Nº23
revista de literatura
 
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reseña    

Rodrigo Blanco Calderón

 

The Night

Alfaguara, 2016. 360 páginas.

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Noches oscuras y violentas en Venezuela

La noche del jueves 30 de mayo del 2019, en la ciudad de Guadalajara (México), se determinó como ganadora del III Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa a la obra The Night de Rodrigo Blanco Calderón, joven escritor venezolano que solo había incursionado en el género del cuento con cuatro libros publicados desde el 2005 por los que ha recibido diversas distinciones o reconocimientos. Entre ellos, formar parte en el 2007 de la primera selección de escritores Bogotá 39. Ahora, con este importante premio por su primera novela, pone nuevamente sobre la palestra a la literatura de Venezuela, muy especialmente porque aborda los conflictos actuales de este país y de sus habitantes, al mismo tiempo que remite a su propia historia política. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, presidente del jurado, mencionó que se trata de una novela polifónica construida como un juego de muñecas rusas. En efecto, así sucede. El lector encontrará en estas páginas una estructura múltiple llena de historias y personajes que conviven en una misma metrópoli que parece que ha sido condenada a la oscuridad total. Transcurre el año 2010 y la ciudad de Caracas carece de fluido eléctrico por orden del gobierno chavista debido a la crisis energética. Una vez que llega la noche, la ciudad se convierte en un espacio violento donde proliferan motociclistas cuya presencia no augura nada bueno. Allí también aparecerán los cuerpos de mujeres asesinadas como el registro de esta violencia nocturna, entendida también como una violencia constante. Es entonces que el crimen se convierte en el móvil para el transcurrir de la novela. Este móvil es guiado (o escarbado) por personajes que bordean la locura. Uno de ellos se llama Miguel Ardiles, un psiquiatra forense que entabla largas conversaciones con un escritor fracasado llamado Matías Rye, quien tiene una fascinación por la novela policial, dicta talleres de escritura y además posee el proyecto de una gran novela titulada The Night donde impondrá el concepto de «realismo gótico» basado en el desarrollo de una realidad que resulta demasiado violenta. Matías tiene inscrito en su taller de escritura a un alumno que sufre de constantes ataques de pánico. Se trata de Pedro Álamo, un publicista que en un momento ganó un importante premio literario en Venezuela, por lo que es considerado una verdadera promesa para la literatura de este país, pero cuya vocación literaria o creativa se ve menguada por la violencia que va creciendo en la ciudad con los apagones y los feminicidios que cada vez van cobrando una mayor resonancia. Mención aparte resulta la vida y obra de Darío Lancini, poeta venezolano en la realidad (aquí se acentúa el juego metaliterario de la novela) que desarrolló el uso de los palíndromos y anagramas como un juego infinito del lenguaje. Será la imagen del mismo Darío Lancini quien brindará una especie de luminosidad entre tanta oscuridad por su misma condición de poeta. Su obra Oír a Darío (un claro ejemplo de palíndromo) terminará siendo reverenciado por otros grandes como Sergio Pitol y Julio Cortázar (pp. 212-213). Mientras tanto, continúan dándose más actos de violencia en la ciudad como el caso Ramón Camejo, el monstruo de los Palos Grandes (basado en un hecho real demasiado cruento y conocido en la historia última de Venezuela), además del crimen impune cometido por Edmond Montesinos (alter ego de Edmundo Chirinos, importante psiquiatra venezolano, académico, político, ex candidato presidencial y asesor de Hugo Chávez que abusaba sexualmente de sus pacientes y que termina asesinando a una joven paciente). A esta variedad de nombres, se añaden otros personajes secundarios que quedan en la memoria como Sara Calcaño, ex participante del Miss Venezuela en 1978 y ex modelo que dejó de lado este glamuroso mundo solo para estudiar Literatura; o los Strinkis, que así se hacen llamar dos hermanos de buena posición pero de muy mala reputación que aún viven en la enorme casa que le han dejado sus padres donde sobresalen los maravillosos títulos que componen su biblioteca, dignos de cualquier hurto. Todo este desborde de personajes da paso una estructura múltiple que va produciendo una complejidad por los quiebres de tiempos y espacios. Una novela muy al estilo Bolaño donde la ilación se ve reducida de pronto por la misma sobreabundancia de violencia en una ficción que puede resultar tan similar a la propia realidad.

 
 
 
©Omar Guerrero, 2019
 
 

Omar Guerrero (Lima-Perú, 1977)
Estudió Literatura en la Univesidad Nacional Mayor de San Marcos, cursó la Maestría de Estudios Culturales en la misma casa de estudios y una especialización de Marketing para aplicarlo al rubro editorial. Ha colaborado en diversas revistas literarias. En 2010 publicó su primera novela Paterson city en el sello Estruendomudo. Actualmente se desempeña como editor en Penguin Random House Perú.

 
 
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