El tour de Francia (Johnny Zevallos)

Las falsas actitudes del agua (Jorge Frisancho)

A Public Space (Mario Granda Rangel)

Asesinato en la Gran Ciudad del Cuzco (Marlon Aquino)

El curioso incidente del perro a medianoche
(Juan Francisco Ugarte)

 

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Breves incursiones en la historia

por Marlon Aquino Ramírez

 

Luis Nieto Degregori
Asesinato en la Gran Ciudad del Cuzco
Lima: Norma, 2007.

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En esta novela, el narrador Luis Nieto Degregori (Cuzco, 1955) describe una historia relacionada con una poderosa familia cusqueña de la época virreinal. Corren los últimos días del año 1714, cuando una mañana aparece el cadáver de un mercader en el cementerio de la catedral del Cuzco, al que salvajemente le han mutilado la lengua y los testículos. El niño Diego de Esquivel y Navia se encuentra con esta espantosa escena que, a la edad de trece años, lo marcará para siempre. Su padre, el soberbio segundo marqués de Valleumbroso, corregidor de la ciudad, es el principal sospechoso de ese crimen. Tendrán que pasar muchos años para que Diego, ya convertido en sacerdote, conozca la verdad de los hechos.

La prosa directa y sencilla de Nieto aprovecha la historia de este asesinato para ir entrelazando otros acontecimientos de épocas que anteceden al presente del discurso. En ellos se relatan los amores prohibidos del segundo marqués de Valleumbroso con una mujer que no es de su condición social; la inútil lucha de un corregidor español por imponerse políticamente sobre los Esquivel; las andanzas de un revoltoso mestizo apodado “El Cartolín”. Como se ve, en esas historias secundarias aparecen los principales actores sociales de la época representada en la novela, tiempo en el que se iban consolidando rencores y alianzas que continuarían una vez conformada la República.
 
La aparición de Asesinato en la Gran Ciudad del Cuzco es saludable, pues cubre un preocupante vacío en nuestra literatura, signado por el escaso (no nulo) interés narrativo por etapas determinantes y traumáticas de nuestra historia. Y, además, es un acontecimiento positivo, porque de alguna manera contribuye a la descentralización de la representación literaria, restándole hegemonía a Lima como única ciudad propiciadora de reflexiones acerca de los procesos iniciales de la conformación social de la nación.

Lo interesante de esta novela no se encuentra en el desarrollo del tema del asesinato, sino en la presentación de dos conflictos. En primer lugar, el conflicto padre/hijo, entre el segundo marqués de Valleumbroso y Diego de Esquivel. Éste, en su condición de hijo natural, sólo recibe el desprecio de su padre, lo cual resume la dolorosa condición de los mestizos, la imposibilidad de establecer un vínculo afectivo y, por ende, la eliminación de los antagonismos culturales. Cuando Diego le muestra a su padre el manuscrito de la crónica, en la cual ha buscado desagraviar a los Esquivel, el marqués le suelta estas furibundas e hirientes palabras a su hijo natural: “¡¿Maliciosas?! —estalló de pronto el marqués—. ¿Esos son los disparates que has escrito en estos papeles? ¿Y piensas que me estás haciendo justicia? ¿Quién diablos te crees? Tú sin mí y sin mi apellido no eres nada, ¿me entiendes? ¡Nada! ¡Un gusano, una basura, un pedazo de excremento que no piso solo para que no apesten mis botas!” (240).

El otro conflicto tiene un secreto vínculo con el primero, pues no es más que una ampliación de éste. La frase: “En Madrid el Rey, en Cusco los Esquivel”, resume perfectamente la pugna política del siglo XVIII entre españoles y criollos. Los Esquivel son conscientes de su liderazgo, del poder que tienen sobre los nativos y, muy sutilmente, buscan desplazar en el control de la ciudad a cuanto español llega al Cusco, tal y como se aprecia en el incansable combate entre el marqués de Valleumbroso y don Rodrigo, quien, derrotado, resume así su experiencia: “Esta ciudad, como alguien me lo había advertido, no es de españoles, sino de criollos, mestizos e indios. Si queremos mantener a mestizos e indios en paz, debemos gobernar en alianza con los criollos” (156). Se forma así en su mente este amargo pensamiento: “Maldita la hora en que decidí aceptar este corregimiento. Ojalá un diluvio o un terremoto o un cataclismo lo borrara de la faz de la tierra” (157).

Pero, lamentablemente, se trata sólo de presentaciones, mas no de desarrollos profundos. Así, nos encontramos con varios puntos débiles en la obra, siendo el primero de ellos el diseño demasiado arquetípico de los personajes: éstos poseen una psicología tan carente de matices (el marqués sólo es un hombre-soberbio-que odia; y Diego, sólo un hombre-sensible-que busca la verdad), que difícilmente consiguen que el lector se identifique con sus desdichas y anhelos. No poseen independencia, notándose que están manejados para representar ciertos conceptos.

Además, en esta novela, Nieto Degregori no demuestra una gran preocupación por realizar complejas (totalizadoras) reflexiones acerca de la problemática social del Cuzco del siglo XVIII. Se aprecia, más bien, un mayor interés por referir historias de intrigas, amores y odios, que, por su agilidad e intensidad, capturen la atención del lector común. En consecuencia, al evaluar el texto, no puede negarse la fluidez del discurso, pues el autor no se enfrasca en morosas descripciones de paisajes o escenarios, ni tampoco busca representar miméticamente el habla propia de la época. Pero la intensidad, el pulso narrativo, está demasiado contenido, siendo por ello sobrio, carente de fuerza al momento de narrar los hechos, con lo cual es difícil que la lectura progrese con interés.

Esto último contrasta totalmente con el título, lo que predispone anímicamente al lector, creándole la expectativa de una historia trepidante y llena de suspenso y revelaciones que, ciertamente, las primeras escenas parecen confirmar. No obstante, poco a poco, al pasar las páginas, aquél va constatando que ese asesinato inicial apenas si ha sido un astuto garfio con el que se ha buscado hacerlo recorrer las más de trescientas páginas del libro; asesinato que sólo volverá a tener alguna preeminencia en las últimas páginas.

Asumiendo que el autor no ha pretendido construir una novela policial, nos preparamos para seguir la historia de amor que se desarrolla en el primer salto temporal duradero, pero resulta que esta también se trunca, quedando al aire también hasta el final. Aparece entonces en la parte Dos una historia de luchas de poderes y ahí es que la obra recupera interés, pues el diseño de la subtrama es redondo y el lector consigue “asentarse” por fin en un periodo narrativo completo.

Advertimos, sin embargo, un ordenamiento poco eficaz de las tramas secundarias, concretamente, en el cierre de las mismas, tal y como se observa cuando, en las últimas páginas, el padre Diego conoce la verdad sobre el asesinato del mercader Pedro Romero, y el efecto emocional producto de dicha revelación es mínimo, debido a la dilatada suspensión del planteamiento inicial.

Acaso el deseo —a priori, nada censurable— de llegar a una gran cantidad de lectores fue determinante para que Asesinato en la Gran Ciudad del Cuzco, con su estilo ágil, su título “marketero” y su rechazo por las descripciones (lo cual, en el caso de una ciudad tan llena de belleza arquitectónica como el Cusco, es todo un desperdicio), finalmente, quede sólo como una novela ligera y un precedente de la gran narrativa histórica que esperamos madure pronto.

 

© Marlon Aquino Ramírez, 2007

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/resena14_4.htm
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