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	<title>Bitácora de El Hablador</title>
	<link>http://elhablador.com/blog</link>
	<description>BLOG DE LA REVISTA VIRTUAL DE LITERATURA EL HABLADOR</description>
	<pubDate>Fri, 04 Jul 2008 05:57:14 +0000</pubDate>
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		<title>Organizan conversatorio sobre María Emilia Cornejo</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jul 2008 05:29:35 +0000</pubDate>
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	<category>Debate</category>
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		<description><![CDATA[La revista Discursiva, una publicación escrita por estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, viene anunciando la realización de un conversatorio sobre María Emilia Cornejo, poeta cuya autoría ha sido puesta en debate en la revista Intermezzo Tropical y, recientemente, en este último número de El Hablador, en entrevista de Francisco Izquierdo a José Rosas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La revista <em>Discursiva</em>, una publicación escrita por estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, viene anunciando la realización de un conversatorio sobre María Emilia Cornejo, poeta cuya autoría ha sido puesta en debate en la revista <em>Intermezzo Tropical</em> y, recientemente, en este último número de <em>El Hablador</em>, en <a title="Izquierdo_Rosas_MEC" href="http://www.elhablador.com/debate15_izquierdo1.html" target="_blank">entrevista de Francisco Izquierdo a José Rosas Ribeyro</a>.</p>
<p>Ambas publicaciones han originado una serie de opiniones y artículos de Rocío Silva Santisteban, Giovanna Pollarolo y Paolo de Lima (revisar <em>links</em> al final del artículo arriba citado &#8220;Cuando cae el mito&#8221;).</p>
<p>Para este interesante conversatorio, que se realizará el martes 8 de julio y que se ha denominado &#8220;La polémica de María Emilia Cornejo&#8221;, participarán Diana Miloslavich e Hildebrando Pérez, así como María Cecilia Trinidad y Jimmy Barrios. La cita se iniciará a las 18.30 horas en el auditorio principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM.
</p>
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		<title>Tiempos de melodrama en El Hablador 15</title>
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		<pubDate>Fri, 30 May 2008 03:11:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>webmaster</dc:creator>
		
	<category>Publicaciones</category>
	<category>Debate</category>
	<category>presentaciones</category>
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		<description><![CDATA[Tiempos melodramáticos los que vivimos, con demostraciones afectivas en directo y dramas de la vida privada convertidos en alimento público de los medios. Sobre las relaciones entre melodrama, cultura popular y literatura versa esta nueva edición de la revista virtual de literatura El Hablador, que de este modo alcanza su edición 15.
Además de nuestro dossier [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img width="143" hspace="5" height="166" align="left" alt="15" id="image420" title="15" src="http://www.elhablador.com/blog///mnt/w0001/d22/s02/b029f33e/www/elhablador.com//blog//wp-content/uploads/2008/05/050607_clasicas_quinceanera.jpg" />Tiempos melodramáticos los que vivimos, con demostraciones afectivas en directo y dramas de la vida privada convertidos en alimento público de los medios. Sobre las relaciones entre melodrama, cultura popular y literatura versa esta nueva edición de la revista virtual de literatura <em>El Hablador</em>, que de este modo alcanza su <a title="edicion15" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/central15.html">edición 15</a>.</p>
<p>Además de nuestro dossier temático, también contamos con numerosos artículos en las secciones de Debate, Estudios, Otros Habladores (entrevistas) y Reseñas. Hemos dedicado este número 15 a la memoria de <a target="_blank" title="pepe" href="http://elhablador.com/blog/2008/02/24/testimonio-de-parte/">José B. Adolph</a>, sobre quien presentamos un texto acerca de su narrativa.</p>
<p>En esta ocasión, la <strong>Biblioteca</strong> o dossier sobre el melodrama latinoamericano. La estudiosa peruana Rocío Quispe-Agnoli –autora de un libro sobre Felipe Guaman Poma de Ayala– revela precisamente los vericuetos de <a title="telenovela" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/dossier15_quispe1.html">la telenovela contemporánea y su relación con la catarsis</a> del espectador, hecho que demuestra la vigencia del melodrama. Complementan esta sección un estudio del crítico y escritor peruano Alejandro Susti sobre <a title="borges" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/dossier15_susti1.html">la presencia del tango en la obra de Borges</a> y otro de la investigadora venezolana Adlin de Jesús Prieto sobre <a title="cabrera" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/dossier15_prieto1.html">el bolero en el novelista cubano Guillermo Cabrera Infante</a>.</p>
<p>La sección <strong>Estudios </strong>viene, en primer lugar, con un “mini-dossier” de ciencia ficción peruana con un artículo de Christian Elguera sobre <a title="xyz" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/est15_elguera1.html"><em>XYZ</em>, la novela sobre la clonación de Clemente Palma</a>, un texto que ha sido rescatado por la reciente edición de la PUCP. Luego, tenemos el <a title="adolph" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/est15_honores1.html">homenaje al escritor José B. Adolph (1933-2008) sobre su novela <em>Mañana, las ratas</em></a>, con la firma de Elton Honores. Ambos textos fueron leídos durante el Segundo Congreso de Narrativa Peruana celebrado en octubre de 2007 en Huanchaco, a propósito de una mesa sobre ciencia ficción en nuestro país.</p>
<p>También incluimos textos varios acerca de estudios coloniales –el surgimiento de la conciencia criolla y el barroco americano en <a title="balbuena" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/est15_zapata1.html">Bernardo de Balbuena</a>, por Jaime Zapata Fajardo–, literatura del siglo XIX –<a title="folletin" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/est15_zevallos1.html">la lectura y la educación de la mujer con la novela de folletín</a>, por Johnny Zevallos– y una aproximación a la poesía peruana de vanguardia –<a title="adan" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/est15_parra1.html"><em>La casa de cartón </em>de Martín Adán como documento social</a>, por Richard Parra–. A ello se añade un artículo en francés sobre <a title="salon" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/est15_martinez1.html"><em>Salón de belleza</em>, de Mario Bellatin</a>, aproximación desde el psicoanálisis de Jesús Martínez Mogrovejo.</p>
<p>Los <strong>Otros Habladores</strong> –en esta oportunidad, internacionales– son de lujo. En primera instancia, la escritora chilena <a title="diamela" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/entrevista15_eltit1.html">Diamela Eltit</a>, en conversación con Claudia Salazar, quien revela su preferencia sobre la poesía de Vallejo y devela la actualidad de la narrativa chilena. Por otro lado, la estudiosa argentina Lilian Fernández Hall dialoga con el colombiano <a title="abad" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/entrevista15_abab1.html">Héctor Abad Faciolin</a><a title="abad" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/entrevista15_abab1.html">ce</a> para desvelar los secretos de la escritura autobiográfica, la relación con los blogs y la actualidad de su país natal. En la otra esquina, <a title="monsivais" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/entrevista15_monsivais1.html">Carlos Monsiváis</a> sondea el momento cultural latinoamericano: la vigencia del melodrama (como catarsis), el rol de las humanidades y la ecología, y un comentario sobre el presidente venezolano Hugo Chávez y la opinión de los intelectuales mexicanos.</p>
<p>En nuestra sección <strong>Debate</strong>, incluimos <a title="jrr" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/debate15_izquierdo1.html">una entrevista al poeta José Rosas Ribeyro</a>, efectuada por Francisco Izquierdo, a propósito del caso de la autoría de los poemas de María Emilia Cornejo. También figura el <a title="exilio" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/debate15_mcevoy1.html">artículo de Gabriela McEvoy</a> acerca de dos novelas sobre el exilio chileno tras la dictadura de Pinochet, <em>Cobro revertido</em> (Leandro Urbina) y <em>El jardín de al lado</em> (Donoso). Asimismo, Fabio Vélez utiliza <a title="deconstruccion" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/debate15_velez1.html">la perspectiva deconstructiva</a> para aproximarse al paradigma de la modernidad en la poesía y el pensamiento de Baudelaire. La estudiosa brasileña Gisene Santana nos acerca a un texto fundacional de la literatura de su país: <a title="ianarana" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/debate15_sousa1.html">el <em>Ianarana</em></a>.</p>
<p>Colaboradores y miembros de<em> El Hablador</em> han <strong>reseñado</strong> textos aparecidos el año pasado: <a title="murakami" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_3.html"><em>Kafka en el jardín</em></a> (Murakami), <a title="calderon" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_8.html"><em>El huevo de la iguana</em></a> (Calderón Fajardo), <a target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_10.html"><em>Pelando la cebolla</em></a> (Grass), <a title="franco" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_5.html"><em>Lo propio y lo ajeno</em></a> (Tania Franco Carvahal), <em><a title="cobo" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_1.html">El arte de leer a García Márquez</a> </em>(Cobo Borda), <a title="susti" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_9.html"><em>“Seré millones”. Eva Perón: melodrama, cuerpo y espectáculo</em></a> (Susti), <a title="gamboa" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_7.html"><em>Punto de fuga</em></a> (Gamboa),<em> <a title="izquierdo" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_5.html">Bonitas palabras</a></em> (Izquierdo) y <em><a title="Almeyda" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/resena15_2.html">Luna llena</a> </em>(de Miguel Almeyda, escritor de Villa El Salvador).</p>
<p>Finalmente, en la parte de <strong>Creación</strong>, incluimos poemas de <a title="sanchez" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/poesia15_1.html">Enrique Sánchez Hernani</a>, <a title="picon" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/poesia15_2.html">José Picón</a>, <a title="salazar" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/poesia15_3.html">Pablo Salazar Calderón</a>, <a title="collao" target="_blank" href="http://www.elhablador.com/poesia15_4.html">Jorge Alberto Collao</a>, <a target="_blank" title="malaga" href="http://www.elhablador.com/poesia15_4.html">Néstor Málaga</a> y <a href="http://www.elhablador.com/poesia15_8.html">John Cuéllar</a>. Asimismo, relatos de<a target="_blank" title="salazar" href="http://www.elhablador.com/cuento15_4.html"> Claudia Salazar Jiménez</a>, <a target="_blank" title="moran" href="http://www.elhablador.com/cuento15_3.html">Raquel Morán</a>, <a target="_blank" title="yta" href="http://www.elhablador.com/cuento15_2.html">Elena de Yta</a>, <a target="_blank" title="daniel" href="http://www.elhablador.com/cuento15_1.html">Daniel Alejandro Gómez</a>, <a target="_blank" title="richards" href="http://www.elhablador.com/cuento15_5.html">Tomás V. Richards</a> y <a target="_blank" title="moreno" href="http://www.elhablador.com/cuento15_6.html">Pedro E. Moreno-Vásquez</a>.</p>
<p>Como se ve, se trata de un número variado y con contenido de primer nivel. Esperamos que lo disfruten.</p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial"> </span></p>
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		<title>Internet, la lectura y el libro</title>
		<link>http://elhablador.com/blog/2008/04/24/internet-la-lectura-y-el-libro/</link>
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		<pubDate>Thu, 24 Apr 2008 04:51:38 +0000</pubDate>
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	<category>Debate</category>
	<category>Hablablog</category>
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		<description><![CDATA[Giancarlo Stagnaro
Hará cosa de un mes, en el avión que me traía de Cusco a Lima, estuvo sentada a mi lado una pareja de esposos estadounidenses, ya entrados en años. Cada uno de ellos venía leyendo: el esposo, un libro convencional; y la señora llevaba en sus manos un aparato que a primera vista se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image417" title="AmazonKindle" height="169" alt="AmazonKindle" hspace="6" src="http://www.elhablador.com/blog///mnt/w0001/d22/s02/b029f33e/www/elhablador.com//blog//wp-content/uploads/2008/04/kindle%20baja.jpg" width="172" align="left" /><strong>Giancarlo Stagnaro</strong></p>
<p>Hará cosa de un mes, en el avión que me traía de Cusco a Lima, estuvo sentada a mi lado una pareja de esposos estadounidenses, ya entrados en años. Cada uno de ellos venía leyendo: el esposo, un libro convencional; y la señora llevaba en sus manos un aparato que a primera vista se me antojó desconocido, si no fuera por la marca reconocible de un portal web: Amazon. Se trataba del famoso Amazon Kindle, un dispositivo para descargar, guardar y leer libros electrónicos.</p>
<p>Resulta difícil que un objeto así deje de llamar la atención. No es cotidiano su manejo en el Perú, ya que sólo se puede adquirir en el referido portal. Me llamó la atención no sólo la destreza con que la señora manejaba el dispositivo, sino la manera en que avanzaba en su lectura, desplazándose con un cursor. Pensé entonces que quizás marido y mujer podían haber estado compartiendo la misma lectura, sólo en soportes distintos. En ese sentido, la imagen se asemeja notoriamente al futuro utópico planteado recientemente en <em>El País</em>, y cuya visión optimista <a title="EdmundoPazSoldan" href="http://www.elpais.com/articulo/semana/blog/literatura/siglo/XXI/elpepuculbab/20080315elpbabese_4/Tes" target="_blank">Edmundo Paz Soldán</a> sintetiza de la siguiente manera:</p>
<blockquote><p>Los nuevos lectores digitales (…) harán esto más fácil y transformarán no sólo nuestra forma de leer; también la idea que tenemos de la literatura. Pronto, no será extraño estar leyendo una novela en un lector digital y encontrarnos con un enlace a un vídeo en YouTube o a un dato en Wikipedia. Tampoco que los lectores puedan mandar, en tiempo real, sus comentarios al autor de un relato o un poema, y que, debido a ello, este decida cambiar la trama de un relato o la rima de un soneto. El autor no morirá, pero la literatura se hará más interactiva. No hay razones para alarmarse: la creación literaria ha demostrado una extraordinaria inventiva para adaptarse a los desafíos de otros medios.</p></blockquote>
<p>La historia de la literatura demuestra que también es “compatible”: si pudo adaptarse a los cambios de Gutemberg –la primera expansión del libro que originó un cambio sin precedentes en el pensamiento feudal europeo– y luego a la explosión gráfica de los siglos XIX y XX –que derivó en el experimentalismo vanguardista–, también es capaz de hacerlo en estos tiempos de ritmos digitales. Una posición similar es planteada por el <a title="RicardoPiglia" href="http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1004588&#038;origen=acumulado&#038;acumulado_id=6734" target="_blank">narrador argentino Ricardo Piglia</a>:</p>
<blockquote><p>Lo que ha cambiado básicamente es el acceso a los textos que se pueden leer (…). Las nuevas tecnologías democratizan el acceso a la cultura en sentido amplio y establecen una relación personal muy dinámica con todo ese conocimiento disponible. Ahora, aceptado esto, hay que decir que la velocidad con la que se lee no ha cambiado. El lenguaje escrito tiene un tiempo para ser descifrado que no se puede cambiar. La velocidad de la lectura, más allá de los formatos y de las diferencias entre los lectores, es básicamente la misma. Como sabemos, la técnica de la lectura veloz resultó un chiste idiota. Porque la lectura establece una temporalidad que es la del cuerpo. El lenguaje define nuestra relación con la temporalidad, no sólo porque la tematiza en los tiempos verbales, sino porque tiene un tiempo propio que no se puede cambiar.</p></blockquote>
<p>Es un hecho que el tempo de la lectura no ha cambiado. Buena fe puede dar de ello la señora que pausadamente, sin la prisa neurótica de las 500 palabras por minuto, leía su libro en el Kindle, seguramente con la finalidad de entender cabalmente el propósito del texto que venía leyendo. Sin duda, uno de los desbarajustes que genera la lectura compulsiva es que, poco a poco, el lector entienda menos y abandone al fin lo que conocemos como el placer del texto.</p>
<p>Ahora, el problema, para algunos, es que Internet hace imposible llegar a ese placer: quienes suscriben esta idea, como el historiador de la lectura Alberto Manguel, sostienen que Internet sólo es capaz de proveernos <a title="superficial" href="http://www.soitu.es/soitu/2008/01/24/info/1201174689_459033.html" target="_blank">“una lectura necesariamente superficial”</a>. Manguel rechaza el postulado de que <a title="palmadelamano" href="http://espanol.geocities.com/cifiper2002/agosto5.htm" target="_blank">los libros electrónicos</a> permiten una mayor interactividad: “Un libro se puede comenzar por donde se quiera, se puede meter en el bolsillo y llevarlo a otro sitio, se puede asociar con otro; mientras que la lectura en Internet es interactiva sólo en el sentido que permite el programa”.</p>
<p>¿Cuál es la intención de Manguel de criticar Internet o el libro electrónico? Ya en nuestro artículo <a title="Aventura" href="http://www.elhablador.com/aventura.htm" target="_blank">“Una aventura intelectual”</a> señalábamos lo siguiente:</p>
<blockquote><p>En su artículo “Homo legens”, el escritor ecuatoriano Bolívar Echevarría sostiene que quienes fungen de detractores de Internet y las nuevas tecnologías en verdad son aquellos que sienten nostalgia por un modo peculiar de entender la cultura, cuando a ésta sólo accedía una elite determinada, cuya educación evidenciaba superioridad ante el resto del cuerpo social. Nos encontramos aquí ante la noción de ciudad letrada enunciada por Ángel Rama (1984). El muro levantado por las instituciones letradas –universidades, medios de comunicación, industrias editoriales, camarillas de poder– genera expresiones de resistencia cultural que, o bien son desdeñadas por la cultura oficial o bien son recicladas (pervertidas, sería el término más exacto) para convertirse a su turno en mecanismos de legitimación.</p></blockquote>
<blockquote><p>De ahí que la desconfianza hacia Internet no sea otra cosa que la angustia frente a la pérdida de esferas representativas e institucionales que la potencial expansión de la red desestabilizaría. Por ello, ya se han producido intentos de asimilar los contenidos del ciberespacio, como reglamentarlos desde una usanza jurisdiccional que permite, si no reprimirlos, al menos mantener cierto “control” sobre ellos. Otra estrategia reside en condicionar los sitios web adscribiéndolos a una institución determinada, como sucede con las versiones en línea de algunas publicaciones, que se cuelgan de un patrocinador para obtener prestigio simbólico, pero a la larga limitan su capacidad crítica y están condicionados a los requerimientos institucionales del sponsor.</p></blockquote>
<p>¿Cuánto ha cambiado esta percepción con el auge de la Web 2.0? En ciertas partes del mundo, el acceso a páginas como YouTube o Wikipedia está restringido. Por otro lado, se encuentran las discusiones sobre la generación de contenidos o de cómo estos son administrados. Si bien se ha venido planteando una mayor interactividad con la Web 2.0, sus efectos “reales” no han sido del todo esperados, al menos no en el Perú, que en la esfera sudamericana posee el menor índice de penetración por país (a pesar del auge de las cabinas). Después de todo, lo que el usuario más usa cuando entra a una cabina es el correo electrónico y el chat.</p>
<p>En ese sentido, es atendible la observación que formula Sandro Marcone, de la Red Científica Peruana, en <a title="internetnodespega" href="http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-04-14/internet-aun-no-despega.html" target="_blank">un artículo publicado la semana pasada en <em>El Comercio</em></a>. Es cierto que el problema pasa por una evidente cuestión de infraestructura, pero también es cierto que, en comparación con otros países, la presencia peruana en Internet es muy baja. Es decir, no sólo no generamos acceso, sino que también brillamos por nuestra ausencia en lo que a contenido, inventiva y rigurosidad se refiere.</p>
<p>Pero también ese cuestionamiento que propone Marcone se vincula inexorablemente con la manera en que interpretamos el problema. Por lo general se suele creer que Internet es un subproducto de la cultura juvenil masiva –ellos, después de todo, componen la mayoría de usuarios–, que contiene evidentes roles comunicativos, pero que no se entiende o no es percibido como un factor de cohesión social. Y lo puede ser, dado que las herramientas están ahí, pero no se le entiende de ese modo.</p>
<p>Lo que al fin y al cabo tenemos es un problema de lectura. De igual modo nos comportamos frente al libro, cuyo potencial de fomento ciudadano aún resulta <em>terra incognita</em> para muchos de nuestros compatriotas, como los aún “exóticos” Kindle o Sony Reader, que en otras latitudes coexisten pacíficamente con el libro impreso. Es evidente que con una mayor capacidad lectora, fomentada por una cultura democrática del libro, aumentarán exponencialmente nuestras competencias en el manejo de la virtualidad. Y ese es un reto no de mañana, sino de nuestro presente urgente e inmediato.
</p>
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		<title>Porta 9</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 18:39:17 +0000</pubDate>
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Acaba de aparecer Porta 9, un nuevo espacio para la literatura virtual. Dirigida por Francisco Ángeles, esta página web ofrece un anticipo de las entrevistas en formato de video con diversos escritores nacionales.
Por el momento, sólo podemos ver un avance promocional. Pero se anuncia que, desde el lunes 7, el portal iniciará sus publicaciones periódicas. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="left">
<div style="text-align: center"><img width="459" height="170" alt="Sin tÃ­tulo-2 copia.jpg" style="width: 459px; height: 170px" id="image415" src="http://www.elhablador.com/blog///mnt/w0001/d22/s02/b029f33e/www/elhablador.com//blog//wp-content/uploads/2008/04/Sin%20título-2%20copia.jpg" /></div>
<p align="left">
<p align="left">Acaba de aparecer <a href="http://www.porta9.com">Porta 9</a>, un nuevo espacio para la literatura virtual. Dirigida por Francisco Ángeles, esta página <em>web</em> ofrece un anticipo de las entrevistas en formato de video con diversos escritores nacionales.</p>
<p>Por el momento, sólo podemos ver un avance promocional. Pero se anuncia que, desde el lunes 7, el portal iniciará sus publicaciones periódicas. Estaremos esperando.
</p>
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		<title>&#8220;La pata de mono&#8221; y Enrique Congrains</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 15:39:32 +0000</pubDate>
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	<category>Debate</category>
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		<description><![CDATA[Giancarlo Stagnaro
Gracias a una gentileza de José Donayre Hoefken, responsable de ediciones Copé (Petroperú), damos a conocer estos videos alrededor de la presentación de la novela El narrador de historias, de Enrique Congrains Martin. La novela, como se sabe, relata la historia del narrador oral Cayetano Cómpanis, que se presenta en una convulsionada ciudad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Giancarlo Stagnaro</strong></p>
<p>Gracias a una gentileza de José Donayre Hoefken, responsable de ediciones Copé (Petroperú), damos a conocer estos videos alrededor de la presentación de la novela <a title="Congrains again" href="http://elhablador.com/blog/2008/01/07/congrains-en-lima-again/"><em>El narrador de historias</em>, de Enrique Congrains Martin</a>. La novela, como se sabe, relata la historia del narrador oral Cayetano Cómpanis, que se presenta en una convulsionada ciudad de Mendoza para dar su versión del cuento de horror &#8220;La pata de mono&#8221;, de W. W. Jacobs.</p>
<p>El primer video describe la presentación de Congrains en Crisol, el lunes 14 de enero. Los tres siguientes constituyen la presentación final de la &#8220;semana Congrains&#8221;, en la Casona de San Marcos, el viernes 18, donde el autor peruano, fiel a su estilo, narra el cuento de Jacobs.</p>
<p><strong>Presentación en Crisol:</strong></p>
<div id="vvq486e2133318b2" class="vvqbox vvqyoutube" style="width:425px;height:335px;">
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=euxCF1LDKkk">http://www.youtube.com/watch?v=euxCF1LDKkk</a></p>
</div>
<p><strong>Congrains en la Casona (primera parte):</strong></p>
<div id="vvq486e213332084" class="vvqbox vvqyoutube" style="width:425px;height:335px;">
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=M4_UzPFOLNQ">http://www.youtube.com/watch?v=M4_UzPFOLNQ</a></p>
</div>
<p><strong>Segunda parte:</strong></p>
<div id="vvq486e21333285d" class="vvqbox vvqyoutube" style="width:425px;height:335px;">
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=WlAdiCtoiwk">http://www.youtube.com/watch?v=WlAdiCtoiwk</a></p>
</div>
<p><strong>Tercera y final:</strong></p>
<div id="vvq486e21333301f" class="vvqbox vvqyoutube" style="width:425px;height:335px;">
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=Ke1ydDMyJxA">http://www.youtube.com/watch?v=Ke1ydDMyJxA</a></p>
</div>
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		<title>Puto el que lee esto</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Mar 2008 19:40:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>webmaster</dc:creator>
		
	<category>Publicaciones</category>
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Marlon Aquino Ramírez
Cuando vivía en Argentina, una de mis mayores satisfacciones era comprar la revista Ñ de El Clarín. La había leído antes, por internet, pero será inolvidable para mí la primera vez que me acerqué al quiosco y, tras entregar un peso (o peso y medio, no recuerdo bien), el amable vendedor me alcanzó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><strong></p>
<div style="text-align: center"><img id="image411" style="width: 232px; height: 343px" height="343" alt="portada.jpg" src="http://www.elhablador.com/blog///mnt/w0001/d22/s02/b029f33e/www/elhablador.com//blog//wp-content/uploads/2008/03/portada.jpg" width="232" /></div>
<p></strong></p>
<p> 
</p>
<p align="right"><strong>Marlon Aquino Ramírez</strong></p>
<p align="left">Cuando vivía en Argentina, una de mis mayores satisfacciones era comprar la <a href="http://www.revistaenie.clarin.com/" target="_blank">revista </a><em><a href="http://www.revistaenie.clarin.com/" target="_blank">Ñ</a> </em>de <em>El Clarín</em>. La había leído antes, por internet, pero será inolvidable para mí la primera vez que me acerqué al quiosco y, tras entregar un peso (o peso y medio, no recuerdo bien), el amable vendedor me alcanzó la versión impresa de dicha publicación cultural. Me parecía increíble que por tan módica cifra (un peso argentino equivale a un sol peruano) pudiera tener acceso a tan valioso material. Al recorrer sobreexcitado sus páginas, por momentos recordaba al antiguo, bastante antiguo, &#8220;Dominical&#8221; de <em>El Comercio</em> que, además de tener muchas más páginas que el raquítico &#8220;Dominical&#8221; de estos tiempos, presentaba artículos extensos y profundos. Sin embargo, pienso que ni ese viejo suplemento nuestro puede compararse con el argentino. Esto se explica claramente: ley de la oferta y la demanda. Los argentinos están más interesados en la cultura que los peruanos, por ello demandan y compran cultura; por ello hay una oferta de calidad.</p>
<p align="left">Este comentario viene a raíz de un texto de <a href="http://www.negrofontanarrosa.com/biografia/fb.asp" target="_blank">Roberto Fontanarrosa</a> que encontré ayer entre mis cajas - archivo y que quería compartir con ustedes. Estaba dentro de una de esas revistas <em>Ñ </em>que compré en mi travesía argentina. Transcribo sólo una parte del mismo. Si quieres ser escritor, tienes que <a href="http://inmaculadadecepcion.blogspot.com/2004/11/roberto-fontanarrosa-puto-el-que-lee.html" target="_blank">leerlo completo</a>.</p>
<p align="center"><strong>PUTO EL QUE LEE ESTO</strong></p>
<p align="left"><em>Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora. La leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de</em> Cien años de soledad,<em> la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento&#8230;” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.</em></p>
<p align="left"><em>Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.</em></p>
<p align="left"><em>No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf&#8230; el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. “Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos.” Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo. El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. “Puto el que lee esto.” Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones.</em></p>
<p align="left"><em>“Es un golpe bajo”, dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor –les contesto–, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas.</em></p>
<p align="left"><em>Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: “Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción”, no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos.</em></p>
<p align="left"><strong>Roberto Fontanarrosa</strong></p>
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		<title>Escribir en tiempos de la novela histórica</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Feb 2008 20:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>webmaster</dc:creator>
		
	<category>Publicaciones</category>
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Alejandro Vázquez Ortiz
No es coincidencia que la única forma de narratividad que últimamente ha tenido un éxito apabullante, sea la novela histórica. No es casualidad que junto a ella, sólo se alzan algunas sombras paliduchas que recogen la estafeta de la historia y la prolongan sobre los individuos, o ficciones inocuas. No dudemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center"><strong><img width="218" height="293" id="image406" style="width: 218px; height: 293px" alt="historia0001.jpg" src="http://www.elhablador.com/blog///mnt/w0001/d22/s02/b029f33e/www/elhablador.com//blog//wp-content/uploads/2008/02/historia0001.jpg" /></strong></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="right"><strong>Alejandro Vázquez Ortiz</strong></p>
<p align="left">No es coincidencia que la única forma de narratividad que últimamente ha tenido un éxito apabullante, sea la <a title="orejudo" href="http://www.elhablador.com/dossier13_martinez1.html">novela histórica</a>. No es casualidad que junto a ella, sólo se alzan algunas sombras paliduchas que recogen la estafeta de la historia y la prolongan sobre los individuos, o <a title="Escritoresehistoria" href="http://elhablador.com/blog/2007/02/05/escritores-e-historia/">ficciones</a> inocuas. No dudemos que en el fondo de todo esto no hay sino el anhelo, por demás positivista, de que algo se pueda rescatar, como conocimiento, de los discursos literarios. No es coincidencia que si bien la novela se perfeccionó para entretener las imaginaciones de la nueva burguesía del Renacimiento que disfrutaban de mucho tiempo de ocio; la novela histórica surja, no como divertimento para el recreo –aunque en el fondo lo sea–, sino como una ocupación más para los hombres que, a pesar de que no tienen tiempo libre alguno, deciden convertir su tiempo libre –<a target="_blank" title="quintanilla" href="http://www.elhablador.com/debate11_quintanilla1.htm">la lectura</a>– en un trabajo.</p>
<p align="left">El mandato del capitalismo es, por supuesto, producir. Y la forma que ha encontrado la novela histórica ha hecho que el disfrute del ocio se convierta en un episodio más de la instrucción académica, o por lo menos así tiene que parecerlo. La novela tiene que producir: no ya como mero trofeo de los <em>best-sellers</em>, sino como un conocimiento que pretende deslindarse, a fuerza de repetirse, de su carácter subjetivo.</p>
<p align="left">Estas consecuencias han sido nefastas para toda la producción literaria. Puesto que, por necesidad, toda novela tiene que rescatar el sentido más esencial de la ‘producción’, su sentido etimológico: del latín <em>pro-ducere</em>, que sería algo así como &#8220;poner en muestreo&#8221; o &#8220;mostrar&#8221;, &#8220;conducir un desocultamiento&#8221;. Toda la narración enuncia, pues, una verdad. Puesto que aquello que surge con un movimiento tal que se nos aparece es ya de por sí una verdad que nos trastoca y nos transforma. ¿A quién le importa, que en el fondo, todo o parte del contenido histórico de una novela, sea mentira? ¿No ha encendido los debates sobre el cristianismo la novela de Dan Brown, tal y como lo hacían en su momento las reformas eclesiásticas y los cismas vaticanos? La gran promesa de redención de la verdad tenía que ser no una crítica, sino un Gran Desvelamiento, una gran producción histórica, que sea falsa o no, se nos aparece con una insólita cristalinidad que no tienen ni las revistas de arqueología ni las ediciones críticas de los evangelios apócrifos.</p>
<p align="left">Y la triste contrapartida de este edificio luminoso, que ha hecho las veces de máquina de batalla de los editoriales, es justamente la literatura marginal y sus tratamientos consecuentes. Una literatura de la &#8220;se-ducción&#8221; (como contrapartida directa de la &#8220;pro-ducción&#8221;, es decir la literatura del &#8220;ocultamiento&#8221;), esa que también se llama &#8220;maldita&#8221;, no pueda ser sino arrumbada a las márgenes de la literatura y de las fraguas editoriales. Hasta que, pasado un tiempo, se les rescata, eso sí, ya como producción: acompañadas con sendos estudios filológicos, perfiles biográficos, análisis psicoanalíticos y críticas apologéticas que nos &#8220;muestren&#8221; la lógica de los autores y rescaten el &#8220;verdadero&#8221; secreto sentido que &#8220;realmente&#8221; producían.</p>
<p align="left">Así, el Marqués de Sade nos mostró el lugar que ocupa la sexualidad que lucha contra la represión; Baudelaire nos muestra el vacío melancólico que sobreviene ante la falta de mitos modernos y reconstruye toda la psicología de la posmodernidad; Heinrich von Kleist un antecesor de Kafka; y el propio Kafka un profeta que &#8220;muestra&#8221; las insólitas consecuencias de los idilios de los gobiernos con la burocracia.</p>
<p align="left">Todo es, pues, cuestión de mostrar, enseñar, aplicar; tal y como en la ética capitalista del contexto y la ciencia, un conocimiento es totalmente inútil si no se aplica y produce. El imperativo está, pues, en escribir para dar cuenta de esa verdad, y no puede ya el escritor saltarse esa relación que le ata a sí mismo como sujeto. No puede el escritor ocultarse, sino que su mandato primero es mostrarse: y mostrarse de maneras bien particulares… En realidad, toda su producción está condenada, ya de por sí, a mostrarlo. Es casi una tautología y, por supuesto, es de lo más absurdo intentar salir de ese círculo: su palabra, quiéralo o no, ya da cuenta de sí misma…</p>
<p align="left">Así pues, incluso esta literatura &#8220;maldita&#8221; es obligada a hablar, está obligada a fungir como documento histórico. Y desde esa obligación es, necesariamente, colocada en los escaparates de las librerías. Bien claro esto resulta la imposición de este muestreo descarado hasta en los aspectos más nimios y últimos de las vidas y obras de los escritores: claro que esto nos remitiría a un problema más complejo que es el del lector como figura democrática del libre escoger. Es decir, ¿por qué un lector no escoge al azar el libro que ha de leer? Contemplar esta pregunta es la remanofacturación de otra más peligrosa: ¿qué es elegir, sino someterse a los regímenes de la producción, de la &#8220;muestra&#8221;? En cualquier caso, esto es otro tema.</p>
<p align="left">Obviamente, <a title="NarrativaHist" href="http://www.elhablador.com/dossier13_suarez1.html">la novela histórica</a> no necesita que los críticos y filólogos se sumerjan en ella para dar cuenta de su verdad. Principalmente por la absoluta nulidad de los sujetos (sujetos-personajes y sujeto-autor) que no son (como en la Historia misma) mas que meros accidentes de un devenir arquitectónico y estructural, un devenir histórico… Por ello no se necesita ninguna especie de fino oído para escuchar reverberar el hilo de la verdad que se recorre, sino que es justamente el lugar más puro y limpio en donde la palabra da cuenta de sí misma o, mejor aún, en donde la palabra da cuenta de la humanidad entera y su destino.</p>
<p align="left">Por parafrasear a Hegel, cuando nos asomamos a la novela histórica, contemplamos, en cierta forma, el Sepulcro de Cristo, en donde los cruzados vieron el semblante de Dios que no era otra cosa que el espejo de la modernidad, forjada a palos y a sangre por la Historia. La Historia da cuenta de sí misma para, por fin, detenerse.</p>
<p align="left">Escribir en tiempos de la novela histórica es escribir en el lugar del &#8220;eterno retorno&#8221;; espacio de la total exposición de la palabra, desnudez de los significados, que tienen a su disposición toda una batería jurídica, psicológica, moral y filosófica, que los descifra y los muestra como mercancía barata, para disfrute de sus consumidores. Lugar del que no se extrae ningún espacio público, ni ningún diálogo, ni ningún debate… sino que, todo lo contrario, impide que la Historia continúe, desde el espacio que la propia Historia funda para contemplarse a sí misma y las características que le son propias de sí misma.</p>
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