Nº21
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reseña    
Pablo Sánchez  

La emancipación engañosa. Una crónica trasatlántica del boom (1963-1972)

Murcia: Colección Cuadernos de la América sin Nombre, 2009.

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El boom latinoamericano entre dos tierras

Aunque pasen los años, y mucha agua corra debajo del puente, el boom de la literatura latinoamericana ha sido, es y será un motivo de revisión, de polémica y de actualización constante. Como fenómeno global, seguirá dando que hablar, dada la actualidad de muchos de sus participantes y sobrevivientes en el panorama cultural y político contemporáneo, al ser quizás Mario Vargas Llosa su principal representante en esa línea, el más visible del grupo original, insistentemente presente en la esfera pública. Debido en parte al efecto retrospectivo a consecuencia de la obtención del Premio Nobel de Literatura en 2010 para el autor de Conversación en la Catedral, la actualidad del debate sobre la literatura latinoamericana contemporánea alcanza un nuevo enfoque con la publicación de La emancipación engañosa. Una crónica trasatlántica del boom, de Pablo Sánchez.  

Un antecedente de esa línea de reconstrucción articulada e “historia material” del boom es representada por el libro de Mayder Dravasa, The Boom in Barcelona. Literary Modernism in Spanish and Spanish-American Fiction (1950-1974) (2005), que hace referencia a la etapa catalana (quizás la más productiva y brillante, pero a la vez la más llena de mitología) del grupo de escritores latinoamericanos en esos años. Bajo esa perspectiva, el libro de Sánchez tiene como fundamento la recepción del boom y las pugnas por el campo literario y el capital simbólico (a lo Bourdieu) ya no exclusivamente en América Latina, sino con saltos y contrapuntos con España. Esta publicación pone sobre el tapete varias cuestiones, por sobre todo las disputas antes que las coincidencias entre uno y otro margen. En primer lugar, recopila todo el arduo debate de la crítica literaria latinoamericana, los intercambios y reproches, en un momento en que los críticos de este margen trataban de sopesar el inminente conflicto entre las novedosas corrientes narrativas (lo que el autor denomina con el término de “vanguardismo”) y el regionalismo que había imperado durante las décadas anteriores. Esta recopilación es contrastada con la recepción española del boom, iniciada precisamente con los premios Barral de literatura, entre otros esfuerzos similares. Sánchez recoge estas expectativas y revalora el término “sistema” para explicar las siempre complejas relaciones internas e interacciones de la cultura latinoamericana, “ya que el multilateralismo recoge el sentido dinámico del proceso, superando tanto la fascinación ‘textocéntrica’ o los mitos carismáticos sobre la genialidad creadora, como las tentaciones del simplismo ideologizante… o la demonización del boom como una casual y peregrina estrategia comercial y extraliteraria” (pp. 35-36).

Los capítulos iniciales se dedican a un replanteamiento del debate de la novela en América Latina y la denostación de los jóvenes escritores de las generaciones anteriores, empezando por la crítica demoledora del libro del peruano Luis Alberto Sánchez, América, novela sin novelistas (1940), que ya contiene en germen la problemática posterior. Lo que deja en claro Sánchez es que la crítica literaria latinoamericana no contaba con las herramientas, ni epistemológicas ni educativas, para enfrentar la insurgencia de la nueva narrativa, menos aún el hecho de endilgarle una especificidad a este “sistema”, lo cual resulta de por sí problemático: el alcance de la crítica era solo concerniente a las “ciudades letradas” nacionales­. Esta tendrá que armarse sobre la marcha, en la medida que el éxito de difusión de los narradores del boom también sirviera de campo propicio para la renovación del discurso crítico (tanto para su defensa como para su cuestionamiento) y, en ese sentido, el papel de Ángel Rama en las polémicas literarias y debates entre latinoamericanos y españoles resulta a todas luces decisivo. Así, es interesante revisar la propuesta de Rama de constituir un sistema de “transmisiones de la cultura en Latinoamérica” con la finalidad de que los escritores se conozcan a sí mismos y se puedan leer mutuamente (p. 46). La revista Casa de las Américas, hija de la Revolución cubana, tiene una finalidad clara en ese sentido: articular el panorama crítico latinoamericano en torno a los programas revolucionarios. Será este latinoamericanismo el que cobije el proyecto “calibaniano” de Fernández Retamar, en clara respuesta a la creciente influencia del sistema editorial español.

Precisamente, el texto de Sánchez se preocupa en recopilar con numerosa documentación y con argumentos sólidos la presencia del boom en España. Queda claro así el programa de Carlos Barral de poner a la literatura latinoamericana en primer plano para contrarrestar dos frentes: tanto el franquismo (al menos en el campo cultural) como la literatura social realista imperante en ese momento. El barcelonés José María Castellar, a quien habría que resaltar desde el lado latinoamericano, resultó una figura fundamental para la inscripción del boom en el panorama literario español, inscripción que, no obstante, no estuvo libre de roces y calificativos, dado el poco conocimiento que, salvo excepciones, los escritores españoles tenían de sus colegas latinoamericanos. En consecuencia, resulta interesante conocer la manera en que la crítica ibérica reseñó y comentó Cien años de soledad, novela que se hace notoriamente conocida entre el público lector español al año y medio de su publicación original.

Esto que podríamos llamar “diferencia de recepciones”, la falta de carencia de aparato crítico por un lado, y la desinformación por otro, es lo que a juicio de Sánchez desencadena en parte las pugnas trasatlánticas por el control del campo literario. Además, vale la pena señalar el descabezamiento que muchos de los protagonistas del boom realizan en relación con sus antecesores: los parricidios de “Novela primitiva y novela de creación en América Latina”, de Vargas Llosa; o La nueva novela latinoamericana, de Fuentes, entre otros; el “papel fundacional, casi adánico”, que implicaría esta operación retórica, como destaca Idelber Avelar en Alegorías de la derrota. La ficción postdictatorial y el trabajo del duelo (1999). Todo este campo fermentado a finales de los años sesenta termina por implosionar a inicios de la década siguiente. El “sistema” cubano de Casa de las Américas, con Fernández Retamar y Benedetti, se enfrenta al mexicano de Paz y Fuentes, y al español de Barral. Es notoria en ese sentido la oposición de los cubanos al proyecto de la revista Mundo Nuevo ­–con escritores como Goytisolo, Fuentes, Paz, Sarduy y Rodríguez Monegal, este último el gran antagonista de Rama­–, sobre la que siempre recayó la acusación de ser financiada por la CIA; Sánchez explica luego que esta era financiada por capitales bolivianos. Todas estas pugnas son solo el preludio de lo que vino a ser el caso Padilla y el corte que marcó al interior del grupo original del boom y, con ello, de la propia crítica literaria en ambos lados del océano.

Uno de los intentos finales de articular crítica y creación ocurrió en el Coloquio del Libro de Caracas, que recibió numerosa cobertura periodística, en una época en que se sentía el desplazamiento del discurso crítico en relación con la presión cada vez más creciente de los medios de comunicación. Este coloquio desembocó en la gran polémica entre Vargas Llosa y Rama, alrededor de los presupuestos y criterios del libro del primero García Márquez: historia de un deicidio. Para Sánchez, este debate le resultó útil a Rama a la larga, ya que sobre este articularía las bases de su proyecto transculturador.

Debido a su rigurosidad explicativa y al acopio de reseñas y libros de la época, algunos con mayor fortuna crítica que otros (es importante mencionar el caso del libro García Márquez y la problemática de la novela, que recopila las intervenciones de Rama y Vargas Llosa durante el coloquio caraqueño, hoy aparentemente caído en el olvido, ya que solo se cuenta con la edición de 1973), el aporte sobre el boom de Pablo Sánchez resulta de un valor singular, pues nos permite explicar con mejores indicios la renovación y la formación del campo literario latinoamericano en esas épocas. Al parecer, el modus operandi de esos años fue que, si bien la literatura latinoamericana se volvía más cosmopolita, la crítica se aferraba con mayor fuerza al latinoamericanismo. Del texto de Sánchez se deduce que este fue un aprendizaje mutuo, provechoso al fin y al cabo tanto para España como para los países hispanoamericanos, pero también da que pensar en relación con la actualidad literaria de nuestros días, cuando vemos con inquietud el funcionamiento de la aplastante maquinaria editorial española en abierto detrimento de los mercados editoriales latinoamericanos, que han sido o bien absorbidas por los conglomerados mediáticos-editoriales, o bien condenadas a perder su catálogo y, por ende, su posición simbólica. En torno a esto, la lectura del libro de Pablo Sánchez resulta aleccionadora y nos puede ayudar no solo a encontrar las claves del pasado, a “aterrizar” a los escritores del boom, a detectar que su afán de profesionalización, su “emancipación” del medio social y político que los cobijó a ellos y a sus obras, los condujo a aceptar los dictámenes del mercado.  Así también, se pueden descubrir numerosos puntos de partida para entender los cambios y la actualidad del presente literario latinoamericano, un presente muy diverso y, como en el pasado, no ausente de sus propias problemáticas y expectativas.

 
 
 
©Giancarlo Stagnaro, 2014
 
 
Giancarlo Stagnaro Ruiz (Lima-Perú, 1975). Es codirector de la revista El Hablador. En 1990 publicó el libro de relatos Hiperespacios. Su interés por la literatura lo condujo por las aulas de la Universidad Católica y San Marcos, donde recaló en 1996. Ha colaborado en las páginas culturales de El Comercio y El Peruano. Actualmente vive en Nueva Orleáns, donde realiza una tesis doctoral para la Universidad de Tulane sobre ficción futurista en Perú, Chile y Colombia durante el siglo XIX.
 
 
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