Así las cosas, tenemos como primer ejemplo al vilipendiado y recientemente reivindicado Clemente Palma (1872-1946). Curioso personaje, virtualmente expulsado del canon literario peruano, por sus ideas racistas y su infausto dictamen sobre la obra de Vallejo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Entre el desierto y el entusiasmo: Panorama de la Ciencia Ficción en el Perú

Daniel Salvo
 
 

Es un hecho conocido que nuestro mundo literario está mayoritariamente adscrito a la vertiente que podríamos llamar "realista", de modo que el lector usual podría pensar que en el Perú no se han dado manifestaciones de los mal llamados géneros menores, como son la ciencia ficción, el terrorífico, el policial y el fantástico.

Nada más lejos de la verdad. Lo que ocurre es que nuestra industria editorial no tiene la envergadura de sus similares de otras latitudes, donde puede hablarse de tirajes de millones de ejemplares, mientras que en nuestro país un escritor novel sueña con tirajes de cientos... Mal que nos pese, es nuestra realidad.

Por consiguiente, si tomamos en cuenta ambos factores, el resultado será que la producción literaria "alternativa" pasará desapercibida para el gran público, de modo que difícilmente una novela de ciencia ficción o de horror "a la peruana" podrá formar parte del canon de "las novelas más importantes de la década" o similares, que suelen publicarse en revistas especializadas. De modo que una relación de novelas o relatos de ciencia ficción nacional simplemente no existe en el mercado, ni parece ser objeto de inquietud académica.

Y sin embargo, se mueve... Pese a que uno no esperaría encontrar nada en el panorama antes descrito, pues resulta que no está tan yermo como parecía a simple vista. Escritores hay que, en el pasado o en el presente, se han atrevido a ir contra la corriente prorrealista, vanguardista, JUM, indigenista, etcétera, y han incursionado en los géneros descritos: Mario Vargas Llosa escribió la novela policial Quien mató a Palomino Molero, Julio Ramón Ribeyro tiene varios cuentos fantásticos, al igual que Harry Beleván, compilador de la excelente Antología de la literatura fantástica en el Perú (1977).

En el presente artículo, trataremos específicamente de la ciencia ficción, aunque previamente tenemos que hacer una precisión. A diferencia de otros países, no existen en el nuestro editoriales con colecciones o apartados específicos para la ciencia ficción (o para los otros géneros). Y eso dificulta la identificación de dichas obras.

Generalmente, la ciencia ficción se define como un género que se ocupa del impacto que en el futuro tendrán las innovaciones científicas, incluyéndose los avances en ciencias sociales. En ese sentido, y para bien, pierde esa aura de infantilismo y de literatura sólo para iniciados que muchos fanáticos desean que posea, sin caer en cuenta que así contribuyen al desprestigio del género y a la visión del aficionado como un excéntrico.

Simplificando así las cosas, ¿qué tiene de raro que un escritor, en un momento dado, comience a especular acerca del futuro, del porvenir, extrapolando la realidad que tiene a su alrededor? No es necesario contar con un entorno de alta tecnología, como pueden tenerlo los norteamericanos o los europeos, para pergeñar o redactar un relato o novela con estos ingredientes. No todo pueden ser luchas campesinas o biografías lumpen.

Así las cosas, tenemos como primer ejemplo al vilipendiado y recientemente reivindicado Clemente Palma (1872-1946). Curioso personaje, virtualmente expulsado del canon literario peruano, por sus ideas racistas y su infausto dictamen sobre la obra de Vallejo. Bueno pues, este Clemente Palma, a inicios del siglo XX, se encargó de jugar con los terrores de la humanidad ante el paso del cometa Halley con su cuento "El día trágico" (1910), especuló sobre los intentos de conseguir oro por parte de un alquimista del remoto año 3000 en "La última rubia", sin contar otros cuentos fantásticos publicados bajo el nombre de "Cuentos malévolos (1904)".

Como sabemos, la producción literaria nacional siguió otros rumbos, muy ajenos a las especulaciones sobre el futuro o la tecnología, aunque existe el caso aislado de Héctor Velarde (1898-1989), exquisito humorista de una Lima (no de un Perú) que definitivamente ya fue, donde todo estaba "en su sitio", y la vida transcurría plácida... en medio de esta arcadia, irrumpe la modernidad que viene de Norteamérica, con sus supermarkets y aviones, y sobre todo, con la bomba atómica. Velarde escribe una serie de crónicas y ensayos humorísticos que titula "La perra en el satélite" (1958), coincidiendo con la carrera espacial entre EE.UU. y la URSS. En este librito, aparece el relato "La bomba J", en el cual la destrucción nuclear total tiene un fallo: la casa del limeñísimo Pedro Lanatta y Perales, diplomático, quien decide dedicar sus últimos días a escribir un diccionario para las futuras generaciones... Quien sabe, Velarde tal vez quiso expresar en este relato su melancolía por la pérdida de ese mundo limeño en el cual había nacido. Tiene también una pieza de teatro ambientada en el año 2427 titulada "¡Un hombre con tongo!" (1950), en la cual las señoras van de compras al Jirón de la Unión utilizando hélices en la espalda para movilizarse.

 

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