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Estar cerca de los centros editoriales es fundamental, porque es la única manera de estar actualizado: con las tendencias, con los editores, y con los centros de decisión. En estos casos la reunión personal, el cara a cara, sigue siendo definitorio

 

 

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Entrevista a Guillermo Schavelzon

por Jaime Arturo Vargas Luna

 

Guillermo Schavelzon es uno de los agentes literarios más prestigiosos en lengua española. Representa a autores tan diversos como Paul Auster, Ernesto Sábato, Mario Benedetti, Alberto Fuguet o Iván Thays. Antes de ser agente fue editor y director de Alfaguara y de Ediciones El País en Madrid, del grupo Planeta en Argentina, y de la editorial Nueva Imagen en México. Fundó y dirigió hasta 1986 Cepromex (Centro de Promoción del libro Mexicano). Fundó su propia agencia literaria hace ocho años en Buenos Aires, pero se mudó hace cinco a Barcelona, donde actualmente funciona  y donde nos concedió esta entrevista.

El agente literario

En una entrevista reciente comentaste que un agente literario “tiene como misión conseguir el mayor número de lectores posible en todos los idiomas y en todo el mundo para los escritores que representa”. ¿Cuáles son las claves para conseguirlo?

Las claves son: primero, tener un buen libro -sin importar el género al que pertenezca (sea novela o no ficción)-, luego conseguir para esa obra y ese autor la mejor editorial posible. Tanto en su idioma como en los demás. Finalmente, creo que es necesario desarrollar otros soportes y canales comerciales para lograr la difusión de ese contenido, más allá del tradicional (y principal hasta ahora) que son las librerías.

¿Qué es lo más difícil al abrir una agencia literaria?

Mantenerla abierta diez años después.

¿Es posible aspirar a esta ‘longevidad’, dado el crecimiento de la autoedición y las publicaciones online? ¿Cambiará el rol del agente literario en la edición impresa a futuro?

Si. Una agencia literaria de hoy ya es muy diferente a la de hace diez años. Pero lo que mas ha cambiado y sigue cambiando no viene del mundo virtual, sino de la sofisticación de los canales comerciales del libro en papel.

Dices que internacionalizar la obra de un autor suele tardar entre tres y cinco años (cuando se puede realizar). ¿Cómo se realiza este proceso?

Presentando la obra de la manera adecuada a los editores indicados. Cuanto más clara y directa sea la elección que el agente realiza, mejores serán los resultados. Para eso hay que conocer los mercados, las editoriales, los catálogos y los editores. Producir mucha información (obviamente no en español) y participar de manera muy activa en las reuniones internacionales de encuentro entre editores y agentes (Frankfurt, Londres, Torino, París) y los eventos donde los agentes presentamos obras a productores de cine y televisión (por ejemplo, los festivales de Berlín, Cannes, el MIDA de Barcelona y alguno más).

El agente y el autor

¿Cómo es la relación entre un agente y el autor al que representa?

Por lo general, muy cercana, siempre personalizada, algunas veces de amistad.

¿Qué es lo que buscan con mayor frecuencia los autores en un agente literario?

No hay un modelo fijo. Lo primero que buscan es profesionalidad: que el agente sepa hacer bien su trabajo. Lo segundo es que ésta vaya acompañada de un buen trato personal; luego, que el agente lea y opine sobre sus escritos, que lo asesore legal y fiscalmente, y que además de cuidar de sus intereses (que son económicos y culturales) sepa administrarlos con eficiencia y rapidez.

Estaremos de acuerdo en que un agente debe estar informado sobre las tendencias del mercado editorial. ¿Cómo afecta esto específicamente la relación con los autores? ¿Un agente le pide a sus autores que se ajusten a las tendencias contemporáneas o no interviene en sus procesos creativos?

Un agente interviene únicamente en lo que un escritor le pide o le permite que intervenga. No hay dos casos iguales.

El agente y el editor

¿Por qué –según sostienes- el agente debe estar cerca de los centros editoriales importantes y no de los autores?

Bueno, hace ocho años yo pensaba lo contrario, pero la existencia del correo electrónico, el acceso a tarifas internacionales de teléfono tan bajas como hay hoy y sobre todo el haberse acostumbrado al mail como un medio de comunicación intenso y cotidiano, hace que la distancia geográfica entre agente y autor no se resienta. Por el contrario, estar cerca de los centros editoriales es fundamental, porque es la única manera de estar actualizado: con las tendencias, con los editores, y con los centros de decisión. En estos casos la reunión personal, el cara a cara, sigue siendo definitorio.

¿Qué es lo más importante en la relación agente-editor?
La confianza, el feeling o buen rollo en todos los aspectos, pero sin que esto afecte el profesionalismo de la gestión.

Agencias literarias en Latinoamérica

Desde hace algún tiempo, las editoriales (anglosajonas, hispanas, alemanas o francesas) recurren a las agencias editoriales para contratar autores. ¿Por qué no hay agentes literarios en Latinoamérica?

Por varias razones: el tamaño de los mercados locales no puede sostener una agencia, la visión del mundo de la edición debe ser internacional, y eso sólo se obtiene desde una ciudad y una cultura central. Además, hay que tener en cuenta que los escritores latinoamericanos quieren ser publicados en todo el mundo, no solo en su país. Si usted fuera canciller, ¿dónde tendría a sus embajadores?

De acuerdo. Pero, si en toda Latinoamérica hay importantes autores ‘locales’, que tienen prestigio en sus países pero que no trascienden fronteras, lo que ocasiona que muchas veces un autor colombiano o chileno deba publicar en España para poder ser leído en Venezuela o Ecuador, ¿no podrían las agencias literarias romper estas fronteras al interior de Latinoamérica? ¿Por qué no sucede?

Yo no lo veo así. Los autores locales con prestigio, tarde o temprano circulan en muchas otras partes. Consideremos que al prestigio debe acompañarlo una obra de calidad, y si a eso se agrega un éxito de ventas, no tiene dificultades en circular en adelante. Lo que sucede es que todavía muchos escritores ceden sus derechos universales a un editor local que no sabe como “venderlo” en el exterior, se limita a atender algún pedido que llega, pero no a salir a buscar traducciones. Publicar en España ayuda, por una razón muy simple: los editores europeos saben lo que se hace en España, pero ignoran lo que se publica en Latinoamérica.  Por un lado hay un problema geográfico: todo editor europeo viaja un par de veces al año a Barcelona, porque aquí se concentra el 80% de la edición (no de la venta) literaria de todo España, y porque en una semana se reúne con una docena de agentes literarios, y se irá con lo que busca en la maleta.  No podría hacer un par de giras anuales para visitar Perú, México, Argentina, Colombia, Chile, Venezuela, Ecuador….  y ver escritores uno a uno. Un agente lo pone al día y le ofrece un panorama general en un par de horas.

El panorama de la edición

¿Cómo ves el panorama editorial actual? ¿Ha cambiado en los últimos años?

El panorama de la edición ha cambiado más en los últimos diez años que en los cien anteriores. Los cambios no vienen por la tecnología, como se suele creer, sino por el capital. La excesiva concentración editorial en grandes grupos, que responden a la lógica del beneficio, lo ha modificado todo. Y responden a esta lógica por razones comprensibles: sus accionistas lo que quieren es ganar dinero igual que cualquiera de nosotros cuando lleva sus ahorros al banco: preguntamos por el depósito más rentable, sin averiguar en qué lo invertirá el banco. Esos fondos van a parar a todas partes, al mundo de la edición también, y buscan gestores para esas empresas que hagan rendir las inversiones. Eso es lo que llamamos globalización. Entonces las editoriales usan el marketing para averiguar “qué quiere leer” el mercado, y proveerlo de eso. Como negocio no les va mal, ciertamente, pero culturalmente es extremadamente peligroso. Proveer al mercado los libros que el mercado no quiere leer (o no sabe que quiere) ha sido la única manera de generar nuevos y más lectores. Así se hicieron las mejores editoriales.

¿Y hay alguna respuesta frente a esta situación que haga pensar en un mercado ‘regenerado’ en el futuro?

En gran medida, esta tarea –y salvo muy pocas excepciones–, ha quedado a cargo de las llamadas editoriales independientes. En realidad, habría que decir que son independientes del mercado, porque no importa, en realidad, quien sea el dueño ni donde esté; lo que importa es su estrategia de publicación. Estamos en mitad de un proceso de canibalización de los lectores: a los buenos los ahuyentamos de las librerías (basta ver lo que ofrece la mayoría de las grandes cadenas), y a los potenciales no logramos incorporarlos a la lectura de una manera habitual, solo se los encuentra cuando hay un mega-best seller o una feria del libro, y luego… hasta el año próximo en que volverán a comprar un libro.  El país que más ha aplicado esta política económica, Inglaterra, hoy es el país que peor está en términos de edición: el precio de venta libre ha hecho desaparecer a las librerías independientes, las cadenas se dedican a vender más lo que ya se vende, no se traduce prácticamente nada, y la supuesta baja de precio que iba a implicar “la libre competencia”, ha hecho que el libro en Inglaterra subiera el doble que la media europea. Tarde o temprano todo el mundo se dará cuenta de que esto no funciona, pero por ahora vamos de bandazo en bandazo; de la fracasada planificación del comunismo al ultraliberalismo. Son etapas históricas, pero claro, entre una y otra se llevan décadas. Pese a esto, yo soy optimista, en mi trabajo voy navegando en un difícil equilibrio entre literatura y mercado, dos conceptos irreconciliables desde siempre, pero que hoy son inseparables.

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1 Jaime Arturo Vargas Luna (Abancay - Perú, 1980) Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado artículos en diversos medios. Actualmente codirige la editorial Sarita Cartonera y es editor de SIC..

 

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