Nº 20
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entrevistas
 
Pierre Duviols y las adaptaciones populares de la conquista
 
 

La conquista del Tawantinsuyu por parte de las hueste españolas despertó no sólo el interés de los historiadores, sino que ha sido llevado a escena en muchos pueblos del interior del Perú. Estas comparsas aluden directamente a los hechos de Cajamarca o, de lo contrario, presentan alteraciones inimaginables que han estimulado el interés de reconocidos investigadores peruanos y extranjeros. La espectacularidad de estas alegorías teatrales viene acompañada de orquestas típicas, danzas rituales y hermosos coros en quechua, interpretados por los habitantes del lugar. No deja de ser sorprender, en ese sentido, cómo el arte dramático, traído por los doctrineros para evangelizar a los naturales, haya sufrido fastuosas transformaciones.
El Dr. Pierre Duviols está de paso por Lima y ofreció, al respecto, una extraordinaria conferencia: “La imagen del Inca Atahualpa en una representación popular bilingüe del departamento de Áncash. Orígenes y significado”, realizada el martes 14 de marzo en el auditorio de la Alianza Francesa. El afamado peruanista francés es Profesor Emérito de la Universidad de Provence (Francia) y Director de Estudios de l’École Pratique des Hautes Études. Ha publicado investigaciones sobre Incas, época colonial, cronistas y teatro andino. Dio a conocer, además, importantes publicaciones como La lutte contre les religions autochtones du Pérou colonial (IFEA, 1971), Cultura andina y represión. Procesos y visitas de idolatrías y hechicerías (CBC, 1986), Procesos y visitas de idolatrías. Cajatambo siglo XVI (PUCP/IFEA, 2003), así como valiosos artículos, aparecidos en prestigiosas revistas peruanas y francesas. Su vastísimo conocimiento de la cultura andina y del teatro popular nos sugirió hacerle una entrevista, la misma que presentamos a continuación.

Entre los dramas coloniales quechuas más importantes destacan, sin duda, el Ollantay, el Usca Páucar yEl pobre más rico, entre otros. Sin embargo, la muerte de Atahualpa no es tocada sino hasta fines del siglo XIX. Tengo entendido que el documento más antiguo que se conserva es el texto boliviano de Chayanta. ¿A qué atribuye este problema?
Con el texto de Chayanta, estamos tocando un punto importante en las discusiones que hubo hace aproximadamente medio siglo. Este manuscrito lo publicó por primera vez el boliviano Jesús Lara en 1957, al que llamó Tragedia de la muerte de Atahualpa. Encontró, según él, por casualidad, una copia de fines del siglo XIX, o incluso contemporánea a la Conquista, escrita por indígenas que presenciaron los hechos de Cajamarca, quienes posteriormente aprendieron a escribir. Sin embargo, para dar mayor autenticidad a lo que declaraba, Lara publicó el texto en quechua únicamente y no en versión bilingüe quechua-español (1), como se acostumbra hacer, pues mientras los conquistadores hablan español, Atahualpa y su corte se expresan en quechua. Bueno, este texto ha sido muy discutido —creo que con justicia— en cuanto a su autenticidad, pues no consta que hubiese habido representaciones populares andinas del mismo. Si bien hubo trabajos de campo, entre los que destaca la norteamericana Margot Beyersdorff, quien no pudo encontrar un cuaderno (2) o manuscrito que recogiera esta versión, el investigador boliviano aseguró que era lo más representativo de lo incaico. Aunque nunca se representó como las demás piezas del folklore andino auténtico, con motivo de la fiesta del patrón o la patrona del pueblo, sé que se interpretó recientemente en Lima. Además, no olvidemos que Lara vivió durante el indigenismo literario, entre  los años treinta y cincuenta, y le pareció mejor publicar este drama en quechua, como si fuese comparable o mejor aún que el Ollantay. Creo que la influencia de las discusiones, en el siglo XIX, acerca de la autenticidad incaica o la españolidad del Ollantay, las volvió a tomar en cuenta y nos las ha devuelto después. Pero, en seguida, el tema de la muerte de Atahualpa se olvidó, hasta que en 1971 se habló de Visión de los vencidos como una ola novedosa y llamativa, explotándose otra vez la veta de Jesús Lara. No obstante, ha habido trabajos serios recientemente, uno de ellos es, sin duda, el de César Itier (3), quien demuestra, desde un punto de vista filológico y lingüístico, que el drama está escrito en quechua boliviano del siglo XX y no del XIX, además de arcaísmos rebuscados. Itier corrobora que la temática de la Tragedia fue tomada de un texto boliviano bilingüe y de la novela Valle (1945) de Mariano Unzueta, de las que Jesús Lara tomó partes íntegras y las mezcló, añadiendo cosas suyas y arreglando el idioma para que pareciera más antiguo. Pero, en realidad, no tenía suficientes conocimientos de lingüística histórica para ser —hay que decirlo— una superchería literaria, algo falso que tuviese apariencia de verosimilitud.

A partir de las crónicas tenemos una idea de lo que pasó en Cajamarca en 1532 —es decir, hay diferentes versiones, dependiendo de cada cronista—. Sin embargo, estos acontecimientos aparecen cambiados en estas propuestas teatrales. ¿Estas variaciones son arbitrarias o, en todo caso, obedecen a otro tipo de instancias?
Usted está planteando el problema que se ofrece a los investigadores. Cuando se presenta una representación popular, organizada generalmente por una comparsa, designada para cada año, o la misma cada año, generalmente no es lo que se dice en los parlamentos de los actores, sean los que representan a los incas y su corte o a los españoles. Estos textos, conservados en un cuaderno por el director —o Capitán de la comparsa—, pueden haber sido cambiados o, de lo contrario, se puede haber añadido o quitado fragmentos del texto, que había anteriormente. Pero la gran dificultad para el investigador es remontarse en el tiempo para extraer las pruebas o indicios de las fuentes que se utilizó en el texto, o las alteraciones que se pudieron añadir. Tendríamos que transcribir todo lo que se dice o, si es posible, sacar una fotocopia al manuscrito. Lo ideal es que se publiquen más cuadernos, pero, de todos modos, se trata de fenómenos de evolución cultural. Claro, no se puede juzgar, pues la Tragedia de la muerte de Atahualpa es una obra literaria moderna, pero estamos ante un proceso que viene de tiempos inciertos, pues no sabemos exactamente cuándo fue representada por primera vez. No se puede decir que una sea mejor o peor que otra. No hay por qué expresar juicio de valor en esto. La Tragedia de Jesús Lara, por ejemplo, también es interesante, desde su punto de vista de superchería literaria, que las hubo y miles en la literatura, y algunas muy buenas, pero el trabajo del historiador es de poner cada cosa en su sitio, sin expresar forzosamente una opinión anticipada antes de estudiar el asunto. Algunas representaciones como las de Carhuamayo (Junín) o Manás (Cajatambo) tuvieron acertados estudios por parte de los peruanos Luis Millones y Manuel Burga, respectivamente. Indudablemente, los aspectos artístico, sociológico, histórico-etnográfico, filológico, dramático deben ser tomados en cuenta también. La misma evolución de estos cambios es interesante y vienen a enriquecer el acervo de la cultura peruana.

Indudablemente, el trabajo de César Itier contribuyó a intensificar el estudio en cuestión. No obstante, Jean-Philippe Husson también posee algunos aportes interesantes, ¿no le parece?
Husson mantiene las opiniones de Jesús Lara. En la introducción de su libro, Entre tradición e innovación. Cinco siglos de literatura amerindia, por ejemplo, aparecen repetidas de varias maneras. El Dr. Husson publicó un artículo de Darío Chávez de Paz, quien encontró el mismo texto que publicó Teodoro Meneses antes, pero esta copia, propiedad de la familia Almendras, se sitúa en el pueblo de Llapo (Áncash). Señala, además, otras muchas piezas o representaciones en otros pueblos. Es muy importante el interés que tenemos por estas cosas y se vaya desarrollando, puesto que enriquece la búsqueda o el análisis, conserva las tradiciones, aunque éstas evolucionen.

Usted mencionó en su conferencia que Garcilaso casi siempre es la fuente para construir estos dramas populares. ¿Por qué?
Bueno, yo no lo he decidido así. La copia que publicó Meneses, a partir de la parte quechua, es muy mala, porque —como dice Darío Chávez de Paz— la gente de ese pueblo hace mucho tiempo que no habla quechua. Por eso, el copista transcribió mal el texto, pues no entendía el idioma. Meneses, por su parte, hizo la suya, César Itier últimamente hizo otra, tratando de establecer el texto ateniéndose únicamente a lo seguro. Sin embargo, estos fragmentos son suficientes para analizar la llamada copia Almendras, y darse cuenta de que muchos elementos o factores dramáticos están directamente inspirados en la Historia General del Perú del Inca Garcilaso de la Vega, especialmente, pero también en la Historia General de las Indias de Francisco López de Gómara. Ahora, la de Manás, por ejemplo, utiliza también a Garcilaso, pero no los mismos temas. Aparecen otros episodios que están en otros capítulos completamente distintos, que no se encuentran en el códice Almendras. Así que es un trabajo bastante minucioso el que se le exige al investigador: encontrar los pelos y señales de lo que fue o pudo inspirar al autor primigenio.

En diferentes pueblos del Perú se representan estas tragedias. Los pueblos de Chiquián, Oyón y Huarochirí tienen cada uno su variante particular. Es interesante saber la enorme variedad que existen, ¿no es así?
Todas son interesantes. Por ejemplo, el papel de Huáscar y Atahualpa fue un tema de discusión y oposición real en el siglo XVII. Huáscar fue considerado como el inca auténtico, heredero del trono, y Atahualpa el usurpador. De manera que esto también aparece en estas producciones literarias aun hoy. Incluso, los cronistas hablaron de la pugna entre ambos y la posterior muerte del primero por obra del segundo. Actualmente, en el documento Almendras, vemos a Huáscar sirviendo la mesa a su hermano, por cuanto es prisionero de éste. Pero, seguramente, una parte del texto desapareció, en la que Atahualpa tenía otra actitud respecto de su hermano. Otro ejemplo es la pieza de Manás, donde Atahualpa manda matar a Huáscar, pero después lo hace resucitar. Es decir, todas las combinaciones son posibles. El interés por la figura del Inca no sólo fue en el Tawantinsuyu, sino también en la República. Hace poco se publicó un excelente libro sobre el Inca colonial; es un tema que ahora interesa mucho a los historiadores. Sabemos que hay diferentes perspectivas, pero, a partir de la segunda mitad del siglo XVII hasta el XIX, se repite y se encuentra también en las representaciones andinas. Pero el problema es muy complejo y ahora creo que está por buen camino. Los especialistas en varios campos de estudio van interesándose. Claro, hay otros fenómenos que intervienen. Un autor de estos dramas creerá que copiar una página de un libro de Historia hará más sensata su propuesta. Esto es muy frecuente; se encuentra, por ejemplo, en La conquista de los españoles y el teatro indígena americano (1955) de Clemente Balmori, en Oruro (Bolivia). Por otro lado, el turismo puede influir en la evolución o transformación de estas creaciones populares.

Es posible que estos autores hayan sido letrados, es decir, miembros de la Iglesia o abogados. Si esto es así, ¿quiere decir que no habría tradición oral en estos textos?
A mí me parece que sí son letrados. Si nos remitimos al códice Almendras, al de Llapo, al de Meneses o al de Manás, era necesario que el autor tuviese buen conocimiento de los escritos del Inca Garcilaso o de otros temas históricos, pues las huellas son evidentes, precisas y complejas. Ahora, es posible que haya tradición oral en algunas representaciones. Se señala que hay piezas que sólo se verifican con tradición oral, pero puede ser reciente por el hecho de haberse perdido el cuaderno, por ejemplo. Como hipótesis es posible, aunque para mí son minoritarias.

Hay una enorme festividad en ellas, pues se incorporan orquestas, padrinos y mayordomos. ¿Se podría perder toda esta riqueza a consecuencia del turismo?
Creo que no. Parece más bien que, por ahora, hay un rebrote de la tradición y de las transformaciones también, por supuesto. Me parece altamente positivo el creciente interés por estas manifestaciones. Ahora, lo que usted señala, de estas orquestas y el aspecto espectacular y teatral de las implicaciones que esto supone, es interesantísimo y se debe estudiar: los colores, los vestidos, los atuendos, cómo se reinterpreta a los incas, qué visión tienen los pobladores de los incas, etc. Todo esto es apasionante.

En su libro Brindis con el Inca, Thomas Cummins señala que según de la crónica de Titu Cusi Yupanqui, en el requerimiento para la Conquista se produce un doble rechazo: Atahualpa menosprecia la Biblia y Pizarro rehúsa el brindis que se le ofrece en un quero. No obstante, esto no se ve en estas obras teatrales. ¿Por qué?
Brindis con el Inca es un libro muy interesante, Cummins ha estudiado con mucha precisión el tema de los queros. Ahora, no sé por qué no se menciona este suceso. No se conservó forzosamente en las piezas actuales una tradición incaica, porque la crónica de Titu Cusi Yupanqui fue publicada en una fecha relativamente temprana en el Perú. Es probable que estos textos hayan podido ser escritos anteriormente al conocimiento que nosotros tenemos de la crónica. Además, ésta se publicó por primera vez en la Colección Urteaga-Romero en 1916, así que esas producciones andinas son, en su estructura o configuración general, anteriores a esta fecha. Es difícil fijarlas, seguramente no son contemporáneas a la Conquista porque, en esa época, había otros problemas. Es evidente, como decía, que no pueden ser anteriores, en su aspecto general, a los Comentarios Reales de los Incas.

Actualmente es posible ver ligeros cambios, por ejemplo, en los relatos orales de Huarochirí si los comparamos con la edición que usted publicó, junto a José María Arguedas, en 1966.
La investigación de las sociedades que no tuvieron escritura, pero que después la tuvieron, es difícil. Hay que ver hasta qué punto, después de publicados los mitos, expresan la tradición oral verdadera, familiar o colectiva, pues lo escrito se ha transformado y ha evolucionado y después ha sido reinterpretado. Un claro ejemplo de ello es Huarochirí, 400 años después de Alejandro Ortiz Rescaniere, donde muchos elementos, que se encuentran en estos textos quechuas antiguos anónimos, escritos por Ávila, han sufrido ligeras variaciones.

 
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1 El título original, publicado por Jesús Lara, es: Atau Wallpaj p’uchukakuyninpa wankan.
2 Entiéndase por “cuaderno”, un manuscrito original o códice donde se conserva un texto determinado. Este cuaderno puede ser, incluso, mecanografiado (información del entrevistado).
3 César Itier. “¿Visión de los vencidos o falsificación? Datación y autoría de la Tragedia de lamuerte de Atahuallpa”. Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines. 30. 1 (2001): 103-121.
 
 
© Johnny Zevallos, 2012
 
 

Johnny Zevallos (Huacho - Perú). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado relatos y artículos de crítica literaria en las revistas Apeiron, Ajos & Zafiros, El Hablador, entre otras. Asimismo, ha colaborado en el suplemento cultural Identidades del diario oficial El Peruano y en el diario La Primera.

 
 
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