En el trabajo de Escalante podemos ver no sólo una investigación seria de los temas sobre la nominalización desde el punto de vista semiótico sino también un profundo conocimiento de la tradición humanística y medieval europea

 

 

 

Marie Elise Escalante Adaniya
Un estudio sobre la nominación en las crónicas de Garcilaso de la Vega y Guamán Poma
Fondo Editorial de la UNMSM, 2004


El Perú, las Yndias y el Mundo Nuevo

Son muchos los libros que en estos últimos años se están escribiendo sobre los cronistas de la conquista y la colonia peruana. Uno de los últimos es el trabajo de Christian Fernández, Inca Garcilaso: imaginación, memoria e identidad (también publicado por el Fondo Editorial de San Marcos) donde se revisan temas que todavía no se han estudiado con profundidad: el estudio del género de los “comentarios”, los diferentes nombres de Garcilaso y el escudo de armas del escritor. De la misma manera, Marie Elise Escalante, en su libro Un estudio sobre la nominación en las crónicas de Garcilaso de la Vega y Guamán Poma, aborda, desde las notas de Lévi-Strauss, Jean F. Lyotard y la semiótica peirciana —desarrollada por Umberto Eco—, algunos temas que hasta ahora no habían pasado a la discusión o sobre los cuales la crítica (como a veces sucede) tenía ya una idea formada de ellos.

El primer capítulo está dedicado a los nombres de lugares o topónimos, en el que se estudian no solamente los relatos acerca del origen o generación de tales nombres, sino también de la puesta en cuestión de la veracidad o adecuación de los nombres con respecto de aquello que designan. Esto es lo que sucede, por ejemplo, con el término “Nuevo Mundo” en los Comentarios Reales.

En un primer momento, para Garcilaso no puede haber diferencia entre “Mundo Viejo” o “Mundo Nuevo”, ya que la creencia en un mundo nuevo se acerca a la creencia herética de que hay muchos mundos. Pero el “Nuevo Mundo” también podría tomarse como “otro mundo, separado del Viejo, sin conformar con él una unidad”, mundo que, al final de cuentas, sería autónomo. Por otro lado, sin embargo, “nuevo” puede implicar posterioridad temporal, “novedad”, dado que lo nuevo “depende del sujeto que la enuncia; la gente del nuevo mundo puede sostener que el viejo mundo es el nuevo”. Más adelante, esta misma situación se revela con el tema de las antípodas. Según Garcilaso, no se puede saber qué países son antípodas de qué otros países, dado que aún no se conoce todo el mundo. Y mientras no haya una persona que pueda mediar entre los dos lados, esto es, que conozca todo el mundo, una discusión de este tipo puede ser relativizada.

En el caso de la deducción del nombre del Perú, el problema se presenta de otra manera. No es este un nombre español, pero tampoco es un nombre indígena (y menos andino) porque no pertenecía a los habitantes. Sin embargo, “Perú” es un nombre más español, ya que es utilizado por los conquistadores y no por los indios, quienes llaman al territorio “Tahuantinsuyo”. Pero también es interesante que se contraste aquí la versión de Guamán Poma, quien plantea otro tema, no el mismo, pero sí muy relacionado: aquél en el que se discute si el nombre correcto para las tierras americanas es el de “Mundo Nuevo” o el de “Yndias”. Para Guamán Poma el vocablo “Yndias” es un equívoco (querría decir, literalmente, “en el día”), mientras que el primero, a diferencia de lo que piensa Garcilaso, sería el correcto. Garcilaso, dice Escalante, tiene un afán homogeinizador, dado que no hay un nuevo mundo. Guamán Poma, en cambio, “tiene un propósito opuesto, reconoce la diversidad, la heterogeneidad, por ello ‘Mundo Nuevo’ le parece un nombre y título verdadero por los mismos motivos que el cusqueño rechaza”.

El segundo capítulo, en cambio, ya no solo trata de la legitimidad o ilegitimidad de los nombres sino también de los actos de injusticia o de transgresión que se cometen al reconocer los títulos, los nombres reales y los vestidos durante la colonia. Se analiza aquí el texto Nueva corónica y buen gobierno, donde Guamán Poma da fe de los muchos malentendidos y modificaciones que se hicieron de la sociedad incaica, sobre todo a partir de las visitaciones. La institución de la visitación, en un principio, consistía en respetar la jerarquía original que regía en el Tahuantinsuyo. Sin embargo, en vez de realizar los nombramientos o designaciones correctas, los visitadores clasifican de un modo distinto a los sujetos y producen un cambio total de jerarquía dentro de la sociedad andina. Muchos de ellos, como Damián de la Bandera, sufren las manipulaciones de los interesados y producen la sensación del “mundo al revés” que tanto critica Guamán Poma: “El lenguaje se torna opaco, o muestra su propia lógica, divergente de lo existente, del ser (...). La Visita como institución colonial se caracteriza por esta ambigüedad en sus discursos, a los cuales se les oscurecía la teatralidad o su carácter performativo y se les hacía pasar como referenciales, para de este modo acelerar la ‘naturalización’ del cambio, de la transformación que efectuaban en la jerarquía social de los individuos”. Por otro lado, el proceso de los nombres reales y los vestidos también sufre cambios, pero no solo por los nombramientos equivocados sino por los cambios que se producen en la sociedad andina. Términos como los de “Palla” (mujer de sangre real) comienzan a cambiar de significado (mujer de muchos vasallos y siervos), pero no por acción directa de los españoles sino por la degradación social que se evidencia con el paso del tiempo.

La investigación de Escalante pertenece a la crítica que se detiene en la particularidad de las crónicas. A diferencia de los estudios que se proponen como “totalizadores” de la obra de los cronistas peruanos (Mazzoti, Hernández, Adorno), aquí se trabaja a partir de fragmentos del texto en los cuales se pueden evidenciar algunas de las raíces del pensamiento de Garcilaso y Guamán Poma de Ayala.

En este sentido, estudios como los de ella —o los de Christian Fernández, antes citado— son modos de trabajo novedosos para los estudios coloniales. En el trabajo de Escalante podemos ver no sólo una investigación seria de los temas sobre la nominalización desde el punto de vista semiótico sino también un profundo conocimiento de la tradición humanística y medieval europea. Los temas del “Nuevo Mundo”, por ejemplo, son vistos desde la “Utopía” de Tomás Moro y los estudios de Francis Yates. Sin embargo, y como reconoce la autora en sus conclusiones, aún son necesarios los conocimientos de otras disciplinas (entre ellas la etnología) para poder profundizar mejor en las investigaciones, sobre todo en lo que refiere al conocimiento del mundo andino.

Como un añadido, cabría decir que la edición del Fondo Editorial de San Marcos incurre en muchas erratas ortográficas y tipográficas, y que muchas veces generan confusiones en el lector. Es necesario un mayor cuidado en estos aspectos, sobre todo si se trata de publicaciones académicas.

 

© Mario Granda Rangel, 2004 descargar pdf

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