Carta de Calderón Fajardo
Uncategorized May 13th, 2007
Carlos Calderón Fajardo nos envió una carta y pidió que sea publicada en este blog lo más pronto posible (esta hora, la una de la tarde del domingo, es lo más pronto posible. Carlos sabrá disculpar la demora). En El Hablador nadie le iba a dar bola al tema, y mucho menos a la flamante dupla Co-Ca, pero cumplimos con el escritor y dejamos su carta a continuación.
Estimados amigos de Bitácora de El Hablador:
Lamento mucho tener que escribir esta carta. Siempre he sido ajeno a dimes y diretes literarios. Pero en algunas ocasiones callar es conceder. En un blog que no deseo mencionar, hay un post en el que se insulta, denigra y difama al blog de El Hablador, en el que colaboré hasta hace muy poco tiempo, y se utiliza a mi persona en esta difamación. Se dice que yo con “sutil exquisitez” me retiré del blog aduciendo que mis artículos eran largos y aburridos, pero insinuando que estas palabras fueron dichas debido a una actitud de los administradores del blog, lo que fue todo lo contrario. Y les reitero mi agradecimiento por la invitación y por haberme brindado un espacio. Varios comments, que señalaban que mis articulos eran pesados, dificiles de digerir, y en los que incluso se suigirió que se me retirara del blog, me hicieron pensar que el lenguaje y la forma de tratar temas importantes en este tipo de espacios, requerían de un lenguaje distinto al que yo empleaba, de un nuevo juego del lenguaje que yo no dominaba. De otro lado, fui muy claro al expresar que me retiraba del blog porque mis proyectos literarios me exigían energías que ya no poseo, y que debo concentrar las pocas fuerzas que me quedan. A mi edad, ya no tengo nada que ganar ni perder, y no necesito decir las cosas a través de exquisiteces sutiles. Llamo a las cosas por su nombre. Si hubiera pensado que participaba de un blog basura me hubiese retirado luego del primer artículo. No hubiera esperado escribir cuatro “para picármelas” como se dice en dicho blog, en donde más bien creo que, con sutil exquisitez, se me califica, irónicamente, de “notable escritor”. No soy un notable escritor y eso la crítica lo sabe perfectamente. Lo que hago es escribir lo mejor que puedo, y publicar con muchas dificultades, fiel a una vocación sostenida durante 40 años, y alejado de odios, rencillas, y grupos literarios. Y si de algo me puedo enorgullecer es de la honestidad con la que me he comportado en el oficio que elegí en la vida.
Saludos muy cordiales.
Carlos Calderón Fajardo.
* Este post no admite comentarios.
Asuntos “domésticos” impidieron que Leonardo Aguirre publique hoy su columna acostumbrada, que estará colgada aquí el próximo miércoles. A cambio, un pequeño artículo que, entre otras cosas, habla de él.
Por: Francisco Ángeles
Cuando Leonardo Aguirre publicó “Autopsia de un tiburón”, su tercera columna en este blog, los comentarios con la pierna en alto no tardaron en llegar. Manos anónimas se pusieron a la obra desde temprano y azotaron sin piedad a nuestro columnista. Yo leía y aprobaba, leía y aprobaba.
Rato después, mientras comentaba muy tranquilo en el foro del hipódromo de Monterrico, sorpresivamente aparece una ventana con el nombre de Leonardo Aguirre en el MSN, quien en no conectado me escribe:
- Oe, no seas pendejo pe, me están dando con palo…
-Ta bien pe. ¿Eso no es lo que te gusta?
- Sí, pero ya muy maleao. Así no es. Tienes que moderar. Yo también soy humano. ¡Soy humano!
La frase del lobo doméstico me conmovió. Habrá que ver cómo es eso, me dije. Y al día siguiente le comenté a dos de los columnistas que me iba a lanzar al ruedo, sólo por solidaridad, para recibir los golpes, ver qué se sentía y comprender mejor sus reclamos. Así que, tal como les conté, haría el artículo más frívolo y jalado de los pelos que se me ocurriera improvisar, y le metería un par de alusiones gratuitas a escritores que gozan del respeto popular. A los pocos días colgué en este blog el artículo “Juan Ramón Jiménez, la literatura y el sexo virtual” y me senté frente a la pantalla a esperar el apanado electrónico. Y los golpes llegaron de inmediato, pero no dolían nada. Pensé que el error era de concepción: ese artículo estaba ahí con un espíritu mitad masoquista y mitad de trabajo de campo, por eso no podían doler (en el siguiente artículo, los golpes sí cogieron un poco de carne, y no estuve tan lejos de gritar, como Leonardo, ¡soy humano!).
El reclamo de Aguirre volvía poner sobre la mesa un tema muchas veces discutido con la gente de El Hablador: la moderación de comentarios. Algunos opinaban que sólo se debía publicar comentarios que “aporten”. El problema era definir bajo qué criterio un comentario “aportaba” y otro no.
Creo que la publicación de comentarios debe seguir el camino inverso: no censurar todo lo que no “aporta”, sino publicar todo con excepción de lo impublicable. Nuevo problema: ¿qué es impublicable? La única respuesta que tengo no es novedosa: insultos y difamaciones. Pero a veces no es nada sencillo determinar si un comentario es insultante o difamatorio (en otros casos, sí es muy evidente).
Establecer un criterio universal para la moderación de comentarios es un reto muy complicado. Sin fórmulas a la vista, sólo queda confiar en el sentido común, y tomar en cuenta la susceptibilidad de los involucrados (no todos aguantan igual). Y también hay que considerar que siempre habrá gente que no estará de acuerdo con lo que se publicó o no se publicó.
Todo esto sería innecesario si los lectores de los blogs literarios ingresaran a comentar con ganas de debatir respetuosamente (como hacen muchos) y no sólo con el ánimo de tumbarse a quien esté al frente. Pero la realidad indica que estamos muy lejos de eso. Y mientras esa situación no cambie habrá que seguir haciendo malabares para trazar la línea que separa lo que es permitido de lo que no lo es. Hasta aquí la primera versión de nuestro medio literario: el chisme, el golpe bajo, el raje, la chiquita y la zancadilla sin dar la cara.
Y de inmediato su contraparte, la segunda versión de afrontar la literatura: hace dos o tres semanas, el mismo Aguirre me contó que desde hace varios años él y un grupo de amigos formaban un taller literario que se reunía cada cierto tiempo. “Nos juntamos seis o siete patas y comentamos nuestros textos. Quiero que vayas”.
Último sábado por la tarde: en pocas horas se realizaría la nueva sesión del taller de Leonardo y su gente, así que por MSN le pedí a Aguirre la información básica sobre sus compinches. Ese mismo día y toda la semana previa habían llegado a este blog más insultos que nunca (no publicados, por supuesto), así que tenía en la cabeza la primera versión del medio literario como la única posible, y asumía que en la reunión se hablaría de cualquier cosa menos de literatura. De manera que le pregunté a Aguirre las generales de ley de su gente para no embarrarla con alguna frase inoportuna (nunca se sabe qué susceptibilidades se hieren con el comentario más inofensivo). Y ya con la información bien procesada, decidí aparecerme con una hora y media de retraso para que los temas de conversación estuvieran instalados y así saber con mayor facilidad en qué cancha iba a jugar.
¿Qué encontré? Casi casi la maravilla vuelta realidad. Gente hablando de libros. Tan simple como eso. Primero pensé que era finta, que había truco. ¿A qué hora viene el raje, quién dijo qué, a quién se levantó tal o cual? Pero no, no era finta. En la sala estaban Leonardo, Chebas, Percy, Jimmy y Andrés. Los saludos respectivos, la primera lata de cerveza, Andrés que me hace un par de preguntas sobre este blog, y después empezamos a discutir el título y el orden de los cuentos del libro de Percy, próximo a publicarse.
Con la segunda (y última) lata de chela vino el siguiente acto. Jimmy había escrito una obra de teatro, una tragicomedia muy divertida que, repartiendo personajes, leímos en voz alta (el autor no me tuvo mucha fe y me dio el modesto papel de locutor de radio). Y después de la lectura vinieron dos horas de apasionados comentarios. Jimmy asentía, tomaba nota y hacía acotaciones. Y la gente opinaba, totalmente involucrada con el texto, y daba sugerencias para perfeccionarlo. Un grupo que realmente funcionaba como grupo. Un texto que era de uno, pero también era de todos.
Esa manchita literaria hace unos años publicó Papel cometa. Cinco cuentos y un bonus track, editado por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la PUCP, libro que lamentablemente no tuvo mayor circulación. En él publicó la gente que inspiró “Mi vida en Beatles”, el cuento que cierra Manual para cazar plumíferos. Y los personajes del cuento estaban ahí, en versión mejorada, hablando de asuntos estrictamente literarios. Como en la adolescencia, libros, libros y nada más. A pesar de todo, uno puede mantenerse puro, pensé. Y, contagiado de tanta pureza, al salir de la reunión me hice una pregunta inocente: ¿por qué en los blogs no puede ser igual?
Espero que me invites a la próxima sesión de tu taller, Aguirre. Eso sí, compra menos variedades de queso y más latas de cerveza. Disculpa la falta de clase.
Camilo Fernández y el “derecho a réplica”
Uncategorized May 1st, 2007
El profesor sanmarquino Camilo Fernández Cozman ha enviado un comentario al último artículo que publiqué en este blog. En el mail que acompañaba el envío de este texto, Fernández indicaba que tenía derecho a réplica y que por ello esperaba que publiquemos su comentario en esta bitácora. Para mí, como autor del (al parecer) polémico artículo, el tema estaba cerrado. Así que dejo publicado el texto del profesor Camilo Fernández, pero no daré ninguna respuesta al mismo. Que cada uno concluya lo que mejor crea conveniente (Francisco Angeles).
UNA CRÍTICA BASADA EN EL PREJUICIO Y/O EN EL ABURRIMIENTO
Quisiera hacer un comentario al artículo “Yushimito de vuelta al barrio (o San Marcos forever)” porque me parece que adolece de algunas falencias desde el punto de vista del léxico y de la coherencia estructural. Empecemos tratando de analizar rigurosamente el contenido de las ideas allí vertidas. Se dice “aunque uno haga todo lo posible, siempre algún resabio sanmarquino terminará filtrándose”. La palabra “resabio” tiene los siguientes significados, según el Diccionario de la Real Academia Española, “1.Sabor desagradable que deja algo. 2. Vicio o mala costumbre que se toma o adquiere. 3. Desagrado moral o disgusto”. Es decir, Francisco Ángeles quiere decir que la Universidad de San Marcos se asocia con el sabor desagradable o el vicio o el desagrado de carácter moral. Se trata de un “subjetivismo puro”: el articulista ha confundido el argumento razonado con el prejuicio y el improperio, y ello evidencia un profundo autoritarismo en el ámbito de las ideas. No se verifica nada ni se argumenta con solidez. Se procede no por una argumentación ponderada sino de modo absolutamente arbitrario. No hay justificación suficientemente rigurosa respecto de que la Universidad de San Marcos sea sinónimo de vicio o de sabor desagradable.
Además, se llega a decir “este cherry está sobre todo dirigido a gente de la ridículamente llamada ‘decana’ (aunque, como se verá más adelante, eso puede ser más o menos lo mismo que hablarle al viento)”. Otra vez un prejuicio y la ausencia de argumentos sólidos. Ángeles hace gala de un subjetivismo inaceptable: no desea aceptar la realidad. Guste a quien guste, la Universidad de San Marcos es la Decana de América y si a Ángeles no le agrada la expresión, entonces tendrá que ir, poco a poco, acostumbrándose a ella. Es un problema que le compete a él. Es como si yo no quisiera escuchar la expresión “Lima es la capital del Perú”. Obviamente sería un error. Otro ejemplo: es como si dijéramos que “la Universidad Católica del Perú se llama ridículamente Pontificia”, evidentemente estaríamos cayendo en otro prejuicio. El nombre de la PUCP es “Pontificia Universidad Católica del Perú”, nos guste o no.
Un nuevo prejuicio: “Pero no puedo dejar de decir que hace rato que me aburrí de la endogamia sanmarquina cuando se trata de organizar eventos como éste”. El término “endogamia” está usado de manera algo impropia para referirse a San Marcos. Según el Diccionario de la Real Academia, “endogamia” posee tres acepciones: “1. Práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de una pequeña localidad o comarca. 2. Actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución. 3. Cruzamiento entre individuos de una raza, comunidad o población aislada genéticamente”. Pienso que no existe ese proceso de endogamia en San Marcos y que tanto preocupa a Ángeles. No creo que los congresos organizados por la UNMSM hayan obviado a personalidades de otras universidades o instituciones. En el coloquio internacional “César Moro y el surrealismo en América Latina” el 2003 y las “Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana 2004″ participaron muchas personalidades que no procedían de la Universidad de San Marcos. Tal vez a Francisco Ángeles, algo cegado por sus prejuicios, le falta algo de información al respecto.
Después Ángeles esgrime otra idea absolutamente insostenible: “¿A nadie se le ocurre que el mundo no se acaba más allá de la avenida Venezuela?” Quisiera informar al señor Ángeles que la Universidad de San Marcos está organizando un coloquio internacional llamado “Traducción, heterogeneidad e identidad” en coordinación con la Universidad de Roma “La Sapienza”, la Universidad de Murcia, la Universidad de Urbino y el Instituto Nida de Nueva York (www.nidainstitute.org). Se ha entendido en San Marcos, hace ya bastante tiempo, que el mundo no termina en la Av. Venezuela, sino que se deben ampliar nuestras fronteras y abrirse a programas de cooperación internacional.
Particularmente, hemos invitado a José Watanabe más de dos veces y el poeta de Álbum de familia no estudió en San Marcos, sino en la Universidad Villarreal. Además, se han realizado coediciones con otras universidades a través del Fondo Editorial y ello revela que no nos hemos cerrado ante el proceso de internacionalización que hoy impera en el mundo académico.
Más delante, Ángeles afirma: “Tiempo después, y ya matriculado en San Marcos, me aburrí de ver siempre a la misma gente, los mismos cacharros de toda la vida en las mesas literarias”. Nuevamente el fantasma del aburrimiento irrumpe de modo súbito. Ángeles parece sentirse aburrido de vivir o, quizá, de pensar rigurosamente. Para ello, tal vez fuera interesante que leyera (o releyera, mejor, porque sabemos que es un hombre culto) alguna comedia de Aristófanes o de Molière y así pudiera paliar el tedio que inunda su discurso.
Asevera, asimismo, Ángeles: “Aquí mi recuerdo sanmarquino”. ¿Cómo? ¿San Marcos no se asociaba a un “resabio”, es decir, a un sabor desagradable o a vicio o a un desagrado moral? Si antes el articulista criticaba a San Marcos como antro del vicio, ahora se asume como parte de tal vicio. No entendemos la actitud de Ángeles y, por eso, hablaba de problemas de coherencia estructural en el texto visto como un todo.
Deseo fervientemente que Ángeles supere el tedio y piense, como Martín Adán, que la vida “no es más que una palabra más”; entonces, tal vez una gota de divertimento pueda alejarlo de ese aburrimiento que parece invadir su discurso.
Cordialmente,
Camilo Fernández Cozman
Habitó entre nosotros
Uncategorized April 26th, 2007
Por: Jack Martínez
José Watanabe no se ha ido. Sus poemas lo han inmortalizado.
Watanabe persiste, porque en nuestra literatura es un referente. Porque los jóvenes adquieren sus poemarios, porque los leen y les son devotos.
Watanabe ha ido contra la corriente de las ideas profesadas de quienes afirman que la poesía se ha de resignar a sobrevivir en pequeños circuitos.
Watanabe fue contra eso y más, porque se erigió como un fenómeno. Porque su poesía han trascendido fronteras. El mundo.
José Watanabe vive en sus versos de apariencia simple, pero de sabiduría desbordante. En sus palabras, una a una escogidas, una a una tarjadas. En la flora y la fauna que alojó con tinta en sus páginas. En la dinámica de la naturaleza que permanece en sus poemas, porque esta ha sido plasmada en su esencia, con la sensibilidad particular de un hombre que instruyó su infancia oyendo los haiku que traducía su padre.
“Basho describía el salto de la rana en el estanque antiguo y yo no sabía que estaba hablando de nuestra condición: un efímero ruido de agua interrumpiendo un gran silencio. Lo que sí entendía era que en los haiku hablaba un hombre parco de actitud, y conciso y coloquial de lenguaje (que hoy sé celebrado). Yo entendía esas características primarias del haiku porque, de algún modo afín y diverso, estaban en mi casa y más allá: en la gente de mi pueblo, austeros descendientes de los trabajadores enganchados del azúcar”.
Un hombre parco de actitud el que imaginaba como autor de los haikus, seguramente no muy distante del hombre tímido y discreto que él también fue después. Quizá por ello no quiso propalar la verdadera gravedad de su enfermedad. Quizá por ello su partida sorprende y duele, duele mucho.
García Miranda saca las garras
Uncategorized April 26th, 2007
El profesor sanmarquino Carlos García Miranda envió hoy en la mañana un “alturado” comentario al texto “Yushimito de vuelta al barrio (o San Marcos forever)” que publiqué en este blog dos días atrás. Lo dejo aquí porque considero oportuno que se lea su afectuoso ”descargo”.
Escribe García Miranda:
“Sólo unas aclaraciones al autor del libelo arriba colgado. Primero, la mesa de narradores donde participaron Selenco, Tola, Prochazca, Galarza, Iván Thays -no ese Iván Slocovich que menciona el despistado “escribidor”-, y el que suscribe este post, fue en la sede de la Cámara del Libro, en Jesús María, y no en la librería Minotauro. Segundo, el que hablaba de “sistemática marginación” -de los sanmarquinos a los de La Católica- fue Iván Thays. Dijo que nosotros, “Selenco y yo”, complotábamos contra él y no sé qué más despistes, producto de una cierta “paranoia” que en ese momento padecía Iván, y que, con los años, me parece ha superado. Tercero, entiendo que en esos años el autor nunca haya sabido ni “en pelea de perros” de nosotros, nada menos puedo esperar de un tipo que, al parecer, en ese momento tenía como único referente literario a la revista Somos, igual que cualquier vieja pituca que se respete. Y cuarto, veo que ni su estancia en las aulas sanmarquinas ha logrado que supere sus complejos con respeto a la Decana -no es el primero ni será el último. Lástima por sus años desperdiciados: entró a San Marcos acomplejado, y sale acomplejado. Hay tipos a los que le cae a pelo el dicho popular que dice: “El que nace hijo de puta muere hijo de puta”. Nunca cambian”. (Fin del comentario).
Asu mare! ¿Acomplejado? ¿Hijo de puta? Tranquilo, Carlos, no está bien que un profesor pierda los papeles de esa manera. ¿Qué fue lo que te marcó tanta pica?
Obviamente no voy a responder a esos insultos. Pero sí voy a hacer un par de aclaraciones. En primer lugar, eso de lectores de Somos=viejas pitucas me da la razón en los prejuicios tan fuertemente atados a la mentalidad sanmarquina.
En segundo lugar, la mesa de la que hablé sí fue en Minotauro. Y sí estuvo “ese” Iván Slocovich, y no Thays ni Prochazka. Supongo que hubo otra en la Cámara del Libro, de la que nunca me enteré, y quizá por eso CGM se ha confundido, o prefiere confundirla y olvidar la de Minotauro.
Creo que no hay nada más que decir. Sólo hago votos al altísimo (algo aprendí de Tomás de Aquisi) para que Carlos recupere la paz interior.
(En la foto: alterado profesor Carlos García Miranda).
YUSHIMITO DE VUELTA AL BARRIO (O SAN MARCOS FOREVER)
Uncategorized, Hablablog April 23rd, 2007
Por: Francisco Ángeles
No, esto no es una columna ni un artículo. No, no me quiero meter por los palos y ganarme mi espacio junto a quienes algún comentarista bautizó como “los cuatro fantásticos”. Lo que sigue es simplemente una nota informativa, un modesto cherry aderezado con un par de recuerdos. Y es también una comprobación: aunque uno haga todo lo posible, siempre algún resabio sanmarquino terminará filtrándose. Así que este cherry con aderezo está sobre todo dirigido a gente de la ridículamente llamada “decana” (aunque, como se verá más adelante, eso puede ser más o menos lo mismo que hablarle al viento).
Vayamos al grano: el grupo cultural Nudo de Voces ha organizado el II Encuentro de Escritores y Editores Sanmarquinos. La gente de El Hablador participará por partida doble. El miércoles en la Casa Mariátegui se realizará un conversatorio sobre revistas y allí estará (para variar) gente de Ajos & Zafiros, Ginebra Magnolia, Lhymen y El Hablador. El representante de nuestra revista no podrá ser, tal como estaba programado, Giancarlo Stagnaro, ya que el hombre, estrenando nueva chapa, parte esta noche hacia la generosa capital chilena, según él a un encuentro de “peruanistas”. En su lugar estará Francisco Izquierdo.
Y el viernes, Carlos Yushimito, quien hace años no pisa la “decana”, compartirá la mesa de “narradores últimos” con Max Palacios, Abraham Prudencio y Moisés Sánchez Franco, a las cinco de la tarde en el Auditorio de Letras. Punto final al cherry y vamos a los comentarios.
No quiero tirarle barro a los organizadores del evento (ni siquiera los conozco), puesto que explican que sus jornadas tienen el objetivo de “contribuir a la conservación del prestigio y la tradición de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos como institución productora de cultura en el país”. Así que vale el esfuerzo y saludo la buena voluntad. Pero no puedo dejar de decir que hace rato que me aburrí de la endogamia sanmarquina cuando se trata de organizar eventos como éste. Ya me cansé de ver siempre uno de Ajos & Zafiros, uno de Ginebra Magnolia, uno de El Hablador. Y supongo que el grueso de estudiantes también. Y el caso es más dramático cuando se organiza mesas de narradores jóvenes. Los mismos de siempre, algunos inéditos, algunos ni siquiera jóvenes, pero siempre los mismos. Todos sanmarquinos, por supuesto. ¿A nadie se le ocurre que el mundo no se acaba más allá de la avenida Venezuela?
Recuerdo que hace ya casi diez años hubo un conversatorio de narradores jóvenes en la recordada librería Minotauro. La entrada consistía en dejar un libro que iría a parar a alguna biblioteca de un pueblito de Abancay o algo por el estilo. Fui con mi par de ejemplares Goñi preuniversitarios (Física y Química), los dejé en la entrada y pasé. En la mesa estaba Rocío Silva Santisteban como moderadora, y como ponentes Sergio Galarza, Iván Slocovich, Raúl Tola (cuando todavía la pegaba de bad boy) y un par de sanmarquinos: Carlos García Miranda y Selenco Vega (que, dicho sea de paso, acaba de ganar el Copé). Que me disculpen los dos últimos, pero en esa época nunca había pisado San Marcos y no los conocía ni en pelea de perros. Así que hasta ahora no sé cuál de los dos fue el que se despachó a su antojo contra la “sistemática marginación” que le aplicaba la gente de la Universidad Católica, quienes nunca los tomaban en cuenta para sus encuentros literarios. En medio de los dardos lanzados, Carlos (o Selenco) agradeció a Minotauro por haber conseguido juntarlos en una mesa. Creo que los dos enseñaron Teoría Literaria en San Marcos, así que es interesante observar la curiosa construcción del “otro”, del no sanmarquino, que realizó Selenco (o Carlos), ya que en esa mesa los demás escritores procedían de la Universidad de Lima y no de la Católica. Pero en la cabeza del acalorado ponente, era la misma vaina. Y la “marginación” de la que se quejaba, era exactamente igual en sentido opuesto.
Tiempo después, y ya matriculado en San Marcos, me aburrí de ver siempre a la misma gente, los mismos cacharros de toda la vida en las mesas literarias (ésa de las revistas, sin exagerar, se habrá repetido unas veinte veces en los últimos años). Hace unos días conversaba con uno de los columnistas de esta bitácora y le decía que sería chévere organizar una mesa de narradores jóvenes en San Marcos. Pero llevar escritores de otras universidades y un par de sanmarquinos para que la gente se sienta representada. Uno, de cajón, sería Carlos Yushimito. A ver, me decía el lobito doméstico, ¿qué otros sanmarquinos han publicado? Difícil pregunta si uno quiere mencionar gente que no pase los treinta (o que no los pase con roche). Bueno, le dije, Stagnaro hace como doscientos años, y un patita que se llama Abraham Prudencio. Que yo sepa, no hay más. No puede ser, decía el doméstico, tiene que haber otros. No, compadre, no hay más.
Bueno, en realidad sí hay uno más. Y me sorprende su ausencia en la mesa del viernes. ¿No lo han invitado? ¿O será que después de la maleteada que Francisco Izquierdo le aplicó en el último número de El Hablador ya no quiere sentarse al lado de un miembro de nuestra revista? Me refiero, por supuesto, a Juan Manuel Chávez, la única persona a la que he escuchado referirse a Vargas Llosa como “Mario”, y quien durante un buen tiempo fue el conductor del programa de radio “La Divina Comedia” (según él, tenía más oyentes que Damián y el Toyo).
Aquí mi recuerdo sanmarquino: a Chávez, con quien nunca he intercambiado más que un par de saludos en toda mi vida, lo conocí en un taller de narrativa en San Marcos hace cuatro años. Un curso electivo para llevarte los créditos fácil dirigido por los escritores Jorge Valenzuela y Antonio Gálvez Ronceros, en el que también estaba matriculado, con thaysiana cabellera y quince kilos menos, Francisco Izquierdo, a quien tampoco conocía. Así que ahí los tres nos sentábamos formando un triángulo (Chávez en el primer asiento de la izquierda, Izquierdo en el primero de la derecha y este pechito al centro, en la última carpeta). Uno contra los otros dos, los vértices del triángulo se detestaban, ya que era evidente que cada uno (hay que reconocerlo) se computaba el único que movía su pelota en los terrenos literarios. Los otros quince o veinte que iban a relojear al Taller no contaban. Éramos Juan Manuel, mi tocayo y quien les escribe. Pero mientras Izquierdo y yo nos trenzábamos en acaloradas discusiones, esforzándonos en dejar clarito que éramos el bravo de la clase, el buen Juan Manuel, cancherazo, llegaba hablando de su programa de radio, de su Copé de Plata y se dedicaba a hojear El Bocón mientras la chibolada comentaba los textos.
Cuando Chávez presentó su cuento, le mandé un par de chiquitas desde el saque para ver si reaccionaba. Pero mis balas eran de goma: Juan Manuel volteó, sonriente, ganador, me miró con curiosidad y volvió a su Bocón. Así que Izquierdo y yo nos dimos cuenta de que el hombre era otro lote, que no iba a entrar al asunto, y que lo mejor era obviarlo y mecharnos entre los dos para ver quién era ahí el que pisaba su pelota. Cuando presenté mi texto, Izquierdo, mirándome y utilizando su típico tonito de “aquí yo doy la última palabra”, me dijo que no estaba mal, pero que le parecía que tenía demasiada influencia de Rubem Fonseca (bueno, Izquierdo siempre anda buscando la influencia de Fonseca en todo el mundo). Y cuando él presentó el suyo, decidí copiarme la estrategia de Chávez y cerré el pico. Creo que no me ligó. No tenía programa de radio ni Copé de Plata ni era el niño mimado de los profesores, así que tal vez pareció que arrugué. Izquierdo se fue feliz del Taller (fin de la historia).
Decía al inicio que dirigirme a los sanmarquinos desde este blog es una tarea inútil. Una de las mayores frustraciones de El Hablador es comprobar que no menos del 90% de estudiantes de literatura de San Marcos no sólo no han entrado, sino que nunca tuvieron idea de la existencia de, por ejemplo, Notas Moleskine (de nosotros menos, obviamente). De manera que, aunque suene paradójico, casi nadie ha leído El Hablador en San Marcos. Quiero creer que la explicación es monetaria: la gente es misia en su gran mayoría, no tienen internet en su casa y con las justas juntan su luquita diaria para chequear el mail, hablar un rato por MSN y ver un par de calatas. Como ven, hay cosas más importantes que leer blogs literarios.
Muchos creen que el universo empieza y termina en San Marcos. Y juran que están en la mejor universidad del mundo y que la Católica es un relajo y una estafa. Y asumen con orgullo la etiqueta de “sanmarquino”, como si ello configurase alguna identidad, la pertenencia a un círculo sagrado, impoluto, más allá de Dios, la frivolidad y el mercado.
Ojalá algún día se interesen, no en leer El Hablador, que a fin de cuentas es lo de menos, pero sí en enterarse de que existe un medio literario, narradores jóvenes, un circuito de debate virtual, eventos fuera del Auditorio de Letras. Pero por ahora nada de eso ocurre. ¿Culpa de quién? ¿Es desinterés o simple desconocimiento?
El viernes voy a ver a Yushimito en su vuelta al barrio. Espero que la gente colme el auditorio. Quizá aproveche la ronda de preguntas del público para mandarme mi propio cherry.
(En la foto: el hijo pródigo).
Lunes: recital de poesía
Uncategorized April 22nd, 2007
Mañana lunes llega a su fin el ciclo de conversatorios “Más allá de la red: literatura en internet”, que organizó la revista El Hablador en el Centro Cultural Peruano Británico.
En esta oportunidad tendremos un recital a cargo de poetas que han publicado en soporte virtual. Participarán Alvaro Lasso, Josefina Jiménez, Alessandra Tenorio, Andrea Cabel, Víctor Ruiz, Giancarlo Huapaya, Diego Alonso Sánchez, Dante Ayllón, Arianna Castañeda y Vedrino Lozano.
La conducción del evento estará a cargo de Francisco Izquierdo, y la cita es como siempre a las 19.30.
(En la foto: Andrea Cabel).


