En esta idea ocurre la fusión de tintes ensayísticos e históricos en el discurso narrativo ya visto anteriormente en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño y en Respiración Artificial de Ricardo Piglia

 

 

 

Enrique Vila-Matas
El mal de Montano
Editorial Anagrama 2003


Estar enfermo de literatura no es precisamente el mal. Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) da a conocer El mal de Montano (Novela, Premio Herralde 2002) como la reivindicación y triunfo de la literatura.

El narrador, prestigioso crítico literario, lleva consigo esta enfermedad como parte de sí mismo, al punto de tomar como identidad el nombre de Rosario Girondo, matrónomo en homenaje a su madre —otrora enferma de literatura que loa a Oliverio Girondo bajo la creencia de una imaginaria genealogía— y a los fantasmales heterónimos de Fernando Pessoa. Su enfermedad se confronta con el otro mal, el de Montano, su hijo, librero y escritor que padece de parálisis literaria.

Cualidad de ágrafo como los mencionados en su célebre Bartleby y compañía (Prix au Meilleur Livre Étranger). Y es que este enfermo de literatura se propone vencer a los enemigos de la literatura bajo el propósito de convertirse en la literatura misma, registrando todo en su diario literario tomado de los paradigmas de Pessoa, Kafka, Gide y Montaigne; citados hasta la saciedad tan igual como otros, cuyo carácter se emparenta con los diferentes estados de ánimo de este Rosario Girondo. De esta manera se revelan pasajes de la vida y obra de escritores como W.G Sebald, Robert Walser, Cesare Pavese y Emily Dickinson, ficcionalizados en un discurso que no deja de sorprender en ningún momento, tan igual como lo hace la buena narrativa contemporánea que no se escapa de ser mencionada como el caso de Ricardo Piglia, César Aira y Antonio Tabucchi. Y es que todo está concentrado en este libro y en este personaje que propaga su afición a la literatura ante sistemas paraliterarios como las conferencias o los premios.

Citando a Costa Baena (pág. 298):

"Los novelistas somos desaprensivos, empezó diciendo. Y anoté estas palabras suyas: La novela es un género híbrido y gran parte de su encanto proviene del carácter aluvial de sus materiales. No hay nada que a un novelista en acción cuando se encuentra en el momento de escribir su novela, no le venga bien."

Con esta cita, tomada ahora como premisa, se explica esa fascinación por una nueva estructura de la novela. No experimentación sino convencimiento de una nueva manifestación narrativa tomada de los universos diegéticos de iconos literarios cuya vida también se inserta en la ficción de esta novela híbrida (absoluta y propia de sí misma) que posee una sola presunción: ser literatura a partir del legado de la misma literatura.

"Precisamente porque la literatura nos permite comprender la vida, nos deja fuera de ella. Es duro, pero a veces es lo mejor que puede pasarnos. La lectura, la escritura buscan vida, pero pueden perderla precisamente porque están enteramente concentradas en la vida y en su propia búsqueda". (pág. 302)

En esta idea ocurre la fusión de este nuevo estilo donde se ciñen tintes ensayísticos e históricos en el discurso narrativo ya visto anteriormente en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño y en Respiración Artificial de Ricardo Piglia. Se suma la invención de novela convertida en diario o borrador para la liberación de ideas no ligadas precisamente con la historia ni con los personajes. Mencionamos de nuevo la original idea de Bartleby y compañía, la cual se presenta ante el lector como un libro que recopila citas de un libro inexistente que menciona a escritores ágrafos y verdaderos.

Esta libertad permite en El mal de Montano que nos olvidemos de Montano, concentrándonos sólo en Rosario Girondo, en su desvaríos maritales a causa de la literatura, de su hiperbolización de la realidad a partir de sus falsas deducciones en la amistad que tiene con el personaje Tongoy, un Nosferatu actor chileno cuya fealdad se borra con cada palabra y con cada intento de persuación para eliminar esa extraña enfermedad: la literatura, que se intensifica cada vez más, al grado de que el comportamiento del personaje enfermo se coloque en un paralelo con la vida misma de Kafka o de Robert Walser, introduciéndose en el universo de las cartas que el mismo Kafka escribía o en el paseo que realiza el personaje de Walser en su relato El paseo. Novedoso juego de intertextualidades o de préstamos discursivos para intensificar la literariedad de esta historia. Para muestra un botón con su libro antecedente Breve historia de la literatura portátil (Anagrama, 1985) donde los personajes tal vez sean nuestros propios iconos en la vida real. Termina esta suculenta muestra literaria con el pensamiento liberado de mencionar y nombrar cada cosa que en algún momento atañe siempre a la literatura tal como ha sucedido con lo social, por eso nada mejor que tomar las palabras de Robert Musil para lograr un sismo que recuerde a la misma historia.

 

© Omar Guerrero Alvarado descargar pdf

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