, y para quienes alguna vez nos cuestionamos cuál era el sentido de nuestras vocaciones, esta novela los va a reencontrar con ese yo del pasado que, aunque pensemos lo contrario, nunca dejará de estar ahí esperando una oportunidad para volver a recordarnos lo que fuimos (y aun somos).

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Nuevos tiempos, nueva bitácora

Por Rómulo Torre Toro

Hace algunos años atrás se suspendió la publicación de la Bitácora de El Hablador. Las razones de dicha suspensión no son importantes, pero sí es necesario resaltar que, desde ese momento, el debate cultural y literario se quedó sin uno de sus principales espacios de encuentro y difusión. Ahora, en paralelo al relanzamiento de la revista y la publicación de su último número, se ha hecho necesario recuperar este blog para intentar, una vez más, impulsar la discusión de ideas en nuestro medio.

Sabemos, sin embargo, que esta nueva etapa no puede estar libre de ciertos cambios. La situación actual exige de nosotros un esfuerzo diferente, una voluntad por entender el fenómeno humano desde diferentes perspectivas que permitan ubicarlo en determinadas coordenadas políticas, sociales y culturales. Creemos que solo a partir del diálogo de distintas disciplinas será posible la comprensión de lo que solemos llamar realidad con amplitud. Por esa razón,  la Bitácora de El Hablador presenta una nueva organización de contenidos.

Sin más demoras, veamos las secciones que les ofreceremos en las próximas semanas.

Coyuntura: se analizarán distintos temas políticos o sociales que estén en medio del debate público, no solo a nivel nacional, sino también global. Las personas que estarán a cargo son Carlos Carcelén, Anouk Guiné, Andrés Sampayo (Colombia), Edder Pino Ponce (Chile) y Marité Bustamante.

Reflexión: las columnas que integran esta sección abordarán distintos temas vinculados a la literatura, el quehacer literario o al análisis de distintas manifestaciones culturales. De este modo, se evaluará su relevancia y su trascendencia. Aquí participarán Giancarlo Stagnaro, Jack Martínez y Juan Carlos Rojas.

Reseñas: las tradicionales reseñas de narrativa, poesía y ensayo estarán a cargo de algunos miembros antiguos y algunas nuevas incorporaciones. Entre los primeros destacan Lisandro Gómez y Lenin Pantoja. Por su parte, entre los nuevos reseñistas están David Villena, Jhonny Pacheco, Helen Garnica, Sebastián Uribe y Karen Calle.

Crítica teatral: la creciente oferta de puestas en escena, y de festivales internacionales que acercan la producción y la reflexión sobre esta disciplina, hace necesario el examen del espectáculo teatral desde la mirada de Gabriela Javier y Alejandra Mory.

Películas, series y más: el consumo masivo de material audiovisual y la proliferación de plataformas que lo ofrecen han provocado que el análisis del cine, televisión y el internet sea fundamental. Los redactores para esta sección son Santiago Ruesta, Zoraida Rengifo y Carlos Esquives.

Como suele ser una costumbre en esta bitácora, pretendemos que el debate sea constante y fluido entre autores y lectores. Por esa razón, estamos siempre dispuestos a recibir cualquier réplica o comentario que enriquezca el diálogo y la crítica, y difumine la separación entre productores de contenido y consumidores.

No hace falta señalar, pero igual lo hacemos, que cada colaborador se hace responsable de las ideas y opiniones que plantee.  

Nota: estén atentos, porque el miércoles 18 se publicará la primera columna del historiador sanmarquino Carlos Carcelén, sobre las condiciones de salud y las epidemias en la historia peruana.

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El centro del Cusco

Imagen tomada de Perú Grand Travel

Por Mario Granda

Hace diez años que no iba al Cusco (después de haber ido como cinco veces seguidas, allá en sus tiempos) y la imagen que me había quedado de la ciudad era la de la típica capital andina hecha solo para el turismo internacional. Los comentarios de quienes iban para allá –aparte de las maravillas de Machu Picchu— eran las de siempre: precios muy altos, dificultades para el alojamiento y poco tiempo para completar el city tour que requiere toda visita al lugar. Pero el tiempo que pasó no fue en vano.


Es cierto que lo de los turistas no es inventado. Decenas de miles de ellos entran y salen de la ciudad a diario, al punto que ya forman parte de la vida cívica cusqueña, pues cuando las autoridades cusqueñas realizan algún acto oficial en la plaza de armas –como pasó el 28, cuando fui— la mitad de los espectadores eran muy atentos extranjeros. Del mismo modo, el habla del Cusco es múltiple: carteles en inglés, francés y hebreo, grupos inmensos de alemanes, chilenos o brasileros. No obstante, los grupos de turistas de hace unos años han cambiado. Ya no vienen los jóvenes y adinerados ingleses del 2000 sino grandes grupos de jóvenes americanos (casi escolares, en realidad) que no tienen tanta lana en sus bolsillos. También está la ola de turistas brasileros, que, al parecer, gustan de las ciudades frías.


Pero el centro del Cusco ha cambiado en gran parte para bien. Hay más orden y control en sus calles y las vías peatonales se han ampliado. Debido a la considerable población turística que llega para caminar, una parte de la calle Mantas ha sido convertida en un ancho jirón que integra la Plaza de Armas con la fresca y arboleada Plaza de San Francisco, donde se encuentra el Colegio de Ciencias. Una vez aquí, y camino a la Iglesia de San Pedro, ya no se encuentran los ambulantes que antes ocupaban los alrededores del mercado y se convertían en un límite para el visitante. Hoy la reemplaza una feria de libros usados, la entrada al mercado es muy cómoda y la vista de la Iglesia Santa Clara (hermana de la de San Francisco, que se encuentra en la mencionada plaza) se abre a la izquierda. Por otro lado, y ya en otra dirección, la Dirección Regional de Cultura del Cusco ha acondicionado el antiguo palacio incaico del Kusicancha para que los peatones puedan mirar, con sus llamas y vicuñas, los interiores del antiguo recinto, mientras que el Convento de Santo Domingo-Coricancha ha renovado por completo su propuesta museística. A la tradicional visita a los cuartos de piedra fina, los cuadros de la escuela cusqueña y el amplio jardín que mira a la Avenida El Sol, los frailes del convento han añadido una propuesta integral de arte contemporáneo. Los pasillos interiores de la nave de la iglesia cuentan con innovadores cuadros de artistas cusqueños sobre la pasión de Cristo y, desde hace unos cuatro años, convocan al prestigioso concurso de artes plásticas Predicarte. Los ganadores de las ediciones anteriores del concurso (cuyo tema central es el religioso) se pueden encontrar en el segundo piso del templo, donde también se encuentra una moderna galería de arte. Pero no es solamente la Municipalidad o los religiosos quienes tienen ideas sino también las iniciativas de algunos que, por propia cuenta, han comenzado proyectos nuevos. Así lo demuestra la reciente aparición del Museo de Plantas Sagradas, Mágicas y Medicinales, donde se puede encontrar la historia y la cultura de la coca y la ayahuasca, entre muchas otras, o el ChocoMuseo, donde se encuentra la historia del chocolate y se realizan actividades de preparación de cacao.

El Cusco del centro ha cambiado el rústico de los noventas por los finos acabados de moda de hoy. Así lo demuestran los restaurantes y tiendas del centro que, siguiendo la moda limeña, se han preocupado por hacer más atractiva la visita a sus locales. No obstante, aún la oferta podría ser mayor. No es fácil en estas calles encontrar comida cusqueña típica, y para comer un cuy, tomar un sancochado o visitar una picantería para comer un buen chicharrón hay que salir del circuito que se ofrece al visitante que tiene poco tiempo. Los lugares se encuentran, pero no están todavía conectados con el centro. Además, es muy fácil encontrar casonas que, como las de Saphi, se encuentran muy descuidadas. El “centro” del Cusco parece privilegiar algunos lugares y no abrir distritos o calles que, como en la calle Pardo, pueden llevar al caminante a una relación más próxima con el Cusco moderno, aquél del siglo XIX y comienzos del XX. A pesar de ello, sin embargo, los avances han sido muchos. Ciudad de piedra, casonas y tejas, no solo hay que valorarla por su pasado.

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Entradas anteriores del blog

Las entradas anteriores de la Bitácora de El Hablador se encuentran en el siguiente enlace .