El tour de Francia (Johnny Zevallos)

Las falsas actitudes del agua (Jorge Frisancho)

A Public Space (Mario Granda Rangel)

Asesinato en la Gran Ciudad del Cuzco (Marlon Aquino)

El curioso incidente del perro a medianoche
(Juan Francisco Ugarte)

 

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Peruanos en Nueva York: Creación y crítica

por Mario Granda Rangel

 

A Public Space
Nueva York, A Public Space Literary Projects Inc., Winter 2007.

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La nueva revista estadounidense A Public Space, editada por Brigid Hughes, del Consejo de las Artes de Nueva York, es una publicación dedicada a la literatura, el ensayo, el comic y la fotografía. Planteada como una revista ágil y dinámica, cada número está acompañado por un dossier sobre la literatura o la cultura de un país. En el número 3 de este año encontramos un especial sobre la literatura de la violencia en el Perú, tarea que se encargó a los escritores Juan Manuel Chávez y Daniel Alarcón. Con textos de Santiago Rocangliolo, Julio Durán y José de Piérola, la selección es un breve resumen de los cambios del punto de vista literario sobre el conflicto de los años ochenta, especialmente desde la perspectiva de los jóvenes.

El dossier comienza con una crónica de Daniel Alarcón sobre el inicio de la lucha armada en el Perú y la relación de este hecho con su familia y con su crecimiento como persona. Como muchos, reconoce que durante largo tiempo vivió a espaldas del conflicto, hasta que este alcanzó dimensiones ineludibles para todos, sobre todo para los peruanos que tardaron en reconocer lo que estaba sucediendo. Sin embargo, para el escritor este conflicto sigue aún presente, tal como lo pudo comprobar en el encuentro de escritores en Madrid, donde un debate sobre los últimos veinticinco años de literatura peruana terminó en una discusión —ya no discusión— a gritos y con ofensas.

En Lima, el tema derivó a la problemática de acceso mediático: quiénes eran aceptados por las elites –o percibidos por las elites— y quiénes eran ignorados, y por qué. En otras palabras, se discutía sobre quiénes tenían la voz sobre el conflicto y quién no. Daniel Alarcón apunta que esta “proliferación de falsas dicotomías era la función de inmensos e interminables traumas” que aún sobrevivían, pero que en realidad habían existido siempre, como se refleja en la obra de Arguedas. El autor finaliza indicando que el Perú no es el primer país en sacrificar su apreciación por la literatura por la lógica maniquea de los tiempos de guerra. Pero también dice que esto ya ha pasado y que la explosión creativa que está ocurriendo hoy en el Perú es el testamento de una de las más esperanzadoras verdades sobre la recuperación artística: si bien la realidad descrita parece llevarnos más a la ansiedad que a la reflexión, los textos que sobreviven a veces pueden redimirla.

El ensayo de Rocangliolo, titulado The complicity of silence (versión traducida de un texto ya publicado antes en el suplemento identidades, de El Peruano) se preocupa más por el tema de la tradición y la historia literaria. Según él, como ya algunos lectores sabrán, la generación de los noventa se caracteriza por ser una generación “drogada”, en el sentido de no saber ni referirse directamente al conflicto del país, y no es casual que en muchos de los textos de estos escritores aparezca la cocaína. A diferencia de otros países latinoamericanos, en los que sí hubo una respuesta rápida a los temas de la violencia, la sociedad peruana carecería de memoria histórica y habría cerrado los ojos ante lo sucedido. Rocangliolo, sin embargo, termina diciendo que para tener una mejor idea de lo que fue la literatura peruana en esa época –cita a Marcel Velásquez— se tendría revisar la literatura escrita fuera de Lima, en los que sí se encuentra una representación directa o indirecta sobre la violencia política del momento (aunque no menciona títulos ni nombres).

También se encuentra una entrevista de Juan Manuel Chávez a Miguel Gutiérrez, donde el novelista de La violencia del tiempo (1991) declara que si bien en su obra no persigue un realismo dogmático y distingue claramente entre la labor del novelista y la del historiador, saluda a la nueva generación que se está alejando de esa “literatura del olvido, casi siempre banal y frívola (se refiere a los artistas despolitizados y ‘desideologizados’). Está a favor, más bien, de una literatura que esté más en contacto con los problemas históricos y sociales de nuestro país”. Para Gutiérrez el Perú no ha cambiado, las desigualdades continúan y la complejidad de la vida peruana persiste. La entrevista de Chávez, sin embargo, se enfoca más en la vida y en la trayectoria literaria de Gutiérrez y deja de lado las reflexiones sobre la literatura de hoy.

Al dossier le acompañan cuentos de José de Piérola, Julio Durán y Óscar Colchado, y una muestra de fotografías de la colección El país de la luz, proyecto de la PUCP que comenzó en 1986 y que contiene imágenes de los campesinos de la sierra y pueblos jóvenes de la ciudad de Lima durante los años de la violencia. De los tres textos, el más destacado es el de Colchado, "La casa en el cerro El Pino", debido a su objetividad y hasta su esteticismo (la acción “detenida” de los hechos del cuento, en los que no sucede nada pero también sucede). Sin embargo, y así como en los otros cuentos, parece quedarse en lo anecdótico y no darle ningún espacio a la imaginación. Estos textos adolecen de una pesada narración de hechos que solo se destacan por estar relacionados con el tema de la violencia.

Es cierto que lo que han querido hacer los antologadores es dar una visión de la nueva narrativa peruana. Sin embargo, no siempre es fácil encontrar a sus representantes.

Debemos recalcar, por otro lado, que los cuentos de de Piérola y Durán, además del texto de Rocangliolo, fueron traducidos al inglés por Daniel Alarcón, mientras que el de Colchado por Valerie Saint-Rossy. Aunque esta es una actividad poco practicada por los narradores y profesores peruanos, trabajos como éstos representan oportunidades para hacer conocer a los autores peruanos fuera del país y también relacionar al Perú con la cultura anglosajona.

Las otras secciones de la revista no son menos interesantes. En la sección If you see something, say something encontramos pequeños ensayos de autores sobre variados temas como el hallazgo de un nuevo archivo fotográfico, la supuesta conspiración de los animales contra el hombre o las opiniones del escritor David Levi Strauss en Chile sobre por qué prefiere escribir de noche y no de día.

Pero también descubrimos textos más extensos, como el ensayo de la escritora australiana Delia Falconer sobre la serie norteamericana de televisión CSI: Las Vegas, donde, para ella, se plantea el regreso al iluminismo. Titulado Everything is illuminated: my love affair with CSI, la autora plantea que la clave de la serie está en el uso de la luz. Mientras que Los expedientes X utilizaban una luz neo-noir, típica de la luz utilizada en los noventa, la radiante luz del Luminol, utilizado en CSI, es la sucesora del siglo XXI. Rociado sobre la pared o el suelo, el Luminol convierte los restos invisibles de la sangre en luz: vuelve la muerte visible, registrando el neón secreto del cuerpo. No es casual, según ella, que la serie se sitúe en Las Vegas, la ciudad de neón, en la que los casinos brillan en un color hiperreal y el desierto, antes del anochece, se enciende en púrpuras y rojos. Pero esta luz que habita toda la serie también tiene un sentido alegórico, pues representa el ideal metafísico de los protagonistas, policías científicos en busca de cualquier evidencia en la escena del crimen (CSI corresponde a Crime Scene Investigation).

Mientras que la cultura popular ha convertido a los científicos en hombres siniestros y hasta malignos, los investigadores de CSI son atractivos, divertidos y guiados solo por la sed de conocimiento,  “como si los detectives de Los expedientes X hubieran dejado de jugar a Calabozos y Dragones y comenzaran a centrarse en el hombre”. La serie de acción es reemplazada por un equipo de científicos que se toman todo el tiempo del mundo como para poder llegar a la conclusión correcta. ¿Cuál es la razón por la que una serie como esta ha recibido tanta sintonía? En un mundo en el que es muy difícil creer que la ciencia es nuestra amiga —lleno de compañías farmacéuticas trasnacionales, bancos genéticos y servicios privados de información—, los investigadores de CSI atraen a su público por el hecho de poder conseguir respuestas satisfactorias y también por el reencuentro, dentro de nuestro mundo fragmentado, de la experiencia holística. En los laboratorios de CSI eres quien importas. Al identificar a la víctima y encontrar al culpable le confiere al cuerpo un tipo de gracia. En nuestra época de distracción la estetización de la muerte nos consuela, pues si bien estos se encuentran petrificados, ahogados o quemados, los muertos siempre son bellos. Sus caras son apacibles. ¿Quién de nosotros espera recibir este cuidado tierno y despreocupado más allá de todo estatus socioeconómico? CSI nos ofrece la imagen ideal, si bien perturbadora, de la muerte democrática, en la que cada víctima es importante y de intenso interés.

La parte literaria de la revista tampoco queda atrás. Cuatro cuentos, entre los que destacamos The month girls, de Martha Cooley, y Quiet men, de Leslie Jamison, una escritora recientemente graduada del taller de escritura de Idaho, acompañan ocho poemas, entre los cuales se encuentra uno de la Nobel de literatura Wislawa Symborska titulado The old professor.

A Public Space se caracteriza por su variedad, actualidad y frescura, pero también por el cuidado de su edición y la acertada elección de sus textos. A pesar de pertenecer a ámbitos y géneros distintos, la temática está sutilmente relacionada, sobre todo desde el punto de vista de lo social. Esto se refleja con claridad en el dossier sobre la literatura de la violencia en el Perú, pero también en los ensayos del comienzo, el texto sobre CSI y en las fotos de la cubierta, pertenecientes al proyecto de una fotógrafa, Yoko Inoue, quien busca retratar los rostros de las personas dentro de los automóviles de las carreteras norteamericanas. Pero además de lo social, la revista tiene un lector objetivo claro: los jóvenes. Todo está hecho para que la revista se perciba como un “espacio público” en el que está bienvenida la lectura –así como la colaboración— de todos, pero en la que se busca la mirada renovada, la libertad de tema y de interpretación. Algunos de los textos publicados en este número, así como los de los números anteriores, se pueden apreciar en la página web de la revista.

 

© Mario Granda Rangel, 2007

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/resena14_3.htm
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