Borges no Brasil (Jorge Schwartz)

Confluencias e intercambios (Biagio D'Angelo)

Contemplación de los cuerpos (Luis Chueca)

Cinco segundos de horizonte (Mario Montalbetti)

El goce de la piel (Oswaldo Reynoso)

Hostos Review (Revista Hostosiana), por Claudia Salazar Jiméne

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Borges, Brasil y la literatura brasilera

por Mario Granda Rangel

 

Jorge Schwartz
Borges no Brasil
São Paulo: Editora UNESP / Imprensa Oficial do Estado, 2001.

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La obra de Borges ha sido estudiada desde innumerables puntos de vista desde el comienzo de su fama en los años sesenta, cuando ya había publicado sus textos más conocidos y se dedicó a dar charlas sobre sus temas favoritos entre las audiencias más heterogéneas. La poesía gauchesca, Whitman, Las Mil y Una Noches , los sueños y la literatura anglo-sajona, entre muchos otros, eran lo motivos de los simposios y los discursos que daba por todo el mundo, lo que ocasionó que los estudios sobre Borges se diversificaran. Desde la semiótica al psicoanálisis, de la estilística a la de los estudios culturales, por no hablar de los comentarios realizados por escritores que lo leyeron y practicaron —y siguen practicando— algunas de sus innovaciones literarias, la obra de este escritor argentino ha pasado ya bajo muchas lecturas. Pero si bien la bibliografía sobre Borges se puede ordenar según las escuelas teóricas también se puede organizar según la recepción que tuvo en cada país, como ocurre en Borges no Brasil , libro publicado por la Universidad de São Paulo en el año 2001. Si de por sí es difícil conocer la vasta bibliografía en el ámbito hispanoamericano, esto es, los estudios escritos en español —a los que pueden sumarse otros escritos en inglés, francés y alemán— es casi improbable conocer los textos que se han escrito en portugués. Con este libro, organizado por Jorge Schwartz, traductor de la obra del autor argentino, tenemos al alcance un proyecto de mucho valor que busca ilustrar la lectura que se ha hecho sobre Borges hasta ahora en Brasil.

Borges no Brasil , publicación a cargo de tres casas editoras, entre ellas la misma editorial de la Universidad de São Paulo, se inicia con un ensayo de Roberto Piglia y está dividido en cinco partes. La primera, titulada Leituras Brasileras, subdividida en otras secciones llamadas Borges e outras literaturas , Borges e a história , Borges e cinema , Tradução y Releituras , intenta revisar la literatura de Borges desde distintas áreas de las humanidades y el arte: la relación entre sus cuentos y la Divina Comedia, las traducciones hechas del español al portugués y la crítica cinematográfica borgesiana, entre otros. En la segunda parte se encuentran los textos en los que se constata el contacto de la obra de Borges con los escritores brasileros y los primeros estudios sobre su obra. Titulada Borges em retrospectiva , primero encontramos el montaje y la traducción de las declaraciones públicas del escritor en la visita que hizo en 1984 a São Paulo y luego la sección Brasil: primeiras vozes , donde aparecen los comentarios de algunos de los escritores más renombrados de Brasil, entre los que aparecen Mário de Andrade, Lya Luft y Clarice Lispector. En esta parte también se encuentran los ensayos que se leyeron durante el evento realizado por los cien años del nacimiento de Borges en 1999 llamado Borges100 , que también fue organizado por la Universidad de São Paulo. La tercera parte tiene cuatro entrevistas realizadas por periodistas brasileros y la cuarta una interesante bibliografía sobre Borges en Brasil en la que se encuentran las traducciones, los estudios y números especiales publicados en revistas académicas y periódicos. En la quinta y última parte aparecen las fotografías sobre Borges en sus dos visitas a Brasil en los años de 1970 y 1984.

Todos los textos de este libro resultan interesantes, pero será difícil reseñar cada uno por completo. A continuación señalaré algunos de los más representativos, entre los cuales se encuentran las lecturas de la literatura borgesiana en comparación con la literatura brasilera y otros de trabajo más teórico e interpretativo. La relación entre Borges y Brasil puede no haber sido directa, pero estos autores logran probar la inesperada cercanía que puede haber el escritor argentino y la tradición brasilera.

Uno de los primeros textos, perteneciente a la sección Borges e outras literaturas , es el artículo de Leyla Perrone-Moisés “Machado de Assís y Borges: nacionalismo y color local”, en el que se compara la obra del escritor argentino con la del famoso novelista brasilero del siglo XIX. Ante el fuerte nacionalismo que existió durante la época en que vivió cada uno de estos escritores, basado en el rechazo a la influencia europea, el costumbrismo y la afectación patriótica, ambos autores fueron siempre conscientes de que el tema de la nacionalidad permanecería sin solución definitiva porque era, como todavía lo es hoy, una representación imaginaria. En Borges este problema se refleja a través de la reiterada figura del traidor (pensemos en “ La forma de la espada” y los relatos de Historia Universal de la infamia ), ya que este tipo de personaje ilustra el drama de la nacionalidad: produce reacciones defensivas pero también puede consolidar lazos de grupo. Pero otro aspecto que resalta Perrone-Moisés es cómo Borges y Machado de Assís abordan esta reflexión bajo la forma de la ironía. Dado que para definir una nacionalidad se depende de la existencia de un oponente extranjero (no se puede definir por sí misma) el nacionalismo se convierte en una paradoja y no hay otra manera de hablar sobre él que desde la ironía. Además, la ironía se cultiva mejor en el terreno literario que en el político, ya que mientras el discurso político pretende a univocidad nacionalista en la literatura es posible tejer los elementos extranjeros y locales que enriquece tanto la literatura nacional como la internacional. Esta discusión la retoma Ana Cecilia Arias Olmos en “La revista Punto de Vista en los años 80”, en la que se discute la recepción de la obra de Borges en la revista argentina de mismo nombre. Para los que colaboraron en esta publicación —entre los que se encontraban Ricardo Piglia, Juan José Saer y Beatriz Sarlo— Borges no fue el primer escritor argentino en adoptar la tradición europea, como lo entendía la izquierda argentina de los años setenta (grupo político que, según la autora, ya tenía que renovarse). Escritores anteriores como Domingo Sarmiento y Miguel Cané también participaron de la doble genealogía de lo nacional y extranjero, con lo que se cumple, según la autora, lo que dijeron Deleuze y Guattari: “la inscripción de lo extranjero en lo nacional permite diseñar el movimiento “desterritorializado” de una literatura menor que ejerce su derecho a la irreverencia mediante la tradición occidental y que, en una transgresión permanente, disuelve la ilusión de cualquier identidad posible”.

Pero el tema de lo nacional no solo se aborda desde la influencia europea sino también a partir del problema del lenguaje, como también puede observarse en el libro, sobre todo en los artículos relacionados con la traducción. En el artículo “O hemisferio lunar de Borges numa leitura à luz da tradução”, Vera Mascarenhas de Campos recuerda el ensayo “El idioma de los argentinos”, en el que Borges dice que este “idioma” que busca no es el lenguaje castizo de los españoles ni tampoco el lunfardo, el habla arrabalera argentina, sino el lenguaje coloquial, el enunciado vivo y auténtico del habla de un país o de un pueblo. El deber de cada uno, continúa Borges, el de los escritores más que nadie, es dar con su voz. Para demostrar esto la autora compara los cuentos gauchescos de Borges (“Hombres pelearon”, “El hombre de la esquina rosada”, “Historia de Rosendo Juárez”) con los relatos de Grande sertão: veredas de Guimaraes Rosa, ya que en ellos también se trata de buscar el habla de una región. Con el propósito de proponer una línea de traducción para los cuentos gauchescos, Mascarenhas de Campos deja de lado la idea de Walter Benjamin sobre la traducción, que intenta recuperar el lenguaje adánico de la lengua original (trata de rescatar el aura perdida) y encuentra mejor la interpretación de Borges, quien, en el ensayo referido, dijo que fue el Diablo quien bautizó las cosas del mundo. El lenguaje es inexacto, humano, no revela las cosas tal como son: el lenguaje es como la luna, dice Borges, que tiene su hemisferio de sombra.

En la obra del escritor argentino, como se puede demostrar aquí, se entrecruzan constantemente los temas de la nacionalidad, la imprecisión del lenguaje y la creación literaria. Por más que se quiera tratar separadamente uno u otro se encuentran lazos que los unen y los remodelan. Raúl Antelo, en “Zoologias imaginarias y biopolíticas modernas”, relaciona las preocupaciones de Borges en cuanto a la integración nacional con los temas tocados en otros conocidos libros hispanoamericanos como el Laberinto de la soledad de Octavio Paz y Raizes do Brasil de Sergio Buarque de Holanda. Según el autor, estas búsquedas terminan formando una nacionalidad ficticia, en la que la individualidad, las cosas y la representación de las cosas en el lenguaje forman un laberinto que es un minotauro o un minotauro que es un laberinto, como también lo entendió Borges: un texto con muchas palabras y significados, un minothesaurus .

También debe mencionarse la colaboración de la profesora Eneida María de Souza, profesora titular de teoría literaria de la Universidad de Minas Gerais, que vuelve a algunos de los cuentos más conocidos de Borges. En el artículo “Borges, autor de las Mil y Una Noches” se percibe al autor argentino como un escritor que confunde la escritura con la lectura, haciendo de traductor y compilador de innumerables textos en los que se “hojean” los mil y un libros de la Biblioteca, arquetipo borgesiano que se confunde con el universo. María de Souza se basa en el cuento “Pierre Menard, autor del Quijote”, en el que la reproducción exacta del texto de Cervantes anula la diferencia de los dos enunciados, si bien distantes en el tiempo. Este recurso, sin embargo, reflejara también el cuestionamiento de la noción de paternidad, ya que si bien se copia un texto anterior la autoría se suplanta. Como en Las Mil y Una Noches , donde los autores se superponen, contar implica vivir (la ausencia de historias provoca la muerte) y la única solución es el relato continuo en el que hijos y padres se confunden en la biblioteca y el universo. El horror a la página blanca tanto como la fascinación en completar las historias de esas mil noches son la imagen de la vida que se diluye en ficciones (Borges hijo y padre compartieron la ceguera). El rechazo de una literatura de autor y de maestros baraja las categorías tradicionales relativas al sujeto del enunciado o la enunciación.

En “Un estilo, un Aleph”, otro texto de la profesora Maria de Souza, se aborda la poesía de Borges a partir de lo que se llama la poética de la ceguera. Los recursos del fragmentarismo, repetición y miniaturización, característicos de la poesía de Borges a partir de la pérdida de la visión, hacen que el mundo referido se vuelva una miniatura, una mera enumeración que agota la imagen. La frase “todo lo cercano se aleja”, de Goethe, es la que Borges tomará como formula poética de la ceguera y del crepúsculo, que postula una estética en la que está ausente toda transparencia entre símbolo y referente o entre escritura y mundo. El Aleph, por tanto, que en el cuento de mismo nombre es un centro y una circunferencia en el espacio en el que se concentra todo el universo, puede ser la metáfora de toda la obra de Borges puesto que es la comprensión irónica del cosmos como totalidad. El concepto de arte esta ampliado a una estética de la existencia, en la que lo que resta hacer es reciclar, bricolar y crear nuevos arreglos y otras series combinatorias, pero ya no un “espejo de la realidad”, como lo pretende el realismo. Este texto puede relacionarse con el de Júlio Pimentel Pinto, “Borges, uma poética da memória”, en el que se revisan textos como “Guayaquil”, “Funes el memorioso” y el poema “Everness”. A Ireneo Funes, que padece de insomnio, solo le resta la inevitable reproducción, supuestamente real pero que solo alcanza un pobre nivel naturalista. El tiempo de representación, sin embargo, es ciertamente otro: limitado, humano, fragmentado, tiempo de la experiencia que constituye la memoria no como reproducción exacta del pasado sino como reconstitución de los tiempos idos, con sus persistencias y olvidos. Se trata de reconstruir modelos del pasado porque la ciencia de la historia, que pretende llegar a la exactitud, no existe. No hay olvido sino una memoria de varias temporalidades o diferentes tipos de memoria.

Es de resaltar, por último, la relación entre Borges, la literatura brasilera y Brasil, que se toca a través de todo el libro. Entre los libros que se sabe que leyó Borges sobre Brasil están Brazilian Mystic , del inglés Cunninghame Graham, que es la traducción de Os sertões , de Euclides da Cunha, y Viagem aos planaltos do Brasil , de Richard Francis Burton. Al preguntársele por esta bibliografía —dice Raúl Antelo en su ensayo Borges/Brasil — Borges se justifica: solo lo inglés percibe lo latinoamericano. Pero aunque Borges no supo portugués, se sabe que en este idioma leyó las novelas de Eça de Queiros y el poema Os Lusiadas de Luis de Camoens durante la estadía de su familia en Portugal a comienzos de siglo. A Camoens le dedicó un ensayo y un poema (siempre recordó el primer verso de Os Lusiadas : “As armas e os baroes assinalados”) y fue a través de este poeta que Borges dijo que en la literatura portuguesa, así como en la literatura inglesa, se siente el mar porque fue un pueblo que conoció el mar (*).

En cuanto a las visitas que Borges hizo a Brasil la primera que realizó fue en 1931, cuando junto con un amigo y de forma totalmente inesperada presenció en un bar el triste y trágico asesinato de un hombre. Aunque esta no fue experiencia suficiente para ligarlo con el país, fue un hecho que lo impactó y posteriormente se reflejaría en relatos como “La muerte”, “La otra muerte” y “El sur”, en los que, precisamente, un hombre muere en la frontera argentina con Brasil o, con alguna variación en un boliche (la historia ocurrió en Santa Ana de Livramento, en la frontera de Brasil con Uruguay). Con el tiempo, sin embargo, comienza la lenta llegada de Borges a Brasil, si no a través de su presencia a través de su literatura. El primero de los escritores brasileros en escribir sobre él fue Mário de Andrade, el poeta y narrador que promovió la Semana de Arte Moderna de São Paulo en 1922. Su artículo es de 1928, Borges solo tenía veintinueve años y ya había publicado tres libros de poemas. Pero a pesar de este temprano descubrimiento y el interés de otros autores brasileros que publicaron textos sobre él en las décadas siguientes (en el libro aparecen los artículos de Augusto Meyer, Murilo Mendes, Clarice Lispector, entre otros conocido escritores) recién en 1970 será redescubierto por la crítica y la fama. A partir de este año, que recibe en São Paulo el premio Ciccillo Matarazzo, será objeto de estudios, entrevistas y traducciones al portugués que llevarán su literatura a una nueva región. Entre las entrevistas de la tercera parte se encuentran algunas de 1970 y otras realizadas en 1984 durante la tercera y última visita de Borges a Brasil.

Los estudios que se encuentran en Borges no Brasil reflejan una lectura muy avanzada de la obra de Borges, tanto por el desarrollo de los estudios literarios brasileros como por la cantidad de material bibliográfico escrito sobre él hasta la fecha. Cabe decir, sin embargo, que libros como este no solo son fruto de la crítica sino también del gran esfuerzo de traducción realizado. Traducir la obra de Borges al portugués, labor que ya tiene más de treinta años en Brasil, implica toda una serie de conocimientos relacionados con distintas literaturas e idiomas, además de un profundo conocimiento del español y el portugués (es muy fácil caer en el “portuñol”, como señala Jorge Schwartz en su interesante ensayo “ Traduzir Borges” ). Libros como estos nos alientan no solo a conocer un nuevo acercamiento a la obra de Borges sino al conocimiento de su obra a partir del país en el que se le lee. Creemos que así como hay un Borges en Brasil también debe haber un Borges en el Perú, en México o en Italia. En un caso como el suyo empezar una organización de este tipo es un posible comienzo para el estudio de su obra y una línea de investigación que nos puede ilustrar un poco más sobre la historia de la recepción en nuestro país

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(*) Pero si bien Borges no llegó a hablar portugués su afición a las etimologías lo llevaba a preferir algunas de sus palabras. En las entrevistas hechas a periodistas brasileros revela su curiosidad por la conservación de la palabra gaúcho en el sur de Brasil, la misma entonación que se tenía en el norte argentino a comienzos del siglo XX. La diferencia, sin embargo, es que mientras en Argentina en un principio fue un término despreciativo en Brasil fue y hasta ahora es una palabra que designa, sin distinción, a los habitantes de la región sur de Brasil. Con el tiempo en Argentina la palabra gaucho se volvió popular y símbolo nacionalista (hasta los presidentes, dice Borges, eran gauchos ), aunque originalmente no se le tomaba así. Se encuentran otras entrevistas, no de este libro, en las que Borges recuerda la palabra “varanda”, de origen portugués, así como la palabra “acordar”, que en portugués significa el despertar. En varios poemas de Borges encontramos versos en los que el narrador despierta a propósito a una mujer, con lo que provoca que ella se “acuerde” de sí misma, esto es, se despierte. No lo sabemos, pero tal vez muchas otras palabras le habrían atraído a Borges si hubiera conocido el portugués mejor, idioma tan parecido al español. Una de ellas, de talante muy borgesiano —nos permitimos una hipótesis— es la palabra “acaso”, que en Brasil se utiliza frecuentemente por el significado de azar o fortuna y no solo como “posibilidad”, como en el español.

 

© Mario Granda Rangel, 2005

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