Nº22
revista de literatura
 
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creación
 
July Solís Mendoza

 

 

Oración

Veintidós años de oraciones como una endemoniada
han ramificado mi cuerpo en un antiguo dolor de árbol
una nueva oración será necesaria
o es acaso un golpe en la nariz
una rodilla rasmillada sin bicicleta
lo necesario a estas alturas
bastará
una gota de tu sangre
para calmar mi sed, Señor
qué difícil es cargar tu sombra entre mis hombros
de tu voz en mi susurro rezando
de tu voz en mi susurro rezando
y rezando hasta rasgando mis sesos
y siempre el desasosiego
ya no quiero confesarme
ya no quiero confesarme
tanto tiempo
entre millones de cuadros
multiplicados tus brazos abiertos
hasta cuándo, Señor ¡cerradlos!
para cerrar mi boca
con esta herejía que lleva urgencia de años
¿por qué has de ocultarte por los resquicios de las nubes?
ya deja de sembrar tu canto
y repara este charco
en el que me he convertido
yo solo sé abrir burbujas
que solo quieren devorarte
que solo quieren…
pero no es posible matar al padre sin que el hijo esté ya muerto
y no quiero arrepentirme
y no quiero arrepentirme
tampoco tener miedo
tampoco tener miedo
ni tan poco miedo
ni tan poco miedo
miedo
miedo
miedo

¿Acaso esa es tu revancha?

 

Aprendizaje  

 

Aprendí tarde que tus verbos y adjetivos también se rasgarían
con tantas tildes que tu boca ha pronunciado
entre sillas.
Mientras lavabas con ahínco el cuello de mi blusa
y la casa entera olía a limón;
mientras escurrías el llanto de los cubiertos
y absorbías tu cigarrillo extraviado en una mancha de cocina;
mientras multiplicabas tus brazos…                            
                         (eso sí
cuando por error teñías la mitad de mis cromosomas
te hacías la loca, y le echabas la culpa a papá)
De pronto
te acordabas de llorar a las ocho
y prendías el televisor
desde una esquina un cuadro
yo te miraba secretamente
ambas llorábamos
cuando llegaba el final
y rabiosa afrontabas
el aceite quemado adherido a la sartén,
mientras tejía triste tu ADN
                         Entonces
tú buscabas las tijeras
para cortar la marejada de hilos en los ojos
pero cambiabas de opinión
y cogías el cuchillo
destrozando bazos hígados tripitas
hasta llegar al final de la tabla
picando corazones
                         Luego
te sentabas en la tarde
con el vestido destrozado
a recoger mis sábanas antes de las seis
porque el cielo de Lima también se lastima de tarde
junto con tus manos resecas
-en ese cuadro-
y mi ombligo vacío.

Octubre

A mi abuela

Los adultos dijeron que en octubre crecieron ramas de tu espalda (como un ángel o como un árbol), y las ramas al ver tus zapatos no quisieron echar raíz, sino correr hasta levantar vuelo.  Los adultos lloran cuando miran tu ropa tendida sobre la mesa, se abrazan, y llegan más personas con arañas en los ojos. Pero nadie me responde qué hacen tus zapatos al costado de las velas, y sospecho que cayeron en tu vuelo. Yo me acerco como si les rezara, pero no, tampoco lloro como lo hace el resto: solo observo tus zapatos y no veo más que semillas. Cuándo lloverá- le pregunto a mi abuelo, que tiene los ojos atiborrados de nubes. Y en su respuesta pasa saliva. Pienso que nadie sabe qué hacer con tus zapatos. Yo me escabullo debajo de la mesa y los atrapo; saltando las escaleras de dos en dos los llevo rápidamente a mi guarida, y los guardo en una caja hasta el día de la lluvia. Día en que corra hacia el patio, junto al árbol de higo, para hacerte un charquito donde crecerás lentamente. Te cuidaré y cuando todos se hayan ido a trabajar, te haré comer despacito de un gotero, hasta que tus hojas ya no tengan frío, hasta que mi pecho deje de roncar:
                                                                                por qué los adultos no riegan tus zapatos

Busco la respuesta en tu cuarto
y me llevo tu manta
l                        la desdoblo
e intento ver en sus rayas multicolores la dirección del arcoíris.

He decidido que cuando crezcas como árbol
          (bajo la lluvia de un gotero)
amarraré esta manta entre tus ramas
Y me subiré a tu espalda para envolverme nuevamente
como una alverja.

 
 
©July Solís Mendoza, 2015
 
July Solís Mendoza (Lima-Perú 1988). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En el 2014, obtuvo mención honrosa en el Premio Nacional de Poesía Javier Heraud.  Actualmente, prepara la publicación de su primer poemario.
 
 
 
 
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