Nº22
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entrevistas
 
Rómulo Monte Alto: “En los zorros la escritura asume su más alto poder de performance ritual”
 
 

El diálogo académico entre Brasil y Perú se ha venido reanudando gracias a la labor que viene realizando Rómulo Monte Alto, profesor e investigador en la Universidade Federal de Minas Gerais (UFMG). Sus estudios sobre literatura peruana incluyen así la obra de José María Arguedas, la generación del 50 y la actual narrativa de la violencia política, entre otros. En este sentido, en el marco del I Colóquio de Estudos Andinos (Belo Horizonte, mayo 2014) tuvimos la oportunidad de conversar con él sobre su dedicación a Arguedas, un interés que se evidencia en su libro Descaminhos do moderno em José María Arguedas.

A partir de sus trabajos se viene produciendo un intercambio de ideas y lecturas que busca configurar un sistema de crítica latinoamericana (y que involucra a otros investigadores tanto de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Universidades Federal de Minas Gerais y de la Universidade Federal de Santa Catarina). Monte Alto ha realizado además una traducción al portugués de El zorro de arriba y el zorro de abajo, empresa loable considerando la complejidad lingüística de este texto; asimismo actualmente ha comenzado a traducir de El pez de oro de Gamaliel Churata.

Has publicado un libro sobre Arguedas y traducido al portugués El zorro de arriba y el zorro de abajo, ¿cómo surgió tu interés por este autor y esta obra en especial?
Me encontraba terminando la carrera de Letras Español en mi universidad, UFMG, cuando supe por mi profesora y futura directora de tesis, Graciela Ravetti, que Alberto Moreiras, entonces docente en Duke University, Estados Unidos, venía a dictar un curso en el posgrado que podría interesarme. Pues este curso era sobre la Transculturación y se armaba desde el examen de la última novela de Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo. No sabía hasta entonces nada de Arguedas, pues en los cursos de literatura en la facultad no lo habíamos leído. Al final del curso me interesé por la obra. Graciela consiguió una copia fotocopiada con una amiga que vivía en São Paulo y me la pasó, la leí y armé un plan de estudios que desarrollé en mi maestría. Este texto vino a dar el libro Descaminhos do moderno em José María Arguedas (Editora UFMG, 2011). Años después cuando entré como docente a UFMG decidí regresar a Arguedas, aunque más exactamente a la literatura post-arguediana (a la que llamé andina) y lanzarme a la traducción de los zorros al portugués. Terminé la traducción de esta obra en 2013 (A raposa de cima e a raposa de baixo) y este año sale su edición por la Editora UFMG.

En el tercer capítulo de tu libro afirmas lo siguiente: “a escrita de Arguedas se apresenta, no total de sua produção literaria e antropológica, como a metáfora de uma expressão recorrente em sua obra: o yawar mayu, ou rio de sangue” (87). A partir de esta metáfora, ¿cómo se cruzan los flujos literarios y antropológicos en El zorro…?
El los zorros se percibe más claramente el desborde de géneros sobre el que venía trenzando su obra Arguedas. Y cuando digo obra me refiero a toda su obra que contienen los 5 tomos de literatura y otros 7 de antropología, como los organizó Sybila Arredondo y otros. Pero si uno examina más de cerca el contenido de esa obra se entera de que los límites entre antropología y literatura ya se encuentran borrados desde muy temprano, lo que señala un método muy propio de escribir del autor de Los ríos profundos. Una mirada a su texto etnográfico de 1956, “Puquio, una cultura en proceso de cambio”, en que examina los cambios que se han dado en esa comunidad donde vivió su padre por algún tiempo, revela un texto híbrido, en que al final el autor se traslada al campo literario a fin de dar cuenta de la realidad que describe. Pero será en los zorros donde se ve con más precisión este desborde pues desde el interior del libro asoman una serie de géneros como el testimonio, la carta, la poesía, la música, etc., como ya lo habían señalado autores variados como Cornejo Polar, Lienhard, Rowe y Millones. Por eso se ha dicho que los zorros ocupan un lugar único en la literatura no solo peruana sino latinoamericana, ya que abre el texto novelesco hacia una confluencia de géneros, operación que revela la naturaleza conflictiva del objeto que describe en la misma superficie textual (según Cornejo Polar). Esta corriente turbulenta que describe Arguedas cuando llegan las primeras aguas en la sierra y arrastra todo lo que encuentra y hace desbordar los ríos, se reproduce en sus mismos textos, sean literarios o antropológicos.

Si tenemos en cuenta el conjunto de Amor mundo, las violaciones cometidas por
Don Bruno en Todas las sangres, comprobaremos que el sexo de una isotopía arguediana. Y en este punto retomo tus observaciones sobre la corporalidad en este texto. De esta manera, considerando la “zamba gorda” que le devuelve a Arguedas su “tono de vida” y el olor de las prostitutas de Chimbote, ¿cuál es la función y concepciones del sexo-cuerpo en El zorro…?
Creo que Arguedas asocia el cuerpo y el sexo a la ciudad misma de Chimbote. Recuerda la conversación de las chichimecas cuando regresan del corral hablando del “infierno”, o Zavala que dice de la gran zorra “mar de Chimbote”. Me parece –no he estudiado este tema dentro de la novela como lo han hecho otros– que sobre la figura de Chimbote Arguedas proyecta su misma pelea personal con un tema que le costó mucho entender, el sexo, sus debilidades y miedos. Pero me temo que algunas lecturas que toman el sexo y el cuerpo como temas centrales de esta novela sean reductoras una vez que hay una variedad de temas en circulación, como el de la exclusión o la violencia generada por el modelo de explotación capitalista.

En otro momento señalas la relación entre el corpus textual y el cuerpo del autor, indicando que ambos se complementan. ¿Cómo se establece esta conexión?, ¿cómo conectar la idea de un cuerpo enfermo con un texto hiperbólico como El zorro…?
Como comenté antes, hay una relación, un vínculo estrecho entre estos dos cuerpos enfermos, entre un corpus textual que ya no se ajusta a los patrones de descripción y reclama la expropiación de un género, la novela, para embestir de cierta forma desordenadamente sobre otros géneros en busca de una expresión más plena. El propio anuncio de la muerte del autor se pude entender como el anuncio de otra muerte, de la literatura como modelo de creación y a la vez como institución que regula los discursos circulantes en la sociedad. Desde las palabras del loco Moncada eso se precisa más claramente cuando le dice a don Esteban del control del discurso a que están sujetos los que no han logrado alcanzar el derecho a la palabra: “Palabra de borrachu, aunque sea verdad verdadero, del Señor so cuerpo corazón mismo, no vale”.

En un extracto del texto “La novela y el problema de la expresión literaria en el Perú”, de 1950, Arguedas apostaba por un lenguaje mestizo, pero en El zorro… la sintaxis enfatiza calcos sintácticos del quechua, recordemos además el diálogo de los zorros en el primer diario.  Considerando esto, ¿cuánto cambia Arguedas su concepción del quechua en esta novela?
No me parece que esta novela exprese algún cambio de Arguedas sobre el quechua. Es evidente que algo cambió en su escritura desde Los ríos profundos, o mejor aún, desde Yawar Fiesta, novela en que intentó, en algunos capítulos, reproducir un cierto estilo de habla serrana en que el quechua y el español aparecen como muy trenzados. En el artículo que mencionas, Arguedas intentaba dar cuenta de los cambios que se produjeron entre esas dos novelas, en especial por su apuesta por un español menos “intervenido”. No por nada lo publica junto a la reedición de Yawar Fiesta de 1958, como una forma, creo yo, de explicarle a sí mismo y a sus lectores, los rumbos por donde iba su escritura. Realicé un estudio sobre los cambios que hizo Arguedas en el texto de Yawar Fiesta de 1941 al reeditarlo en 1958, y me pareció que sobre este nuevo texto el autor impuso una mirada ordenadora castellana. No olvido nunca que antes que nada Arguedas era un escritor y que además de dominar su arte como pocos, sabía de las limitaciones que la opción por el quechua le plantearía. En los zorros hay sí una radicalización de este procedimiento, aunque no un retorno, en especial en el capítulo en que don Esteban cuenta su vida y en cierta medida también Bazalar. Es necesario recordar que aquí Arguedas transcribió casi directamente de su grabadora las palabras de sus entrevistados, que luego se volverían sus personajes. Así menos que intentar reproducir un estilo de hablar de los serranos, dejó que los mismos tomarán la palabra y hablaran a través de su texto. De la sintaxis quechua que rige este y otros pasajes, mejor darle la voz a Lienhard, que lo aclaró de forma magistral.

En el segundo capítulo de Descaminhos do moderno propones entender El zorro… como un texto performativo. Partiendo de las comparaciones que haces entre Arguedas, el huacsa y el danzak, ¿la escritura se puede entender como una performance ritual?
Sí, de eso habla mi segundo capítulo. La idea es que busqué acercar la figura de Arguedas a la del huacsa y del danzak. La primera tiene que ver con el lugar que se buscó en el proceso de su inserción social, la de alguien que se lanza confiadamente a hablar de un mundo que no es el suyo, aunque lo haya vivido y conocido a fondo como nadie antes en la literatura. Toda su vida se pude ver como una larga performance en favor de los que no tenían voz, sea cuando llevaba músicos a las radios o realizaba sus incursiones a comunidades lejanas para estudiar costumbres y luego, como folclorista y antropólogo, darles la publicidad institucional que les correspondía. La figura del danzak la encontré en sus diarios, cuando los leí como un proceso en que el autor se despoja simbólicamente de sus ropas y armas, como lo hace el danzak en su cuento La agonía del Rasu Ñiti, de 1962, en vísperas de su relevo por el nuevo danzak joven. Así entendí las “instrucciones” que va dejando Arguedas a amigos y colegas sobre los temas que desarrolla en sus diarios, las polémicas que desata y, finalmente, con los preparativos que encarga para su defunción. En los zorros, como en pocas novelas he visto, creo que la escritura asume su más alto poder de performance ritual.

¿Cuál es el concepto del mito en esta obra y de qué manera se expresa? ¿Podría considerarse que la fuerza mística que disminuye ante la expansión económica y la corrupción en Chimbote?
Lo mitos están por todas partes, desde la evocación de dos raposas míticas que se juntan para dar cuenta de lo que pasaba arriba y abajo, hasta el mito capitalista de la riqueza fácil que corría en todas partes y hacía que la gente “se desgalgara” de la sierra hacia Chimbote. Aparece el mito de Tutaykire trenzando una red de oro y plata; el inca que no ha muerto en Cajamarca y está en toda parte, según don Hilario; el mito de la universidad de Bazalar; el mito del esclarecimiento de Moncada que creía obstinadamente en la palabra; el mito de la modernidad de los que frecuentaban el Club Social Chimbotano. Creo que el mito es nada más que una forma de conocimiento, como de alguna manera nos señala Adorno y Horkheimer en su Dialéctica del Iluminismo, que se estructura de forma igual que el pensamiento de la racionalidad y encuentra en la repetición su principio de validez. Quizás más que mitos contrapuestos en Chimbote, sea posible pensar en relaciones de complementariedad y antagonismos entre esos mitos en la vida moderna, algo que se retrata en la novela.

¿Cómo confrontar el modelo de modernidad que propones en El zorro… frente al proyecto de Todas las sangres? ¿Habría más semejanzas que diferencias entre personajes como Don Diego y Rendón Willka?
Hay muchas diferencias entre las dos novelas y los dos personajes. Creo que en Todas las sangres Arguedas todavía estaba dominado por una esperanza de cambio social, junto a la confianza en la literatura como vehículo para la toma de conciencia y la necesidad de realizarlo. Su intervención en la mesa redonda sobre Todas las sangres, realizada en IEP el 23 de junio de 1965, da cuenta de su fe en la representación de la realidad que pretendía describir. Ya en los zorros presenta un relato que sigue afirmando la esperanza de cambio sigue presente, pero al parecer la confianza en la literatura ya dejó lugar a un descrédito en su papel iluminador. Esto se pude ver, por ejemplo, en la serie de expresiones en quechua que el mismo autor deja pendiente de traducción en el texto. Es como si se desentendiera de sus lectores. Sobre el proyecto de modernidad de la dos obras: por un lado, cuando Rendón Wilka entra a la montaña para mostrar a todos que la serpiente amaru ya no residía allí, puede leerse como un proceso de desmitificación de la vida serrana, a causa de las demandas del progreso de la sierra; por otro lado la escena en que aparece Diego dentro de la fábrica bailando y haciendo girar todo a su vuelta, podría sugerir una performance de la subsunción de la máquina por el mito original. Hay en mi modo de entender más complementariedad que rechazo entre los mitos. Pero esta reflexión demanda más tiempo y espacio, estoy hablando sin pensarlo en profundidad y es evidente que este tema se ha entendido de variadas maneras y desde muchas perspectivas distintas.

¿La modernidad que se presenta en El zorro… no acaba siendo también excluyente? Es decir, Don Diego no experimenta la modernidad del mismo modo que lo hace Don Esteban de la Cruz. En este sentido, ¿la imagen del migrante moderno que Arguedas nos propone no resulta demasiado optimista ante un contexto de pobreza?
Quizás sí, pero me parece que a eso va el texto arguediano. La confianza sobre la que hable antes tiene que ver con algo que se esconde debajo de la pobreza, la violencia y la exclusión: la resistencia de una cultura y un sujeto que, como lo señalaron Rama (el mestizo) y luego Cornejo Polar (el migrante), siempre supo ejercer su plasticidad cultural, no importa bajo qué condiciones. Pero tienes razón: más que modernidad, mejor sería hablar de modernización, que recoloca mejor los términos del debate. Yo creo que la modernidad es otro de los mitos con los que soñamos los que vivimos en América Latina. No existe modernidad incluyente o excluyente, solo hay modernidad y punto. A esa modernidad tampoco creo que llegaron otros pueblos que viven sobre la línea del Ecuador.

Acerca de tu trabajo como traductor y considerando la complejidad lingüística de un texto como El zorro… ¿Cuáles han sido para ti los principales retos al traducirlo al portugués? Por otra parte, ¿tienes en mente traducir a otro autor peruano?
Confieso que la traducción de los zorros me ha puesto muchos problemas, que analicé en un texto, “A tradução dos Zorros de Arguedas ao portguês: dilemas e extravíos”, publicado pela Revista Abeache. Aquí econtrarán algunas respuestas a la pregunta formulada. Recién empiezo a traducir Gamaliel Churata, El pez de oro, esta también una obra de gran dificultad en todos los campos de la traducción. Coordino un proyecto que se llama “Literatura andina y cultura peruana: traducir para entender”, en que llevo 5 años en torno a lectura y traducción de autores andinos peruanos, junto a mis alumnos y colegas. Esta traducción de Churata se llevará a cabo entre Mauro Mamani (San Marcos, Perú), Meritxell Hernando (UFSC, Brasil) y yo en Belo Horizonte.

Hablemos ahora del I colóquio brasileiro de estudos andinos realizado en la Universidade Federal de Minas Gerais en mayo. ¿Cuáles son los objetivos de este proyecto?, ¿cómo evalúas el diálogo académico que hubo entre investigadores peruanos y brasileños?
El I Colóquio de Estudos Andinos se planteó como el primer encuentro de la Rede de Estudos Andinos que creamos el año pasado, en Rio de Janeiro, durante el VIII Congreso Brasileño de Hispanistas. Esta Rede busca juntar los (todavía) pocos estudiosos de literatura proveniente de la zona andina del continente latinoamericano en Brasil. Vamos creciendo, creo, en la medida en que varios colegas se incorporan a esta rede, dentro y fuera de Brasil. Con el Perú mantenemos un diálogo abierto desde el año 2010, cuando organizamos el Colóquio Internacional A herança de Arguedas aos 40 anos de sua ausencia, en UFMG, en Belo Horizonte, Minas Gerais. Desde los convenios que firmamos con el Centro de estudios Literarios Antonio Cornejo Polar y la Escuela de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, hemos tenido un verdadero intercambio de docentes entres nuestras instituciones. Estamos armando planes para el desarrollo de investigaciones en conjunto, desde nuestros países y universidades.

 
 
©Christian Elguera Olórtegui, 2015
 
 

Christian Elguera Olórtegui (Tingo María - Perú, 1987). Licenciado en Literatura por la UNMSM. Ha participado en diversos recitales de poesía, conferencias, coloquios y congresos nacionales e internacionales. Ha publicado cuentos en la revista Argonautas, prosa poética en Prima Fermata 2007 y ficción breve en la antología Los comprimidos memorables del siglo XXI. Asimismo, trabajos suyos han aparecido en las revistas Asfáltica, El cuento en red, Espéculo, Letras; y en los libros Carlos Eduardo Zavaleta, hombre de varios mundos (2009), en Panel A-L. Reflexiones sobre literatura y discursos de América Latina (2010) y en Iquitos (2014). Es miembro del comité editorial de la revista virtual de literatura El Hablador y escribe para el portal de noticias LaMula.pe. Actualmente realiza un doctorado en literatura hispanoamericana en University of Texas at Austin.

 
 
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